Lens Politica 2009: lo establecido, boca abajo

Por cuarta vez se celebró el Festival de Cine y Arte Media Lens Politica a finales de 2009 en Helsinki (Finlandia). Siguiendo la filosofía que en pasadas ediciones ha ido consolidando al evento como plataforma de debate y crítica a través del cine y las artes, el festival ha crecido una vez más gracias a un dedicado trabajo de investigación y compromiso que se extiende en colaboración con centros educativos tan significativos como la Academia de Bellas Artes de Helsinki, la Escuela de Cine y Televisión o la Universidad de la misma ciudad.

Para la presente edición se trabajó en un programa que combinaba un amplio programa de cine, exposiciones y lecturas teatrales con seminarios, conferencias y cursos de muy diversa naturaleza. Entre los invitados destacó la presencia de Mike Bonanno del conocido grupo de activistas Yes Men, el politólogo y especialista en el conflicto palestino-israelí Norman Finkelstein o el director de teatro británico Steve Tiller que dirigió a un grupo de actores finlandeses acompañados por el legendario actor inglés Corin Redgrave en la lectura de la obra Perdition de Jim Allen. Este artículo repasa, sobre todo, la presencia de estas importantes figuras y los trabajos que los acompañaron.

Lens Politica 2009 abrió en Kiasma (Museo de Arte Contemporáneo de Helsinki) con el estreno de The Yes Men Fix the World (Los Yes Men arreglan el mundo) dirigido por los propios Yes Men (Mike Bonanno y Andy Bichlbaum) y que documenta las últimas intervenciones públicas del grupo, desde su presencia internacional en la BBC haciéndose pasar por portavoces de Dow y “admitiendo” una falsa indemnización a las víctimas del desastre de Bophal hasta la publicación del falso New York Times que anunciaba el fin de la guerra de Irak entre muchas otras noticias deseables y deseadas. La película hace este recorrido con el humor corrosivo característico del grupo y contextualizando sus acciones dentro del panorama político y económico actual, dando especial importancia a la resonancia que éstas conllevan.

La presencia de Mike Bonnano en un estreno abarrotado, que fue acompañada por una extensa charla seguida de una sesión de preguntas del público, fue uno de los momentos estelares del festival. Un día después, su seminario también fue seguido masivamente. Su discurso, fluido e inteligente, cómico pero lleno de contenido y que hace participar al público activamente haciéndoles hasta cantar y proyectar propuestas de acción política tan sencillas como eficaces, fue acogido con gran interés. Sus referencias ideológicas están claramente definidas y sus objetivos, tan agudos como honestos, son transmitidos a través de un mensaje que combina tanto la urgencia como la sencillez de la propuesta. Al final, las estrategias del grupo son expuestas para uso de todos aquellos que las quieran utilizar, del mismo modo que Yes Men es una herramienta para todos aquellos que quieran hacer uso de ella.

Otra de las visitas que despertó mayor interés fue la de Norman Finkelstein, autor de obras tan lúcidas como La Industria del Holocausto. Finkelstein vino para acompañar la película American Radical de Nicolas Rossier y David Ridgen sobre su trabajo y las polémicas en torno a su discurso que ha despertado la ira del sionismo hasta el punto de orquestar toda una campaña de desprestigio que alcanzó su cima con la suspensión de su puesto de trabajo en la Universidad de De Paul en Chicago. El irregular despido de Finkelstein provocó todo tipo de muestras de solidaridad por parte de alumnos y profesores del campus así como de otros centros universitarios en el país, liderados entre otros por personalidades de la talla de Noam Chomsky o Howard Zinn.

La película American Radical sigue tanto su trabajo como aspectos de su vida personal en un retrato íntimo que expone escenas significativas del coraje del personaje. Como es natural en trabajos sobre intelectuales de esta categoría, la cinta muestra sus limitaciones para profundizar sobre los discursos académicos y de la valía intelectual y política de Finkelstein, pero se presenta como una excelente introducción a un referente que además se acompaña con entrevistas tanto de amigos como de enemigos íntimos. La valentía de este intelectual, hijo de supervivientes de un doloroso Holocausto que entiende se ha convertido en la excusa perfecta para cubrir la política criminal de Estados Unidos e Israel hacia el pueblo palestino, queda patente en escenas memorables que nos hacen advertir la categoría y el compromiso humano de Finkelstein, dedicado infatigablemente a combatir las injusticias más flagrantes realizadas en nombre de la sangre e historia judía, que también es la suya.

Aprovechando su presencia, la Universidad de Helsinki invitó a Finkelstein a dar una conferencia sobre el conflicto palestino-israelí. En una sala llena hasta la bandera, Finkelstein desmontó, con tono tan calmado como rotundo y sencillo era su discurso, la falsedad entorno a la supuesta complejidad del conflicto, ajustando sus propuestas a la legislación internacional y el compromiso moral ante la manifiesta injusticia que se ejerce contra el pueblo palestino. Su mensaje, así como su actitud humilde y atenta, emocionó a la audiencia, que le acompañó en un largo turno de preguntas y respuestas tanto en la conferencia como en el estreno de la película al día siguiente.

Otra de las propuestas más destacadas del festival fue la puesta en escena de una lectura de la obra teatral Perdition de Jim Allen. La obra, que iba a ser dirigida por Ken Loach y protagonizada por Gabriel Byrne en 1987 para su estreno en Londres, fue censurada a pocos días del mismo debido a las presiones de grupos sionistas. Jim Allen, guionista de conocidas películas de Loach, trabajó durante más de dos años en la dramatización de un juicio ficticio para referirse al caso de Rudolf Kastner, líder sionista húngaro que colaboró con los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial. Kastner negoció con las autoridades del Tercer Reich en Hungría la huida a Palestina de alrededor de mil seiscientos judíos, principalmente familiares, y otros ricos judíos y sionistas, para así colaborar en la instauración del estado de Israel. A cambio, Kastner y los líderes sionistas se comprometieron a acallar y amortiguar cualquier tipo de rumor o noticia sobre lo que ocurría en los campos de concentración para mantener la tranquilidad y prevenir la posibilidad de una revuelta de los judíos húngaros, que eran enviados diariamente a un exterminio seguro. A pesar de las posibilidades de éxito que un levantamiento hubiese podido haber tenido, especialmente con un ejército alemán herido de muerte y el Ejército Rojo ya a las puertas en Rumania, Kastner continuó con la colaboración y, años más tarde, acabó siendo un funcionario en el recientemente creado Israel. En el intervalo de tiempo que aquella connivencia duró, seiscientos mil judíos húngaros fueron masacrados en los campos de concentración nazis. Años después, Kastner fue acusado en un panfleto por otro judío húngaro que pasó por esos campos de exterminio e Israel demandó al autor del mismo, pero quedó demostrada la certeza de esas afirmaciones. Así se inició un juicio contra Kastner que él nunca vio finalizar al ser asesinado en extrañas circunstancias en 1957.

La obra de Jim Allen usa este marco histórico para ilustrar un juicio ficticio que se refiere al de Kastner y que ahonda en los temas que recorren tanto la colaboración con los nazis como la naturaleza y los objetivos de la ideología sionista. Jim Allen no pudo ver su obra en escena antes de morir en 1999 y sólo la solicitud de los amplios grupos y organizaciones judías que mostraron su desaprobación con la censura realizada a la obra, le llevó a realizar algunas lecturas de una obra enterrada y oculta a pesar de su importancia y calidad. Lens Politica la recuperó de la mano de Steve Tiller, director de teatro y actor británico que trajo para la ocasión al legendario actor Corin Redgrave (una personalidad conocida por su compromiso político, especialmente con el pueblo palestino) y se rodeó de un nutrido grupo de conocidos y comprometidos actores finlandeses para una ocasión única que fue seguida de amplios debates con la audiencia.

Estos apuntes son un acercamiento minúsculo a lo que ha sido el festival durante 2009, ya que el programa tenía un amplio panorama de propuestas de muy diversa naturaleza que no caben en este artículo. El compromiso, la investigación, el aspecto tanto cultural como pedagógico, y el debate son las señas de identidad de un festival que crece todos los años un poco más. Espero que los tres episodios en los que me he detenido sirvan para ilustrar ese trabajo realizado por el reducido pero entusiasta grupo que trabaja en cada edición para poner boca abajo lo que nos quieren hacer asumir como establecido e inamovible desde las altas esferas.


Alejandro Pedregal es director del Festival de Cine y Arte Media Lens Politica y colaborador de Pueblos. Más información en www.lenspolitica.net.

Este artículo ha sido publicado en el nº 41 de la revista Pueblos, marzo de 2010.

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