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Construyendo movimiento por la soberanía alimentaria

Vitoria-Gasteiz acogió a finales del mes de abril el “Coloquio Internacional Elikadura 21”, una cita sobre el futuro de la alimentación y los retos de la agricultura para el siglo XXI. Durante tres intensos días, más de 450 personas provenientes de universidades y organizaciones sociales de 52 países, debatimos sobre los problemas globales más acuciantes que enfrentamos en este ámbito, tomando como referencia análisis académicos rigurosos que no siempre cuentan con la difusión necesaria.

Políticas agrarias, movimientos sociales e investigación militante

Los debates políticos y la investigación académica sobre el mundo agrario han sido un tema central en las ciencias sociales durante el siglo pasado. Muchos estudios clásicos de política agraria se han centrado en comprender qué campesinado tenía más probabilidades de participar en políticas y revoluciones radicales para cambiar sus condiciones. Con el auge del neoliberalismo en los 80, el final de la guerra fría y el colapso de los experimentos socialistas, diferentes tipos de movimientos agrarios empezaron a emerger a lo largo del mundo.

“Baserritik mundura – Del caserio al mundo”: un curso que apuesta por integrar y democratizar la formación y la investigación en soberanía alimentaria y agroecología en el espacio universitario vasco

De enero a octubre de 2016 se desarrolló la primera edición del curso “Baserritik Mundura. Gure elikaduraren etorkizuna jokoan”- “Del caserío al mundo: el futuro de nuestra alimentación en juego”[1]. Este curso buscó que la agenda de la soberanía alimentaria trascendiese el ámbito agrario para ser entendida como un asunto del conjunto de la ciudadanía, ya que es fundamental construir alianzas y articular a diferentes ámbitos, sujetos colectivos y actores sociales e institucionales para poder fortalecer las iniciativas que están en marcha y poder avanzar en la construcción colectiva de la soberanía alimentaria en Euskal Herria.

Ángel Strappazzon: “Tenemos que ‘desprivatizar’ los Estados, la FAO, las NNUU, la Corte de la Haya… Tenemos que crear nuestras propias herramientas pero también disputar las que ya hay”

Ángel Strappazzon es el Coordinador de la Universidad Campesina UNICAM-SURI (Sistemas Universitarios Rurales Indocampesinos), del Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina (MNCI). Fue fundador del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) en los años 80 y promotor de la organización campesina y de la lucha por los derechos sociales en todo el país. Participa a nivel internacional en la secretaría operativa de la CLOC-LVC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-La Vía Campesina) como representante en el CSA de la FAO y otros espacios. Sin embargo su práctica cotidiana es la de caminar recorriendo comunidades de base, formando compañeros y compañeras y promoviendo la organización popular liberadora.

Las luchas campesinas en el siglo XXI

En el año 1993 y con varios antecedentes continentales como la Confederación Campesina Europea o la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, se crea en Mons La Vía Campesina como un espacio de coordinación internacional de organizaciones, sindicatos campesinos agrarios y jornaleros que en muchos casos procedían de esa misma izquierda marxista o socialista como eran el MST, COAG, SOC, EHNE, Cenfederatión Paysanne o Action Paysanne. Por primera vez en la historia un espacio de coordinación de luchas campesinas toma el relevo en la articulación internacional de una alternativa al capitalismo global que se fundamenta en el derecho a la alimentación y la reivindicación del derecho a la soberanía alimentaria.

El rol de La Vía Campesina en la superación de la crisis agraria hondureña

Honduras enfrenta una crisis sin precedentes en toda su historia en los ámbitos económico, social, político, educativo, de corrupción, narcotráfico, cultura, justicia, reforma agraria, seguridad y derechos humanos que, según la perspectiva del Estado, casi fallido, se resuelve con represión, encarcelamiento, asesinatos, supuesto desarme general, militarización y penalización de la lucha de los movimientos sociales. En este contexto adverso, el movimiento campesino ha logrado crear una articulación de la que forman parte organizaciones de todo el país.