Hablar con voz propia. La televisión participativa y el audiovisual comunitario a través del proyecto Árbol en Uruguay

Socializar las herramientas de comunicación audiovisual para poder contar con voz propia y desde la comunidad los temas que preocupan a ésta. Si sólo dispusiéramos de una frase para describir el proyecto Árbol, ésta se aproximaría bastante al espíritu del colectivo. Esta iniciativa de televisión participativa que comenzó su andadura en 2003 y que ha sido alabada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha realizado ya más de 150 vídeos comunitarios y ha capacitado para la producción audiovisual a unas 1.300 personas.

La manida expresión “dar voz a los sin voz” plantea que el otro sólo puede hablar cuando se le otorga derecho o capacidad a hacerlo y que es necesaria una tercera persona que interprete y transmita el mensaje. A menudo, los colectivos de personas más vulnerables, marginadas o que simplemente no tienen acceso a la palestra informativa, son refl ejados en los grandes medios de comunicación con prejuicios, reforzando estereotipos negativos. Se habla de ellas sin hablar con ellas y sin contar con ellas, construyendo así desde fuera una imagen que ni existe ni ayuda a comprender la realidad.

El proyecto Árbol toma otro camino. No trata simplemente una realidad con la población a la que afecta sino que da un paso más allá para que sean esas mismas personas las que hablen con voz propia. A través de las herramientas audiovisuales pueden plasmar esa realidad en un producto de comunicación, participando también del proceso producción que les lleva a elaborar ese mensaje colectivo y comunitario. Así, frente a la mirada del otro, visibilizar su propia mirada, fortalecer el ejercicio del derecho a la expresión y promover la participación dentro de la comunidad, lo que aporta a la inclusión social y al desarrollo local. Una comunicación basada en el diálogo cuyo objetivo es generar una mejor convivencia. De esta manera, se entiende que la comunidad no refleja meramente una cercanía geográfica sino de vínculos e intereses.

En esta línea, el investigador y periodista colombiano Omar Rincón (2002) subraya que los movimientos sociales, la academia y los medios de comunicación tienen la tarea de “socializar formas de comprender para que cada sujeto o colectivo asigne sentido, porque la ausencia de ‘sentido’ para la vida de la gente ha llevado a que los movimientos sociales y los medios de comunicación parezcan ‘no lugares’ donde ni la identidad, ni la relación, ni la historia se dejan captar”.

LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA TELEVISIÓN

Hay que dejar de ver la comunicación como un instrumento y comenzar a entenderla como la práctica misma de la democracia, apuntan los investigadores Alirio González y Clemencia Rodríguez (2006). Sólo así, dicen, los medios podrían ser valorados como espacios comunicativos donde, desde la interacción, los sujetos se apropian de su futuro mientras cuentan el mundo en sus propios términos.

Precisamente, el objetivo final que pretende Árbol promoviendo y apoyando la difusión y producción de audiovisuales comunitarios es fortalecer la participación ciudadana y la identidad colectiva para que los grupos generen comunicación con sus propias comunidades y enriquezcan los mensajes con puntos de vista de toda la comunidad creando vínculos y tejido social. De esta forma, la televisión participativa se convierte en una herramienta de cambio, de expresión, diálogo y acción. A través de la producción de contenidos locales se potencia la refl exión dentro de la comunidad acerca de sus problemas y de sus recursos, así como la posibilidad de acción a partir de esas refl exiones, para fortalecer su identidad y el sentido de pertenencia comunitaria. La propuesta contribuye a rescatar las particularidades de las comunidades, fortalece la identidad y el sentido de pertenencia local y genera procesos de apropiación de la realidad que permiten a los participantes descubrir su capacidad creativa y propositiva para transformarla.

De esta forma, se abre un nuevo espacio de convivencia en la sociedad que contribuye a mejorar la calidad de vida de toda la ciudadanía. Construye ciudadanía y fortalece el tejido social y los vínculos de confi anza para que ese “otro” del que hablábamos antes deje de ser un extraño, porque ya es alguien que habla con su propia voz y cuenta su propia historia.

Información, documental, ficción, musical, danza… Todo formato vale si aborda los temas que preocupan a un colectivo explicados por ellos mismos. Desde un corto en el que se entrelazan las historias de tres adolescentes que consumen distintos tipos de drogas hasta el relato de vida de la población afrodescendiente de una zona del interior, la contaminación del río del pueblo o los talleres que realizan los pacientes de un hospital de salud mental. A estos y muchos más se puede acceder a través del blog del colectivo. [1]

Fue el psicopedagogo especializado en comunicación Mario Kaplún (1992) quien sostuvo que sólo se comunica aquello que se conoce, pues en el mismo proceso de la comunicación se da el conocer; y que si se aspira a una sociedad no avasallada por la homogeneización, sino edifi cada sobre el diálogo y la cooperación solidaria, el desarrollo de competencias comunicativas es un factor esencial.

Todos los años, Árbol convoca a grupos, organizaciones sociales y personas en particular a producir y difundir vídeos que traten temas de interés para la comunidad a la cual pertenecen. Para democratizar el medio audiovisual sin renunciar a la calidad del producto fi nal pero que, a su vez, no se pierda de vista que sea un proceso participado, las comunidades están acompañadas y asesoradas en todo momento.

EL PROCESO DE CREACIÓN DEL COLECTIVO ÁRBOL

La producción de vídeos dentro del proyecto Árbol ha crecido exponencialmente de los cuatro audiovisuales anuales que se registraron en 2003 a los cerca de cuarenta que se producen desde 2009. Además, en 2005 fue seleccionado por UNESCO dentro de las 20 iniciativas ganadoras del concurso “Buenas Ideas y Mejores Prácticas para Promover la Producción y Difusión de Contenidos Locales en América Latina”. No sólo se ha convertido en un referente nacional sino que en países como México y El Salvador se han comenzado a imitar la iniciativa a través de talleres de capacitación, charlas y conferencias.

El desarrollo del proyecto y del colectivo ha sido en sí mismo un proceso de creación colectiva y participada. En 2003 comienza una etapa piloto en cooperación con la televisión pública uruguaya. Se invitó a cuatro organizaciones de distintos barrios de Montevideo a contar historias de la vecindad: cada una de ellas preparó dos piezas con las que se realizó un espacio televisivo y se cerró el año con distintas proyecciones abiertas en las comunidades. Al año siguiente, la convocatoria se amplió a toda persona o colectivo que deseara participar y tuviera los recursos técnicos y humanos para ello. Cuarenta grupos manifestaron interés en la propuesta.

En 2009 se dio el punto de inflexión en la trayectoria de Árbol. Desde Montevideo se expandió a todo el país y un grupo de personas que había participado en el Proyecto Árbol se vio con fuerzas para fundar Árbol Televisión Participativa. Se abrieron nuevos proyectos y la organización fue haciéndose más compleja y con más núcleos de trabajo que ayudaban al proyecto a repensarse para seguir avanzando.

De esta forma, el Colectivo Árbol comienza su andadura de forma autónoma y es el encargado de gestionar el espacio televisivo en el que se emiten tanto las producciones propias como las de iniciativas afi nes tanto de Uruguay como de la región. Actualmente, el Colectivo toma las decisiones de forma horizontal y a través de consensos. Las 25 personas jóvenes que lo componen las ejecutan después a través de las áreas de producción, gestión y formación. Cada año, invitan a quienes hayan participado en la experiencia a sumar esfuerzos dentro del colectivo.

DE LAS RAÍCES A LAS RAMAS: EL TRABAJO DE ÁRBOL

Que el material filmado se difunda a través de la televisión nacional resulta muy atractivo para las personas, grupos independientes y organizaciones sociales que emprenden el proyecto. Sin embargo, el acento se sitúa en la importancia del proceso de construcción de un conocimiento colectivo. A través de él se busca movilizar e integrar a la gente de la comunidad, que no sólo aporta a la producción sino que aprende del proceso comunitario y de las herramientas concretas del audiovisual.

Por eso, después de manifestar el deseo de realizar un audiovisual dentro del proyecto Árbol, se lleva a cabo una secuencia de talleres que se sustentan sobre tres pilares. Uno de ellos pretende trasladar en qué consiste y qué implica el audiovisual comunitario y cómo construir un mensaje colectivo. El otro aborda la forma de narrar en el lenguaje audiovisual para conseguir escribir un guión y, muy ligado con el anterior, se organiza uno más técnico sobre el manejo de los equipos audiovisuales. Las y los participantes en los talleres regresan después a sus comunidades para compartir el conocimiento que han adquirido con el resto de sus compañeros y compañeras.

Estos talleres “integran la práctica con la teoría, promoviendo un aprendizaje colectivo solidario, consciente, crítico y vivencial, y aportando herramientas sobre la producción a nivel técnico y conceptual”, según explica la página de la asociación. La metodología, sin embargo, es un proceso abierto que no se repite año tras año sino que varía según experiencias anteriores.

Pero además, se acompaña a estas personas en el proceso de realización de forma personalizada para dar apoyo técnico y humano al proyecto específi co, para generar los andamios que les permitan en el futuro dar continuidad a la creación de productos de calidad. Se facilita, también, el equipamiento necesario para llevar a cabo las tareas.

Como apunta Cristina Mata (2002), se salva el encierro en la comunidad que lleva a que éstas se olviden de que se encuentran inmersas en un contexto mayor. “La comunicación comunitaria debe ser un espacio de integración de diferentes grupos. No sólo de grupos de la misma comunidad sino de personas e instituciones que, situadas en distintos lugares, pueden compartir un mismo horizonte político”.

Una vez terminado, el vídeo comunitario tiene dos destinos de circulación. Por un lado, se difunde a través de Internet y del programa de televisión “Hacé y Mostrá, televisión comunitaria” que emiten semanalmente las cadenas públicas Tevé CIUDAD y Televisión Nacional de Uruguay, en los que además se entrevista a las y los autores responsables.

Martín Barbero, al hablar de los comunicadores en Colombia, señala lo siguiente: “El desarrollo de esa palabra clara y distinta no puede restringirse al desarrollo exitoso de algunas experiencias grupales, ensimismadas en sus logros, sino en el horizonte mayor del diálogo común a toda la sociedad. Es allí donde la comunicación comunitaria debe ensanchar sus perspectivas, innovar estrategias, asumir riesgos, para ir generando condiciones que permitan la emergencia del murmullo con autonomía y legitimidad”.

Para Raisa Urribarri (2004), “los medios comunitarios, en vez de deslizarse a los extremos, deberían aprovechar el espacio vacío, la tierra de nadie no abonada adecuadamente, y constituirse en verdaderos medios de servicio público”.

El colectivo también apoya la difusión local de los vídeos por medio de proyecciones públicas para compartir lo que se produjo con la comunidad y crear una nueva instancia de diálogo que se nutra y continúe circulando.

COMUNICAR PARA CREAR COMUNIDAD

La comunicación construye comunidad si se realiza de forma participada y democrática. “La comunicación para el cambio social es una comunicación ética, es decir, de la identidad y de la afirmación de valores; amplifica voces ocultas o negadas y busca potenciar su presencia en la esfera pública. Recupera el diálogo y la participación como ejes centrales. Ambos elementos existían entrelazados con otros modelos y paradigmas y estaban presentes tanto en la teoría como en un gran número de experiencias concretas, pero no tenían carta de ciudadanía entre los modelos dominantes, de modo que no alimentaron sufi cientemente la refl exión”, señala Alfonso Gumucio Dagron (2004).

El énfasis de la comunicación comunitaria se pone en la construcción colectiva, en la creación de una identidad común. Como apunta Stefanía Milan (2006), “la percepción de que el cambio es posible si estamos juntos trae cada día interacciones activas entre los ciudadanos, desde la promoción y la consolidación de los lazos comunitarios, desde el ejercicio diario de la democracia desde abajo, lo que también pasa por la práctica de la democracia en la comunicación”.

El pasado mes de mayo, el gobierno uruguayo aprobó un decreto por el que concede un tercio del espacio digital abierto a las televisiones comunitarias. Mientras se pasa del papel a los hechos, Árbol continúa trabajando día tras día, superando difi cultades, aprendiendo colectivamente, para que las comunidades de Uruguay hablen desde su propia voz.


Paula Vilella es periodista.

Este artículo ha sido publicado en el número 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.


NOTAS:

  1. Ver: www.arbol.org.uy.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Árbol Televisión Participativa: www.arbol.org.uy.
  • Barbero, Martín (2001): “Los oficios del comunicador. Comunicación en el nuevo siglo”, en Renglones, Revista del Iteso, número 48, Guadalajara (México).
  • Dragón, Alfonso Gumucio (2004): “El cuarto mosquetero: la comunicación para el cambio social”, en Barranquilla: Investigación y desarrollo, número 1.
  • González, Alirio y Rodríguez, Clemencia (2006): “Alas para tu voz. Ejercicios de ciudadanía desde una emisora comunitaria”, en Lo que le vamos quitando a la guerra. Medios ciudadanos en contextos de conflicto armado en Colombia, Centro de Competencia en Comunicación para América Latina.
  • Kaplún, Mario (1992): A la educación por la comunicación, Santiago (Argentina), UNESCO.
  • Mata, M.C. (2002): “Comunicación, ciudadanía y poder. Pistas para pensar su articulación”, en Diálogos de la Comunicación, 64, Lima (Perú), Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (Felafacs).
  • Rincón, Omar (2002): “De la desconexión a la conexión. Medios de comunicación y movimientos sociales: propuestas y prácticas de un trabajo conjunto”, en Signo y Pensamiento, 38, Bogotá (Colombia).
  • Urribarri, Raisa (2004): “Medios comunitarios: el reto de formar(se) para la inclusión”, Revista Comunicación, 137, Mérida (México).
  • Milan, Stefania (2006): “Medios comunitarios y regulación”, en Barranquilla: Investigación y Desarrollo, vol. 14, n° 2, Colombia.

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