“Las mujeres inventaron la agroecología, ellas construyen agroecología, así como sus madres y abuelas la practicaban también, incluso sin saber que se llamaba así. Pero fue su resistencia la que garantizó la existencia de diversidad de semillas y prácticas que hoy en día permiten que estemos aquí, y que de otra forma se hubieran perdido por el avance de la “revolución verde”. (GT de Mujeres de la ANA, 2015[1]))

Miradas del movimiento agroecológico y feminista

De este modo se expresaron las más de 700 mujeres, campesinas, indígenas, quilombolas y pescadoras, que participaban en la plenaria de mujeres en el 3º Encuentro Nacional de Agroecología realizado en 2014. El lema de las mujeres en este encuentro fue “Sin feminismo no hay agroecología”. Frente a visiones que delimitan la agroecología por criterios técnicos ellas reconocían en la agroecología los sujetos políticos colectivos que inciden en el conflicto capital vida. El feminismo así encaja muy bien.

En la agenda que siguen desarrollando cuestionan como se distribuyen los tiempos, los espacios, los conocimientos y los poderes.

TIEMPOS: Las mujeres son responsables de innumerables tareas que aseguran la reproducción de la vida: alimentación, aseo, cuidado de niños y niñas, personas enfermas y mayores, pero también de los hombres adultos. Son las primeras en despertarse y las últimas en dormirse, trabajan de sol a sol junto a los hombres, aunque muchas veces este trabajo no sea reconocido y sea visto como “ayuda”. Tienen poca autonomía para decidir sobre su tiempo y además de alargar su jornada, su disponibilidad hacia el otro es permanente.

ESPACIOS: Las mujeres se encargan de un pequeño huerto y de la crianza de pequeños animales, y mantener este espacio con autonomía es muchas veces expresión de una resistencia cotidiana. No son raros los relatos de maridos que ponen herbicida en el cultivo de las mujeres porque a ellos les parecía “puro mato”. Las mujeres demandan que el patio alrededor de la casa sea considerado en las acciones públicas de fomento, porque saben que la estabilidad económica de la unidad familiar también se basa en la producción para el autoconsumo, el trueque o para el mercado de proximidad. También desarrollan experiencias en colectivos de producción en áreas más grandes, pero dirigirse a otros espacios lejos de casa les obliga a renegociar el trabajo de cuidado, y así organizar de otro modo su propio tiempo. Además, se ocupan de la calidad de vida de sus comunidades, buscando alternativas en el manejo del agua y de los residuos e implicándose en las luchas de resistencia contra los agrotóxicos, los transgénicos y el acaparamiento en sus varias formas.

CONOCIMIENTOS: Una buena parte del conocimiento de las agricultoras, recolectoras y pescadoras artesanales se pierde porque no son consideradas como personas con proyectos propios. Para afirmar su sabiduría cuestionan el mito de la familia harmónica en que el padre representa el interés de “todos”, y visibilizan que sus posturas responsables frente a la naturaleza y la h u m a n i d a d son fruto de una elección política, no por una supuesta esencia femenina.

Resisten a la apropiación de sus conocimientos por las corporaciones transnacionales mediante patentes y biopiratería. Rechazan la desvalorización de sus modos de vida y cuestionan el modelo de feminidad asociado a la juventud y lo urbano mediante la medicalización de las etapas de la vida de las mujeres e imponiendo un modelo de belleza que considera que las manos con callos y la piel quemada no son bellas.

PODER: Las mujeres actúan por la autodeterminación de sus comunidades y pueblos y al mismo tiempo por su autonomía personal. Así, construyen un contrapoder con su auto organización en colectivos de mujeres o mediante sectores de mujeres en organizaciones campesinas mixtas. La violencia machista es la forma extrema y explícita que utiliza el patriarcado para controlar a las mujeres y mantenerlas en “su rol” de buenas madres y esposas. La ejercida en el ámbito doméstico por compañeros, novios, o exparejas es la más la usual y se manifiesta desde las humillaciones y descalificaciones hasta la agresión. Sin embargo, la violencia cometida por hombres desconocidos en espacios públicos como manera de negar estos espacios a las mujeres está aumentando. Así, en el ámbito rural, la violencia machista y el asesinato de mujeres son utilizadas como estrategias de destrucción de las comunidades y de abrir camino a la ofensiva capitalista que ejerce presión sobre los territorios.

Caminos de actuación junto a las agricultoras[2]

Los caminos para apoyar a las mujeres en la transición agroecológica con relaciones democráticas y solidarias pasan por la auto organización de las mujeres y su afirmación como sujetos políticos colectivos para lograr su autonomíaeconómica.

De inicio, lograr que las mujeres salgan de sus casas para encontrarse y reunirse ya es una gran victoria. Es necesario constituir espacios de trabajo colectivo considerando las limitaciones de tiempo y espacio vividas por las mujeres, y cambiándolas poco a poco. Hay que hablar de la vida de forma integral: salud, sobrecarga de trabajo, miedos, la relación con sus compañeros, la familia y de la comunidad. Además, se debe propiciar la reunión de compañeros, la familia y de la comunidad. Además, se debe propiciar lareunión de mujeres de referencia de diferentes comunidades para el fortalecimiento mutuo, orientar lo que debe ser el acompañamiento técnico en el marco de un debate crítico, y asegurar su continuidad en un contexto de retrocesos.

Autonomía económica de las mujeres

La autonomía económica de las mujeres, y en particular el acceso a ingresos (debido a la centralidad de la esfera económica monetaria en las sociedades contemporáneas con hegemonía capitalista), se presenta como puerta de entrada a un proceso más amplio de autonomía que abarca dimensiones personales, familiares y políticas. Aumentar las posibilidades de ingreso permite a las mujeres una justificación inicial para unirse al grupo y renegociar las relaciones de poder progresivamente al interior de la familia.

Miriam Nobre en uno de los encuentros de mujeres organizados por la SOF en 2016. Fotografía de Helena Zelic.

Sin embargo, la autonomía económica no se restringe al ámbito monetario y combina acciones hacia incrementar la producción para el autoconsumo, el trueque y la donación. Es decir, revelando los nexos entre las esferas de la producción y la reproducción, no contradiciendo así el reconocimiento de la interdependencia y la ecodependencia en que vivimos.

Aumentar el control de las mujeres sobre los mercados

Las experiencias previas de las mujeres en la relación con los mercados solía ser de total desconocimiento, ya que el marido se ocupaba de todo; o de conocimiento parcial, ya que en las cooperativas y organizaciones mixtas y formales no llegaban a apropiarse de todo el proceso. Para asegurar el control de las mujeres se buscó la organización colectiva para aumentar la capacidad de venta y el poder de negociación de las mujeres, la diversificación de las formas de comercialización, incluyendo a mercados solidarios como grupos de consumo y el acceso a informaciones clave (precios, cantidades, logística de entrega, etc.) para facilitar la comprensión de todo el proceso.

Equilibrar la venta al mercado con el autoconsumo, trueque y donación

En paralelo, la autonomía económica de las mujeres se asienta en la valorización de la producción de alimentos, incluso no convencionales, para el consumo de la familia y circuitos locales de trueque y donación. La relación entre estas dos lógicas (producción mercantil y no mercantil, directamente destinada a la reproducción de la vida) está planificada en términos de equilibrio individual y colectivo en base a criterios como calidad de vida, de lo que es consumido, de soberanía alimentaria. El registro del destino de la producción más allá de la venta ha permitido visibilizar la producción de las mujeres y ha abierto el debate sobre recuperar el trueque como práctica que sostiene lazos en la comunidad.

Diversificar la producción y el consumo

El principio de la diversificación (de la producción, de los circuitos de intercambio, etc.) es un elemento clave para el reconocimiento de las miradas de las mujeres y propiciar cambios en la división sexual del trabajo. La especialización  agrícola mediante los paquetes tecnológicos de la “revolución verde” se dirigió incluso a la agricultura familiar, pero a los “jefes de familia”, mientras que la producción desarrollada por las mujeres era considerada insignificante. Por lo tanto, valorizar la diversificación por medio del intercambio de prácticas agroecológicas, semillas, recetas culinarias, recuperación de plantas con sabores poco usuales, plantas medicinales, es incidir sobre la jerarquización de los conocimientos asociados a lo femenino y lo masculino.

Ampliar el control de las mujeres sobre las técnicas agroecológicas

La diversificación de la agricultura es un trabajo permanente. Mucho se perdió por la adhesión a las técnicas de la “revolución verde”. Pero además, la estabilidad de los sistemas agrícolas, también los agroecológicos, es siempreuna búsqueda frente a presiones externas (contaminaciones, cambios climáticos) o a los nuevos planes de las personas que viven de la agricultura (incrementar ventas, involucrar otras personas).

La propuesta es ampliar la autonomía de las agricultoras frente a los mercados de insumos (semillas criollas, recuperación de la fertilidad del suelo por el uso de abonos verdes, compostaje), siendo el intercambio crucial para asegurar esta autonomía. Por ejemplo, el compostaje con restos de pescado ha resuelto el problema de las pescadoras con el residuo y ha asegurado un abono con rico aporte de fósforo. Las mujeres también valorizan prácticas que les permiten una mejor organización de su tiempo y autonomía frente a sus maridos, como las camas altas utilizadas en permacultura que les permite trabajar sin agacharse y no necesitan ser implantadas en cada estación.

En conclusión, nuevos retos

La agroecología propone otra relación entre tiempo y espacio. Los ciclos de la naturaleza se sobreponen en un mismo espacio cuando se hace agricultura en los bosques. Con el manejo de la luz plantas de ciclo corto que también aportan alimentos, medicinas y madera, crecen en el claro de los bosques. El feminismo alerta que las mujeres siguen los tiempos de la vida, pero en la sociedad capitalista, patriarcal y racista esto se traduce en desigualdad. Las mujeres negras cuidan mucho más que los hombres blancos, y cuando el agronegocio acapara los territorios muchas mujeres pierden la posibilidad de cultivar, de gestionar su tiempo y su espacio.

El reto es todavía mayor en el ámbito urbano, donde los circuitos de comercialización directa mediante grupos de consumo implican un grado de organización y dedicación de tiempo que cuestiona las jornadas extensas de las personas que tienen empleo, o la disponibilidad para los imprevistos para aquellas que viven de actividades informales, o las horas de transporte, sin contar la atribución exclusiva a las mujeres del trabajo doméstico y de cuidado.

Los huertos urbanos ganan espacio ante la especulación inmobiliaria y resignifican territorios. En las comunidades más afectadas por la violencia policial y las milicias señoras conocedoras de plantas y hierbas mantienen y crean huertos involucrando a jóvenes. La regeneración de los suelos y de la naturaleza funciona como metáfora del constante proceso de regeneración en que son obligadas a vivir.

Feminismo y agroecología son movimientos y prácticas políticas que amplían relaciones sociales y territorios no determinados por el mercado. Hay que seguir ampliando las intersecciones para fortalecer las resistencia.


Miriam Nobre es parte del equipo de SOF – Sempreviva Organização Feminista donde realiza acciones de formación y acompañamiento  procesual de grupos en agroecología, economía feminista y solidaría. Es activista de la Marcha Mundial de las Mujeres.

Artículo publicado en el nº72 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2017.


NOTAS:

    1. GT de Mujeres de la ANA. La construcción de una agenda feminista en la agroecología. In SOF: Las mujeres en la construcción de la economía solidária y la agroecología. São Paulo: SOF, 2015.
    2. Esta sección tiene como referencia el artículo que rescata la experiencia de actuación de la SOF “Por uma economia solidária e feminista: pesquisa-ação no Vale do Ribeira”, escrito en conjunto con Isabelle Hillenkamp.

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