Se decía ayer...

Utopía

“De todos modos, mi querido Moro, voy a decirte lo que siento. Creo que donde hay propiedad privada y donde todo se mide por el dinero, difícilmente se logrará que la cosa pública se administre con justicia y se viva con prosperidad. A no ser que pienses que se administra justicia permitiendo que las mejores prebendas vayan a manos de los peores, o que juzgues como signo de prosperidad de un Estado el que unos cuantos acaparen casi todos los bienes y disfruten a placer de ellos, mientras los otros se mueren de miseria”.[1]

¿Siempre habrá ricos y pobres? De continuar con la actual organización social capitalista que genera excluidos y desigualdad extrema: ¿tiene la humanidad futuro? Parece evidente que no. Ni el planeta aguanta la agresión a la naturaleza, ni la enorme capacidad armamentística de destrucción augura nada bueno.

¿Es una utopía, pues, intentar otra forma de organización social que respete la igualdad y los derechos de los hombres y mujeres? ¿Otro mundo, que no despilfarre enormes cantidades de recursos en armas para matar, es posible? Soplan vientos de ira expulsados por filósofos bien pagados que argumentan que la pulsión de matar y de destruir está en el ser humano. Así, resultaría una ingenuidad siquiera plantearse el cambio. Mas, ¿acaso no son también profundamente humanas la capacidad de trabajar socialmente y la solidaridad? Por lo tanto, existe la posibilidad real de construir la Utopía. Y puesto que “todo trabajo humano es el resultado necesario de una fuerza colectiva, la propiedad por esa razón debe ser colectiva e indivisa; en términos más concretos, el trabajo destruye la propiedad”[2], es justo que nos salvemos todos del “diluvio universal” construyendo en común una sociedad que ampare a la humanidad completa, o en caso contrario el arca para privilegiados (cualesquiera que éstos sean o seamos) en que se está convirtiendo nuestra sociedad actual (nacional y mundial) naufragará sin remedio y no podrá eludir que la barbarie también se la trague como al resto de la humanidad doliente.

Sabemos que no es posible (ni deseable) establecer una sociedad perfecta e inmutable diseñada “científicamente” por elites de sabios, pero sí fundamentar la sociedad desde el principio ético de que la humanidad somos una “familia”: a cada cual según sus necesidades y de cada cual según su capacidad. La justicia y prosperidad fundamentada en que “es una necesidad trabajar para vivir: es un derecho y es un deber”.[3]

“El espíritu de la utopía moderna, el espíritu de More, sigue presente en los movimientos sociales alternativos”.[4] Construiremos día a día la realidad de las cosas esperanzados en el deseo, ejerciendo nuestra responsabilidad y actuando en consecuencia, desafiando al miedo que nos atenaza, y luchando por la Utopía. La realidad y el deseo… o el deseo irrealizable. Lo posible y la esperanza… o la desesperanza de lo inalcanzable. La libertad y el miedo… o el miedo a la libertad. “El hombre es una nube de la que el sueño es viento. / ¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?.[5]


Valentín Moreno es colaborador de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Este artículo ha sido publicado en el nº 54 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Cuarto trimestre de 2012.


1. Moro, Tomás (1516): Utopía, Alianza editorial, 1993, página 103.
2. Proudhon, Pierre-Joseph (1840): ¿Qué es la propiedad?, Ediciones Orbis, S.A. 1983,página 227.
3. Ibíd, página 225.
4. Fernández Buey, Francisco (1996): Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista. Editorial Siglo XXI, 1996, página 180.
5. Cernuda; Luis: Lamento y esperanza. La realidad y el deseo. Poesía Completa. Volumen I. Editorial Siruela, 1994, página 268.


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