Mujeres del Ambroz: tejiendo el cambio

Gran parte de los discursos oficialistas provenientes del actual sistema capitalista patriarcal relegan a determinados sectores de la población al más absoluto silencio. La desigualdad intrínseca de este sistema genera sectores poblacionales que son invisibilizados y minusvalorados por los mass-media y los discursos dominantes. Ejemplo de ello son las luchas y discursos feministas alejados del institucionalismo y las clases burguesas y acomodadas, pues el “feminismo oficial” excluye las problemáticas y perspectivas de las mujeres rurales, migrantes o de clases sociales desfavorecidas.

Las personas que viven situaciones opresivas específicas van desarrollando sus propias herramientas de resistencia y adquiriendo una conciencia propia de acuerdo con las experiencias vividas. Al igual que el feminismo negro ha construido su propio feminismo, las mujeres rurales construyen el suyo: cada grupo y en su contexto va generando su discurso.

El Valle del Ambroz está situado en el norte de Cáceres. Es una comarca rural que limita con las comarcas de Las Hurdes y Tierras de Granadilla al oeste, con el Valle del Jerte al este, con Plasencia al sur y con la provincia de Salamanca al norte. Está formada por ocho localidades y su capital comarcal es Hervás. Con una población de unos 8.000 habitantes, ha estado marcada siempre por su carácter agrícola y ganadero, pero en los últimos años ha ido cambiando hacia el turismo y la hostelería.

Con el cada vez mayor envejecimiento de la población y la emigración de la juventud, estos pueblos reducen su población a pasos agigantados, lo que conlleva el cierre de los pequeños colegios rurales, de los ambulatorios, de las pequeñas tiendas locales, etc. Estas consecuencias tienen efectos sobre todo en el colectivo de mujeres, que siguen llevando la carga de la subsistencia familiar.

Un proyecto para empoderar

A través del proyecto Zaleando barreras, ejecutado por el Movimiento Extremeño por la Paz y financiado por la Agencia de Cooperación Extremeña, llevamos meses trabajando con las mujeres de los ocho pueblos que conforman el Valle del Ambroz. Desde la planificación teníamos claro que nuestra intervención iba a estar alejada de la perspectiva academicista y profesional, que nuestro acercamiento a las mujeres iba a centrarse en el aprendizaje mutuo y la escucha activa, situándolas en el centro de las actividades y animándolas a ser ellas mismas las propias creadoras de los contenidos y el discurso que las empodere y otorgue herramientas de lucha y resistencia.

Después de meses de investigación y búsqueda de recursos, nos topamos con la Guía de capacitación sobre Derechos Humanos de las Mujeres – Tejiendo el cambio del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, una de las pocas guías encontradas que fomentan esta bidireccionaldad de creación y aprendizaje de conocimientos. El contexto en el cual se basa esta guía es muy diferente a nuestra realidad, pero este mismo hecho demuestra que es inevitable encontrar similitudes en la lucha de las mujeres rurales de todos los rincones del planeta.

Nuestra presentación siempre se basa en la idea de que los talleres no pretenden enseñar a estas mujeres más de lo que pueden ellas transmitirnos. Un aprendizaje mutuo, en el que muestran su visión y comprensión de los Derechos Humanos de las mujeres, creando conjuntamente espacios de reflexión y debates en torno a estos. Muchas mujeres nos preguntaban al comienzo: “¿y qué importancia tiene mi opinión?, ¿qué os vamos a enseñar nosotras?”, como si nuestra salida de la academia nos vistiese, a nosotras, jóvenes, de una sabiduría total frente a sus años de vivencias. Esta costumbre de infravalorar sus propias opiniones y pensamientos se fomenta consciente o inconscientemente desde diferentes ámbitos.

Por otro lado, debemos tener en cuenta, que el asociacionismo de mujeres con el que nos encontramos no es, en la mayoría de los casos, crítico. Desde las instituciones se busca la participación de las mujeres en actividades puramente culinarias o artesanales, loo que es un problema para mujeres que buscan otros intereses y necesidades y, además, continúa  relegando a estas al ámbito de los cuidados y la vida privada. La mujer rural ha estado estigmatizada doblemente: por su estatus de mujer y su estatus de rural. A las trabajadoras que día a día estamos en contacto con ellas nos toca no seguir fomentando esta visión e impulsar en las asociaciones otro tipo de actividades.

Nuestro derecho a todos los derechos

A través de estos talleres se han creado espacios en cada pueblo para reflexionar y charlar sobre nuestro derecho a todos los derechos: salud, trabajo digno, relaciones justas, solidarias y amorosas, bienestar en nuestra vida cotidiana, participación, etc. Hemos trasladado la importancia que cada una de ellas tiene, para que su voz y la de todas las mujeres sean escuchadas.

Hemos dejado de lado esa “distancia óptima” de la que tanto nos hablan en las universidades. El contacto con las personas y la acción de calle debe primar en todo el ámbito social, es necesario alejarnos de los despachos y conocer más la realidad. Esto es un grito a todas las personas que nos embarcamos en el ámbito de lo social: trabajamos con personas y las relaciones humanas y cercanas merecen ser prioridad.

Somos las mujeres rurales las que tenemos que crear un feminismo adaptado a nuestras necesidades, porque estas y nuestra forma de hacer son diferentes a las que surgen en ámbitos urbanos. La creación de espacios de reflexión y debate sobre derechos humanos, soberanía alimentaria, el mantenimiento de un mundo rural vivo, el feminismo común, compartir saberes de las mujeres rurales, la recuperación de oficios tradicionales… Es la forma que tenemos en el mundo rural de ir construyendo nuestro feminismo, teniendo presente que existe un rechazo generalizado al término en los ámbitos rurales y en muchas mujeres, inculcado por los discursos dominantes.

Este proceso de trabajo, con esta metodología, pretende dar voz a las mujeres rurales del Valle del Ambroz  y desterrar la idea de que a las mujeres rurales nos cuesta participar en este tipo de espacios. Quizás el problema no sea de las mujeres rurales, sino de las personas que trabajamos con ellas, y nos están dando un toque de atención para que cambiemos nuestra forma de hacer.


Con todo el cariño del mundo,

Equipo Zaleando barreras.

Artículo elaborado para Pueblos en el marco del proyecto “Tendiendo Puentes desde Extremadura para la construcción de una ciudadanía global en defensa de los DDHH y de las mujeres”, financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación para el Desarrollo (AEXCID).


“A menudo las feministas blancas actúan como si las mujeres negras no supiesen que existía la opresión sexista hasta que ellas dieron voz al sentimiento feminista”.

Bel Hooks, teórica del feminismo negro.


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