Se decía ayer...

Rousseau y el actual “contrato social”

"La soberanía que reside en el pueblo no puede ser delegada ni alienada. La esencia de la soberanía es la voluntad general y la voluntad no puede ser representada. O bien es una o bien es otra; no hay término medio. Los diputados del pueblo no son sus representantes; sólo son sus comisarios. Las leyes que el pueblo mismo no ratifica no tienen validez; son leyes nulas". [1] Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) [1]: Rousseau (1762): El Contrato Social, libro III, capítulo XV. Citado por Godwin, William (1793) en: Investigación acerca de la justicia política. Cita tomada de la edición de Júcar de 1983.

Lo que en tiempos sosegados es una evidencia, en estos tiempos de crisis se muestra en sus propias dimensiones, sin disfraces, en escándalo manifiesto: los parlamentos son una mera marioneta manejada por los mercados fi nancieros o, dicho de otro modo: lo llaman democracia y no lo es.[2]

Los eufemísticamente llamados ciudadanos, que sólo estamos ejerciendo de súbditos, tenemos “enajenada al mismo tiempo la independencia y la libertad de elección”.[3] Enajenada la independencia, pues, en los sistemas de democracia real, sólo podemos delegar, a través del voto, la capacidad de decidir durante cuatro años sobre infi nidad de cuestiones que, en el mejor de los casos, los partidos políticos han expresado en un programa, todas juntas y a pelotón, en bloque y sin los detalles y la complejidad que las cosas tienen. O en el peor de los casos, y por cierto muy de actualidad[4], que ni siquiera se han expresado en ningún programa. Enajenada la libertad de elegir, porque ésta sólo es real cuando no están defi nidos a priori el qué, el cómo, el cuándo, el porqué, y el para qué voy a elegir… ¡y vaya si lo están! Los mercados, utilizados y manejados por los poderes fácticos de toda la vida, imponen las reglas del juego al margen del principio representativo una persona, un voto; trocándolo por un dólar/euro, un voto. Así, la democracia real apuntala la desigualdad, sometiendo a la mayoría de la humanidad a la explotación bajo la careta hipócrita de la libertad política y económica.

La coartada esgrimida por nuestros brillantes politólogos (opinantes a tiempo completo a cambio de sueldos generosos o prebendas sin fin en multitudes de tribunas financiadas por los mismos que manejan los mercados) es que la democracia representativa es el menos malo de los sistemas, que no hay alternativa, que otro mundo no es posible. El caso es que se nos antojan tan ciegos como los burócratas soviéticos del socialismo real. Confunden la “aquiescencia tácita que se deriva del hecho de vivir en paz, bajo la protección de las leyes” [5] con la que actuamos las y los gobernados con una confi rmación de sus tesis sobre la verdad inmutable de que la democracia real significa el fin de la Historia. Sin embargo, la pasividad ciudadana “no es generalmente otra cosa que la elección, por parte del individuo, de lo que considera un mal menor”. [6]

No admiten como posible que “puesto que el gobierno es una gestión que se cumple en nombre y benefi cio de la comunidad, es justo que todo miembro de la misma participe de su administración”. [7] Y, por tanto, no entienden por qué la gente ocupa las plazas reclamando justicia social y libertad colectiva en la que realizar su libertad individual no egoísta. Como escribía Bakunin [8], renunciar a ejercer esta libertad sobre los demás es “renunciar a cualquier acción social, a la misma expresión de su pensamiento y de sus sentimientos, es también llegar al no ser”.

Y nosotros queremos ser. Por eso reclamamos nuestra condición de ciudadanos y ciudadanas, reivindicando que la justicia social ha de basarse en la libertad, la igualdad y la solidaridad. “¡Que cambie todo a fondo! ¡Qué de las raíces de la humanidad surja el nuevo mundo! ¡Que una nueva deidad reine sobre los hombres, que un nuevo futuro se abra ante ellos!” [9] Sólo entonces será posible establecer un contrato social digno de tal denominación.


Valentín Moreno es colaborador de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Este artículo ha sido publicado en el nº 53 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Tercer trimestre de 2012.


[1]: Consigna coreada en la Puerta del Sol de Madrid el 12 de marzo de 2012.
[2]: Godwin, William (1793): Investigación acerca de la justicia política. Cita tomada
de la edición de Júcar de 1983.
[3]: “La defensa de la austeridad siempre ha pretendido utilizar la crisis, no resolverla”. Krugman, Paul (2012): “El programa de la austeridad. Recortar el gasto mientras la economía está en recesión es una estrategia contraproducente”, en El País digital (04/06/2012). Ver: www.elpais.com.
[4]: Ver cita 3.
[5]: Ibídem.
[6]: Ibídem.
[7]: Mijail Bakunin citado por Mintz, Frank (2006) en: Bakunin, crítica y acción, Libros Anarres.
[8]: Hölderlin, Friedrich (1797): Hiperión, o el eremita en Grecia. Cita tomada de la primera edición en castellano de la obra (Hiperión, 1976).


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