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¿Quién quiere que se salve?

Hace poco más de tres semanas a Miguel Arias Cañete le sacaron un billete para Bruselas que tenía que tomar sí o sí, dejando de esta manera libre su asiento en el Ministerio de Agricultura. Inmediatamente después conocimos el nombre de quien iba a ocupar la silla vacante, Isabel García Tejerina. Supimos al instante que la nueva ministra era vallisoletana y por estos lares se le dio máxima relevancia a este dato del DNI.

El Estrecho de Tannhäuser

Era el mejor y por eso le seleccionaron, pero su experiencia no parecía que esta vez fuera a servir de mucho a Rick Deckard. Vencido, solo le separaba del vacío la fuerza con la que, primero con las dos manos, luego con una solamente, se agarraba a un trozo de viga que sobresalía de la fachada. Uno de esos a los que quería ‘eliminar’, huido, acosado, herido, con el alma hecha jirones, había revertido las tornas y, ahora, encaramado en lo alto de la azotea, podía cortar ese hilo que le cosía torpemente a la vida. Como cualquier subsahariano que tuviese en sus manos la vida de un Blade Runner herido por las cuchillas de la frontera que él mismo vigila, el replicante mira a los ojos de su perseguidor y le dice: "Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo".

Juan Gelman

Se burla del miedo

En el juego en que anduvo hasta ayer, en el mismo juego en que siempre andamos, Juan Gelman eligió ‘esta inocencia de no ser un inocente, esta pureza en que ando por impuro’. El poeta camina por un estertor de Burgos, el burgos con minúscula, el que no se enseña, el que no aparece en las guías, una barriada despojada que es poco más que un ruido que rara vez llega a oídos del Cid. Pisa el poeta con fuerza, camina impuro, y es señalado por el dedo de sus contrarios, quienes esconden la avaricia tras sus inocentes caras de diseño. Pero le da igual, pisa con fuerza porque elige, sin lugar a dudas, ‘este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados’.