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Cómo la educación emocional puede ayudar a la transformación social

Como personas y organizaciones que desarrollamos propuestas educativas, ¿trabajamos teniendo en cuenta cómo influye el capitalismo y el heteropatriarcado en la forma que tenemos de satisfacer nuestras necesidades afectivas y emocionales?, ¿cómo nos preparamos y apoyamos para que las personas y grupos que quieran irse desconectando del capitalismo aborden los conflictos que surjan de forma noviolenta?

La “respuesta” de la humanidad al cambio climático

Los cambios climáticos se han sucedido a lo largo de la historia de la humanidad. De hecho, están en el origen de la dispersión de los homínidos por todo el planeta. Fue probablemente una aridificación del ecosistema de los primeros homínidos la que forzó a estas comunidades a desplazarse hacia el norte, donde continuaría el desarrollo de la agricultura y la conformación de una estructura social. Del mismo modo, un cambio en las corrientes marinas, que cumplen un papel fundamental en la regulación de la atmósfera, serían responsables de una 'mini edad de hielo' en Europa. Estos hechos muestran la enorme vulnerabilidad humana a cualquier alteración de la temperatura y la precipitación.

¿Por qué trabajar la economía de los cuidados en la cooperación para el desarrollo?

Tengo en mis manos una camiseta de algodón manufacturada en Bangladesh. La etiqueta marca doce euros. ¿Refleja ese precio todos los costes de su producción y distribución? ¿Caben en esos 12 euros el valor de los recursos extraídos de la naturaleza, todas las fuerzas de trabajo empleadas y los residuos generados? ¿Cómo se repartirá la riqueza obtenida? ¿Será una distribución equitativa? En el mejor de los casos puede que todas estas preguntas me asalten mientras espero pacientemente la larga cola hasta la caja. Pero… es que tiene un precio… tan competitivo…

Se decía ayer...

La vacía opinión

“De los deseos, unos son físicos y necesarios; otros físicos pero no necesarios, los terceros no son ni físicos ni necesarios, sino que se generan de la vacía opinión” (Epicuro[1], 341 a. C. – 270 a.C.) Desolados rostros serios, somnolientos y crispados, observamos nuestras máscaras en un ritual molesto, temor a ser tocado por lo desconocido[2]. La producción sin fin de nuestra civilización capitalista exige el sacrificio diario de ingentes multitudes, sujetos sin sueños ahormados en códigos de barras a los que un día trocaron deseos de vida por cachivaches tecnológicos, diariamente arrojados al Moloch del progreso.