Crecimiento y diversificación: el Comercio Justo ante sus propios desafíos

Las ventas de productos de Comercio Justo en el Estado español crecieron en 2011 casi un 17%, hasta alcanzar los 26 millones de euros de facturación. Un aumento sin duda excepcional en el actual contexto de crisis económica, pero que conviene situar y analizar detenidamente para comprenderlo en su totalidad y, ya de paso, profundizar en el estado de este movimiento de economía social y alternativa.

En primer lugar, es un crecimiento que se explica en gran medida por el bajo nivel de facturación del que se partía. Las primeras iniciativas de Comercio Justo en el Estado español arrancan a finales de las década de 1980, casi veinte años después que en los países europeos pioneros. Desde entonces se ha recuperado progresivamente este retraso inicial, en una convergencia lenta pero constante con otros países de nuestro entorno. Solamente en la última década, las ventas de Comercio Justo en el Estado español se han multiplicado por cuatro. Aun así, la brecha sigue siendo considerable: nuestro consumo medio anual por habitante es diez veces menor a la media comunitaria, y aún muy alejado de los niveles de conocimiento, penetración y alianzas presentes en países con experiencias más dilatadas y consolidadas. Largo camino aún por recorrer, lo que significa también gran margen de mejora y crecimiento.

En segundo lugar, este crecimiento de las ventas es una cifra agregada que incluye tres luces, con sus correspondientes sombras: 1) aumentan las ventas de productos alimenticios, escondiendo una caída significativa de las artesanías que ya va camino de convertirse en una profunda tendencia; 2) crece la comercialización en hostelería, supermercados, grandes superficies y máquinas de vending, si bien cae en el pequeño comercio, lo que incumbe también a las propias tiendas de Comercio Justo; 3) en fin, el grueso de las nuevas ventas las realizan empresas convencionales que en los últimos años han decidido certificar con el sello Fairtrade una parte de sus productos, mientras que las importadoras de Comercio Justo ven cómo su facturación sigue decreciendo.

De esta forma, el actual crecimiento cuantitativo de las ventas se está acompañando de una progresiva mutación cualitativa: el Comercio Justo en el Estado español es cada vez más complejo y plural. El relato tradicional hasta hace poco hegemónico está siendo desbordado: la o el consumidor-activista responsable y muy concienciado que acudía a su tienda de Comercio Justo, entrando directamente en contacto con la realidad militante de este movimiento, ya no está solo. Ahora convive con nuevos y más variados perfiles de consumidores, con nuevos canales de distribución, nuevos actores y nuevos productos bajo formatos novedosos. Todos ellos realidades emergentes que van camino de consolidarse como mayoritarias. También en este aspecto estamos convergiendo con otros países de nuestro entorno.

Sin duda, estos cambios abren nuevos horizontes, plantean desafíos y toman la forma de preguntas y debates que deberían tenerse en el seno del propio movimiento. ¿Qué Comercio Justo queremos tener? ¿Más es siempre mejor? ¿Existen riesgos de intrusismo, de banalización, de dispersión? ¿Cómo trabajamos con los nuevos y más plurales perfiles de consumidores? ¿Cómo aseguramos que los principios y prácticas que definen esta forma alternativa de consumir siguen vigentes en un contexto cada vez más diverso? ¿Necesitamos sistemas de garantías? ¿Cuáles? Y, sobre todo, ¿queremos hacer todo esto solos o en complementariedad con otros actores e iniciativas?

En cualquier caso, el actual y siempre bienvenido crecimiento de las ventas no debería hacernos olvidar que el Comercio Justo es mucho más que comercialización: también es sensibilización ciudadana e incidencia política, movilización social y denuncia del injusto sistema comercial internacional, educación para otro desarrollo y para otras formas de comerciar y consumir. El Comercio Justo nació con un objetivo que hoy sigue siendo tan pertinente como urgente y necesario: cambiar las injustas reglas que rigen el comercio mundial para sustituirlo por relaciones comerciales horizontales, participativas, igualitarias y garantes de un desarrollo social, humano y sostenible.

Comprar productos de Comercio Justo constituye un acto político concreto en la medida en que implica cuestionar y salirse puntualmente de la actual correlación de fuerzas vigente en el sistema globalizado de producción, distribución y consumo. Pero también es Comercio Justo denunciar los acuerdos comerciales (en realidad Tratados de Libre Comercio encubiertos) que actualmente negocia la Unión Europea con varios países empobrecidos. No debemos olvidar que el impacto de estos acuerdos (por poner solo un ejemplo del hegemónico “comercio injusto”) sobre la vida de millones de personas tanto en el Sur global como en el Norte es mucho mayor que la de todos los proyectos de Comercio Justo juntos. No podemos contentarnos con ser una isla de justicia comercial en un océano de injusticia. No queremos ser la excepción a una insoportable regla, a unas injustas reglas comerciales. Para que otro mundo sea posible, otro comercio y otro consumo son necesarios.


Gonzalo Donaire, responsable del Área de Estudios de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.

El informe El Comercio Justo en España 2011. Comercio y desarrolllo se puede descargar en www.comerciojusto.org.


Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *