Director ejecutivo del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB)

Marco Gandarillas: “Para las organizaciones bolivianas de izquierdas el planteamiento es politizar el trabajo nuevamente”

Marco Gandarillas, sociólogo, investigador social y director ejecutivo del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB), estuvo unos días en Madrid participando en un seminario sobre desarrollo, cooperación y empresas transnacionales. [1] En el momento de crisis y transformación del mundo asociativo en el que nos encontramos, tuvimos la oportunidad de charlar con él sobre la situación de las organizaciones sociales en Bolivia, sobre cómo les afecta la crisis y sobre las consecuencias que está provocando allá la situación de la cooperación española y europea en general. [1]: Seminario “Repensar el desarrollo. Cooperación, derechos humanos y empresas transnacionales”, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid del 12 al 14 de marzo de 2012 y organizado por el Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL-Paz con Dignidad).
Marco Gandarillas, fotografiado por Beatriz Ortiz (Madrid, 2012).

– Los recortes en la cooperación española han hecho que tome aún más protagonismo la cuestión de la financiación privada a las organizaciones sociales, con las consecuencias que ello conlleva. ¿Cuál es la situación en Bolivia y cómo os está afectando la crisis en Europa?

-Muchos países y organizaciones internacionales que han estado presentes durante 30 años en el país se han ido de pronto, sin dar ninguna explicación. Es el caso de las ONG holandesas, que han alimentado a una parte signifi cativa de las organizaciones bolivianas de izquierdas y también a las de la Iglesia Católica. Estas organizaciones, en lugar de ser honestas y plantear el que yo creo que fue el elemento condicionante de su salida, que la política exterior de Holanda se dirigió a otras zonas geográfi cas (principalmente a África o Asia, buscando a la clase comercial y de negocios), dieron otras excusas que ponían en cuestión el desempeño de sus contrapartes, a las que habían apoyado sin condiciones. Esos cuestionamientos han hecho daño.

Me parece sintomático el hecho de que haya sido una salida sin mayor explicación o, en todo caso, con una explicación que arroja la responsabilidad contra las contrapartes, cuando las responsables no son ellas sino el contexto de sus países y de su política exterior. Una vez más se ha confirmado que son organizaciones voluntariamente ligadas a la política exterior de sus países y que están donde hay recursos, donde puede haber oportunidades de negocio. No hayan hecho ni un mínimo ejercicio de autocrítica y eso dice mucho también de lo que ha sido su trabajo en Bolivia durante los últimos 30 años.

Ligado a esto está la crisis de las ONG propiamente bolivianas, que es permanente. Nunca hemos dejado de estar en crisis, precisamente porque muchas organizaciones han nacido de una manera dependiente. Hay muy pocas, de hecho sólo las asambleas de Derechos Humanos (que por otro lado también están en crisis), que hayan nacido sin una relación directa con países del extranjero. En este sentido, las organizaciones son profunda, plena y totalmente dependientes de los fondos de cooperación extranjera. En la mayoría de los casos esta crisis, que es de siempre, se ha expresado en una falta de identidad, en un “hacemos lo que esté de moda” o “para lo que haya recursos”.

– Esto implica que la agenda y líneas estratégicas de acción de las ONG bolivianas han venido marcadas, e incluso impuestas, por los países donantes.

– Sí. En primer lugar, las organizaciones bolivianas ni siquiera se plantean el hecho de que los pocos recursos que les destinan no son sufi cientes para aliviar los efectos y daños que causan las acciones de esos mismos países en Bolivia. En segundo lugar, tampoco se plantean lo que significa en cuanto a la pérdida de todo el aprendizaje acumulado en lo organizativo y, sobre todo, en cuanto a la gestión y prestación, por parte de las organizaciones sociales, de servicios básicos que debían ser provistos por el Estado y que solventaron en su momento problemas estructurales del mismo. ¿Qué pasa si no estamos? ¿Qué pasa si estos recursos que tenemos de manera coyuntural se acaban? ¿Qué pasa con la gente a la que asistimos y prestamos servicios? Para mí este es un tema clave porque teníamos claro que en algún momento se iba a acabar, pero no que iba a ser tan rápido ni tan pronto. Y ahora que se acaba aparece un hueco en el que personas y organizaciones quedan en el aire. Se confi rma que las ONG son solamente los recursos económicos, casi no hay nada más que eso, porque se acaban los recursos y se deshace la organización, los compromisos desaparecen y volvemos a lo de siempre. Igual que pasaba con los proyectos cuando finalizaban, sólo que ahora acaba todo al mismo tiempo.

Por otro lado, en Bolivia existe un grupo de organizaciones muy minoritario y marginal que no está ni siquiera en las redes, como nosotros, que estuvimos y las dejamos precisamente por su burocratización y sometimiento a las directrices de las grandes financiadoras. Se nos presenta un escenario interesante, ya que tenemos relaciones muy profundas con los movimientos sociales. Para nosotras los recursos estaban demasiado condicionados y suponían una burocracia que éramos incapaces de gestionar: era preciso redactar informes de muchas páginas, necesitábamos diez días para justifi car un evento de un día, etc.

Al salirnos, queríamos evitar también otro elemento muy negativo, la competencia. En los últimos años, muchas organizaciones de izquierdas que estamos, por decirlo de algún modo, en los bordes, teníamos un grave problema de competencia. Nos sentíamos como enfrentadas unas a otras por tonterías y entrábamos todas las organizaciones a unas prácticas muy perjudiciales. En vez de hacer una actividad convergente, algo que fortaleciese a todas las organizaciones, cada una iba a lo suyo. Robábamos a otras organizaciones, por decirlo de algún modo, para poder acceder a la subvención y para justificarla. Creo que hay un escenario interesante para muchas de las organizaciones que “nos quitábamos audiencia”, porque ahora sí tenemos que sentarnos y trabajar juntas, porque los cuatro mangos que tenemos hay que compartirlos. Incluso ahora ya no tenemos determinadas responsabilidades de trabajo que antes se repartían entre el equipo técnico de cada organización. Eso, en cierta medida, creo que es bueno.

– ¿Hasta qué punto crees que esta salida o descenso de la presencia de ONG internacionales en Bolivia está relacionada con el gobierno de Evo Morales? ¿El  Movimiento al Socialismo (MAS) ha endurecido las condiciones para la presencia de ONG internacionales?

– No, con Evo no tiene nada que ver. Incluso podría decir que con él creció la cooperación en general. Hay países y organizaciones que hasta la llegada de Evo Morales al gobierno boliviano no se enteraron de que existía Bolivia. En ese momento dijeron: “Oh, aquí hay que venir a apoyar cualquier cosa, lo primero que encontremos bajando del avión”. No se está retirando toda la cooperación sino sólo una parte, la que era clave para movimientos sociales y para las organizaciones de izquierdas. Y con esto, junto con nosotros, se está muriendo un sector grueso de ONG de supervivencia y de asistencialismo. Los casos más graves se dan en la desaparición de las organizaciones que llevan temas de salud, que están muy mermadas y que cumplían una labor esencial que no cubre el Estado. Como no ha habido un periodo de transición en el que estas organizaciones pudieran pelear y reclamar junto con movimientos sociales que el Estado se hiciera cargo de estas cuestiones, ahí sí que va a haber muertos.

Las que sí quedan son las organizaciones internacionales con una agenda política propia, respecto al país y respecto a lo que quieren de las ONG y, por supuesto, también siguen las grandes ONG, que tienen ahora más dinero que nunca y que son las que salen fortalecidas de este proceso porque hacen de puente para la agenda de sus fi nanciadores. Esta es precisamente la contradicción del momento: son los peces gordos que generaban poca transformación social los que se quedan, las grandes ONG con los grandes equipos consultores. Y buena parte de las ONG de izquierdas estamos viviendo un momento en el que nos vemos obligadas a llevar a cabo una reestructuración de tipo político.

– Dentro del grupo de ONG de izquierdas, ¿cómo se aborda la posibilidad
de acceder a fi nanciación privada? ¿Hay debate al respecto?

– No, no hay debate. Pero está claro que muchas asociaciones, sobre todo las de supervivencia, se van a vender a lo que puedan. Ya se venden los programas REDD, los Programas de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques. Muchas de las ONG con las que compartíamos principios, aunque no teníamos alianzas, ahora venden programas REDD.

– Por lo tanto, Bolivia está entrando en el mercado de carbono.

– Sí, la tarea encomendada a varias organizaciones es que las comunidades indígenas accedan a programas REDD. Ahí están las que suelen estar normalmente, es decir, las de siempre, a las que no les importa nada, pero también están organizaciones que no solían entrar a este tipo de cosas. Y que entrarán a lo que va a ser ya la moda del momento, la responsabilidad social corporativa. Hay una presión directa sobre las organizaciones con una gran base social, que saben que tienen incidencia y relaciones con los movimientos sociales.

Va a ser un debate tanto entre las organizaciones como en el interior de nuestros propios equipos. Parte de la gente que trabajaba con nosotros se ha ido a las grandes ONG bolivianas, porque pagan cinco veces más y exigen cinco veces menos en compromiso. Otras también se han ido a las grandes financieras, donde pagan 20 veces lo que nosotros y exigen 20 veces menos: con pasar los contactos y llevar a gente a las actividades ya está todo hecho. No tienen que “ponerse delante”, sólo tienen que estar. Esto ya lo hemos vivido en el pasado y ahora se va a multiplicar. Vamos a comprobar cuánto compromiso hay en nuestros equipos.

– Has indicado antes que crees que tiene que darse ya no sólo una reestructuración económica sino también (y sobre todo) política en el seno de las organizaciones de izquierdas. ¿Qué alternativa existe para ellas? ¿Cómo sería esa reestructuración?

– Para las organizaciones bolivianas de izquierdas el planteamiento es politizar el trabajo nuevamente. Muchas son muy políticas pero sienten que su trabajo estaba muy encasillado en la gestión de proyectos. Ahora resulta clave replantear su perfil y potenciar su valor agregado, qué se aporta a los movimientos sociales. Muchas nos lo estamos planteando así. Hay asociaciones que tenían 40 o 50 personas trabajando y ahora tienen seis o diez. Incluso esas seis o diez se están preguntando: ¿cuál es nuestro valor agregado?, ¿qué podemos aportar a nivel de información, de asistencia jurídica, de denuncia, de comunicación, etcétera? Ya no tenemos plata, ya no podemos fi nanciar eventos de un millón de personas ni viajes a cumbres internacionales. Entonces, ¿qué es lo que podemos aportar que sea válido y fortalezca la movilización y la resistencia? Sólo el hecho de replantearnos nuestro perfi l y hacerse la pregunta es ya un avance.

– Es interesante la reflexión. ¿Cómo nos veis desde allá a las organizaciones españolas que estamos en procesos parecidos? ¿Cuál es nuestro valor añadido para las organizaciones bolivianas?

– Lo primero es lo que he dicho antes: politizar. En estos últimos años ha habido muchos y muchas cooperantes, demasiados, pero pocos realmente comprometidos, con un estilo muy como de funcionariado. Con toda la capacidad que tienen para aportar, que es enorme, están muy limitados porque no quieren asumir más compromiso que el del propio trabajo. Van a conocer lo que ocurre, pero por fuera solamente, no lo incorporan más allá de su lógica laboral. Para mí esto es clave: la gente tiene que estar comprometida realmente, no puede ser sólo un técnico o una técnica con la que se hable sólo de los proyectos sino con quien también podamos hablar de los procesos, de las luchas aquí y allá. Lo poco que hemos hecho de bisagra, por ejemplo, es resultado de esto, de los procesos de retroalimentación aquí y allí. Las problemáticas que vivimos son muy parecidas, realmente.

La realidad ahora es que las organizaciones vamos a estar “disminuidas”, vamos a ir a menos. Tenemos que juntarnos más las de acá y las de allá, encontrar los espacios y escenarios de trabajo real y político. Sería muy interesante, por ejemplo, plantear un debate con las ONG españolas que están en Bolivia sobre lo que implica la política de cooperación española en el país. Es clave trasladar los debates. Creo que esta es la recomendación más básica en estos momentos para enfrentar el proceso. Ya hemos vivido experiencias en las que la unidad de organizaciones españolas y bolivianas consiguieron, por ejemplo, que una multinacional no se sentase en una mesa a negociar con organizaciones y la agencia de cooperación. No sé si había mucha participación de sus sedes, porque muchas veces se da el problema de la falta de respaldo desde las sedes, pero aún así pelearon. Este tipo de acciones concretas son también las que construyen nuevos tipos de relación.

– Para muchas organizaciones del Estado español el momento que vivimos también pasa por situarnos y ver cómo nos vamos a relacionar con los movimientos sociales. ¿Alguna estrategia?

– Primero hay que plantearse seriamente la cuestión. Escucho muchas veces esa intención de querer estar y relacionarse con los movimientos sociales pero luego no se da ni un paso. Cuando alguien se acerca a los movimientos sociales tiene que tener claro que son como son, con contradicciones. Pero tal y como están las cosas por acá y tal y como percibo cómo está “la cabeza” de algunos movimientos, como el sindical, yo no me acercaría “las cabezas”. ¿Para qué? ¿Qué vamos a lograr? Lo que sí haría es acercarme a la base de los movimientos y buscar lo que compartimos para, a partir de ahí, generar colaboración, en ningún caso subordinación. No se puede llegar con una actitud paternalista por parte de las ONG sino ver lo que compartimos, lo común, y qué podemos hacer conjuntamente.


Beatriz Ortiz Martínez coordina el área de Comunicación en ACSUR – Las Segovias. Concepción García es coordinadora de Educación e Incidencia en la misma organización.

Este artículo ha sido publicado en el nº 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.


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