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La metamorfosis zapatista: ¿Por qué el Subcomandante Marcos dejó de existir para convertirse en Galeano?

¿Quién no recuerda el día en el que la estrella roja, ubicada en el centro de una gorra de corte militar que descansaba sobre un pasamontañas negro, contrastaba con el verdor de unos ojos que en ocasiones pestañeaban por la molestia que producía el humo de una pipa? Estas imágenes despertaron la atención del mundo entero, cuando al dirigirse ante la opinión pública el Subcomandante Insurgente Marcos mencionó: “Por mi voz habla el Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. La aparición en público del Sup posibilitó la continuación de un ideario colectivo de exigencias y propuestas autónomas, forjadas en el interior de las comunidades indígenas chiapanecas (Tzotziles, Tzeltales, Tojolabales); demandas reivindicativas que anunciaron el 1 de enero de 1994 el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Sobre el ciberespacio, los sumideros, el otro y otras cosas

En su libro "Viajes con Heródoto" (2004) el escritor y periodista Ryszard Kapuscinski cuenta cómo, creciendo en Polonia durante la Guerra Fría, siempre se sintió intrigado por conocer lo que sucedía más allá de sus fronteras nacionales; y cómo fue que esa curiosidad, la misma que sintiera el historiador de la Grecia antigua Heródoto, lo llevó a golpear las puertas de una sala de redacción y ofrecerse a viajar a cualquier lado, reportar sobre cualquier historia lo que fuera con tal de cruzar la frontera: hacer parte de un paisaje diferente.

La convención de Uribe Centro Democrático

El fenómeno Uribe es una contradicción: lo que lo fortalece lo hace también débil y vulnerable. Si los huevitos son vacíos, cualquiera puede identificarse con ellos dándole su propio contenido e interpretación. Pero quienes encuban los “huevitos” pueden tener riñas e intereses contrapuestos, como sucede ahora en el Uribe Centro Democrático.

Colombia

Los saboteadores de la paz

Nadie se opone a la paz. La palabra paz llena los anaqueles de la opinión pública con soterrada abundancia. Como horizonte, la paz parece unir tanto a las fuerzas del Estado, de la insurgencia y de la sociedad. Parece ser imposible que alguien no quiera la paz, hasta el punto que incluso los señores de la guerra la buscan indefectiblemente. Pero esta evidencia resulta ser limitada y contradictoria en Colombia: si bien todos queremos la paz, varios sectores dominantes de la opinión pública no quieren o no creen en el actual proceso de paz. Sin duda, el expresidente Uribe Vélez es quien recoge con más fuerza este tipo de ideas, pero no se puede negar que hay un clima de opinión más o menos generalizado de escepticismo hacia el proceso.