Militante internacionalista y coordinador de la campaña Rumbo a Gaza

Manuel Espinar: “Como ahora no pueden devaluar la moneda nos tienen que devaluar a las personas”

De la militancia política y sindical en Leganés (Madrid) durante la Transición al movimiento internacionalista y la creación de la Asociación Cultura Paz y Solidaridad Haydée Santamaría. De la desilusión por los pasos de algunas personas y organizaciones con las que compartió luchas a la esperanza por la rebeldía del 15-M. A punto de cumplir los 63, Manuel Espinar dedica hoy sus esfuerzos y desvelos en la lucha contra el embargo que Israel tiene sobre la Franja de Gaza a través de la coordinación de la campaña de solidaridad con Palestina Rumbo a Gaza. Su trabajo pasa en todo momento por cohesionar a la gente consciente y a quienes más sufren los ataques del neoliberalismo.
Manuel Espinar, fotografiado para Pueblos por María José Comendeiro.
Manuel Espinar, fotografiado para Pueblos por María José Comendeiro.

– Cómo fueron sus inicios en la lucha sindical y social hace ahora 40 años?

– Nací en Vallecas y viví en casi todos los barrios de Madrid. Me fui a Fuenlabrada, donde los pisos eran baratos, cuando fui a trabajar a la Ericsson de Leganés, hace unos 35 años. Había una carreterilla, una carretera llena de baches, de Leganés a Fuenlabrada. Durante estos años se han construido todas las ciudades, ahora hay carreteras por todos los sitios, autovías. Tengo la impresión de que hemos ido construyendo ciudades al mismo tiempo que hemos ido construyendo la ideología. ¡Imagínate con qué ilusión trabajábamos toda la izquierda en la época de la Transición! Era la época en la que legalizábamos los sindicatos, los partidos. Nos conocíamos todos. Parecía que empezaba una nueva etapa, y sin duda lo hacía. Pero pronto nos dimos cuenta de que con esa nueva etapa, la democracia, íbamos abandonando todas las ilusiones y principios que queríamos defender. Las instituciones fueron cooptando de una forma terrible a compañeros de viaje.

– Llegaste a la Transición pensando que iba a haber un cambio profundo… Pero lo que vino no cubría tus expectativas.

– Y como yo mucha más gente. Soñábamos con que íbamos a iniciar un proceso de reconstrucción democrática. Todos conocemos lo que pasó en la Transición, un cierto continuismo, con la legalización de los partidos pero sin justicia ni reparación. No es casual que hoy siga habiendo cientos de fosas comunes, ni que haya todavía símbolos fascistas por todas partes. Es una muestra de cómo se hicieron las cosas en aquella etapa. Muchos de los que estaban en la lucha clandestina, en la lucha por la democracia, se instalaron en el sistema. No es casual a dónde hemos llegado, a un país en donde la corrupción está por todos lados.

– ¿Crees que la evolución de los partidos y de los sindicatos no ha ido en la dirección en la que se hablaba?

– Lo puedo decir porque ahora, además, se puede constatar. Hace pocos días estuve en una sede de CCOO, donde estaban preparando biografías de responsables sindicales, y les dije lo mismo: que se mire el primer Estatuto de los trabajadores, que no aprobó CCOO, y se valore dónde estamos hoy. No hemos ido avanzando en derechos, en cultura. Hemos sido el país de los nuevos ricos, con la burbuja inmobiliaria, donde todo el mundo ha creído que ya éramos europeos, alemanes. No hemos creado una cultura alternativa con los valores obreros que defendíamos en aquella época.

– ¿Fue eso lo que te llevó a apartarte del movimiento partidario? Primero militaste en el Movimiento Comunista, después en el Partido Comunista y en Comisiones Obreras… También en el movimiento vecinal. ¿Qué recuerdas de esto último?

– Más que al movimiento vecinal, al movimiento asociativo. Me dedico a ello cuando me aparto de la vida sindical y de la política (fui concejal dos años en Leganés, y dimití). Soñabas con que estar en las instituciones era una parte del trabajo social, pero se ha llegado a equiparar la acción política con la acción institucional, cuando la primera lo es todo y la institucional es sólo una parte. Cuando eso se rompe, dimití y me centré mucho más en el trabajo en barrios pero, fundamentalmente, sensibilizando sobre temas internacionales. Fundamos la Asociación Haydée Santa María en Leganés en un momento muy difícil para la Revolución Cubana. Era la época en la que se hicieron los grandes movimientos anti-globalización, nosotros intentábamos vincular las luchas. Recuerdo que hicimos una campaña muy bonita y compramos cuatro ambulancias para Palestina, que se las quedó Israel al pasar. Lo que hacíamos era vincular a toda la sociedad de Leganés con lo que pasaba en el mundo.

– ¿Te sorprendió el 15-M? ¿Ha aportado al trabajo que hacíais?

– Creo que el 15-M ha aportado a todo el mundo. Primero, porque es un despertar global importante para mucha gente. Con el “no hay democracia” yo me identificaba plenamente desde hace mucho tiempo. Algunos estamos convencidos de que no vivimos en  democracia. Es una democracia vigilada o, como dice Ramonet, es la democracia de terciopelo, o la dictadura de terciopelo. Me identifiqué plenamente y muchos de mi generación estuvimos ahí. Me tocó estar 15 días en la Puerta del Sol, lo que me hizo convivir más de cerca con el movimiento. Es una mezcla de todo: de gente concienciada, muy politizada, de gente que ha despertado ahora y que cree que es intolerable que después de tantos estudios no tengan trabajo… Es una mezcla de todo; de gente de ahora, de gente de ayer. Es positivo porque ha demostrado que hay una rebeldía.

– ¿Estás de acuerdo con esa consigna de que la juventud pasa de la política, de que es apática…?

– No estoy de acuerdo cuando se dice que todos los jóvenes son unos “pasaos”, que todos los políticos son unos corruptos… Eso del “todo” no es cierto. Hay muchos colores. Hay jóvenes que están comprometidos, hay otros que no lo están nada, hay quienes se comprometen como quieren… No todos los políticos cobran, tampoco. Meter a todos en el mismo saco es incluso un lenguaje peligroso, anti-política. No son tampoco todos los partidos iguales. Por esto tampoco estoy de acuerdo con eso de “PP, PSOE, la misma mierda es”. Prefiero, por tanto, decir quién es quién. Tampoco en Izquierda Unida son todos iguales. Está todo muy revuelto. Ahora, con lo que hay no creo que vayamos a salir de este hoyo. Creo que hay un ciclo que se ha acabado, que ha terminado, y que es la hora de un reencuentro sobre una nueva realidad. Ya no queda esa clase obrera que construimos y fundamos CCOO, las grandes fábricas, los grandes movimientos obreros. Cuando militaba en el Movimiento Comunista distinguíamos entre la clase obrera y el pueblo trabajador, porque nosotros los obreros éramos los más disciplinados, eran las cadenas las que nos educaban. Ahora hay más explotación que nunca, pero aquella clase obrera que dio pie a un tipo de luchas ya no existe; o quedamos muy poquitos, estamos en período de extinción los “coconosaurios”. Con la experiencia de lo viejo podremos construir algo.

-¿Hace diez años esperabas que en el Estado español nos encontrásemos en el contexto de crisis en el que estamos?

– Nunca lo pude imaginar. Ni de crisis social ni de crisis política. He vivido en varios países fuera en Europa, varios años, y sabía que en nuestro país algo ocurría en el sentido de los nuevos ricos… Pero de nuevos ricos a nuevos pobres… No soy economista pero he escuchado que como ahora no podemos devaluar la moneda nos tienen que devaluar a las personas, nos tienen que empobrecer como han hecho con Grecia. Me parecen cosas terroríficas, terribles, las que se nos avecinan. Creo que nuestros dirigentes políticos, que mucha gente, no es consciente de lo que se nos viene encima. Creo que la derecha está aprovechando este achuchón para conseguir cosas que nunca hubiéramos pensado. Llegamos al siglo XIX de la explotación: sin derechos, alargar las jornadas… Y hay gente que en nombre de la izquierda también se aprovecha de la situación para ver si consigue cuatro votos más, en lugar de pensar de forma seria cómo parar este terremoto que tenemos enfrente. Es el momento de la generosidad, de sumar, de unir. Podemos perder, pero por lo menos daremos la batalla.

– Si tu diagnóstico de terremoto es real, ¿cómo es posible que la ciudadanía no esté todos los días en la calle intentando parar esto? ¿Es un espejismo?

– La gente que está en el paro y en la miseria no es la más concienciada. Quien sufre las consecuencias de las hipotecas y demás es gente de abajo, o que fue de clase media y hoy ya no es ni de clase baja. Esa gente se siente avergonzada, fracasada. Porque si oyes al Gobierno hablar, la culpa es de los parados. Eso cala y nadie va contando penas por ahí. Sólo oyes hablar a los trabajadores. Y la gente más politizada todavía no ha llegado a la comprensión del terremoto. Al 15-M va más gente de la que tiene dificultades porque se ha montado como una cooperativa, es un banderín de enganche de gente más afectada. Pero esto no ocurre en las organizaciones más politizadas. Si conseguimos la cohesión entre la gente consciente y la gente que sufre todo esto, se podrá construir un gran movimiento. Mientras tanto, habrá luchas parciales. Los empleados públicos creen que es lo suyo, los bomberos están por otro lado… Y de la reforma laboral casi nadie habla. Vincular todo eso en un gran frente común creo que sería un salto importante, sobre todo si conseguimos que las movilizaciones “contra” pasaran a ser movilizaciones “en pro de”. Eso nos permitiría definir el qué queremos. ¿Hay que salir del euro?, ¿podemos desarrollarnos en el marco de esta Europa que nos tiene secuestrado? Hay que politizar lo que son hoy los movimientos de rechazo, que la gente entienda por qué le han quitado la paga, cómo el sistema es una restructuración de la nueva Europa, junto con el papel que nos toca jugar a los trabajadores en esta nueva Europa, en el neoliberalismo total. Lo que hicieron en América Latina hoy nos lo están haciendo a nosotros.

– En este contexto, ¿por dónde deben trabajar los movimientos sociales?

– Puedo decir lo que intentamos hacer desde nuestro centro y desde nuestra experiencia. De lo que más contento estoy es del trabajo que hemos hecho en los institutos, donde hemos informado a muchos jóvenes. Tratamos vincular la lucha social cotidiana con un proyecto político amplio, democrático. Por desgracia, la clase política está muy lejos de cualquier movimiento social. ¿Quién es el Fondo Monetario Internacional? ¿Qué son los tratados de libre comercio? ¿Quién decide quién come y quién se muere? ¿Quién los fondos de inversión? Las decisiones las toma muy poca gente, con mucho poder y alejadas de las metrópolis. Frente a eso no tenemos capacidad de oposición, pero educamos a la gente, les damos una visión global de lo que sucede. Cuando veo lo que nos ocurre recuerdo lo que le pasó a América Latina, cómo empobrecimos a América Latina, cómo privatizaron gratuitamente todo. Es lo que se nos avecina. Nuestro papel es de educación.

– ¿Ves el futuro con pesimismo?

– Voy a cumplir 63 años y siempre he sido optimista. Aunque creo que no hay generosidad en la izquierda, hay prácticas excluyentes y sectarias, que es el mayor mal que puede tener la izquierda. Si yo entiendo que es un terremoto, para pararlo tengo que dar cariño a todo el mundo que venga; porque nos necesitamos, hasta por egoísmo, para sobrevivir. Y eso es lo que no veo, ni generosidad ni comprensión. Todos tenemos algo que aportar. Hoy nos tiene que unir la realidad en la que vivimos y las teorías servirnos para analizar el momento. Porque antes de Marx también había lucha de clases. Marx nos lo clarificó, pero hoy la realidad es diferente. Necesitamos el Marx de hoy, el Lenin de hoy, el Proudhon de hoy…
Y veo pocas luces.

– Ahora trabajas en la coordinación de la campaña de solidaridad con Palestina Rumbo a Gaza y en la Flotilla Libertad.

– La Flotilla de la Libertad es el resultado de una coalición internacional que formamos diferentes campañas en países como Estados Unidos, Canadá, Francia, Irlanda, Italia, Grecia, Noruega, Suecia, España y Turquía, fundamentalmente. En España es Rumbo a Gaza la que participa en esta coalición desde la segunda Flotilla, que fue secuestrada en los puertos de Grecia. Ahora estamos centrados en el desarrollo de la tercera Flotilla, Ship to Gaza, en la que compañeros suecos y noruegos ponen en marcha el velero Estelle, que esta recorriendo Europa. En el Estado español ya ha tenido sus recibimientos en varios puertos. A mediados de octubre se espera que llegue a las aguas de Gaza. Lo que pretendemos con estas acciones es poner en la agenda internacional la situación que vive el pueblo palestino desde hace 64 años. Pretende cuestionar la complicidad de nuestros gobiernos con el Estado israelí, que de forma sistemática vulnera los más elementales derechos humanos al pueblo palestino.

– En el Estado español, la respuesta de los partidos, de los sindicatos, de los movimientos sociales, ¿ha estado a la altura de lo que pensabas?

– Agradezco lo poco o mucho que puedan hacer, porque soy consciente de que ahora en nuestro país hay unas dificultades tremendas y una ofensiva sin precedentes del  neoliberalismo para consolidar un nuevo sistema de relaciones sociales y productivas; cuando hemos llamado a las puertas nos han acogido acorde a la realidad. Somos muy conscientes de dónde estamos. Sacamos 410.000 euros en la campaña que hicimos el año pasado y creo que va a ser irrepetible; y más en este momento, cuando la mayor parte de las preocupaciones giran en torno a cómo articulamos el movimiento para resistir a las medidas que se vienen.

– La participación del PSOE y del PP no se puede ver como un lavado de cara, porque luego su política real no tiene nada que ver con eso.

– Creo que son actitudes individuales más que la decisión del partido. Creemos que,  cuando gobiernan, los partidos tienen una actitud distinta a cuando no gobiernan, pero hay personas que, estando en uno o en otro partido, son sensibles hacia algunos temas. En el tema de Palestina lo hemos enfocado con una posición muy moderada: nos centramos en los derechos humanos, en el bloqueo a Gaza. Lo que queremos para los palestinos es lo que queremos para nuestros hijos, que un niño cuando se levante pueda ir al colegio; que una mujer cuando está enferma pueda ir al hospital sin peligro; que una persona pueda ver al familiar.

– Te has movido durante muchos años en la solidaridad. ¿Crees que ha cambiado mucho la solidaridad de ahora con respecto a la que había cuando tú empezaste?

– Son mundos diferentes. Ahora se ha consolidado una cierta profesionalización, que a mí me deja un poco descolocado porque antes era inseparable del compromiso político y social. No se podía entender el ser solidario sin tener un compromiso social y político. Ahora sin embargo conozco a gente que es solidaria con una cosa, o es cooperante, pero no tiene un compromiso social-político. No es ni bueno ni malo, es la nueva realidad.


Luis Nieto Pereira es coordinador de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Cuarto trimestre de 2012.


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