La base popular argentina y la organización social

Los movimientos sociales argentinos, surgidos como forma de supervivencia ante el avance del neoliberalismo en los 90, crecieron desde 2001 en capacidad organizativa y política. Conforman hoy una base popular diversa, con organizaciones aliadas al gobierno de Cristina Fernández, otras que respaldan pero demandan una mayor acumulación para los sectores postergados y las que se oponen porque no ven un cambio de modelo. También han cobrado fuerza otras estructuras plurales de ciudadanos que resisten la explotación indiscriminada de recursos naturales y pueblos originarios.

“Entiendo los movimientos como todos aquellos sujetos sociales y políticos que emergieron en los 90 peleando contra las políticas neoliberales y que después fueron evolucionando política, ideológica y organizativamente al calor del proceso de avance y de recuperación de la articulación de fuerzas del bloque popular”. Lito Borello hizo esta apreciación para comenzar a hablar de un arco social muy amplio en el país y del cual forma parte desde la conducción del Comedor Los Pibes.

Foto: Sebastián Miquel. Argentina.

Resistir fue el motor que impulsó a ésta y al resto de las organizaciones territoriales. Después de diez años de gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999) y dos de Fernando De La Rúa (1999-2001), el derrumbe económico y político se sintió como terminal. Millones de personas quedaron al margen de la estructura laboral. Y los movimientos que se habían formado enfrentando las políticas neoliberales debieron agudizar su creatividad y solidaridad para enfrentar la crisis.

Para Manuel Bertoldi, del Frente Darío Santillán, en el que confluyen movimientos de desocupados, barriales, estudiantiles y militantes, “el 2001 significó un ascenso de la movilización popular”.

Cuando estalló la crisis en diciembre de 2001 con el anuncio del corralito, los ahorros de los ciudadanos (salvo los ilustres que habían sido advertidos para fugar sus capitales) fueron capturados por los bancos y se restringió el monto de dinero que se podía retirar por semana de las entidades bancarias. Esto implicó una paralización completa de la economía y cientos de miles de personas rebuscándoselas en las calles para alimentar a sus familias. El gobierno huyó, al grito de “que se vayan todos”, en medio de manifestaciones masivas, que fueron reprimidas. Treinta y ocho personas murieron a finales de diciembre baleadas por las fuerzas de seguridad.

En 2002, el índice de desocupación alcanzó el 21,5 por ciento. La pobreza, la indigencia y la desigualdad llegaron a su pico histórico, acompañados de una desconfianza absoluta en la representación política, que durante años se había enriquecido y había respaldado el desmantelamiento del Estado. Esa estafa a la población argentina seguía la línea del modelo implantado el 24 de marzo de 1976 con la rotura del orden constitucional y la instalación de la dictadura más cruenta y sangrienta que tuvo el país.

“En 2002 y 2003 continuó el ascenso de la movilización popular. La masacre de Avellaneda significó también eso, en término de disputa de intereses de clases. Intentaron cortar con un avance de crecimiento de movimientos sociales en Argentina”, dijo Bertoldi, al rememorar los asesinatos de los militantes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki por balas de la policía, que reprimió una manifestación de desocupados en la provincia de Buenos Aires.

Borello y Bertoldi coincidieron en que el proceso que encaró Néstor Kirchner a partir de mayo de 2003 tuvo que ver con esa lucha popular y esa búsqueda, que había comenzado en las bases. “Hay sectores que van a decir que ese ascenso de la movilización popular trajo a este gobierno, que responde a los sectores populares, y otro sector va a plantear que el kirchnerismo intentó reinstitucionalizar este proceso de lucha, que significó un dique de contención a esta movilización popular, sin que esos movimientos hayan podido desarrollar sus objetivos”, explicó Bertoldi.

El retorno de la militancia

Kirchner mostró desde el inicio una línea de acción novedosa y confrontativa con los sectores de poder. Inició un camino de revisión y condena de los hechos de la dictadura, modificó la Corte Suprema de Justicia (en la que permanecían los jueces del menemismo) y embistió contra los organismos financieros internacionales. Sus dos frases memorables ante la primera Asamblea de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la que participaba, en septiembre de 2003, fueron: “Somos los hijos de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo” y “Los muertos no pagan las deudas”.

En el campo social se implementaron políticas de inclusión, que continuó y profundizó Cristina Fernández. El periodista Alberto Ferrari evaluó que los planes de Asignación Universal por Hijo[1], Remediar[2], la ampliación de la jubilación a amas de casa y el respaldo a iniciativas cooperativistas fueron “algunas de las políticas sociales de mayor inserción en los últimos ocho años”, las cuales posibilitaron “reducir la desocupación y mejorar la precaria situación de los hogares más pobres”. Se incorporaron también políticas de recuperación del empleo de la mano de la reactivación económica, que devolvieron a la estructura laboral a ocho millones de personas y que redujeron lel paro al 7,4 por ciento.

Ese camino trazado por el kirchnerismo, que algunos analistas consideran insuficiente, devolvió la confianza en la participación política, con una importante incidencia de los jóvenes. Pero ese proceso de movilización popular se vio con mayor claridad durante los festejos del Bicentenario de mayo de 2010 y tras el fallecimiento de Kirchner, en octubre de ese año, cuando miles de personas asistieron espontáneamente a su funeral. Los sectores más humildes se movilizaron, junto a jóvenes, a ex militantes de los 70, a defensores de los derechos humanos, llorando a un líder que decían que les había devuelto la esperanza.

“Gracias Néstor” y “Fuerza Cristina” fueron los mensajes más escuchados. “A los pobres nos devolvió la dignidad. Ahora por lo menos tenemos comida”, decía entre lágrimas una mujer adulta, humilde, con un cartel improvisado en cartulina y escrito a mano. Ése fue el sentimiento de muchos; “es el día más triste después de la muerte de Perón”.

Las diferencias de base

Los movimientos sociales “entendieron que la llegada de Néstor a la Casa Rosada era una manera de gobierno popular, parte de esos gobiernos que se conquistaban a partir de años de lucha y que emergía y se sumaba a ese torrente de países que en América Latina iba por el camino de las transformaciones y que por lo menos se planteaban 180 grados de las políticas neoliberales”, sostuvo Borello. Es en este contexto de recuperación económica, social y de derechos que las organizaciones de base se desarrollaron. Muchas de ellas se constituyeron en importantes actores de apoyo hacia la reelección de la mandataria en octubre de 2010. Algunos movimientos son hoy parte del kirchnerismo, de un oficialismo más ortodoxo, como el Movimiento Evita, La Cámpora, el Frente Transversal, y el sector del combativo Luis Delía.

Aunque están “los movimientos que seguimos creyendo que en Argentina el continente donde acumular fuerzas sigue siendo el kirchnerismo, que no hay manera de profundizar si no se defiende lo conquistado. Existen esas dos grandes divisiones, los que pertenecen a la estructura que diseña la Casa Rosada y un inmenso universo de organizaciones que no tributan en la casa matriz, pero que a la vez tienen absolutamente claro que es desde el kirchnerismo desde donde se sigue acumulando”, planteó el dirigente del Comedor Los Pibes.

Dentro de estos colectivos, menos cercanos al gobierno pero que lo respaldan con fuerza, surgen voces de crítica a continuidad de lo que fueron los 90. “Se puede ver en el modelo de saqueo, de la soja; no ha cambiado. Se ha avanzado con una mayor tendencia hacia la explotación de recursos mineros. Hay una clara sustentabilidad de este modelo en las mismas variables económicas que se manejaban en un modelo neoliberal”, sostuvo Bertoldi.

Y luego están los movimientos anti kirchneristas, vinculados principalmente a partidos de la izquierda tradicional, casi todos al trotskismo, que no indicen en la política cotidiana. Sí tienen una participación activa en la militancia barrial y juvenil, así como en las escuelas y universidades. Estos movimientos tienen una esencia de enfrentamiento al imperialismo y de defensa del trabajador, desde una mirada y un discurso rígidos.

Ciudadanos y recursos naturales

Otros sectores sociales articularon organizaciones que no tuvieron que ver con la supervivencia a la crisis, sino que son más actuales y surgieron con el debate sobre desarrollo y sustentabilidad. Son las asambleas ciudadanas formadas espontáneamente por el avance de la explotación indiscriminada de los recursos naturales. Crecieron en la medida en que se incrementaron los proyectos mineros, fuertemente en el período kirchnerista, pero también se oponen al monocultivo de la soja (transgénica) y el desmonte. Hoy están agrupados en la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), formada por organizaciones de todo el país.

Junto a estos grupos se ubican los movimientos campesinos originarios, tanto el nacional como los provinciales, entre ellos el del distrito de Santiago del Estero (MOCASE), que además de producir alimentos orgánicos enfrenta las talas de bosques nativos y tiene iniciativas comunicacionales.

Las luchas de la UAC y los movimientos campesinos originarios han resultado a veces exitosas por la paralización de proyectos mineros o por llevar los problemas de las actividades extractivas a la opinión pública. Han sido blanco de persecuciones judiciales y ha habido un incremento de la criminalización de la protesta, un tema crítico que recogen informes de Amnistía Internacional y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Además hay otras organizaciones originarias importantes en la escena política. Es el caso de la Asociación Túpac Amaru, una organización barrial y social con sedes en 15 provincias, cuya mixtura tiene como base pueblos originarios, pero que también levanta las banderas del Che Guevara y Evita. Es muy cercana al gobierno, motivo por el cual diferentes pueblos y comunidades aborígenes la critican. Hay otras formas organizativas de originarios aliadas al gobierno nacional y también están las que se oponen completamente porque sus demandas no son atendidas y son oprimidos por las administraciones provinciales, que los reducen a condiciones de vida inhumanas. A diferencia de otros países de la región, los pueblos indígenas fueron prácticamente exterminados entre la colonización española y las campañas militares de los blancos criollos argentinos.

Lo alcanzado y lo que falta

“El modelo ha sido muy efectivo y eficaz para incorporar a vastos sectores de la población que estaban en situación de indigencia o que estaban en paro, vastos sectores que salieron de la pobreza por distintas políticas sociales. Pero llegada esta situación hay un núcleo duro al que el modelo no alcanza”, explicó Gastón Chillier, secretario ejecutivo del CELS, al presentar su informe anual en mayo.

En el plano de la reducción de la pobreza, algunos investigadores sociales afirman que continúan altos los niveles en el segmento de menores ingresos, que ronda el 25 por ciento de la población económicamente activa. El desempleo allí es del 17 por ciento, otro 15 por ciento tiene trabajos temporales o informales, y el 59,8 por ciento carece de cobertura de salud. Ferrari mencionó que en 2003, antes de la asunción de Kirchner, “la desocupación en el cuartil inferior de la población económicamente activa ascendía a 36,3 por ciento y se redujo a 18,9 por ciento en el segundo semestre de 2007, cuando el ex presidente completó su mandato”.


Rosaura Audi es periodista.

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate, Cuarto trimestre de 2012.

Versión en euskera aquí, Dosier “Hego Amerika: Erronkak eta aukerak” – 54 zenbakia – Laugarren hiruhilekoa – 2012.


1. Es un programa que llega a 3,6 millones de niños, que para recibir el beneficio económico deben asistir a clases y realizar controles médicos periódicos. El plan fue extendido a las embarazadas.
2. Es un plan de provisión de medicamentos esenciales, de fortalecimientos de las redes de salud en cada provincia y de capacitación de recursos humanos en el rubro salud.


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