Uruguay y su circunstancia. Dialéctica del cotidiano vivir

La historia del Uruguay guarda relación directa con la suerte, no sólo de su gente sino también la de los pueblos que formaban parte de la comarca que, a principios del siglo XIX, fuera la Liga Federal Artiguista. Ésta se desarrolló, casi con iguales fronteras, donde antes fueron las Misiones Jesuíticas del Sur. Al hablar del Uruguay, entonces, estamos innegablemente hablando del Cono Sur y, por extensión, de la América del Sur. De modo que resulta natural, en lo contemporáneo, considerar al Uruguay como parte constitutiva tanto del MERCOSUR como de la UNASUR. Así, en nuestra consideración, el otro conforma nuestra circunstancia porque no sólo la comprende sino que junto a los que habitan suelo uruguayo, la signa y la complementa.
Iván Bustamante (flickr.com).

El Uruguay, mi país, mi lugar en el mundo, no fue, no es y ciertamente jamás será un enclave  desde el cual pensar en quitar aire al  otro, en avasallar libertades, en avenirse  a traicionar a pueblos hermanos en función de mezquinas ambiciones personales.  No. La mayoría de los uruguayos  descreemos tanto de mesianismos  y verdades reveladas como de iconos  que apoyados en un dogma esclavizante  (sea éste religioso o político),  traten de conducirnos hacia una supuesta felicidad al tiempo que nos exigen  a cambio la entrega de nuestra responsabilidad  como ciudadanos y coprotagonistas  del quehacer social.

Una reseña personal

Solemos acompañar las acciones del  acontecer sociopolítico del Uruguay, y  de toda la región sudamericana, a través de notas publicadas en la revista de análisis La Onda Digital, desde hace unos cuantos años. A efectos de compartir  con los lectores una reflexión sobre el momento actual, nos parece oportuno repasar, someramente, algunos de estos artículos.

Dialéctica Vs. Inmovilismo (28/09/2008) Entonces, como en tantos momentos en los que nos es necesario reflexionar  con mayor hondura y ponderación, recordábamos al pensador y periodista uruguayo Carlos Quijano. Él fue protagonista de una vida digna, rica en valores y en acciones coherentes con éstos, los que deben ser esenciales en un hombre libre: el respeto  irrestricto a la libertad, junto a las posibilidades de desarrollo del otro hombre, de la otra mujer, es decir, del  diferente.

Lo importante, según creemos entender, consiste en determinar qué es lo central, qué lo periférico y anecdótico y qué -con su cómo y su por qué- es lo que merece nuestra entrega total y determinada en el plano de lo social y en el devenir de nuestras comunidades, la nacional y la regional, que en nuestro caso es la sudamericana. Afirmábamos, y seguimos considerándolo así (como la amplia mayoría de la izquierda uruguaya) que el Uruguay está ligado geohistórica y políticamente a la región, llámese MERCOSUR en su primer círculo, o UNASUR, en su segundo círculo. Bregábamos, junto con tantos uruguayos y uruguayas, por el respeto a los postulados del Frente Amplio, de su programa de gobierno, hecho que finalmente tuvo lugar gracias a la militancia cotidiana de las bases y grupos que entendían que debían proceder así.

De este modo, y en aquella hora, pudimos sortear las fuertes intenciones que desde la cúpula, unos pocos pero centrales integrantes animaban a cerrar un TLC con los Estados Unidos de Norteamérica, al tiempo que sembraban cizaña sobre nuestra relación con el MERCOSUR. De ahí que consideremos central que una fuerza política que realmente se entienda de izquierda deba dar especial respaldo a su programa de gobierno, a sus documentos constitutivos, y no caer, como hemos visto caer a no pocos actores centrales, en personalismos rayanos en el narcisismo. Además de que una izquierda que se precie de tal, debe velar porque con el tiempo, máxime si está en el poder, no se esclerose y pase a ser, total o parcialmente desde sus estamentos de mando, su propia derecha.

Terminábamos aquel artículo afirmando que nunca debe dársele la más mínima posibilidad a aquellas personas que vestidas con piel de oveja, pero conocidas por todos, busquen auparse hacia el poder y, una vez allí, por aquello tan manido de haber sido “el candidato  posible para ganar”, hagan y deshagan a su antojo y discreción, en el sentido opuesto a lo determinado por la gran mayoría del Frente Amplio.

Así, las grandes decisiones de un partido que se precie de ser verdaderamente de izquierda nunca pueden quedar supeditadas a lo que unos pocos resuelvan por sí mismos y a puertas cerradas, cuando de los destinos de su colectividad política se trata.

El Congreso del FA y la pequeñez de los “grandes” (23/12/2007)

Decíamos, hace poco más de un año, que no hay velo más denso para el bien mirar que el de la soberbia. Esta cruel tela impregna la  percepción de los necios que, aupados a lugares estratégicos en el  control de los destinos de los otros, terminan creyendo que, en  realidad, llegaron por sí mismos, sin otra ayuda o consideración que contextualice su actual posición en la esfera de las acciones  societarias.

Saludábamos la determinación del Congreso que, con su actitud, con sus decisiones, lejos de homologar cual chusma que responde al grito, decisiones que jamás fueron pensadas desde las bases, tuvo un momento superior al parar la mano del malón de los necios de turno. En aquel momento, se recordará, estaba en discusión quiénes ocuparían las máximas jerarquías del Frente Amplio. Finalmente, bregábamos porque se diera nuevo y vigoroso impulso al trabajo desde los Comités de Base como desde los sindicatos. ¡Vamos! Que desde el llano, como en su momento se construyera el propio partido y así también, se obrara hasta lograr la victoria del 2004, la labor de las bases, desde los comités, como desde los sindicatos, fue esencial para esclarecer y dar participación a las gentes.

O retornamos al pasado o ensanchamos el horizonte

Este país que se sabe sudamericano y que, en pos de tal creencia, ha dado pasos sustantivos a favor de la integración de nuestros pueblos, conoce también la rapacidad de algunos y el descreimiento de otros. Al ingresar al siglo XXI, el Uruguay dio, en lo político, un viraje importante al acceder al Gobierno nacional por amplia mayoría, la izquierda representada por el Frente Amplio. Atres años de tal acontecimiento, podemos percibir avances y continuismos. Se aprecian avances y con distintas gradaciones en áreas tan sensibles e importantes como las relaciones laborales, la política externa y las políticas sociales, incluso en el área de la prevención en la seguridad ciudadana.

Notorio es el continuismo dado en la conducción de la economía nacional, de la mano de un funcionario que acaba de bajarse del Gobierno para intentar postularse a cargos nacionales en las próximas elecciones del año 2009, y que hizo lo mismo que sus antecesores y supuestos contrarios ideológicos. Es decir, a lo largo de estos tres años la clase dominante ha visto ensancharse su poderío y reparto de las ganancias, en desmedro, una vez más, de la clase media. Mientras, a los sectores marginados se les ha asistido y se les sigue asistiendo, sin que por ello sea notoria o visible la posibilidad de pasar de tal asistencialismo a una toma de responsabilidad, de la mano de oportunidades reales para que estas gentes puedan salir, efectivamente, de su condición marginal y, así, de su condición de dependientes del poder político de turno.

Se ha avanzado, y mucho, al haber respetado el presidente de la República la determinación de su partido, en el sentido de no pretender innovar en TLC alguno con los EE UU, permaneciendo, con voz crítica, en el MERCOSUR e ingresando a la UNASUR, verdadera expresión de la voluntad histórica de los pueblos sudamericanos. En lo laboral, como decíamos, sí se ha avanzado, tras años negociaciones entre las partes involucradas: trabajadores, empresarios y Gobierno. Estos avances, bueno es resaltarlo, fueron por obra y gracia de la voluntad orgánica, corporativa y crítica de estructuras tales como partidos claves integrantes de la coalición de izquierda, y de los sindicatos comprendidos en la central denominada PIT-CNT.

Actualmente, la izquierda dirime si llevará como candidato a la presidencia a aquel funcionario que defendiera a ultranza durante tres años la incorporación del Uruguay al TLC y que fuera, hasta su último minuto al frente de la Cartera de Economía, fiel y obediente seguidor de las políticas dictadas desde Washington en particular, y desde los organismos internacionales de crédito, en general. Cabe señalar que hemos perdido, no por impericia sino por el dogmatismo de unos pocos, un tiempo precioso para poder avanzar en la  construcción de mejores horizontes para todos los uruguayos desde nuestra realidad mercosuriana.

Hay también, y desde esta fuerza política, una voluntad de profundizar las verdaderas cuestiones que definen a una izquierda que, como la uruguaya, resulta ser, especialmente en su base, crítica y removedora. En suma, el pensamiento crítico permanece alerta y activo en el Uruguay, siendo que sigue como ayer, al descampado pero de cara al viento y sin dejar caer rodilla al piso. El mañana dirá si fue suficiente. Por ahora, seguir esta senda parece ser ineludible.

Uruguay en clave geopolítica

A partir de mayo de 2006 y durante un buen tiempo, creamos una serie titulada “Uruguay en clave geopolítica”, que deparó la publicación de unas 25 notas. La primera de éstas, que llevó por título “El lenguaje de los mapas”, indicaba que hay momentos en que es bueno recordar que la historia, la pasada y la que se escribe en estos mismos días, reclama que determinemos si habremos de participar como protagonistas o apenas como meros actores de reparto, es decir, con voto pero sin voz.

Porque entendemos que nuestra voz y nuestro concurso, desde el llano y sin estridencias, más allá de patrioterías, está junto a nuestro pueblo y así, con las banderas de la libertad, la igualdad y la  fraternidad, es que haremos un alto en lo que este tríptico dice y representa: Libertad, en lo político; Igualdad en lo económico y Fraternidad en las cuestiones socio culturales, reafirmando un concepto caro al pensador y sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein.

Uruguay es, ciertamente, una frontera viva. Es una Nación entre naciones, con una identidad que nace de la derrota de un hombre que derivara en que su pueblo lo siguiera dejando todo tras de sí. Lo  reiteramos: El Uruguay tiene hoy, nuevamente, una encrucijada en su frente político: o vuelve al pasado o cambia para profundizar su  apuesta por la democracia participativa; la dignidad de todos, pero en especial de los desposeídos, y la reformulación de un Estado que  precisa saberse fuerte, no por represor sino por las tareas que tiene frente a sí y los suyos.

El Pueblo Oriental sabrá hallar los caminos, los planes y las personas, para hacer realidad el que la generación y distribución de la riqueza deje de ser un eslogan y pase a ser el leitmotiv de un pueblo  respetuoso de las leyes, de las gentes de adentro y de afuera bien y de un ecosistema ue clama por gente que quiera laborar para producir y no meramente especular para engullir. Como me dijera con su voz  agrietada una amiga, luchadora de todas las horas, ante mi pregunta de cómo construir desde abajo cuando desde arriba algunos quieren sólo medrar: “La militancia, Héctor, la militancia es la que abre  caminos”.

A militar, pues, empezando por adentro, desde el llano y abriendo círculos, para poder luego tener con qué promover cambios para el bien de todos. Porque debemos saber que hoy, como ayer y quizá  también mañana, estamos en un descampado, pero caminando con paso firme, con voluntad de ensanchar el horizonte. Poder se puede, resta intentarlo. Intentémoslo, pues.


Héctor Valle es escritor y periodista uruguayo especializado en Filosofía de la Alteridad y Geohistoria. Director del colectivo intelectual Círculo Figari y columnista permanente de la revista de análisis La Onda Digital: http://www.laondadigital.uy/.

Artículo publicado en el número 35 de la Revista Pueblos, diciembre de 2008.


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