Mujeres árabes: entre la tradición y la modernidad

Acercarse al mundo laboral de la mujer en los países árabes es complejo, ya que hay una gran diversidad de sistemas políticos y económicos, y distintas fuerzas culturales y tradicionales que condicionan su relación con el trabajo. Este encuentro con mujeres de origen libanés y sirio nos esboza sus percepciones y conocimientos sobre el papel de la mujer trabajadora.

En Líbano, república con un sistema democrático parlamentario, donde existe desde 1995 la Comisión Nacional de la Mujer Libanesa, las mujeres conforman la tercera parte de la fuerza laboral. El 25 por ciento lo hace en el campo profesional y la mayoría está empleada en el sector servicios. El 14 por ciento trabaja en la industria y el 4 por ciento en la agricultura.

La religión no es un factor diferenciador entre las mujeres de la sociedad libanesa, en la que conviven 18 confesiones religiosas. Pesan más las tradiciones, la cultura y la situación económica; la diferencia en el papel de las mujeres proviene del nivel de educación, el acceso a la información, el nivel de vida y los ingresos, así como el ambiente político y cultural.

Amal Azzam (A) es médica anestesióloga, hispano siria y vive en Madrid. Laila (L), hispano libanesa y licenciada en filología árabe, estudió tres años en Líbano, fue profesora del Instituto Cervantes y actualmente trabaja como corresponsal para el Canal de Al Jazeera Children. María Maalouf (M) es también libanesa. Visitadora médica, espera trabajar con la ONG medioambiental Khat Al Akhdar, con la que ya ha cooperado de forma voluntaria.

¿Cuándo comienza a trabajar la mujer en Líbano?

M: La mujer en Líbano está bastante liberada. Su inserción en el mundo laboral fue hace 50 años o incluso más. Habitualmente las mujeres que trabajan son de la ciudad y lo hacen en banca, sanidad o son profesoras de colegio o de la universidad. En Líbano los salarios son los mismos para la mujer y el hombre por el mismo trabajo.
L: En realidad la mujer libanesa siempre ha trabajado, ya sea en el campo (sur del Líbano), recogiendo tabaco, o dentro de la estructura familiar, donde ejerce un apoyo importante. Pero claro, éstos no son trabajos remunerados. Es cierto que los hombres siempre han tenido puestos más importantes, han llegado a directores de banco o similar, pero a los escalafones más pequeños sí ha accedido la mujer. Por ejemplo, sí que había médicas, profesoras… las típicas profesiones femeninas.

De cualquier modo, en Líbano existe una diferencia muy grande entre la montaña y la ciudad, entre la montaña y los pueblos, y Beirut, es decir, lo que es el mundo urbano y el mundo rural.

Hay diferentes asociaciones feministas que trabajan por la igualdad de las mujeres, como el Consejo de Mujeres Libanesas o la Liga de Mujeres Trabajadoras del Líbano. Igualmente hay pequeños movimientos y núcleos de asociaciones que intentan cambiar la situación de las mujeres; quizá no tienen mucho impacto social pero existen. Pienso que en el día a día hombres y mujeres estamos más o menos igualados; ambos accedemos al puesto de trabajo.

¿Por qué las mujeres trabajan fuera de casa: iniciativa económica, independencia o realización personal?

M: Lo que empuja a las mujeres a trabajar fuera es una mezcla de todo. La mujer en los países árabes quiere demostrar, más que antes, que puede trabajar, porque hay un cambio de actitudes, de costumbres. En Líbano, especialmente ahora, pesa más la razón económica. Se trata de un factor que se ha manifestado en los diez últimos años y que no existía antes. La vida se ha vuelto más cara y un sólo salario no es suficiente. Opino que el factor económico explica el 70 por ciento de los casos y el 30 por ciento restante es por afirmarse y para mostrar que la mujer está capacitada. Es completamente normal que una mujer trabaje y salga fuera de casa, pero también lo es que se quede en casa y tome el cuidado de la misma.

¿Qué perfil tiene la mujer trabajadora en Líbano?

M: La mayor parte de las mujeres en Líbano tienen un nivel educativo bastante elevado (la mitad de los estudiantes universitarios son mujeres). Hay una proporción muy importante de mujeres universitarias que trabajan y sus edades oscilan entre 22 y 25 años en la gran mayoría de los casos. Muchas son solteras y hay unas pocas que se casan; algunas dejan de trabajar cuando contraen matrimonio.

L: El problema no está en el mercado laboral, el problema está en la sociedad: la mujer es la que tiene que cuidar a los hijos y quedarse en casa. En Líbano hay muchas chicas que estudian, van a la universidad y luego se quedan en casa cuidando a los hijos. Tienen un diploma, un master, un doctorado y se quedan en casa después. Es lógico también que no accedan a puestos más altos por la renuncia de hecho que se produce en estas situaciones. Las cosas van cambiando poco a poco en todos los aspectos. Por ejemplo, el jefe de policía es una jefa y esos puestos más reservados para hombres normalmente empiezan a ser ocupados por mujeres.

A: La situación de la mujer en Siria con respecto al mundo laboral es similar. Accede a la universidad, el porcentaje de mujeres universitarias es mayor que el de hombres, pero una vez que se casan, asumen el rol de amas de casa. Tradicionalmente y socialmente la estructura social es familiar y se considera que la que mejor va a llevar la casa y cuidar de sus hijos es la mujer. La elección cuando se casa y tiene hijos es preferir la casa a continuar en el mundo laboral, como elección propia, opina así. De hecho, en el mundo occidental se ha desplazado el rol de mujer que cuida a sus hijos y se queda en casa. Trabajando fuera hay que pagarle a alguien para que limpie y cuide a los hijos (que normalmente es mujer también). Una vez que los niños están criados todas quieren volver a trabajar.

¿La tradición y religión pueden obstaculizar su acceso su trabajo remunerado?

A: En Siria, como el gobierno es laico, las diferencias que hay en cuanto a leyes laborales no discriminan a la mujer para trabajar, sino que existe igualdad. En la zona de Sueida, en Siria, la tradición sí que es importante en el sentido que la mujer lleve la casa; se trata de una cuestión más tradicional que religiosa. En Palestina, sin embargo, ante la brutal crisis económica provocada por la ocupación y la guerra, es todo lo contrario: la mujer se ha visto obligada a trabajar fuera de casa para poder llegar a fin de mes y mantener a la familia. En el Líbano de los años 50, después de las revoluciones de los años 20 y 30, el hombre asume el rol de mantener la casa y es aquí donde se produce un proceso de liberación de la mujer, similar al de Occidente.

M: En Líbano no hay una diferencia demasiado grande entre religión y tradición en el mundo del trabajo. Entre los musulmanes en general, no son las propias mujeres quienes toman la opción, sino que son los hombres quienes piden a la mujer que se quede en casa; en Líbano la mujer está más liberada y son los hombres quienes continúan siendo más tradicionales, más aún los musulmanes. Hay una pequeña diferencia de visión entre las distintas religiones respecto a la mujer que trabaja fuera de casa. Incluso si existe la necesidad de un segundo salario, la mujer sale a trabajar, pero cuando vuelve a casa debe readoptar su rol tradicional, hacer las tareas del hogar; el hombre no ve bien que esté demasiado liberada.

L: En cierta manera tienes razón, pero no es la religión, es la situación económica… Sin ir más lejos en España y Latinoamérica que son lugares de tradición católica la mujer no trabaja desde hace tanto tiempo. Todavía en Latinoamérica son pocas las mujeres que trabajan fuera de casa y están muy discriminadas laboralmente. Y allí no hay musulmanes…

En Líbano la mayoría de la gente de un estrato social más bajo son musulmanes y sufren una discriminación económica y social muy fuerte. Este es el problema por el que, desde mi punto de vista y de mucha otra gente, estalló la guerra, no por los palestinos u otras cuestiones, sino por las diferencias económicas. Se hicieron muchos movimientos en contra de que siempre las mismas personas, de las mismas religiones, tuvieran y acaparasen el poder, tanto económico como político. Hasta el día de hoy la población musulmana chií, que es la población mayoritaria, está discriminada políticamente.

Se observa que cuando bajas en el estrato económico y social hay mayor discriminación contra la mujer, algo que no tiene que ver con la religión porque en Irán, por ejemplo, donde la mayoría de las personas son musulmanas chiíes, las segundas ministras importantes son mujeres y en las universidades son mayoría. No tiene nada que ver la religión, sino la situación económica desfavorecida.

¿En qué sectores trabaja la mujer?

M: Sobre todo en el sector público, en la banca, donde el 90 por ciento son mujeres, y en los colegios porque son trabajos con horarios más flexibles para poder compaginar con las tareas del hogar. El resto se distribuye un poco en todas las ramas. Hay menos mujeres con responsabilidades ejecutivas o altos cargos públicos y es porque las mujeres finalmente renuncian por sus obligaciones con la familia y los niños.

¿Existen facilidades maternales?

M. Hay 49 días por maternidad, pero existen muchas guarderías (privadas) y es siempre la madre quien ayuda a la hija para que pueda continuar trabajando, sobre todo en el primer año después de tener niños.

¿Qué tipo de mujer se muestra en los medios de comunicación?

L: En los medios audiovisuales, la mujer existe y hay bastantes periodistas. En Líbano, como caso especial, tenemos la famosa cadena LBC o la cadena Future TV, donde las mujeres, en su mayoría, se reducen a puros objetos sexuales. Luego existen otras cadenas, como Al Manar, donde la mujer no es un objeto para utilizar o mirar, sino alguien a quien escuchar. Esta cadena es chiíta y las anteriores cristiana y musulmana suní, respectivamente. Aquí la religión sí influye.
M: En los medios no se ven muchos mensajes donde se trate la cuestión de la igualdad en el trabajo del hombre y la mujer en la sociedad. Sin embargo, si aparece mucha publicidad sobre belleza, maquillaje y cosas así.

¿Qué retos existen de cara al futuro?

M: Los hombres deben aceptar a la mujer en tanto que es una igual en el trabajo y en el pensamiento. Y las mujeres deberán hacer también un esfuerzo por considerar menos su imagen, vestimenta y un poco más sobre “la sustancia”. También creo que las mujeres libanesas son un buen ejemplo para el resto de los países árabes (mujer formada con iniciativa para el trabajo).

L: Cuando hablas del mundo árabe hay que hablar de las diferencias que existen entre unos países y otros. Por ejemplo en Irak había muchos más derechos que en Líbano, pero mira como está ahora, con una guerra. Si vas a Túnez, la situación de la mujer legislativamente es estupenda; al contrario, si vas a Marruecos, es pobrísima. También hay mucho paro en Líbano y afecta tanto a hombres como mujeres, aunque existe un mayor porcentaje de éstas. En relación a todo, no sólo en el mundo de trabajo, en lo social, la mujer debe ser algo que importe, con un valor, alguien para hablar, alguien a descubrir, a comprender, que tiene mucho que aportar y no sólo alguien a exhibir, a mostrar, a mirar. Esto debería ser un objetivo para toda la sociedad.

En cuanto al paro, es debido a la situación económica. ¡Si hubiera una buena situación económica! Pero en este momento se da el problema de la amenaza americana, israelí, siria contra Líbano. Se trata de una situación muy peligrosa que influye en el desarrollo de la mujer, los derechos de la infancia… también afecta al hecho de que exista una buena alimentación. Todas las cosas buenas están relacionadas con unas condiciones económicas y sociales favorables. Hace más de 40 años que Europa occidental no está amenazada por una guerra. Nosotros estamos amenazados por la guerra desde hace dos días. Esta amenaza hace que las personas quieran dejar el país y que no se invierta en el mismo, ni siquiera los propios libaneses. La economía se va deteriorando y todas las demás cosas empiezan a retroceder. Después de que fue asesinado el antiguo primer ministro Rafic Hariri, estamos a la espera de lo que va a pasar. Construir un país es un gran desafío.


Chelo García es miembro de la Asociación Paz con Dignidad.

Artículo publicado en el nº 20 de Pueblos- Revista de información y Debate,  marzo de 2006.

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