La insoportable levedad mediática de los desastres

En el actual mundo del consumo exprés de la información hasta los desastres naturales y humanos tienen su pronta fecha de caducidad. El alcance trágico del evento, alimentado por un sinfín de imágenes impactantes, puede prolongar su presencia mediática. Pero al final no hay tiempo para digerir las noticias, ya se trate incluso de una catástrofe. El análisis de las causas estructurales y la búsqueda efectiva de soluciones queda frecuentemente al margen de los espacios de debate de los grandes medios. Finalmente el acontecimiento cae en el olvido tras el torrente de noticias que se suceden y que se pisan entre sí.

Por ejemplo, ¿alguien sabe qué pasó al final con Haití? Dentro de dos meses será el tercer aniversario del terremoto que provocó más de 220.000 muertos, 300.000 heridos[1] y 1,6 millones de desplazados internos[2] en un país con una población de 10 millones de habitantes. Durante las semanas o incluso meses siguientes al desastre natural hubo un gran seguimiento mediático acompañado por una implicación de la comunidad internacional con el drama que estaba sufriendo este pequeño país del Caribe. Miles de millones de euros se comprometieron para llevar a cabo la reconstrucción de Haití, personalidades políticas de gran calado, como el del ex presidente de EEUU Bill Clinton, así como la ciudadanía en general de muchos países, se implicaron con el destino de la ex colonia francesa. Y bien, ¿qué pasó luego?

Durante los últimos tiempos las pocas referencias mediáticas sobre este país han provenido de las viñetas de Forges a través de su insistente frase “Pero no te olvides de Haití”.[3] En cambio, ahora vuelve a ser noticia, aunque sea tan solo de refilón, debido al paso por el Caribe del huracán Sandy. Se trata de un nuevo desastre natural, que ha permitido volver a mencionar el nombre de este país tan castigado, si bien la principal atención se ha centrado en EEUU. Esta afirmación se puede comprobar fácilmente escribiendo Sandy en cualquier buscador de internet. Sin desmerecer el drama que se tiene que estar viviendo en la primera potencia mundial, algunos se preguntan si, desde el punto de vista mediático, una vida vale lo mismo en Cuba, Haití o EEUU.

Según el Índice de Desarrollo Humano[4], Haití ya se encontraba en 2006 entre los Estados más débiles del mundo, figurando en la posición 154 de un total de 177 países. Esto es antes del efecto devastador del terremoto del 12 de enero de 2010, a causa del cual todavía hoy 370.000 haitianos y haitianas viven en campamentos de desplazados internos[5]. En los últimos meses han pasado por Haití la tormenta Isaac en agosto, afectando a alrededor de 100.000 personas, y el huracán Sandy en octubre, provocando 50 muertes y 27.000 hogares dañados o destruidos. Además, se calcula que 1,8 millones de haitianos se han visto afectados por el último huracán[6].

Al margen de toda esta lluvia de datos escalofriantes nos podemos preguntar cómo hacen los haitianos para seguir adelante. En un país donde aproximadamente el 50% de la población es rural, con una elevada vulnerabilidad con respecto a desastres naturales, un nivel de deforestación del 98% sobre la totalidad de su territorio y la consecuente y preocupante pérdida sujeción de la tierra, no parece que se vayan a solucionar en el corto plazo los problemas de fondo. Según el responsable en Haití de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Johan Peleman, alrededor de 1,2 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria[7].

Sin saber cómo se concretará la implicación la comunidad internacional para hacer frente a las consecuencias del huracán Sandy, lo que sí sabemos es que todavía se está bien lejos de cumplir con el compromiso de reconstrucción del país al que se llegó a raíz del terremoto de 12 de enero de 2010. También confirmamos que los mecanismos de reducción de riesgos y desastres aun hoy no son efectivos. Y también podemos intuir que el cambio climático es un hecho, dada la cada vez más recurrente sucesión de desastres naturales, pese a ser éste un tema bastante ignorado por los políticos que nos gobiernan[8].

Pero si hablamos de cambio climático aquí ya empezamos a acercarnos a las causas de los problemas, y esto puede resultar menos mediático, o interesar menos que lo sea. Por ejemplo, si hablamos de inseguridad alimentaria ahí nos podremos preguntar si en un tiempo no muy lejano en Haití la producción de alimento cubría las necesidades. También podríamos preguntarnos si la reducción de barreras arancelarias a la importación de alimentos hizo que la producción nacional no pudiera competir con productos extranjeros. A su vez sería interesante analizar si, una vez consolidada la dependencia de los precios internacionales de los alimentos, una subida repentina sobre éstos, como la que se produjo en 2008 por prácticas especulativas, pudo conducir a una notable mayor inseguridad alimentaria en Haití[9], así como en muchos otros lugares del globo.

En este caso ya empezaríamos a preguntarnos por las reglas del comercio internacional, quiénes las establecen, en qué espacios y si son legítimas. Relegar estas cuestiones a los expertos internacionales y dejar al público en general las imágenes de los desastres naturales y los conflictos humanos no parece que sea la mejor opción para solucionar los problemas de raíz. La opinión pública y la movilización ciudadana son cruciales a la hora de presionar a los Estados para que se comprometan con unas normas de comercio internacional justas.

La Unión Europea se ha comprometido con la ayuda humanitaria y quiere que éste sea un reflejo del principio de solidaridad con el que se identifique su ciudadanía. En esta línea la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO), creada en 1992, ha colocado a la Unión Europea como el primer donante de ayuda humanitaria del mundo, destacando en los últimos años con “la ayuda a casi 150 millones de personas de las poblaciones más vulnerables del mundo azotadas por catástrofes naturales y crisis de origen humano.”[10]

Este compromiso de la UE con las poblaciones más vulnerables del mundo debe de realizarse también haciendo frente a las prácticas productivas y de consumo que provocan el cambio climático y la mayor sucesión de desastres naturales en los últimos tiempos. También con una coherencia de las políticas económicas europeas,las cuales en ningún caso deberían incrementar dicha vulnerabilidad. Desde la Unión Europea se ha protegido tradicionalmente el acceso a los alimentos en la región a través de la Política Agrícola Común (PAC). Por tanto, ¿no debería promoverse de igual modo el acceso a los alimentos en el resto de países?

Detrás de los desastres naturales también se identifican fallos humanos y está en nuestras manos prevenir, corregir y revertir prácticas que favorecen una mayor vulnerabilidad de las poblaciones más empobrecidas. Si los actuales líderes políticos no acometen estas responsabilidades de forma efectiva deberá ser la ciudadanía la que impulse estos procesos de cambio estructural.

El problema es que para que la ciudadanía europea asuma este liderazgo en la promoción de una solidaridad global que haga frente a las causas estructurales de la pobreza, primeramente deberá estar bien informada. En cambio, los medios de mayor impacto parecen más decididos a que pasemos de puntillas sobre las cuestiones de fondo, incluso en los casos de los mayores desastres que azotan el planeta. Por fortuna existen otras vías para informarse y contrastar, siendo ésta una responsabilidad de cada ciudadano comprometido con lo que pasa en el mundo. Al respecto Andrés Rábago García, el Roto, nos advierte en una de sus viñetas: “La disminución del grosor de la capa de conciencia provocará la aparición de guerras y otras calamidades entre la población”[11]. Ya estamos avisados.


Carlos Escaño es técnico de proyectos de una ONG española.


1. Informe del avance en Haití. Enero-diciembre de 2011. IntemónOxfam. Ver en www.oxfam.org.
2. Informe del Grupo Asesor Especial sobre Haití. Nueva York, 28 de junio a 23 de julio de 2010. Consejo Económico y Social de NNUU.
3. Viñeta de Forges del 2 de noviembre de 2012. Edición electrónica de El País.
4. Indicadores Internacionales sobre Desarrollo Humano. PNUD.
5. Humanitarian bulletin. Haiti. September 2012. OCHA.
6. Haiti: Hundreds of thousands of people affected by Hurricane Sandy. 2 of November 2012. OCHA.
7. Haïti : insécurité alimentaire en hausse après le passage de l’ouragan Sandy. Relief Web. 2 Nov. 2012.
8. La fuerza de Sandy. Edición electrónica de El País. 2 de Noviembre de 2012.
9. Etude de l’impact potentiel de l’instabilité des prix internationaux sur les marchés haïtiens. Coordination Nationale de la SécuritéAlimentaire (CNSA). Octobre 2010.
10. Informe anual de la Unión Europea sobre la ayuda humanitaria y las políticas de protección civil y su aplicación en 2011. Bruselas, 6.9.2012. Comisión Europea.
11. Camarón que se duerme (se lo lleva la corriente de opinión). El Roto. Ed. Mondadori. Octubre de 2012.


 

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2 pensamientos en “La insoportable levedad mediática de los desastres”

  1. Un artículo muy interesante. Y, es cierto, no interesa que estemos informados pero ¿quiere la población estarlo? si estás informado, entonces no tienes excusas para no actuar y quizás el gran problema es que una gran mayoría no quiere quitarse la venda de los ojos. Creo que cada uno en su entorno va influyendo por eso me parece importante que se difundan estas ideas, desde nuestro rinconcito en el mundo debemos influir para cambiar las reglas del juego.

  2. Muy buena la reflexión. Si nos comportamos como consumidores pasivos de información, nos convertimos en la carnaza de los grandes cazadores. Información alternativa y un poco de movilización de cada uno, contribuirá a todos!!!.

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