Entre muros y fronteras

Fuerza de trabajo inmigrante y acumulación del capital

Las migraciones internacionales ocupan un lugar importante en la coyuntura actual del capitalismo mundial. A la vez que el capital se apropia de la movilidad del trabajo y del sueño del “desarrollo”, los flujos migratorios suscitan en los países centrales preocupaciones y temores demográficos, económicos, políticos y culturales. En el límite de esas reacciones, Estados Unidos y los países de la Unión Europea avanzan en la construcción de muros para la contención de inmigrantes en sus fronteras. En el Brasil subimperialista, la llegada de inmigrantes procedentes de Haití lleva hasta las últimas consecuencias los mitos de la hospitalidad y la democracia racial en el país.
Ilustración: Paula Cabildo.

De forma cada vez más abierta y organizada, diversos sectores sociales de esos países defienden la restricción de la ciudadanía (y, por tanto, de los servicios y beneficios públicos y sociales asociados) a las personas nativas, alegando que las y los trabajadores inmigrantes generan desempleo y violencia en las regiones metropolitanas. El recrudecimiento de la xenofobia y de la criminalización del indocumentado repercute en la militarización de las fronteras y en la extrema inestabilidad en la travesía del inmigrante.

Según informaciones divulgadas por el periódico Granma el 26 de diciembre de 2010, en aquel año aproximadamente 30.000 centroamericanos fueron secuestrados o desaparecieron en la frontera entre México y Estados Unidos, un 30 por ciento más del total de muertes y desapariciones registradas en 2009. En los últimos cinco años, según la organización Human Rights Watch, fueron 100.000 los inmigrantes latinoamericanos secuestrados o desaparecidos en la travesía de la frontera entre los dos países.

Han sido víctimas de secuestros, asesinatos y robos, entre otros crímenes. Según estimación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), cada año por lo menos 500 mil inmigrantes guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses atraviesan el territorio mexicano con el objetivo de llegar a Estados Unidos [1].

Muros europeos

En Europa, la realidad no es diferente. Está abierta la veda en la caza a las personas del Magreb en la costa mediterránea española, así como la restricción de derechos básicos de la población árabe en Francia e Inglaterra (con el impedimento incluso de la libre expresión de la religiosidad) y la construcción de un muro de contención de inmigrantes a partir de la frontera de Grecia [2]. Un muro más en la historia de la intolerancia hacia la diferencia.

Será ese muro el segundo en separar zonas de influencia de los dos países, contando con el que existe en Chipre. La mayoría de los “inmigrantes ilegales” que llegan a esa zona son originarios de países como Afganistán, Paquistán, Somalia, algunos países de Oriente Medio (como Irak) y del Norte de África, en su mayoría regiones donde las guerras conducidas por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con la participación de la Unión Europea, han agravado los problemas sociales, humanitarios y políticos [3].

La construcción del muro de Grecia expresa una política general de la Unión Europea que permite a los países miembros restablecer la fiscalización y la militarización de las fronteras en “condiciones excepcionales”. En la periferia de la Unión Europea, por tanto, se está redefiniendo, a través de la restricción de los derechos de los inmigrantes y los controles en las fronteras interiores, el Acuerdo de Schengen, firmado en 1985 y en vigor desde 1995.

Imperialismo y migraciones

Lo que destaca, y que se encuentra en la mayoría de los estudios acerca de la migración internacional, es el papel de las invasiones militares y de los conflictos armados capitaneados por los países centrales en África y en Oriente Medio. La actuación imperialista, al reproducir la miseria y la dependencia en la periferia del sistema, refuerza el dislocamiento de enormes contingentes humanos desde las áreas en conflicto a las regiones de mayor desarrollo capitalista. La transferencia de valor, en sus múltiples formas, de la periferia al centro del sistema se mantiene por medio de la actuación del capital monopolista proveniente de los países centrales.

Con todo ello se obstaculiza el desarrollo y la soberanía nacional en América Latina, Asia y África, lo que impulsa la creación de una superpoblación relativa que inicialmente integrará el “ejército industrial de reserva” y, después, tendrá en la migración a los países centrales una alternativa de supervivencia. Los altos índices de desempleo entre jóvenes en países de Oriente Medio y de África expresan esa dinámica. En Egipto y en Túnez, países con histórica emigración hacia Europa, el desempleo entre los jóvenes supera la tasa del 50 por ciento. La creciente emigración de jóvenes hacia Francia, por ejemplo, no es ocasional.

El su bimper ialismo brasileño y la inmigración haitiana. En América Latina, el fenómeno del sub-imperialismo brasileño condiciona flujos migratorios específicos: la presencia militar del país en Haití, por ejemplo, ha reforzado la migración de personas haitianas a Brasil, llevando hasta las últimas consecuencias los mitos de hospitalidad y de democracia racial en el país. El control de las libertades individuales ejercido por las fuerza armadas y la condición de dependencia y miseria extrema actúan como factores de expulsión en Haití. La crisis capitalista mundial emanada de los Estados Unidos se ha ocupado de reorientar esos flujos a Brasil (que pasa por una coyuntura de “nuevo desarrollismo” asentada en un enorme endeudamiento público y de las familias).

Mientras que en 2008, 2009 y 2010 el Consejo Nacional de Inmigración había concedido apenas cuatro visados permanentes a inmigrantes haitianos[4], en 2011 ese número fue de 709. Se calcula que cuatro mil haitianos han llegado a la frontera de Perú con Brasil solamente en enero de 2012. Su concentración, incluso en el distante Estado de Acre, ya es suficiente para ilustrar que Brasil no es tan receptivo a los inmigrantes pobres y negros: el Ministerio Público Federal (MPF) en Acre ha promovido una acción para el reconocimiento de la condición de refugiados de esos inmigrantes (y su libre tránsito por el país), exigiendo el fin de las deportaciones y el auxilio humanitario urgente.

Todavía la justicia brasileña opera para retirar el caso del debate público y de la atención internacional, mandando las decisiones a la Advocacia Geral da União (AGU), donde se mantienen en secreto judicial. Según el MPF de Acre, la AGU también recomienda a las secretarías de derechos humanos que no ofrezcan ayuda humanitaria a los inmigrantes ilegales, y que remitan los casos a las autoridades policiales, negando así la condición de refugiado al inmigrante haitiano.

La reducción de la cuestión al visado y a sus trámites en manos de las autoridades policiales revela el inicio de un proceso de militarización de las fronteras como el vigente en los países centrales. La negación de la ayuda humanitaria y de la condición de refugiado expone, a su vez, una contradicción latente en la política exterior subimperialista brasileña: deportación inminente de inmigrantes que vienen de un país donde Brasil mantiene una “intervención humanitaria”.

En cuanto esto pasa, los inmigrantes se quedan en la frontera, sin poder retornar por cuestiones financieras y sin poder permanecer en Brasil por falta de documentación [5].

Xenofobia y extrema derecha

La xenofobia se ha reforzado en un contexto en el que gran parte de las personas migrantes son indocumentadas y el capitalismo central se encuentra en crisis. Tal sentimiento, expresión no sólo de una comprensión etnocéntrica del mundo sino también de un nativismo muy concreto presente en los sectores menos cualificados y organizados de la fuerza de trabajo, ha dado alas al discurso de la extrema derecha. Se han organizado partidos o movimientos abiertamente “anti-inmigrantes”, como el Carrying Capacity Network (CCN) y la Federation for American Inmigration Reform (FAIR) en los Estados Unidos; el Front National de Jean-Marie Le Pen en Francia o la Plataforma Per Catalunya (PxC), “Primero los de casa”, en España.

Este último partido de extrema derecha se promocionó en campaña electoral con lemas y vídeos xenófobos y agresivos. Colgaron un vídeo en internet en el que se ve a chicas en minifalda que bailan al ritmo de una canción tradicional de la zona. Después de un corte, aparecen mujeres con burka bailando ritmos árabes. A continuación, dice que “aquello” podría ser una imagen de 2015 en la ciudad, pero que todavía se puede impedir esa “pesadilla”. La población se acostumbra a ese tipo de pensamiento y cree en los argumentos de la extrema derecha, que juzga a los inmigrantes como los responsables de toda la criminalidad y el desempleo en el país [6].

Hay muchos más ejemplos. La Directiva del Retorno (conocida también como “Directiva de la Vergüenza”), aprobada por la Eurocámara en 2008, criminaliza al inmigrante indocumentado y permite su detención durante hasta 18 meses, incluso de los menores de edad, sin que puedan volver a entrar en Europa durante los siguientes cinco años. Esta reacción xenofóbica no abarca sólo a las personas inmigrantes, sino también a sus descendientes: las expresiones inmigrantes de “segunda” y “tercera” generación muestran la incapacidad de los países centrales desarrollados para reconocer la ciudadanía de los hijos de inmigrantes, aunque hubiesen nacido en el país de destino.

Migraciones y acumulación de capital

En lo referente a la economía aún no se ha estudiado detenidamente cómo la migración internacional ha contribuido a la acumulación de capital en los países centrales a través de, entre otras cuestiones, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo inmigrante. Según estudios del Consejo de Investigación Social y Económica del gobierno de Reino Unido, la condición de trabajadores más explotados y menos asistidos en los derechos sociales ha supuesto un incremento de 33,5 mil millones de euros para la economía de España en la última década. Se estima que el Producto Interior Bruto (PIB) español es un 4,9 por ciento mayor por causa del trabajo inmigrante.

La conomía política debe explicar lo que la cifra revela: el capitalismo central necesita al trabajo inmigrante, pues lo ha reducido a un estatuto político inferior que permite mayores beneficios del trabajo excedente que no se paga. Eso es especialmente necesario en un contexto de crisis capitalista como el actual (resultado de una crisis estructural vigente desde la década de 1970).

El estatuto político inferior y la baja cualificación de los inmigrantes permiten a las empresas explotarlos al máximo (sueldos bajos, horarios prolongados, ritmo de trabajo intenso). Su movilidad trae a los capitalistas beneficios apreciables: la rápida rotación de trabajadores y trabajadoras inmigrantes suprime todos los beneficios de antigüedad y permite mantener salarios bajos. Del mismo modo, los trabajadores inmigrantes contribuyen a instituciones sociales[7] de las cuales en raras ocasiones se benefician.

El tipo específico de flujo migratorio del capitalismo en crisis es, por lo tanto, el inmigrante indocumentado, sobre cuyo trabajo recae un mayor grado de explotación. Estos trabajadores se juegan sus vidas en relaciones de trabajo precarias que apenas contribuyen a la acumulación de capital en esos países. El capital monopolista internacional y los Estados de los países centrales son los principales responsables de la reproducción a escala global de las desigualdades económicas y sociales que impulsan la migración. Actualmente hay 135,2 millones de inmigrantes viviendo en los países centrales, de los cuales la gran mayoría, 97,5 millones (o un 72,11 por ciento del total) han emigrado[8] desde países de la periferia del sistema capitalista mundial. Sólo en Europa entran, según cálculos de la Europol, 500.000 inmigrantes indocumentados cada año, recibidos como ilegales y mantenidos como trabajadores sobreexplotados, sin derecho a la ciudadanía.

El hecho de que el inmigrante tenga un estatuto político inferior, condición específica para la sobreexplotación de su fuerza de trabajo, pasa por reformas de las políticas migratorias. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Immigration Reform and Control Act (Irca), firmado por Reagan en 1986, y el Save Our State Immigration Initiative (SOS, también conocido como Iniciativa 187), han promovido la supresión de los derechos de los inmigrantes en cuanto a salud, educación y cualquier otro servicio público. Está pavimentado, así, el camino para la extorsión de la ciudadanía de los inmigrantes y legitimada la apropiación sobreexplotadora del capital.

Ese proceso en curso en Europa y Estados Unidos expresa la forma específica mediante la que el capital se apropia de la movilidad del trabajo y del sueño del “desarrollo”. Superarlos exige no sólo una profunda reflexión sobre los mecanismos capitalistas de explotación del trabajo sino también un esfuerzo inmediato de la izquierda para identificar al inmigrante como un sujeto revolucionario: cuando inmigrar no garantiza la movilidad social, solamente la lucha por la construcción de una nueva forma de producir y distribuir la riqueza puede satisfacer las necesidades históricas de los trabajadores, inmigrantes o no.


Luis Felipe Aires Magalhães es miembro del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELA) de la Universidade Federal de Santa Catarina (UFSC). Hace maestría en Demografía en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas (UNICAMP). Integrante del Núcleo de Estudios de la Población.

Este artículo ha sido publicado en el nº 51 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Segundo Trimestre de 2012


NOTAS:

  1. “Em cinco anos, 100 mil imigrantes ilegais foram sequestrados no México”, en Opera Mundi, 19 de abril de 2011. Ver: www.operamundi.com.br.
  2. “Muro europeu vai começar pela Grécia”, en Brasil de Fato, 17 de enero de 2011. Ver: www.brasildefato.com.br. Según explicó Michele Cercone, portavoz de la Comisión Europea, la CE no tiene previsto cofinanciar la construcción de este muro (El Mundo, 07/02/2012).
  3. Brasil de Fato, 17 de enero de 2011, versión electrónica.
  4. Ministério do Trabalho e Emprego do Brasil (MTE): Base Estatística do Conselho Nacional de Inmigraçao. Disponible en: www.portal.mte.gov.br.
  5. “Processo sobre haitianos no Brasil corre em segredo de justiça”, en Portal Amazônia. Ver: www.portalamazonia.com.br.
  6. “Imigrações e ascenção da extrema direita na Europa”, en O Viés, mayo de 2011. Ver: www.revistaovies.com.
  7. Gaudemar, Jean Paul (1977): Mobilidade do Trabalho e Acumulaçao de Capital, Estampa, Lisboa.
  8. World Bank (2011): The Factbook 2011 of Migration and Remittances. Ver: www.worldbank.org.

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