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Emprendifobia

Hace muy poquito puse nombre a una molesta sensación que notaba que me invadía cuando me encontraba de pronto con la imagen de un montón de celdas vacías de una colmena o avispero: tripofobia. Resulta que es una sensación de incomodidad y rasquiña (como esto va por grados, no llego a la angustia ni al pánico) bastante común que sienten una de cada cuatro personas cuando ven cosas como una vaina de flor de loto llena de semillas, una especie de sapo que no salta por estas latitudes y, sobre todo, fotomontajes varios y harto desagradables de partes del cuerpo humano agujereadas con estos motivos. San Google me ha dicho que esto de la 'trypophobia' o “fobia del patrón repitiente” es el miedo o la repulsión a las figuras con grupos de huecos o agujeros en grandes cantidades sobre una superficie, “normalmente de apariencia asimétrica y especialmente orgánica”.

Materiales para un periodismo democrático

En alguna conferencia el periodista y escritor Pascual Serrano ha afirmado que la izquierda ha de superar la “fase plañidera” en torno al actual debate mediático, y plantear alternativas serias al vigente estado de cosas. Entrar en una fase propositiva que supere la queja inútil y así poder avanzar. Es lo que Serrano ya hizo en “Contra la neutralidad” (Península), en 2011, donde proponía como ejemplo de periodismo riguroso y comprometido las experiencias de varios reporteros de fuste: Ryszard Kapuscinski, John Reed, Robert Capa, Rodolfo Walsh o Edgar Snow. En “La Prensa ha muerto: ¡Viva la prensa!” (Península) el periodista hace algo parecido. Describe las experiencias de medios y periodistas que han explorado vías distintas a la del paradigma neoliberal.

La prensa ha muerto. ¡Viva la prensa!

La crisis que tiene alarmados a los grandes grupos de comunicación no debería preocuparnos excesivamente por varias razones. Más de la mitad de la prensa que había en los quioscos no aportaba nada ni suponía pluralidad alguna. Si el negocio no interesa a los grandes inversores, los que peligran son los medios que necesitan grandes sumas de dinero para empezar a funcionar, millonarios ingresos por anunciantes y dedican jugosos sueldos a sus directivos. Son esos los que tienen el problema. Al periodismo colectivo y participativo no le preocupa la palabra crisis, siempre estuvo en crisis, nunca tuvo grandes ingresos por publicidad, nunca recibió préstamos de grandes inversores, nunca logró el apoyo de las grandes distribuidoras para por poder llegar a todos los puntos de venta, nunca disfrutó de muchas licencias de emisión. La novedad de la crisis es para los grandes emporios que han visto que muchos de sus ingresos por publicidad han desaparecido y los multimillonarios beneficios de sus accionistas se han volatilizado.

Reseña:

Pascual Serrano: “La comunicación jibarizada”

Queremos enterarnos de todo pero no tenemos mucho tiempo. Leemos rápidamente los titulares de las ediciones digitales de los periódicos de siempre (quizás, los mismos titulares varias veces al día), consultamos las actualizaciones de nuestros contactos en Facebook, ojeamos algunos tuits y, si hay oportunidad, buscamos completar o contrastar algo que nos haya llamado mucho la atención. El móvil vibra cerca con algún mensaje recibido y unos cuantos libros descansan pacientes en una esquina de la mesa. La información está por todos los lados pero, según la frase de El Roto, que rescata Pascual Serrano en La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes (Península, 2013), “gracias a las nuevas tecnologías, me informo al segundo y lo olvido al instante”.

Cuando al compañero lo convierten en competencia

Uno de los pilares del neoliberalismo es fragmentar a la ciudadanía haciéndole creer que el individuo solitario, además de grandioso, es portador de todo el valor necesario, sin necesidad de la comunidad. Margaret Thatcher nos convenció de que todos éramos propietarios capitalistas con solo comprar en Bolsa diez mil pesetas en acciones de una multinacional. También nos dicen que, con Internet y desde casa, cada uno de nosotros es un poderoso medio de comunicación y hasta un agente político que lucha a golpe de firmas virtuales. Lo último de la “democracia de propietarios” -porque en eso consiste su concepto de democracia, en ser propietarios- es el emprendedor. Eliminado el concepto de clase social, ahora toca combatir la dicotomía empresario/trabajador.