La resistencia contra la normalización del Estado sionista

La base del movimiento anti normalización consiste en eliminar los “hechos” fabricados por el imperialismo, que tienen más peso que los hechos objetivos e históricos. Por ello, es inaceptable dar por buenas las secreciones imperialistas y adoptarlas como un statu quo sobre el que construir el futuro, porque esta base será deforme e inestable, e irá contra los intereses y las aspiraciones de los pueblos.

A lo largo de su evolución histórica, el imperialismo ha logrado imponer definiciones y esquemas anómalos que en esencia sirven a sus intereses y que ha conseguido vender como constantes incuestionables, incluso entre los sectores progresistas antiimperialistas. Un claro ejemplo es la llamada “legitimidad internacional” y la “ley internacional” que supuso el equilibrio político de las potencias mundiales.

Entre las “normas” que el imperialismo ha logrado imponer destaca la entidad sionista llamada “Israel”, así como la fragmentación de la lucha árabe contra el proyecto sionista/imperialista en la región para separar conflictos locales, limitándolos a los Estados postcoloniales sin alcance nacional o internacional.

Históricamente, “Palestina” nunca fue una entidad independiente; fue una continuación de la geografía circundante: el Oriente árabe (Al-Mashreq Al-Arabi) o Bilad Al-Sham (el país de Al-Sham). Los árabes nunca quisieron la separación impuesta por las potencias coloniales y afirmar que “Palestina” es asunto de los “palestinos” sólo sirve a los intereses del imperialismo y del sionismo.

En 1947, las Naciones Unidas (sin la autorización del pueblo árabe y sin su representación) decidieron otorgar territorio árabe a los sionistas, según estableció el Plan de Partición. En 1948, sionistas llegados de todo el mundo declararon el establecimiento del Estado sionista sobre tierra árabe robada e iniciaron un ataque terrorista contra la población autóctona árabe para expulsarla de su territorio. Recurriendo al sarcasmo, diremos que ésta fue la “Guerra de Independencia de Israel”; los árabes la recuerdan como Al- Nakba, la catástrofe.

En 1967 los sionistas llevaron a cabo otra ofensiva, extendiendo aún más su territorio mediante el robo y la agresión, y logrando con ello una mayor flexibilidad para crear “nuevos hechos” sobre el terreno, hechos, aceptados por el mundo, incluidos los sectores progresistas, como que “Palestina” ya no forma parte del territorio árabe, sino que es una entidad independiente, e “Israel” ya no es una entidad colonial anómala, sino un “Estado” aceptado por las Naciones Unidas. La tierra árabe ocupada es sólo el territorio ocupado en 1967; el resto se ha olvidado en una suerte de amnesia mundial colectiva.

Normalizar “Israel” como eje regional de sometimiento

Pese a la masiva oposición del pueblo árabe, el régimen de Egipto fue el primero en normalizar sus relaciones con la entidad sionista al firmar un tratado de “paz” en 1979. Este suceso marcó el comienzo de un movimiento popular anti normalización en Egipto.

Tras los Acuerdos de Oslo, firmados por la Autoridad Nacional Palestina y los sionistas en 1993, el régimen de Jordania estableció relaciones con los sionistas y cerró un acuerdo de “paz” con ellos en 1994, lo que también avivó la enorme oposición popular e impulsó el movimiento anti normalización jordano. Muchos Estados árabes como Mauritania, Marruecos, Túnez, Qatar, etc. establecieron relaciones con la entidad sionista, aumentando la oposición popular que propició el nacimiento de las organizaciones anti normalización e hizo evolucionar a las organizaciones populares ya existentes hacia estas mismas posiciones.

El coste de la normalización

En 2004, “Israel” exportó sólo a Jordania por valor de 133 millones de dólares. Ahora ha comenzado a infiltrarse en los mercados árabes, incluso en aquellos con los que no mantiene relaciones, mediante la “reexportación” de productos de los países árabes que sí tienen acuerdos comerciales con “Israel”.

Además de la infiltración comercial y política, “Israel” también está exportando a los países árabes sus industrias de “bajo nivel”, como la textil. Con este propósito, se establecieron en Jordania y en Egipto las llamadas Zonas Aptas para la Industrialización (QIZ por sus siglas en inglés). Estas zonas, que mantienen acuerdos especiales con el gobierno de Estados Unidos, exportan al mercado estadounidense productos libres de impuestos y de cuotas con una sola condición: que un mínimo del ocho por ciento de la producción industrial provenga de “Israel”. Las fábricas emplean principalmente a mujeres de las zonas más deprimidas que no tienen derechos sindicales ni seguros sociales, y que reciben un suelo de 100 dólares mensuales. El gobierno del país suministra el agua y la electricidad a precios “ventajosos” a estas empresas, que están exentas del pago de impuestos. Los inversores pueden sacar del país sin restricciones todos los beneficios e incluso la totalidad el capital invertido. Lo único que consigue esta fórmula es que la mano de obra árabe se convierta en esclava de la economía sionista mediante la donación de territorio, recursos e infraestructura árabes, y que todo el tejido social árabe se someta al ciclo económico de su enemigo.

La contraofensiva

La lucha que está teniendo lugar en la región árabe no se está librando por el establecimiento de un “Estado palestino”; se trata de un enfrentamiento entre dos proyectos: el proyecto de liberación árabe, que pretende recobrar la soberanía del pueblo sobre su territorio, sus recursos y su destino, y el proyecto imperialista sionista de hegemonía, sometimiento, anexión y latrocinio. El factor principal que sirve al proyecto imperialista sionista y que se interpone en el camino de la consecución y de cualquier esfuerzo encaminado a la liberación árabe es sólo la entidad sionista que fue fabricada con esa intención. La normalización es el arma principal que apunta directamente contra los esfuerzos de liberación del pueblo árabe, contra la lógica y el análisis antiimperialista, y consigue transformarlos mediante el engaño en un discurso reconciliado con el imperialismo.

La normalización transformó la región ocupada del suroeste de “Bilad Al-Sham” en una “Palestina” separada, luego dividida aún más por un plan de Naciones Unidas y posteriormente reducida a “Cisjordania” y la “Franja de Gaza”. Ahora, “Palestina” es una entidad de 360 kilómetros cuadrados asediada por los israelíes.

La normalización supone la transformación activa del Este árabe en un Oriente Próximo sin identidad árabe para que “Israel” pueda “confundirse” en la región y convertirse sin ningún obstáculo en un “eje de poder”.

Las masas árabes combaten la normalización, pero ha llegado el momento de que los movimientos progresistas del norte se sumen a esta estrategia, adoptando una postura inflexible contra el sionismo y el imperialismo, y comprendiendo que no podrá alcanzarse una paz regional o mundial si “Israel” no desaparece de la región árabe y si además no se rechazan los contactos y relaciones con los “israelíes”.


Lecturas


Hisham Bustani es miembro del Comité de Seguimiento de la Alianza de la resistencia del Pueblo Árabe, del Comité anti Normalización del Sindicato de Asociaciones Profesionales y del alto Comité ejecutivo por el Enfrentamiento de la Normalización y la Protección de la Patria en Jordania.

Traducción: Cari Baena.

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista PUEBLOS de diciembre de 2005.


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