URUGUAY, HOY COMO AYER... - PUEBLOS 35 - DICIEMBRE DE 2008

La economía uruguaya. Tan capitalista y dependiente como siempre

Es un hecho innegable que a fines del mes de octubre de 2008 la mayoría de los uruguayos vive mejor que cuatro años atrás. Esto no sólo se debe a la política económica llevada adelante por el Gobierno del Frente Amplio, sino a que en octubre de 2004 el país estaba saliendo de la más grande crisis financiera de su historia, y a que la coyuntura internacional ha sido hasta este momento sumamente favorable para las exportaciones uruguayas, las llamadas commodities. Mientras duró la bonanza de las commodities las cuentas del Estado se vinieron cerrando de maravilla. Ahora, la crisis financiera mundial está dejando en evidencia lo endeble de esta estrategia jugada a la dependencia y a la inversión extranjera.
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En estos últimos años todos los indicadores macroeconómicos del país han ido muy bien: el Producto Interno Bruto ha venido creciendo a tasas “asiáticas”, rondando el 8 por ciento anual; las exportaciones han batido récords históricos en valor y en volumen; las reservas también han aumentado y el déficit fiscal se ha reducido de manera significativa. Sin embargo, desde el momento en que no se ha planteado ningún cambio sustantivo en las relaciones de producción, la generación de toda esa riqueza no se ha visto reflejada en una mejora sustancial de la calidad de vida de la gran mayoría de los uruguayos, ni en la creación de puestos de trabajodignamente  remunerados. Hoy sigue habiendo miles de uruguayos que lo gran su sustento hurgando en la basura y viven en rancheríos miserables en los bordes de las ciudades o directamente en las calles y las plazas de la capital, Montevideo. Desde el Ministerio de Desarrollo Social se ha intentado paliar esta situación mediante diversos planes asistencialistas, pero los resultados han sido magros. Para lograr que la gente abandone la mendicidad y los basurales no basta con “asistencias” puntuales, sino que es necesario crear puestos de trabajo dignamente remunerados, una tarea que el Gobierno del Frente Amplio ha dejado ingenuamente en manos de la iniciativa privada, con los nulos resultados que eran de esperar de quienes existen precisamente para medrar con la plusvalía del trabajo ajeno. Sólo el Estado tiene las herramientas necesarias para crear esos puestos de trabajo que vayan poniendo fin a la marginalidad, pero eso no está en los planes del Gobierno.

La “extranjerización” de la economía

Ha de dejarse claro que ni remotamente ha estado planteada aquí la posibilidad de realizar transformaciones en la estructura económica, sino que se ha seguido navegando por el mismo rumbo anterior, o sea, el ordenado por los organismos financieros internacionales. Al igual que otros gobiernos de la región el país ha cancelado su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) mediante el expediente de emitir nuevas obliga ciones y venderlas a particulares (la llamada “Deuda Soberana”); sin embargo, las misiones del FMI siguen  revisando las cuentas del Ministerio de Economía (y dando su visto bueno). Durante la campaña electoral el presidente Vázquez  anunciaba una reforma tributaria usando hasta el cansancio la  muletilla de “que el que tiene más pague más”. Sin embargo, en el momento de concretar dicha reforma, se hizo sobre la base de los ingresos salariales, por lo que terminó resultando que el que “paga más” no es el que “gana más”, sino el que “cobra más”. En efecto, el 90 por ciento de lo recaudado por el llamado Impuesto a la Renta de las Personas Físicas proviene del sector asalariado, mientras que el capital sólo aporta el restante 10 por ciento. Si a eso le sumamos la creación de nuevas “zonas francas” y el crecimiento de las existentes, no es de extrañar que las inversiones provenientes del exterior hayan aumentado en forma destacada. En ese régimen es en el que se están instalando en el país las grandes fábricas de pulpa de celulosa de la finlandesa Botnia, la española Ence y la lusitana Portucel, entre otras.

El campo

De la mano del aumento del precio de las commodities el campo uruguayo ha virado hacia el monocultivo de soja, mientras se siguen plantando millones de eucaliptus y pinos para abastecer a las pasteras. La baja tributación y la inexistencia de retenciones a las exportaciones han hecho que cada vez más productores argentinos hayan trasladado sus plantaciones de soja a este lado del río Uruguay. Los brasileños, además, han sido atraídos por el estatus sanitario del país y han comprado la mayoría de los frigoríficos uruguayos. La  “extranjerización” de la tierra avanza a pasos agigantados, y a pesar de que incluso dentro del Gobierno se han alzado algunas voces de alerta, el Parlamento no logra ponerse de acuerdo para legislar al respecto. El Gobierno apostó deliberadamente por la inversión extranjera como manera de dinamizar dinamizar la economía, y lo ha logrado. Sin embargo, todos esos miles de millones de dólares que han llegado de ultramar han generado muy pocos nuevos puestos de trabajo, y desde el momento en que no está en los planes ninguna política redistributiva basada en la justicia social, toda esa riqueza se va al extranjero o se queda en las pocas manos de siempre. En el Uruguay “progresista”, los pobres son un poco menos pobres que antes, pero los ricos son muchísimo más ricos.

Hace dos años el presidente Vázquez y su ministro de Economía, Danilo Astori, libraron una denodada batalla para concretar un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de América. Debido a una firme oposición interna liderada por el entonces canciller, el socialista Reinaldo Gargano, hubo de desechar la idea y conformarse con un Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversión (TIFA por sus siglas en inglés). En enero de 2007, el ministro Astori afirmaba que con la firma de dicho TIFA: “… ambas partes reafirman su compromiso para incrementar las oportunidades económicas entre Uruguay y EE UU, al tiempo de coordinar simultáneamente sus esfuerzos para promover una mayor liberalización a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC).” El economista Antonio Elías, integrante de la Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (REIU) dijo sobre Astori: “fue la mayor parte de su vida un izquierdista prestigioso y solvente. Sin embargo, como ministro hizo lo opuesto a lo que sostuvo durante décadas: postergó las necesidades de la mayoría y extranjerizó la economía”. Danilo Astori abandonó con aplausos la cartera de Economía y Finanzas a finales del mes de septiembre, y se perfila como el más firme candidato presidencial del Frente Amplio para las elecciones de 2009 (al menos es el “favorito” del presidente Vázquez, así lo ha dicho), por lo que un eventual segundo gobierno del Frente Amplio sólo promete más de lo mismo.

La central sindical única uruguaya, el PIT-CNT, también discrepa con la política económica del Gobierno del presidente Vázquez. El dirigente Marcelo Abdala, integrante de su Secretariado Ejecutivo, ha dicho: “Nuestra central tiene una visión crítica de la política económica del Gobierno. Por cómo se negoció con los organismos multilaterales de crédito, por la importancia que se le dio a la inversión extranjera directa. Para nosotros la salida del país pasa por fortalecer el aparato del Estado.” Sin embargo, eso no estuvo,no está, ni estará, en los planes del Frente Amplio. Por el contrario, durante estos años se ha seguido apostando por la privatización de varios servicios estatales (actualmente está en carpeta la de los ferrocarriles, por no abundar). El secreto del éxito de los continuistas ha sido la lasitud del Programa de Gobierno del Frente Amplio de 2004, que era lo suficientemente laxo como para permitir decir a unos que se está cumpliendo y a otros que no. El senador del Partido Comunista Eduardo Lorier ha dicho al respecto: “Tenemos tres largos años de gobierno y experiencia acerca del cumplimiento o no de lo programático. Nosotros creemos que estos tres años ya nos permiten conocer el grado de compromiso con el Programa. En algunos aspectos nos merece reparo ese cumplimiento”. Sin embargo, el Partido Comunista sigue participando del Gobierno y votando lo que se le ordena desde el poder ejecutivo.Otros, como el ex senador Helios Sarthou, opinan que el Programa de Gobierno no sólo no ha sido cumplido, sino que ha sido traicionado, y han optado por abandonar la coalición de Gobierno.

Para el economista José Roca (también de la REIU), el camino que está siguiendo el Gobierno del Frente Amplio es el mismo que se estaba siguiendo antes. Roca afirma que “… no ha habido un cambio de timón que marque un rumbo diferente. Puede haber matices, ninguna política económica es pura. Pero está muy condicionada por los acuerdos vigentes, que (en particular aquellos con el BM y el FMI) están marcando que en líneas generales se sigan privilegiando los mismos elementos: los grandes importadores y el sistema financiero, que son los que se la llevan toda, hablando pronto y mal.” Al estar volcada casi totalmente a la exportación, la economía uruguaya es mucho más dependiente que antes, cuando los aranceles aduaneros impedían la libre entrada de mercancías que compitieran con la producción nacional. Hace 50 años el país exportaba telas y la ropa de los uruguayos se fabricaba en el país. Hoy día, la lana se exporta en bruto y las fábricas textiles uruguayas han cerrado porque la ropa de los uruguayos se importa desde China y Brasil. Lo mismo ha sucedido con la industria del cuero y el calzado y el Gobierno del Frente Amplio nada ha hecho para revertir esta situación. En la división internacional del trabajo Uruguay juega hoy el mismo papel que jugaba en el siglo XIX, el de productor de alimentos y materias primas para ser industrializadasen el Norte. Es así que la abrumadora mayoría de sus exportaciones la constituyen la carne, seguida de la soja, el arroz, y ahora la pulpa de celulosa.

Desde el momento en que el Estado interviene poco o nada para regularla, la economía uruguaya se sigue rigiendo por la más cruda ley de la oferta y la demanda. Es así que, por ejemplo, cientos de pequeños productores rurales han arrendado sus campos a las multinacionales sojeras y se han mudado a las ciudades a disfrutar de su renta. Donde antes había granjas y tambos, ahora hay grandes monocultivos destinados a la exportación. En otros países capitalistas el Estado subsidia a sus agricultores, porque se entiende que la producción de alimentos propios es una inversión estratégica y ven a la agroindustria como uno de los pilares de su estructura económica. El costo de producción de un queso holandés es muy superior al de uno uruguayo, pero los holandeses saben que si permitieran la libre importación de quesos uruguayos, su industria láctea quedaría fuera de competencia y desaparecería. Por eso la protegen mediante subsidios e impuestos a las importaciones de productos extranjeros. Por el contrario, en lugar de buscar los caminos para proteger a sus productores, los gobiernos de estos países reclaman a Europa y a los Estados Unidos que eliminen esos aranceles y permitan la libre competencia, tal como hacen ellos aquí. ¿Es posible que sean tan ingenuos? ¿Todavía no entendieron como funciona el Imperialismo? ¿O es que nos están tomando el pelo?

El hecho concreto es que el Gobierno del Frente Amplio no sólo no ha logrado romper con la dominación del bloque de poder que heredó de décadas de gobierno de la oligarquía ganadera y financiera, sino que ni siquiera lo ha intentado. En lugar de ello ha decidido romper con su programa, “jibarizándolo” hasta hacerlo irreconocible. En su discurso, el Frente Amplio habla de un indeterminado “país productivo”; en los hechos, el país sólo produce las materias primas que el Norte desarrollado necesita; igual que en la época del  coloniaje, que (como se ve) a fin de cuentas todavía no ha terminado. Porque a pesar de que el presidente Tabaré Vázquez se autodenomina “socialista”, esto no es otra cosa que una clásica sociedad capitalista dependiente. Bien capitalista, y bien dependiente…


Andrés Capelán es periodista y analista político de la agencia de noticias COMCOSUR (COMunicación participativa desde el COno SUR).

Este artículo ha sido publicado en el número 35 de la Revista Pueblos, diciembre de 2008.


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