Semestre de presidencia española de la Unión Europea

Falta menos de un mes para que termine la presidencia española del Consejo de Ministros de la Unión Europea. Medio año, prácticamente, en el que los ciudadanos y ciudadanas hemos podido ver a través de Internet, periódicos y televisiones, no sabemos cuántas fotos de reuniones, cumbres, apretones de manos, actos culturales... Más conciertos, más exposiciones, más sonrisas, más premios y más (no es para menos) apretones de manos.

En la maraña de instituciones y cargos de la Unión Europea cuesta orientarse. A través de la mayor parte de los medios de comunicación y de las páginas oficiales como www.hablamosdeeuropa.es cuesta saber de qué estamos hablando en realidad.

Por ejemplo: ¿qué significa eso de que “la capacidad de la Unión de hablar con una sola voz es determinante no sólo para la solución de los múltiples conflictos que marcan la actualidad internacional, sino también para la promoción de los derechos humanos”?

Cuesta comprender ese enunciado, sobre todo si después leemos que entre los logros alcanzados se encuentra el avanzar en acuerdos de libre comercio (como el de Colombia, que elimina requisitos para el funcionamiento en ese país de empresas europeas), el haber llegado a un acuerdo para la ampliación de la operación Atalanta en Somalia (¿quiénes son/somos los piratas?) o el haber impulsado la coordinación de la respuesta de la UE ante la catástrofe de Haití (haciendo negocio con la pobreza, favoreciendo más aún un sistema basado en las importaciones, facilitando un campo de entrenamiento para los marines norteamericanos). Desde luego, la política comercial y de defensa de la Unión Europea no se encuentra próxima a la protección de los derechos humanos.

En lo que estamos completamente de acuerdo es en que se ha logrado eso de que “España trabajará durante el semestre de Presidencia para desarrollar medidas que se reflejen en la ‘economía real’ que afecta al día a día del ciudadano”. Lo que pasa es que al significado real hemos llegado ahora, después de las primeras huelgas en Grecia, los ajustes anunciados en mayo y el desembarco sin tapujos ya del Fondo Monetario Internacional en Europa.

La presidencia rotatoria se acaba. Pero no pasa nada. Ya viene otra. Aestas alturas cada vez somos más quienes sabemos que no importa ni qué país ni qué gobierno bajo qué siglas ocupe la presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea. A pesar de la propaganda, sabemos que aunque votemos en las europeas y escojamos al Parlamento,nos costará saber cuáles son los apretones de manos que realmente deciden cómo vivimos, a costa de quién y de qué vivimos.

Pero podemos hacer mucho: informarnos, indignarnos y movilizarnos. Ser día a día más las personas que nos movamos para entender quién gobierna. Primer paso para cambiarlo.


Redacción Pueblos.

Este artículo ha sido publicado en el nº 42 de la revista Pueblos,  junio 2010.


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