Palestina

La infancia palestina: 64 años de Nakba

La autoproclamación del Estado de Israel en 1948 supuso la instauración sistemática del proyecto sionista de limpieza étnica y el desplazamiento masivo de la población palestina autóctona. Desde entonces, varias generaciones de refugiados y refugiadas han nacido y se han criado en el exilio, estimándose que, a día de hoy, hay alrededor de 11,2 millones[1], incluyendo alrededor de 6 millones de refugiados desplazados en 1948 y sus descendientes.
Fotografía: Sandra Barrilaro.

La mayoría de esta población, 4,82 millones, está registrada en la UNRWA y viven en uno de los 58 campos oficiales existentes en las cinco zonas de operaciones: Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y Gaza, recibiendo asistencia[2]. Además, unos 830.000 refugiados y sus familias fueron desplazados la primera vez en 1967 y alrededor de 400.000 palestinos, cuyo estatus legal no es claro, fueron igualmente desplazados de los Territorios Palestinos Ocupados (TPO) como consecuencia de la ocupaciónmilitar israelí en 1967.

Hoy en día, Israel tiene soberanía sobre el territorio en el que se encuentran los hogares de origen de los palestinos refugiados desde 1948, negando su derecho al retorno e impidiendo incluso el acceso al mismo. En 1952, Israel desnacionalizó a los palestinos originarios y a sus descendientes de los territorios de 1948 a través de la Ley de la Ciudadanía, estableciendo como criterio para conceder la ciudadanía una condición imposible de cumplir para los refugiados palestinos: la presencia en el Estado de Israel cuando se dictó la ley. Así mismo, Israel continúa ejerciendo control sobre el movimiento de los palestinos, desde y hacia los TPO, prohibiendo a los refugiados de 1967 retornar a esas áreas.

Según el informe de ACNUR, “Tendencias Globales 2010”, a finales de 2010, 43,7 millones de personas estaban en situación de desplazamiento forzado en todo el mundo, la cifra más alta de los últimos 15 años. De éstas, 15,4 millones eran refugiadas; 10,55 millones estaban bajo la responsabilidad de ACNUR y 4,82 millones eran refugiados palestinos bajo el mandato de UNRWA. La cifra total incluye igualmente a 837.500 solicitantes de asilo y 27,5 millones de desplazados internos. El 44 por ciento de los refugiados y el 31 por ciento de los solicitantes de asilo eran menores de 18 años [3].

ACNUR define una situación de refugiado prolongado como “aquella situación en la que 25.000 o más refugiados de una misma nacionalidad han estado en el exilio durante un mínimo de cinco años en cualquier país de asilo”. Según esta definición, se calcula que, a finales de 2010, unos 7,2 millones de refugiados estaban en esta situación.

De acuerdo con lo anterior, la situación de los refugiados palestinos es una de las más prolongadas en el tiempo, y constituyen un tercio de toda la población de refugiados del mundo y sólo están incluidos parcialmente en las estadísticas del ACNUR.

El mayor problema al que se enfrentan los refugiados palestinos, especialmente los niños y niñas, es el rechazo a soluciones duraderas, en particular, la negativa a hacer efectivo el derecho al retorno.

En la Franja de Gaza, los niños representan cerca de la mitad de la población refugiada registrada en la UNRWA y aproximadamente el 40 por ciento, entre las poblaciones de refugiados de la Ribera Occidental, Jordania y Siria. Su porcentaje es inferior en el Líbano, donde menos de un tercio de la población refugiada está inscrita.

Sin embargo, una encuesta de los refugiados de 1967 en Jordania muestra que el 40 por ciento tiene 15 años de edad o menos. En Egipto, Iraq, Libia y Arabia Saudí, donde los palestinos son una población importante para el ACNUR, los niños representan entre el 30 y el 42 por ciento de la población refugiada.

Problemas psicológicos

Los niños palestinos refugiados en los TPO se encuentran en una difícil situación de agotamiento nervioso a nivel psicológico debido a una multitud de factores relacionados con su día a día y con la incertidumbre en cuanto a su futuro. En distintos grados, el temor por su seguridad personal o el destino de los miembros de la familia y la frecuente exposición a la violencia y amenazas ha dado lugar a una generalizada sensación de inseguridad entre los niños. Son el grupo más vulnerable frente al riesgo de sufrir los efectos nocivos que a largo plazo produce la continua exposición a la violencia y al estrés.

En los TPO, los cierres, los toques de queda, los combates esporádicos, los ataques militares, el muro del apartheid, el robo de tierras, la construcción de asentamientos, los asesinatos selectivos, el encarcelamiento continuo, dejan un profundo impacto psicológico en los niños palestinos.

Desde que en 1948 se autoproclamara el Estado de Israel instaurando definitivamente su estrategia de limpieza étnica, los niños son asesinados a tiros, golpeados, hostigados e intimidados en el camino hacia o desde la escuela, cerca de sus casas, o mientras se reúnen con amigos o ayudan a su familia en el campo.

En la Ribera Occidental y la Franja de Gaza, se estima que más del 90 por ciento de los niños palestinos no se sienten seguros y están convencidos de que son vulnerables a los ataques. Como consecuencia directa del conflicto, el 95 por ciento de los niños palestinos sufre varios y serios traumas físicos y psicológicos. La mayoría presenta miedos constantes, estrés postraumático, ansiedad, depresiones profundas, desórdenes en el sueño y en la conducta, frustración, inseguridad constante y problemas de comportamiento y comunicación.

Las malas condiciones de vida en la mayoría de los campamentos de refugiados (es decir, el hacinamiento en los hogares, la falta de espacios de recreo, la mala calidad del agua y el saneamiento, y la insuficiencia de iluminación y ventilación) afectan en general al bienestar psicosocial de los niños refugiados que viven en ellos.

Las y los niños refugiados palestinos que residen en el Líbano, Jordania y Siria también están expuestos a una variedad de factores y acontecimientos que afectan negativamente a su bienestar psicosocial general.

“Y mi papá más”

Los juegos de niños revelan muchas características del entorno en el que viven, sus frases, sus gestos son inocentes indicadores de sus vivencias. Los niños palestinos, como todos, también juegan y compiten por ser los mejores, tener la mejor madre, el mejor padre y así, una frase que quizá todas las personas hemos dicho en nuestra infancia es “y mi papá más”. Esta frase puede decirnos muchas cosas cuando por lo que se compite es por el número de condenas vitales que la entidad sionista le ha impuesto a tu padre, a tu madre o a ambos y quieres ser el número uno en esa competición para demostrar que tu padre, tu madre, son los más valientes en la defensa de tu tierra y de tu pueblo. El impacto que el encarcelamiento de los palestinos tiene en sus hijos determinará su vida, teniendo en cuenta que en prácticamente todas las familias que viven en la Ribera Occidental de Palestina han tenido, tienen o tendrán algún miembro de su familia preso.

La impotencia que genera la injusticia de verte privado de tu padre o de tu madre por defender el lugar en el que vives se ve exacerbada cuando en medio de la noche soldados que no hablan tu lengua entran a la fuerza en tu casa, destrozando todo lo que encuentran, humillando a tu familia y, finalmente, llevándose a alguno de ellos. Quizá la noche siguiente vuelvan a venir, y la siguiente, y la siguiente, hasta que tengas 12 años y te lleven a ti también, en medio de la noche, esposado, con los ojos vendados,
por tirar piedras a un tanque.

El informe publicado en abril de 2012 por Defense for Children International/
Palestine Section “Detention Bulletin, April 2012” concluye: “De acuerdo con las últimas cifras recopiladas por DCI-Palestina, de fuentes que incluyen el Servicio de Prisiones Israelí (IPS, en sus siglas en inglés) y de las instalaciones de detención temporal del ejército israelí, había 220 niños palestinos (12 a 17 años) detenidos por Israel a finales de abril de 2012. Esto representa un incremento de 14 niños (siete por ciento) respecto al mes anterior”. “Cada año, aproximadamente, entre 500-700 niños palestinos, algunos de 12 años, son detenidos y condenados por el sistema judicial militar israelí. La acusación más común es tirar piedras. La mayoría de estos niños son detenidos dentro de Israel en violación del artículo 76 de la Cuarta Convención de Ginebra” [4].

Esta Convención prohíbe la transferencia de prisioneros fuera de los Territorios Palestinos Ocupados. Sin embargo, Israel continúa reteniendo a los niños fuera, lejos de sus familias, que la mayoría de las veces no consiguen el permiso para salir, lo que constituye un crimen de guerra. Las familias de los territorios ocupados en 1948 tardan entre 7 y 9 horas en llegar, las familias de Cisjordania entre 14 y 17 y las familias de Gaza tienen prohibidas las visitas desde septiembre de 2007.

El constante hostigamiento de las fuerzas de ocupación contra la infancia palestina no se agota con su encarcelamiento y las condiciones en las que éste se produce. Los niños palestinos se ven sometidos a su retención para ser usados como escudos humanos en operaciones militares de las fuerzas de ocupación y para ser informantes. Así lo ha constatado Defense for Children International/Palestine Section en su informe “Recruitment and Use of Palestinian Children in Armed Conflict February 2012”, que expone varios casos. En un caso, un niño de nueve años fue usado como escudo humano durante el ataque a Gaza en enero de 2009 (Operación “Plomo Fundido”). El 28 de abril de 2009 se interpuso una denuncia contra las autoridades israelíes en relación con este caso y, en marzo de 2010, dos soldados de la Brigada Givati fueron acusados. Fueron condenados el 3 de octubre de 2010 por “comportamiento inapropiado” y “abuso de autoridad”, siendo degradados al rango de sargentos y condenados a tres meses de prisión suspendida [5].

Tanques en la puerta

A pesar de todos estos obstáculos, la infancia palestina resiste y lucha por un futuro mejor y lo hace con la mejor arma que puede tener un niño, la educación.

La determinación del pueblo palestino en la lucha por sus derechos inalienables, su identidad nacional y cultural se ve claramente reflejada en su esfuerzo por la educación de los niños y niñas palestinos.

Cuando comenzó la Primera Intifada, en diciembre de 1987, el impacto en la educación fue dramático. Como ha manifestado Susan Nicolai de Save the Children en el libro Fragmented foundations: education and chronic crisis in the Occupied Palestinian Territory, International Institute for Educational Planning (UNESCO, 2006):

“Muchos profesores fueron obligados a retirarse, se prohibieron los sindicatos de profesores y los estudiantes fueron expulsados, arrestados, y se les prohibió viajar. Las escuelas palestinas fueron cerradas durante largos periodos de tiempo y algunas universidades se cerraron durante más de cuatro años. Numerosas escuelas fueron tomadas como centros de detención. La educación se convirtió en el centro de la lucha nacional en este tiempo. Los palestinos lucharon contra la discriminación y los cierres
estableciendo un sistema paralelo de educación popular”. Las escuelas empezaron a trabajar con facultades universitarias y ONG para crear escuelas caseras. La administración civil israelí respondió criminalizando la educación en las casas e imponiendo condenas de prisión y duras multas a los organizadores” [6].

A día de hoy, muchas organizaciones de la sociedad civil palestina en los territorios ocupados en 1948 continúan desarrollando proyectos educativos paralelos a la educación formal que se impone en Israel donde el término Nakba ha sido prohibido en los libros y la única manera de poder conocer la historia, la cultura, el legado palestinos es a través de iniciativas de educación no formal que han de llevarse a cabo de manera oculta.

En la Ribera Occidental de Palestina, los niños tienen que arriesgar su seguridad y su vida para poder ir a las escuelas, esperando horas en los check points o en las puertas del muro del apartheid, bajo el sol o la lluvia, registrados e interrogados por los soldados, amenazados por los colonos sionistas, y escondiéndose en los tejados para no ser vistos.

La preocupación e interés de los niños palestinos por asistir a la escuela se puede sintetizar en una sencilla pregunta que Mohammed, de 11 años (Calandia, Ribera Occidental de Palestina) hizo en una visita a las autoridades españolas en 2008. Ante la propuesta de hacer todo lo posible por ayudar a los niños palestinos, él, con gesto escéptico, les preguntó: “¿Cómo van a hacer para quitar el tanque en la puerta de mi casa para ir al colegio?”. Nadie respondió.

En Gaza, en septiembre de 2010, un año después de la operación “Plomo Fundido”, el 82 por ciento de los daños a las escuelas no ha podido ser reparado, colapsando el ya estresado sistema educativo, en el que la mayoría de las escuelas tenían que impartir clases en dos turnos [7].

En esta situación, en la que los niños palestinos, refugiados en su propia tierra, detenidos como adultos, humillados por su origen y usados con fines militares por los sionistas, puede parecer sorprendente que sigan estudiando, habiendo alcanzado, a día de hoy, un nivel de alfabetización del 95,3 por ciento, de acuerdo con el informe del Palestinian Central Bureau of Statistics, “Special Statistical Bulletin On the 64th Anniversary of the Palestinian Nakba” [8], y teniendo a nivel mundial el mayor número de personas con doctorado universitario.

La infancia palestina en el exilio

Hay ya tres generaciones de palestinos que han nacido y se han criado en el exilio, como refugiados, apátridas o nacionalizados en los países de nacimiento. Las diferencias en las vivencias de los niños que permanecen en Palestina, en los campos de refugiados de Siria, Jordania, Líbano, Irak, o en terceros países del Norte de África, Europa o América son evidentes, pero en todas las casas hay banderas Palestinas, un mapa señalando tu casa, música tradicional, dabke, libros de Mahmud Darwish, kufiyas, zaatar… Porque ningún palestino ha olvidado, no han renunciado a seguir luchando por preservar su identidad nacional, su cultura, su historia palestina, con el deseo de poder disfrutar del derecho legítimo de volver a su tierra.


Hana Cheikh Ali es abogada especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional. Miembro de la Red de Jóvenes Palestinos y de la Asociación Palestina en España.

Este artículo ha sido publicado en el nº 52 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Especial junio de 2012: Palestina.


NOTAS:

  1. http://www.pcbs.gov.ps
  2. http://unrwace.org
  3. http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=biblioteca/pdf/7557.
  4. http://www.dci-palestine.org/sites/default/files/detention_bulletin_apr_2012.pdf.
  5. http://www.dci-palestine.org/sites/default/files/recruitment_report_-_final.pdf.
  6. Susan Nicolai, asesora educativa, Save the Children-UK. “Summary of the Book Fragmented foundations: education and chronic crisis in the Occupied Palestinian Territory, International Institute for Educational Planning, UNESCO, 2006, disponible en www.unesco.org/iiep/PDF/pubs.
  7. http://www.unicef.org/media/media_56025.html.
  8. http://www.pcbs.gov.ps/DesktopModules/Articles/ArticlesView.aspx?tabID=0&lang=en&ItemID=2163&mid=11394.

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