La sostenibilidad parte de la gestión de los bienes comunes

La crisis ambiental está en el centro de la crisis económica y social en la que nos encontramos y, en consecuencia, los próximos cambios que vamos a vivir estarán marcados fundamentalmente por nuestras formas de relacionarnos con el entorno. De ahí surge la necesidad de concebir la sostenibilidad como un bien común desde la perspectiva de nuestra dependencia de la naturaleza, la necesidad de preservarla y las limitaciones de la gestión privada.

Nuestra economía y la satisfacción de nuestras necesidades descansan directamente sobre el equilibrio de los ecosistemas. La fertilidad del suelo, por ejemplo, depende de los microorganismos, las abejas son indispensables en la polinización, muchas especies se encargan del control de plagas, los bosques regulan el ciclo del agua atrayendo las lluvias y depurándolas, la mayoría de los principios farmacológicos provienen de plantas, que además nos protegen de desastres naturales (como los manglares) y garantizan la seguridad alimentaria, regulan el clima y la concentración de CO2 en la atmósfera… Desde esta perspectiva, la preservación de la biodiversidad es clave al ser uno de nuestros seguros de vida básicos.

Otro ejemplo de la importancia del entorno para el ser humano son las implicaciones del cambio climático. Cuanto más aumente la temperatura, más millones de personas tendrán dificultades para acceder al agua potable, el rendimiento de las cosechas irá disminuyendo y un porcentaje creciente de la población sufrirá inundaciones costeras.[1]Pero las implicaciones del cambio climático también tienen fuertes repercusiones económicas. [2]

Un último ejemplo de la dependencia del entorno sobre las sociedades es el agotamiento de los combustibles fósiles. Nuestra economía es tremendamente petrodependidente, desde la energía hasta la alimentación: un incremento del precio del este recurso básico conllevará, inevitablemente, el fi nal del capitalismo tal y como se ha desarrollado hasta ahora. [3]

LA IMPORTANCIA DE LO AMBIENTAL EN LA CRISIS MÚLTIPLE ACTUAL

Actualmente vivimos una crisis múltiple que se entrelaza: ambiental, social, energética, económica, de cuidados… Uno de los elementos que la han hecho detonar ha sido el ambiental. Por una parte, la crisis del mercado de la deuda inmobiliaria se dispara porque el precio de los activos inmobiliarios toca techo, un techo relacionado con que no era posible seguir manteniendo una demanda infinita de un recurso físico y, por tanto,
finito (viviendas). Pero también está detrás del estallido de la burbuja el proceso inflacionario que incrementa los tipos de interés de las hipotecas. Esta inflación se dispara por el alza de precio del petróleo. Y el alza se debe en gran medida a que nos encontramos ya en el cénit de producción del petróleo convencional [4], momento a partir del cual cada vez va a resultar más caro. [5]

Nuestra economía globalizada está fuertemente materializada y, por lo tanto, requiere de continuos aumentos en su consumo material y energético. A nivel global, los datos muestran cómo el consumo material de la economía mundial no para de crecer [6] y que su composición es cada vez más de origen no renovable. Lo mismo ocurre con el consumo de energía [7], incluso en los años de crisis.

En definitiva, la economía capitalista tiene una fuerte adicción material y energética, y requiere de ese consumo creciente para su sostenimiento. [8] Este último aspecto es crucial. Durante los últimos siglos se han ido añadiendo nuevas fuentes de energía y no se han eliminado las anteriores, que han seguido creciendo. Al principio la economía se basó en la biomasa, después se añadió el carbón, después el petróleo, luego el gas, la energía hidráulica, la nuclear…

LA SOSTENIBILIDAD DE LOS BIENES COMUNES

Ante el panorama de crisis ambiental sin precedentes y de nuestra profunda dependencia económica y social del entorno, nuestro nivel de degradación de los ecosistemas será (es ya) una de las claves indispensables. Surge la necesidad de concebir una economía de la sostenibilidad de los bienes comunes, bienes que, además, estén disponibles para todo el mundo y cuyo uso por una persona no impida que los utilice el resto. O, dicho con  terminología más técnica, que no sea excluyente ni conlleve rivalidad.

Que sea “no excluyente” quiere decir que no sea posible discriminar quiénes lo disfrutarán y quiénes no mediante los precios, puesto que o bien no tienen precio o bien éste es asumible por todas las personas. El uso universal se produce con independencia de si se contribuye o no a su mantenimiento y/o protección. Un bosque será un bien común si se usa para pasear, ya que está a disposición universal y su uso adecuado no impide su disfrute por más personas ni por generaciones futuras. Otros bienes comunes serían el viento, la arena de la playa o los rayos del Sol: el entorno, en definitiva.

Lo que convierte un bien en bien común no son sus características intrínsecas, sino que tiene que ver más bien con su gestión. El bosque no podría ser co nsiderado un bien común sin añadir la coletilla de “bajo un uso adecuado”: pueden llegar a degradarse, a reducir su cantidad o a ver mermada su calidad si mucha gente pasea por ellos de forma indiscriminada o si se permite la tala masiva. Otro ejemplo es la educación, ya que la masifi cación de las aulas (uso no excluyente) supondría una disminución de la calidad (conllevaría rivalidad).

Por tanto, es necesaria una adecuada gestión de los recursos y los servicios para que puedan ser considerados bienes comunes. Esto implica limitar el uso de determinados recursos a los niveles en los que la naturaleza pueda reponerlos. La gestión debería ser desde la colectividad. Es una tremenda falacia que la gestión privada sea la más adecuada para el conjunto. Es una mentira basada en observar sólo un trocito pequeño de la realidad, el que tiene que ver con la tasa de benefi cios individuales o, en el mejor de los casos, de un reducido porcentaje de la población. La gestión privada de un negocio, si se hace bien, genera pingües benefi cios para quienes lo poseen. Sin embargo, si abrimos la mirada, descubrimos que la búsqueda del beneficio individual ha provocado un incremento continuado de las diferencias a nivel planetario y de la degradación ambiental.

La gestión desde lo común es intrínsecamente más adecuada que la privada, porque es la que permite una mirada compleja sobre distintas facetas, es la que posibilita planificar a largo plazo. Es la única que puede tener en cuenta más factores además de los de crecimiento (en el marco económico en el que estamos), y sólo con ella es posible una gestión social democrática.

De este modo, si no conservamos nuestro entorno estamos excluyendo a parte de la población presente y futura del disfrute de dichos bienes. Se debe legislar en este sentido y garantizar el respeto a las normas en pro de la consecución de este fin. Esto no es limitar nuestra libertad, es incrementarla. Lo que es escaso, lo que es frágil, lo que es fundamental para nuestra supervivencia, lo que está en el centro de políticas de justicia social, lo que puede ser una herramienta de poder, lo que implica una responsabilidad con el resto de seres vivos, no puede ser privado sino que debe ser de titularidad colectiva.


Luis González Reyes es miembro de Ecologistas en Acción.

Este artículo ha sido publicado en el nº 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.

Publicado también en euskera. Dosier “Ingurune justizia eta garapena” – 53 zenbakia – Hirugarren hiruhilekoa – 2012


1. Intergovernmental Panel on Climate Change (2007): Climate change 2007, IPCC.
2. Stern, Nicholas (2006): Informe Stern: La economía del cambio climático. Disponible en la web del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): http://digital.csic.es/handle/10261/10276.
3. Fernádez Durán, Ramón (2011): La quiebra del capitalismo global: 2000-2030, Madrid, Virus, Libros en Acción y Baladre.
4. Agencia Internacional de la Energía (2011): World Energy Outlook 2011.
5. Maś información en la web de ASPO (Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y el Gas): http://www.peakoil.net.
6. Krausmann, F.; Gingrich, S.; Eisenmenger, N; Erb, K.; Haberl, H.; Fischer-Kowalski, M.; (2009): “Growth in global materials use, GDP and population during the 20th century”, en Ecological Economics, 68, pp. 2696-2705.
7. Agencia Internacional de la Energía (2011): World Energy Outlook 2011.
8. Fernández Durán, Ramón; González Reyes, Luis; Rico García-Amado, Luis (2008): “Crisis global”, en Ecologista, nº 59.


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