Nuevos paradigmas para las luchas en la “transición al revés”

La hora de Centroamérica

Pocas fechas hay tan simbólicas en el pasado reciente de Centroamérica como el 28 de junio de 2009, el día del golpe de Estado que acaba con el gobierno electo de Manuel Zelaya. Se proyecta al resto de la región y el continente el ensayo del neogolpismo en América Latina, en palabras de Isabel Rauber.

El golpe de Estado en Honduras tiene varias consecuencias fundamentales: la recuperación de la presencia y el papel político de los ejércitos regionales (Honduras, Guatemala, El Salvador); el impulso del autoritarismo y la violencia; el fortalecimiento de la dependencia frente a empresas y potencias extranjeras (sobre todo Estados Unidos) y la promoción del neoliberalismo en la época de transiciones posneoliberales en Ecuador, Venezuela, Bolivia y Argentina.

De Contadora a Tegucigalpa: el deterioro democrático

Después del golpe de Estado se agudiza la reconfi guración de los Estados centroamericanos bajo paradigmas de seguridad nacional, con remilitarización, concentración del poder, represión y criminalización de luchas sociales. Si alrededor de Contadora (reunión de presidentes latinoamericanos para la búsqueda de la paz en los 80) se desarrollaron procesos de transformación/revolución, sueños y utopías parcialmente fallidas, el “espíritu de Tegucigalpa” resuena mucho más opaco: las sociedades en transición democrática (que de todas formas nunca logran llenarse de contenidos) retroceden hacia dictaduras civiles/constitucionalistas (afirman en Honduras) o estados militares (caracterizan en El Salvador).

Guatemala va un paso más allá. El reciente estado de sitio decretado en Barillas, Huehuetenango, en un escenario de fuerte confl ictividad contra una hidroeléctrica española de accionar plagado de irregularidades[1],representa un ensayo de restricción generalizada de libertades: la institucionalización de regímenes de altísima concentración del poder, a nivel local o nacional, para acuerpar política e institucionalmente los procesos de acumulación transnacional. La reversión de este estado de sitio después de pronunciadas protestas sociales representa un revés para este proyecto pero no su abandono.

Aunque nos resistimos a poner nombre a esta etapa y modelo político, la presencia de un presidente que al mismo tiempo es (formalmente fue) general del Ejército, represor e integrante de las tramas oscuras de la economía criminal, deja poco espacio para el engaño. El Estado guatemalteco se aleja de principios democráticos, con el agravante de que este retroceso implica la crisis prácticamente terminal de los Acuerdos de Paz y de un proyecto colectivo y consensuado de convivencia social.

Tendencias regionales

La “renovación autoritaria” muestra una lógica regional implacable a pesar de las singularidades de cada uno de los países. Un ejemplo: se avanza de manera significativa en Guatemala hacia la remilitarización de la seguridad (con el ultraconservador Partido Patriota) y también en El Salvador (gobierno de Mauricio Funes, propuesto por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, ex guerrilla), con la transferencia de oficiales en activo a la dirección de la seguridad pública.

En Nicaragua y Costa Rica las similitudes provienen sobre todo de la debilidad de los Estados como garantes de consensos y la falta de soberanía económica: se profundizan los modelos neoliberales y el predominio político de los mercados, aunque en el gobierno del primer país se encuentren los herederos del sandinismo heroico de los años 70 e inicios de los ochenta.

A esta secuencia de poco casuales coincidencias regionales no es ajena la poderosa infl uencia de Estados Unidos en un territorio que continúan considerando su patio trasero. A pesar de una perceptible y sin vuelta atrás multipolaridad económica, el monopolio político en la región lo sigue ejerciendo “el amigo norteamericano” a través de la influencia sobre los ejércitos y el control de las políticas de seguridad y defensa.

La disputa económica y política

Entre las dictaduras militares (hasta mediados de los 80 en El Salvador, Honduras y Guatemala) y las dictaduras civiles o democracias armadas de la actualidad, Centroamérica ha vivido, y experimenta todavía, determinados procesos de gran impacto, relativamente novedosos:

– Crecimiento de la economía criminal.

– Expansión de nuevas transnacionales y nuevos ámbitos de acumulación.

– Renovadas disputas geoestratégicas por el territorio.

El incremento de la economía criminal influye sobre las instituciones y el régimen de partidos. El ejercicio político y democrático se ve mediado por las agendas empresariales y por los intereses de la narcoactividad, la trata de personas, el contrabando y otros rubros signifi cativos de esta economía. La mitad de las instituciones, el 40 por ciento del territorio y al menos el 33 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de Guatemala forma parte, según investigaciones independientes, de esta economía, vinculada con las instituciones formales y las sociedades empresariales. Son las “conexiones societarias” de las que habla el periodista mexicano Ricardo Ravelo.

Minería, servicios, agua, petróleo, agro-combustibles, sector bancario… Todos ellos son ámbitos privilegiados de acumulación, que renuevan procesos de deforestación, pérdida de cultivos, reconcentración de la propiedad en manos de fi nqueros y narcotraficantes, pobreza y vulnerabilidad. A diferencia de los años 90, las transnacionales predominantes en Centroamérica son, además de las estadounidenses y europeas, las colombianas y brasileñas (translatinas), y cada vez es más visible la presencia de capital chino y de la India. Esta emergencia de nuevas transnacionales se produce en condiciones de competencia o colaboración: el poderoso sector energético de Guatemala está desde hace dos años en manos de capitales colombianos, con financiamiento europeo.

Por otro lado, la posición de la región como puente entre Atlántico y Pacífi co la convierte en centro de disputas entre capitales de China, India, Irán, España, Alemania, Estados Unidos, Venezuela y Brasil. Además, crece la importancia de Centroamérica como espacio de contención frente a las iniciativas de soberanía política y económica de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Estas tres dinámicas, parcialmente diferentes de las existentes hace una década, inciden en una reconfi guración de los Estados bajo parámetros autoritarios. Las lógicas de acumulación de la narcoactividad, afi rma Ricardo Ravelo, son idénticas al modo de funcionamiento de las cada vez más agresivas corporaciones capitalistas.

Luchas sociales en un contexto autoritario

En esta especie de “transición al revés”, que se proyecta en espiral autoritaria sobre sí misma, estamos reevaluando la dimensión de nuestros sueños. Los paradigmas de transformación de hace dos décadas no coinciden con las posibilidades y la correlación de fuerzas de nuestro mapa vital actual. Pero, aunque intrincados y a veces decepcionantes, los nuevos caminos de lucha presentan grandes retos:

– Las certezas históricas se sustituyen por el arte de trabajar en las incertidumbres,  parafraseando a Edgar Morin;

– Las vanguardias ungidas y el partido único retroceden ante lógicas de autorepresentación sin intermediación o subordinación, siguiendo a Álvaro Linera;

– La identidad de clase como eje de opresión y luchas se complejiza hasta articular identidades múltiples, que derivan en luchas, actores y sujetos igualmente plurales, organizados a partir de su diversidad no dispersa (Isabel Rauber);

– Los movimientos sociales pueden ser sociedades en movimiento (Raúl Zibechi), y en cualquier caso no son correas de transmisión de los partidos ni meros movimientos  reivindicativos;

– Nuevos paradigmas (feminismo, cosmovisión) complementan los viejos paradigmas transformadores, en diálogo y construcción permanente entre los mismos (Andrés Cabanas); y

– El poder se desterritorializa, resume Máximo Ba Tiul, desde lógicas comunitarias.

Todo está en discusión, incluso los conceptos que el neoliberalismo vació de contenido y desideologizó, sustrayendo democracia, Estado, desarrollo, incluso género o derechos, de su compenetración fundamental con el análisis de las relaciones del poder. El cosmocimiento, el buen vivir y las alternativas feministas de vida forman parte de esta nueva conceptualización y categorización, con una enorme vitalidad política.

Son expresiones avanzadas de estas nuevas luchas, por ejemplo, las consultas comunitarias en Guatemala como ejercicio de democracia directa (sustancialmente diferente a la democracia actual) y como instrumento político pedagógico; así como las propuestas de refundación del Estado desde los pueblos indígenas de la región o el reconocimiento de lo privado y lo personal como político (el cuerpo como territorio de opresión y de liberación, la defensa del territorio cuerpo tierra como aporte del feminismo guatemalteco). También constituye un buen ejemplo la articulación de visiones, miradas, actores y luchas tras el golpe de Estado en Honduras, que se mantiene con mayor fuerza en el espacio organizativo del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).

Así, el contexto regional implica tanto una regresión autoritaria como el forta lecimiento de propuestas antisistémicas y radicalmente transformadoras. La incompatibilidad entre ambas anticipa confrontaciones y tensiones, pero permite (y obliga) al ejercicio de la creatividad y la imaginación social, al fortalecimiento ideológico y a la articulación de luchas. Este es el reto: la transformación ideológica, política, económica y social de la democracia. Retomar (profundizándola) la apuesta estratégica de las luchas sociales de los 80.

La involución de la comunidad internacional

A la reversión autoritaria interna se añade la deriva neoconservadora a nivel internacional: el sociofascismo, definido por Boaventura de Sousa Santos como un momento donde se mantienen ciertas libertades formales y formas democráticas (sobre todo el derecho de elección) mientras se cierran los espacios y se profundiza la exclusión social y económica. En este marco, las relaciones internacionales se defi nen en términos de explotación y ganancia; las agencias de cooperación internacionalizan las inversiones; las embajadas se convierten en instrumentos de exportación; las ONG de solidaridad se introducen en los circuitos de lo público-privado y los intereses de las empresas españolas son los intereses de los gobiernos (dicen en Argentina, caso Repsol, y también en Guatemala, Santa Cruz Barillas). La cooperación se debilita y vuelve marginal: da la espalda al contexto cambiante, desconoce las nuevas formas de organización social, prefiere viejos pero irrelevantes actores (contrapartes) que nuevos sujetos, busca certezas en una etapa de incertidumbres creativas. Se desnaturaliza, convirtiéndose en actor de poder. Se desideologiza, pierde compromiso y pasión transformadora. Hoy por hoy, las voces solidarias y las propuestas de cooperación genuinas, fundamentadas en valores democráticos y humanos, son minoritarias. La solidaridad comprometida es sustituida por la tecnocracia mediocre, que acumula tanto poder como niega la acción política.

Junio de 2012, tres años después del golpe de estado en Honduras, va a convertirse en otra fecha signifi cativa para Centroamérica. La firma en Honduras del Acuerdo de Asociación Unión Europea – Centroamérica sancionará la expansión sin control de empresas transnacionales y fortalecerá las posiciones autoritarias de los gobiernos de la región: el aval europeo a las políticas de las empresas y a los actuales gobiernos de libertades restringidas.


Andrés Cabanas forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Este artículo ha sido publicado en el nº 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.


1. Ver: www.memorialguatemala.blogspot.com


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