Palestina

Política y poética de la resistencia palestina

La creación del Estado de Israel en 1948 y la ocupación militar de la Palestina histórica ha desplazado, subyugado, mutilado y matado a millones de palestinos. El sufrimiento, físico y psicológico, originado por la ocupación militar israelí en Palestina no ha causado, sin embargo, el efecto que se proponía: mermar las esperanzas vitales de un pueblo milenario mediante la aniquilación, no sólo física y geográfica, sino, ante todo, cultural. Por el contrario, el pueblo palestino ha desarrollado de manera inigualable una cultura y una poética de la resistencia. Una resistencia que no sólo se ha expresado mediante el juego político (cuyas corruptelas han ocasionado divisiones dentro de la sociedad palestina), la lucha armada, o el asociacionismo civil. Las artes se han erigido como una de las vías de expresión más paradigmáticas ante la ocupación, destacando notablemente el papel de la literatura.
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Ilustración: Paula Cabildo.

Y es que, a pesar de la división geográfica que supuso la creación del Estado de Israel en la población palestina entre aquellos que tuvieron que huir, exiliados o refugiados, y los que permanecieron dentro de las fronteras del recién nacido Estado judío, la poética palestina, allá donde se produjera, ha girado en torno a la cuestión nacional y a la supervivencia individual y colectiva. Tanto es así que, iniciativas de la sociedad civil, como el Palestine Festival of Literature, tratan de ser una vía de exposición y difusión de la producción literaria de los más jóvenes a través de la organización de talleres, lecturas y puntos de venta donde se reúnen literatos palestinos y extranjeros, así como estudiantes y personalidades del mundo académico.

Acontecimientos recientes (el muro de Cisjordania, la división intrapalestina, la guerra de Gaza) no han dejado de influir en la producción literaria de esta sociedad. Son varias las novedades que nos advierten de la necesidad de estos jóvenes palestinos de seguir creando y difundiendo una narrativa conjunta: por un lado, hay que destacar el importante papel que juegan las redes sociales como medio difusor, y, por otro, la aportación al común acervo literario de palestinos de segunda o tercera generación en la diáspora, que aunque dejan de escribir en árabe para escribir en su idioma de acogida (mayoritariamente en inglés), dedican su obra a la causa palestina. Es el caso de Suheir Haddad (Ammán, 1973), hija de refugiados palestinos y afincada en Nueva York, y Rafeef Ziadah, activista y poeta asentada en Canadá, famosa por el éxito en la red de su poema: “Nosotros enseñamos vida, señor”. Ambas constituyen una nueva era en el panorama actual de la literatura palestina y son un ejemplo añadido al largo capítulo de cómo la política y la poética se funden en la cuestión nacional.

La doctrina del shock: 1948

Esta poética de la resistencia se remonta a la Nakba o el desastre palestino de 1948. Este hecho trajo consigo tal tragedia psicológica y física que marcó un punto de inflexión en la literatura palestina y, por extensión, en la literatura árabe moderna. A nivel panárabe supuso no sólo la reacción contra el sistema social, político (el golpe de Estado en Siria, la caída del Rey Farouq en Egipto, etc.) y cultural, sino una ruptura decidida de los moldes literarios de la tradición árabe. El más afectado entre los géneros fue la poesía, heredera, sin apenas cambios estructurales, de la casida clásica del siglo IX, que vio cómo se descomponían sus dos hemistiquios inquebrantables y la dureza de la historia (el hambre, el desarraigo, la prisión) se hacía protagonista. El proceso de cambio en la poesía palestina fue mucho más acentuado y radical que en otros géneros, tanto a nivel formal como estructural. Pero esto no significa que la prosa dejara de desarrollarse. A lo largo de los años 50, al igual que el resto de la literatura árabe, los relatos cortos y la novela evolucionaron de forma ejemplar en la literatura palestina.

Yabra Ibrahim Yabra (Belén, 1919 – Bagdad, 1994) en el exilio, Samira ‘Azzam (Acre, 1924-1967) en el interior de Israel y Fadwa Tuqan (Nablus, 1917-2003) en Cisjordania son tres nombres de inevitable referencia de esta misma primera época. Yabra fue uno de los primeros escritores en revelar la realidad de la tragedia palestina con su trabajo Araq y otras historias (1956) que contiene nueve relatos sobre la experiencia palestina durante la diáspora. Azzam dio expresión literaria a su visión realista de la experiencia palestina cotidiana, al contrario de Yabra, quien se regodeaba en el pensamiento intelectual alejado, muchas veces, de la realidad circundante. Su relato “Pan del sacrificio” ha quedado como modelo de la fuerza de la ironía en la expresión de la violencia de la tragedia del 48. Fadwa Tuqan es conocida como la “poetisa de Nablus”. Tras el 48 encontró y expresó la capacidad de liberación personal de la poesía. Sus versos son famosos por ser una crónica del sufrimiento del pueblo palestino, encarnado en la tierra, el cuerpo y la libertad. En el poema que sigue describe la ciudad de Yafa tras la ocupación y el desaliento que sus escombros dejan en el individuo:

“No lloraré”
A las puertas de Yafa, amigos míos,
y entre el caos de escombros de las casas,
entre la destrucción y las espinas,
dije a los ojos, quieta:
Deteneos… Lloremos sobre las ruinas
de quienes se han marchado,
abandonándolas.]
La casa está llamando a quien la edificó.
La casa está dando el pésame por él.
Y el corazón, deshecho, gime
y dice:¿Qué te han hecho los días?
¿Dónde están los que antes te habitaban?
¿Has sabido de ellos?
Aquí soñaron, sí,
aquí estuvieron,
y trazaron los planes del mañana.
Mas, ¿dónde están los sueños y el
mañana?]
Y, ¿dónde, dónde ellos?
Los restos de la casa no dijeron palabra.

(Trad. Mz. Montávez-Sobh).

Guerra del 67: reencuentro y resistencia

La guerra de 1967, conocida popularmente como la “Guerra de los seis días”, es clave para entender el desarrollo posterior del conflicto árabeisraelí, e igualmente de la literatura palestina. Esta guerra entre Israel y los Estados Árabes marcó un hito no sólo por motivos políticos e históricos, sino por motivos culturales y literarios. La sensación de derrota (al- Naksa) de los ejércitos árabes (Egipto, Siria, Jordania e Iraq) produjo un impacto muy profundo en los intelectuales de la época. En menos de seis días, todas las esperanzas puestas en el proyecto panárabe de mal Abdel Nasser terminaron con una derrota que llevaría a Israel a anexionarse aún más territorio: la Península del Sinaí, la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este (incluida la Ciudad Vieja) y los Altos del Golán. Si el impacto fue grande para la comunidad árabe, mayor fue para la palestina, cuya tierra era engullida por completo por Israel, si bien con una nueva división administrativa según la jerga internacional: los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania.

Durante muchos años los poetas y escritores palestinos de dentro de Israel habían permanecido prácticamente aislados de sus coetáneos expatriados. Fue a mediados de los años 60 cuando se establecieron puentes duraderos entre ambos grupos y fue así como los escritores de ambas literaturas, la de la Palestina histórica y la de aquellos en la diáspora, entendieron y se identificaron con la experiencia del otro. Con la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y su posterior internacionalización en la década de los 70, se abrió el debate nacional y el proceso de consolidación de la resistencia política palestina. Es en este contexto donde el novelista Gassan Kanafani (Acre 1936-Beirut 1972) acuñó el término “literatura de resistencia” (adab al-muqawama). Bajo esta terminología, Kanafani se proponía dejar de diferenciar la literatura escrita bajo la ocupación (tahta al-ihtilal) y la literatura del exilio (manfa) para aunarla toda al margen de procedencias en un fin compartido: resistir. Además de su trabajo como crítico literario y político (fue miembro activo del Frente Popular para la Liberación de Palestina), hay que destacar su trabajo como narrador. Tras el desastre del 48, Ghassan Kanafani tuvo que trasladarse junto a su familia a Damasco (Siria) y allí escribió sus tres novelas más importantes: Hombres en el Sol (1963), Lo que os queda (1966) y De vuelta en Haifa (1969). También es autor de innumerables relatos cortos. El siguiente fragmento pertenece a la colección de 1961, La muerte de la cama número 12. Estas desgarradoras palabras forman parte de una carta dirigida a su amada. El amor (el sentimiento nacional) y la amada (Palestina) son tópicos y metáforas recurrentes de la literatura del momento.

“Sí, participo en mi funeral muy a
pesar mío. Los sufrimientos que conociera
en años pasados, me parecen
ahora endebles y estúpidas pompas de
jabón. El hombre es valiente siempre
y cuando no tenga necesidad de serlo;
sin embargo, cuando se trata de algo
real que exige serlo, se desmorona al
tener que comprender el valor como
resignación, la renuncia a todo lo humano
para reducirse a la contemplación,
alejándose de la práctica.”

(Trad. Rabadán Carrascosa y
Gutiérrez de Terán).

Entre los árabes de la Palestina histórica empezaron a deslumbrar nombres de la talla de Mahmud Darwix, Emile Habibi, Tawfiq Ziyad y Samih al-Qásim. Aunque muchos de ellos ya habían empezado su labor literaria con anterioridad, a partir de aquí darán paso a una literatura nueva, comprometida políticamente y con un mensaje concreto. Este fragmento de un poema de Tawfiq Ziyad (1929-1994) nos muestra con gran intensidad el sentimiento de desgarro y resistencia producidos por la ocupación; así mismo destaca por su sencillez y su claridad.

Con los dientes.
Defenderé cada palmo de
tierra de mi patria.
Con los dientes.
Y no aceptaré otro en su lugar.
Aunque me dejen
colgando de las venas de mis venas.

(Trad. Martinez Montavez)

La literatura de las piedras

El levantamiento popular iniciado en el campo de refugiados de Yabaliya se propagó rápidamente por toda Cisjordania y Gaza. Así comenzó lo que se popularizó posteriormente como la Primera Intifada. A pesar de que las imágenes que nos han llegado sean la de jóvenes palestinos lanzando piedras a los soldados israelís, la Primera Intifada fue un levantamiento popular no violento de resistencia pacífica que comenzó con huelgas generales, boicots a productos israelís, negación de pagar impuestos, grafitis y barricadas. La respuesta violenta por parte del ejército sionista catalizó el incremento de violencia, que terminó tres años después con unos acuerdos de paz que no garantizaron a la sociedad palestina el cese de la ocupación ni la vejación que suponen los asentamientos.

Por todo ello, la literatura de la Intifada es una respuesta rápida y directa a los acontecimientos que estaban teniendo lugar. La poesía es el género al que más se recurre, con un rápido desarrollo de la prosa, sobre todo tras el primer año de la revuelta. Hay que destacar la función de los periódicos locales en la difusión de aquellos relatos cortos que se escribieron en cárceles, prisiones y campos de detención en Cisjordania y Gaza. Un ejemplo es el poema “Los días en el campo de detención del Naqab” (1989) del doctor ‘Abd al-Sattar Qásim. Esta literatura muestra a una sociedad palestina unida, patriótica y solidaria. No se escribe sobre la colaboración palespalestina con las autoridades israelíes, el conflicto o la violencia intrapalestina.

Los pactos negociados por el gobierno israelí y la OLP conocidos como los Acuerdos de Oslo de 1993 no trajeron la paz anhelada. Las esperanzas del pueblo palestino en estos acuerdos pronto se vieron truncadas al comprobar que los asentamientos se multiplicaban cada vez con mayor velocidad y que la vida, para la mayoría de ellos, iba a ser progresivamente más dura y restrictiva. La visita de Ariel Sharon a la mezquita de Al- Aqsa provocó la respuesta encendida que dio lugar a la Segunda Intifada a finales del 2000.

Los temas de la Segunda Intifada no cambian sustancialmente de aquellos de la Primera. Uno de los muchos escritos inspirados por la Segunda Intifada es el diario Cuando los pájaros pararon de cantar: La vida en Ramala bajo la Ocupación escrito por Raja Shahadeh (Ramallah, 1951), abogado palestino y fundador de Al-Haq, ONG que lucha por los Derechos Humanos. El diario recoge las atrocidades cotidianas por las que tuvieron que pasar los palestinos durante la Segunda Intifada, sometidos a las arbitrariedades del ejército israelí: casas registradas una y otra vez, poblaciones saqueadas, arrestos y asesinatos de familiares y amigos etc. Shahar Jalifa (Nablus 1941) es otra de las escritoras que durante la Segunda Intifada decidió dedicar una de sus novelas a este suceso. Su obra Primavera caliente es la crónica de una familia de Ayn al-Mijran, una población a las afueras de Nablus. La novedad estriba en su descripción del conflicto interno de aquellos que viven bajo la ocupación, y nos da una visión humanizada de las contradicciones psicológicas, sociales y políticas de la resistencia palestina.

La literatura palestina es tan fascinante como su historia, su gente, su paisaje, y tan mal conocida y tergiversada como ellos. En España, a pesar de los encomiables esfuerzos de unos pocos, sigue siendo una literatura marginal. No sólo por su posición geográfica en nuestro Mediterráneo, que también, sino marginal en su apreciación por el público en general. Y ello a pesar de contar entre sus filas con algunos de los autores más apreciados por el público erudito: Mahmud Darwix estuvo 5 semanas entre los autores de poesía más vendidos en 2006. Entre los intentos de recopilación de la literatura palestina contemporánea en nuestro país cabe destacar Bajo la ocupación. Relatos palestinos (CEDMA, 2003), una valiosa aportación a un campo literario todavía por explorar.

Y es que, a pesar de que la política enmarañe lo cotidiano, no podemos pensar en la literatura palestina como un arma más de resistencia. En todo caso, podríamos pensar en la resistencia como un arma más de la literatura. Por ello, es necesario entender la poética palestina como un motor de cambio. Una literatura que pretende combatir el status quo de las relaciones israelo-palestinas, de las relaciones intrapalestinas y de la relación del propio individuo consigo mismo y con su entorno. En palabras de Mahmud Darwix:

El poema está a mitad de camino:
puede alumbrar las noches
con los senos de una muchacha,
dos cuerpos con una manzana,
restaurar una patria
con un grito de gardenias.
El poema está a mi alcance:
Puede cuidarse de los pleitos
de las leyendas]
con esmero artesano, pero
mi alma está desahuciada desde que
hallé al poema
y le pregunté:
¿quién soy yo?
¿quién soy yo?

(Trad. Gómez García).


Laura Galián Hernández, licenciada en Filología Árabe y becaria de colaboración en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Este artículo ha sido publicado en el nº 52 de Pueblos – Revista de Información y Debate, especial junio de 2012, Palestina


Nosotros enseñamos vida, señor

Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada.
Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada que tenía
que caber en audio digital y límites de palabras.
Hoy, mi cuerpo fue masacre televisada que tenía que caber
en audio digital y límites de palabras con suficientes estadísticas
como para contrarrestar una respuesta mesurada.
Y yo perfeccioné mi inglés y me aprendí mis resoluciones de la ONU.

Pero aun así, él me preguntó:
“Señorita Ziada, ¿no piensa usted que todo se resolvería si dejaran
de enseñar tanto odio a sus hijos?”.
Pausa.
Miro en mi interior.
Busco fortaleza para tener paciencia, pero
no tengo paciencia en la punta de la lengua
mientras caen bombas sobre Gaza.
La paciencia me ha abandonado.
Pausa;
sonrisa.
“Nosotros enseñamos vida, señor”.
(Rafif, acuérdate de sonreír).
Pausa.
Nosotros enseñamos vida, señor.
Nosotros los palestinos
enseñamos vida después de que ellos
han ocupado los últimos cielos.
Nosotros enseñamos vida después de que ellos
han construido sus asentamientos y muros de apartheid,
más allá
de los últimos cielos.
Nosotros enseñamos vida, señor.

Pero hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada
para caber en audio digital y límites de palabras.

Y sólo danos un reportaje, un reportaje con lado humano.
Verás, esto no es político.
Sólo queremos hablarle a la gente
de ti y de tu pueblo,
así que danos un reportaje humano.
No menciones las palabras
“apartheid”
y
“ocupación”.
Esto no es político.
Me tienes que ayudar
como reportera
a ayudarte a contar tu historia,
que no es un reportaje político.

Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada.

¿Y qué tal si me das un reportaje
sobre una mujer en Gaza que necesita medicinas?
¿Qué tal acerca de ti?
¿Tienes suficientes huesos rotos en las extremidades
como para cubrir el sol?
Pásame tus muertos y dame una lista
de sus nombres
en un máximo de mil doscientas palabras.

Hoy, mi cuerpo fue masacre televisada que tenía que caber
en audio digital y límites de palabras
y conmover a quienes
son insensibles a la sangre
terrorista.

Pero ellos sintieron pena.
Sintieron pena por el ganado en Gaza.
Así que les di
resoluciones de la ONU
y estadísticas
y condenamos
y deploramos
y rechazamos.
Y éstos no son lados iguales,
ocupadores y ocupados.
Y cien muertos, doscientos muertos, y mil muertos.
Y entre eso,
entre crimen de guerra y masacre,
ventilé las palabras y sonreí,
-no exótica-
-no terrorista-
y cuento:
cuento cien muertos, doscientos muertos, y mil muertos.

¿Hay alguien ahí?
¿Escuchará alguien?

Quisiera poder llorar sobre sus cadáveres.
Quisiera poder simplemente
correr descalza
por cada campo de refugiados
y abrazar a cada niño;
cubrir sus oídos
para que no escuchen el sonido
de las bombas
por el resto de sus vidas,
como yo lo escucho…

Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada.

Y déjame decirte:
no hay nada que tus resoluciones de la ONU
hayan hecho en absoluto acerca de esto.

Y no hay audio digital,
-ningún audio digital que se me ocurra,
no importa cuán bueno mi inglés sea-
no hay audio digital
no hay audio digital
no hay audio digital
no hay audio digital
que les traiga de nuevo a la vida.
No hay audio digital que arregle esto.
Nosotros enseñamos vida, señor.
Nosotros enseñamos vida, señor.

Nosotros
los palestinos
nos levantamos
cada mañana
a enseñarle
al resto del mundo
vida,
señor.

Rafael Ziadah (Trad. Rolando Gómez)


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