Editorial - Pueblos 42 - junio de 2010

Rachel Corrie, rumbo a las conciencias

El barco Rachel Corrie continúa su rumbo, acercándose a la Franja de Gaza para llevar algunos de los innumerables materiales de los que carece la población sitiada (cemento, medicamentos, papel, juguetes…) pero, principalmente para denunciar e intentar romper el bloqueo impuesto por Israel. Desde junio de 2007, un millón y medio de personas viven encerradas en 362 kilómetros cuadrados, sometidas a un brutal castigo colectivo que viola el derecho internacional humanitario.

Que el Rachel Corrie tuviera que zarpar unos días más tarde y no con el resto de la flotilla se debe a cuestiones técnicas, pero casi parece hecho a propósito para tensar aún más las cuerdas en un momento en el que las manifestaciones y actos de repulsa en todo el mundo se multiplican. ¿Qué hará Israel, después de haber asesinado a nueve personas (según las cifras oficiales) y de haber herido a decenas en el Mavi Marmara, uno de los seis barcos que formaban la Flotilla de la Libertad? ¿Empleará las mismas técnicas? ¿Se atreverá a atacar nuevamente a internacionales desarmados en aguas internacionales? ¿Cree Israel que tiene derecho (ético, jurídico, divino) a hacerlo?

Si no lo hace, posiblemente se haya dado un paso importante hacia el fin del bloqueo a Gaza (y ojalá hacia el fin de la ocupación de Palestina). Israel parece enredado en su estrategia. Desde la prensa nos llegan declaraciones contradictorias, ridículas: detienen a las personas en aguas internacionales en un barco con bandera turca pero dicen que se les aplicará la ley de inmigración ilegal; sostienen que el ejército ha actuado en “legítima defensa” porque son “extremistas violentos que apoyan el terrorismo” pero deportan rápidamente a las y los activistas sin juicio; aseguran que en la Franja de Gaza no hace falta ayuda humanitaria pero se prestan a distribuirla si pueden revisarla antes…

No hay declaraciones sorprendentes, giros inesperados en las relaciones entre EE UU, la Unión Europea e Israel. Obama tardó ¡tres días! en pronunciar las palabras gastadas que esperábamos: pérdida innecesaria de vidas, necesidad de lograr una paz duradera en Oriente Próximo, necesidad de aclarar lo sucedido… No se condena al agresor, se advierte que cosas así no benefician la seguridad a largo plazo. Una muy suave regañina en público, no sabemos si un golpecito en el hombro y una sonrisa en privado (¿y si lo habían hablado ya antes del ataque?)

La UE sigue en la misma línea, y tampoco va a presionar para que Israel abra la cárcel en que ha convertido la Franja de Gaza. La ONU puede decir lo que sea, que quienes en verdad mandan han decidido no escuchar. ¿Por qué tendrían ahora precisamente que hacer caso, si nunca han atendido a las múltiples resoluciones emitidas por este organismo internacional acerca de la ocupación de Palestina?

Los bombardeos de enero de 2009 sobre Gaza (Operación Plomo Fundido) hicieron crecer entre la población civil de numerosos países la indignación ante la impunidad de Israel. Tras el ataque a la Flotilla de la Libertad esta indignación vuelve a incrementarse. También crecen las preguntas y los argumentos.

Dejando de lado a los medios de la derecha más rancia, en el Estado español en esta ocasión se ha escuchado menos (tal vez que nunca) el argumento típico de que Israel ataca “en respuesta a” algo previo. Aunque el análisis tenga que ser más sosegado y exhaustivo, incluso sorprende a veces leer y escuchar en determinados medios expresiones como “apartheid”, “derecho internacional”, “bloqueo ilegal”, “asfixia del pueblo palestino” u otras similares.

Si el sueño de la razón produce monstruos, bienvenido sea el despertar el pensamiento, si por fin llega. Saber qué significa el sionismo, recordar palabras como las de Ze’ev Jabotinsky, ideólogo del sionismo revisionista en la década de 1920: “No hay alternativa, los palestinos deben ceder la tierra para los judíos. Ningún autóctono abandona su tierra por voluntad propia, por lo tanto debemos utilizar la fuerza, expulsar a los palestinos”. Escuchar esto, sentirlo, hasta palparlo, sabiendo que hoy en Israel gobierna Netanyahu, el Likud, partido heredero del sionismo revisionista. Si la razón sigue durmiendo, Palestina muere.


Redacción PUEBLOS.

Este artículo ha sido publicado en el nº 42 de la revista Pueblos, junio de 2010.


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