Reseña

Ruskin Bond, “Delhi no está lejos”

A todas aquellas personas que estén buscando una lectura para este verano pero quieran dejar aparte libros sencillos y de venta fácil les queremos proponer un viaje: uno de esos que no se hacen con maleta, cheques y mentalidad occidental, sino que se disfrutan a través de la lectura de historias mínimas, de estar junto a ciertas personas en los días comunes de su vida. Marchemos, pues, a la India, a la pequeña ciudad de Pipalnagar.

p53_delhi_no_esta_lejosAllí vamos a conocer a Arun, un joven que consigue sobrevivir con las pocas rupias que le paga su editor por reescribir novelas americanas de serie B para el mercado indio y que observa la vida a través del balcón de su minúscula y descascarillada habitación, su verdadera ventana al mundo. Salir de aquel lugar e intentar una carrera de escritor en la capital es su ilusión.

Arun es un hombre enormemente humano dispuesto a compartir todo lo suyo con quien de verdad lo necesita. No lo hace del mismo modo que solemos hacerlo los occidentales, con nuestra necesidad de reconocimiento social cuando dedicamos nuestro tiempo a los demás, sino de un modo totalmente natural. Es incapaz de ganarse la vida de modo deshonesto y no duda en compartir el poco espacio del que dispone con Suraj, un joven estudiante epiléptico que estudia duro para superar su gran examen, y con Kamia, casi una niña, casada con un anciano que le es totalmente ajeno y que comercia con su cuerpo sin pasión, pero sin repugnancia. Tres personas que nunca hablan de la miseria en la que están obligados a vivir, que no se quejan de las penurias, sino que se aportan la fuerza sufi ciente unos a otros para poder sobrevivir de una manera casi feliz.

Con ellos recorreremos las calles de Pipalnagar, una ciudad inexistente (una especie de Macondo indio), que en realidad nos evoca las calles de cualquier ciudad pequeña de esa India a punto de dar rienda suelta al progreso, que no está habitada solamente por ladrones, mendigos y gurús, sino que se encuentra poblada de gentes que no tienen casi nada pero viven llenos de esperanzas (y sin prisas) por realizar sus sueños y que saben apreciar el amor y la amistad.

Estructurada en capítulos cortos y con un estilo narrativo sencillo y evocador, la novela nos atrapa, nos deja clavados al asiento emocionándonos profundamente con la dulzura de los personajes, el amor a la vida, las relaciones, los descubrimientos, el sentido de la libertad.

“Al haber estado fuera tanto tiempo puede que haya dejado de amaros, amigos míos; sin embargo, nunca dejaré de amar los días en los que os amé.”

Delhi no está lejos fue escrita hace casi medio siglo por Ruskin Bond, un autor no demasiado conocido en nuestro país pero que goza de un enorme prestigio entre los escritores indios contemporáneos y que ha sido premiado en numerosas ocasiones. Nacido en Kasauli (India) en 1934, desarrolla sus obras, casi por completo, en las regiones montañosas del Garhwal, a los pies del Himalaya, lugar donde vivió durante toda su infancia y al que decidió volver de Londres porque siempre lo consideró su hogar. Una de las características más especiales de la prosa de Bond, que logra mostrar al lector detalles escondidos de su tierra a través de la visión de sus maravillosos paisajes, es que casi siempre consigue convertir un suceso trivial en una anécdota inolvidable.

Delhi no está lejos es, en defi nitiva, un libro exquisito, una pequeña joya que hoy podemos recuperar gracias a Automática, otra de esas editoriales pequeñas e independientes de las que podemos enamorarnos casi a primera vista.


Javier Morote, “librero a mi pesar”, colabora con el blog, entre otros, de la librería Taiga de Toledo, http//:elblogdetaiga.com.

Este artículo ha sido publicado en el nº 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.


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