Mª José Pizarro y Simón Hernández: “Lo que se asesina es la posibilidad de la paz en Colombia en 1990, el destino de estos 20 años de guerra absolutamente degradada”.

"Pizarro", la premiada película documental, explica a través de su hija la historia del popular guerrillero colombiano Carlos Pizarro, una figura icónica de la guerra y de la paz en Colombia, comandante del movimiento insurgente M-19 y asesinado en circunstancias aún sin esclarecer después de haber firmado un exitoso tratado de paz con el gobierno colombiano. Hablamos con su protagonista e investigadora María José Pizarro y el director documentalista Simón Hernández.
Imágenes obtenidas del dossier de prensa del preestreno en Bilbao, mayo de 2017.

¿Quién fue Carlos Pizarro?

Mª José Pizarro: Carlos Pizarro fue el último comandante del Movimiento 19 de abril, un movimiento insurgente que surge en la década de los 70. Carlos Pizarro fue asesinado 45 días después de firmar la paz, en 1990, cuando era candidato a la presidencia por ese movimiento político que lideraba después de haber dejado las armas.

Él era abogado y político, estaba en la carrera presidencial como decías con un 70% de intención de voto. ¿Qué cambios hubiese hecho él en el devenir de Colombia? 

Mª.J.P.: Por un lado, cambiaba la tenencia de quienes sustentan el poder en Colombia. En Colombia los poderes se han estado alternando siempre entre los partidos políticos tradicionales y el hecho de que una persona como él llegara al poder rompía esas dinámicas en Colombia. Era una persona que tenía muy claro qué no negociaba. Él hablaba de un capitalismo democrático, de una sociedad incluyente, de la solidaridad entre clases. Hablaba en unos términos muy esenciales, más que doctrinarios, de reformas estructurales que necesitaba el país pero no desde una visión de la extrema izquierda sino más desde una izquierda nacionalista y democrática, desde una posición que hasta el momento no se había expresado con éxitos de poder en Colombia. Básicamente, lo que se asesina es la posibilidad de la paz en Colombia en 1990, el destino de estos 20 años de guerra absolutamente degradada, y por eso es que Carlos Pizarro simboliza un icono de paz en Colombia.

Imágenes obtenidas del dossier de prensa del preestreno en Bilbao, mayo de 2017.

Esta película surge de la necesidad de reencontrarte con el pasado y construir memoria ¿por qué y cuándo decidiste investigar sobre tu padre?

Mª.J.P.: Yo decido investigar sobre mi padre en el año 2002, cuando salgo al exilio a Barcelona y empiezo a hacerme preguntas sobre mi país, sobre la conexión que había entre la historia de mi país y mi propia historia. Además, al hacer pública la historia tiene una intención política hacia el país, no solamente hacia el mero acto de la recordación, sino una intención de dialogar con otros, de expresar diferentes puntos de vista y  acercarse a otros con una historia diferente, desconocida, para generar una reflexión que no se ha dado en el país.

¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Cómo rehiciste la vida de tu padre?

Mª.J.P.: Fuí recogiendo objetos, fotos, cartas, de una manera como muy privada, desde lo íntimo y solitario, y ahí es cuando viajo a Colombia, empiezo a hablar con compañeros del M-19, gente que estuvo o que tenía un papel protagónico en esos momentos del país, y es en ese momento cuando se vuelve un ejercicio colectivo. La película contribuye a un ejercicio público de reflexión de la memoria pero también de la memoria como una herramienta de incidencia política y una herramienta de transformación social a través de la cultura.

La cultura es una de las grandes olvidadas para las reivindicaciones políticas. ¿Cómo te llegó la idea de esta película?

Simón Hernández: Antes de conocer a María, trabajando en algunos documentales sobre procesos de paz fallidos en Colombia tuve acceso al M-19, a su historia y ahí fui conociendo el archivo y a los personajes. Y cuando conozco a María en el 2007 en Barcelona es donde comienza la idea de producir esta película, poder contar la historia del M-19 pero a través de un tejido audiovisual un poco más complejo, en el que fuera María la voz de su padre, y desde una reflexión más compleja, la recuperación de la memoria del M-19.

Durante la elaboración de la película, ¿conociste algo nuevo de tu padre?

Mª.J.P.: Muchísimas cosas, porque no es un hombre que uno conozca fácilmente, que puedas ir al congreso o a la universidad y decir que estaba ahí en ese momento. Lo conocí a través de la voz de otros, porque fueron muchas las personas que fueron entrevistadas, construyendo la imagen y el paso de ese hombre por la historia. Ahora, también te permite hacer preguntas incómodas, las preguntas que no se hacen o no se han hecho naturalmente, y además cuestionar muchísimas cosas frente a  cómo se a narrado la historia en nuestro país. Pero, no creo que haya conocido una en concreto o una faceta en concreto, yo sabía quién era mi padre, pero no profundicé en ese conocimiento para edificar su figura mucho más completa.

Imágenes obtenidas del dossier de prensa del preestreno en Bilbao, mayo de 2017.

¿Y qué aporta el cine en el caso de la recuperación de la memoria y la reconciliación?

S.H.: Pues, por ejemplo, Patricio Guzmán, el cineasta chileno que ha retratado toda la dictadura de Pinochet, dice muy claro que un país sin documentales es como un álbum de fotos sin fotografías. Es como que un país sin documentales es un país desmemoriado. Por eso creo que la herramienta, en mi caso los documentales, generan revisitar la historia, de alguna manera reescribir la historia y yo pienso que los documentales más periodísticos tienen un valor informativo, de generación de conocimiento, pero más importante aún es la humanización de lo que ha sido la política, la historia, la antropología,…; es como darle cara, ojos, sentimientos, dolor, pasión, a esas figuras o a esos momentos históricos. El cine pasa por la emoción y la emoción es una cuestión que nos conecta el cerebro y nos lleva a unos lugares en los que nunca habíamos pensado que podíamos estar. Creo que es ahí donde el cine comienza a ser una herramienta política de transformación porque te da la posibilidad de hacer una pequeña transformación humana.

Y en un país como Colombia, donde se ha jugado tanto a la desmemoria, donde el oficialismo ha jugado unas cartas muy fuertes al no contar muy bien la historia, es como se vuelve una herramienta política. A nosotros nunca nos explicaron por qué existía el M-19, por qué existían las FARC, por qué Carlos Pizarro se alzo en armas, por qué Colombia era un país en el que nace el narcotráfico y transforma la sociedad…. Porque, sencillamente, las grandes voces oficiales o los grandes canales de comunicación o la educación, te dan explicaciones muy superficiales, muy cortas y en las que no te dan una posibilidad de pensar que cuando hay una guerra no hay ni buenos ni malos, es una cosa mucho más compleja. Por eso, de alguna manera, nuestra intención con esta película  ha sido darle la voz  a María, darle la voz a Carlos, y contar desde su punto vista esa versión de la historia que nunca antes se había contado. Porque es con Carlos cuando creo que comienza a existir una idea de democracia, si existe, comenzó a existir con una idea de amplitud de una conciencia social, con una amplitud de pensamientos y reflexiones, que, como yo lo veo, les va a hacer llegar a lugares más profundos, más sólidos como sociedad. Y creo que de alguna u otra manera, en un pequeño grado esta película ha hecho eso, hemos generado una apertura, hemos dado una voz  que por momentos desagrada a unos y agrada muchos a otros, hemos despertado la memoria. El cine es resistencia y el cine es la resistencia de la memoria.

La desmemoria de la que habla Simón ha llevado a que se vuelvan a repetir asesinatos como el de tu padre, siguen existir garantías para la participación política. ¿Esta película en qué ayuda al momento actual de las conversaciones de paz?

Mª.J.P.: La película, además de haberse construido casi que en paralelo mientras se iba construyendo o se iba empezando ha evidenciar la necesidad de una salida negociada al conflicto, llega en un momento histórico en el que permite hacer una reflexión en línea de garantizar que hechos como los que sucedieron con el asesinato de mi padre, con el proceso de paz del M-19, obviamente, no se vuelvan a repetir. De alguna manera, obliga a hacer una reflexión necesaria frente a lo que hemos vivido, lo que estamos viviendo y cómo nosotros nos planteamos un desenlace que no sea el de seguir inmersos en esos ciclos interminables de la guerra en Colombia. El documental le aporta obviamente a los jóvenes en ese análisis, permite hacer un diálogo intergeneracional, es decir, cuando los jóvenes lo ven obligatoriamente llegan a hacer preguntas a sus padres/madres, cuando lo ven juntos empiezan a dialogar sobre momentos históricos que seguramente los padres/madres vivieron y frente a los cuales ellos tienen posiciones, recuerdos e imaginarios que son necesarios retomar hoy para poder generar un proceso de conciencia colectivo.

En ese sentido, la película es un detonante, detona esa reflexión pero al mismo tiempo habla sobre lo que definitivamente no puede volver a pasar ni con las FARC, ni con el ELN, ni con los líderes sociales que son asesinados. La película le aporta además a una posición reconciliadora de la historia. La película no confronta, la película hace preguntas, te mantiene siempre en un tono de cercanía de que hay que proteger y evidenciar lo frágil que es el momento que estamos viviendo y lo frágiles que somos nosotros en el momento que estamos viviendo. Por eso creo que permite además que muchos hijos/as que están buscando a sus padres/madres puedan imaginarse una forma de sanar el alma, que si ellos se imaginan que sanar es posible pues el país puede también  imaginarse con ellos mecanismos de sanación y en eso, la película ha sido el reflejo de un proceso de una persona para reconciliarse consigo, con su historia y con el país.

Imágenes obtenidas del dossier de prensa del preestreno en Bilbao, mayo de 2017.

¿Qué lecciones se pueden sacar de este documental y el proceso de investigación que habéis realizado para otros procesos de Paz, como el de Euskal Herria?

Mª.J.P.: Yo creo que debe ser un ejercicio riguroso. No todos los documentos recuperados fueron utilizados pero la película sí tiene que ser el reflejo de que se hizo un ejercicio juicioso, de no solamente ir y escoger unas fotos, sino también analizar esas fotos, analizarlas con los testimonios, empezar a cotejar fuentes, mirar la historia desde diferentes ángulos, entender que la memoria no es una sola, que es una memoria plural, que la verdad no es una sola, sino plural también, que en esa verdad y en esa memoria plural y diversa tenemos que caber todos con nuestras visiones y nuestras percepciones, que la paz es un escenario posible, así sea un escenario doloroso, que es un escenario necesario, así sea a veces imposible. Pero que nosotros como sociedades estamos abocados y con nuestras generaciones estamos abocados a proteger la paz, pero también a proteger la dignidad, la resistencia, a hacer de eso nuestras banderas. Yo creo que quién vea la película no va a ver solamente a una hija buscando a un papa, sino va a ver toda una reflexión de una generación, un ejercicio juicioso y metódico.

S.H.: La paz también es una construcción entre dos. En un proceso de paz yo creo que muchas veces se siente que hay unos que tienen que pedir perdón a otros, y creo que debe ser una construcción de dos, en los que se da por igual. Tal y como yo veo la Paz y veo todo este proceso que estamos viviendo hoy en día en Colombia, la construcción  de la paz es la transformación misma de la sociedad. El cambiar ese status quo de una sociedad en guerra, a una sociedad que decida perdonar, que decida dar la mano y  que decida abrirse, como hacer una aceptación o abrazar al otro, eso exige una transformación muy grande de nosotros, de cada uno de nosotros, porque esa es la real paz. El gran logro de la Paz es la transformación de las sociedades, y me parece que el fracaso que hubo en la paz en los años 90 con Carlos y lo que está sucediendo ahora, es ese miedo a la transformación de la sociedad. Eso es lo que podemos aprender de esta película, que nosotros en el 90 tuvimos una oportunidad muy grande para transformarnos como sociedad, de habernos ahorrado 25 años de guerra.

Más información sobre la película documental “Pizarro:”
http://www.pizarrolapelicula.com/


Eneko Calle García es colaborador de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.


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