El Plan Campesino y la relación entre el campo y la ciudad

La lucha del Movimiento de Pequeños Agricultores (MAP) y la lucha campesina de un modo más amplio acumularon victorias importantes en el último período, una de estas victorias es el rescate de los conceptos de campesino y campesinado. Conceptos olvidados, ocultados y prohibidos ya que durante el período militar en Brasil el principal movimiento campesino de la época, las Ligas Campesinas, fue perseguido y sus principales dirigentes fueron desaparecidas, encarceladas, exiliadas, torturadas y/o asesinadas. Por ello se pasó a utilizar identidades locales para definir el campesinado brasileño, pero esto trajo como consecuencia política el fraccionamiento de la clase, en opinión de Carvalho: “La diversidad campesina en Brasil incluye desde los campesinos y campesinas propietarios de tierras a los y las ocupantes de tierras públicas y privadas, y a quienes disfrutan de los recursos naturales tales como los pueblos forestales, agro extractivistas, la 'recursagem'[1], los pueblos de las riberas, las personas que se dedican a la pesca artesanal, agricultoras, recolectoras de cangrejos, castañeros, quebraderas de coco babasú, las colectoras de asaí, las que disfrutan de los fondos de pastos y las pobladoras de tierras comunes de los 'fachinales”[2].

El “Plan Campesino” como alternativa

Con la recuperación de estos conceptos retomamos al campesino como sujeto histórico y comenzamos a desarrollar un proyecto estratégico del campo para la sociedad: el Plan Campesino. Un proyecto estratégico del campesinado brasileño, del campo para la sociedad como un todo, que tiene que ver con la identidad campesina, la agroecología, semillas nativas, biodiversidad, los usos y costumbres, la cultura campesina, el modo de vida, la producción de alimentos y la alimentación de la población del campo y de la ciudad. Por tanto, tiene como elemento clave la relación entre el campo y la ciudad.

El Plan Campesino surgió como un desafío para respaldar nuestra pauta de reivindicaciones, ya que no estábamos de acuerdo con las políticas del Gobierno para el campo pero no teníamos suficientes argumentos para defender nuestra posición. Así, reunimos un grupo de profesorado y personas investigadoras para ayudarnos a respaldar nuestra pauta. Y en este proceso nos dimos cuenta de que había una cuestión de fondo que era necesaria resolver: el concepto de producción y la vida en el campo que defendemos.

Obviamente, este plan está en contradicción con el agronegocio, representado por el capital financiero, las multinacionales y latifundistas, apoyados por el Estado brasileño. El agronegocio es el proyecto burgués en el campo. Él es nuestro enemigo central. Él es el quien nos explota en los precios, nos roba las tierras, nos impone los paquetes tecnológicos, absorbe los recursos del Estado, destruye la biodiversidad, contamina el medio ambiente y se centra en la pro ducción de commodities, por lo que no alimenta al pueblo.

La ideología del agronegocio llega a las pequeñas propiedades a través del concepto de agricultura familiar, desarrollado en base a la experiencia europea y americana de la agricultura, donde las familias se especializan en una rama de la producción vinculándose a la industria, intensificando el proceso productivo a través del crédito, usando tecnología punta, etc. Sin embargo, este modelo ha llevado al agotamiento del sistema debido a que en un proceso competitivo las familias tienen que intensificar más y más, hasta llegar a un límite de uso de la tierra y de endeudamiento. Lo que ha llevado a muchas familias a un proceso de desintensificación productiva.

La Ley número 11.326, del 24 de julio de 2016, de Brasil, conocida como Ley de la Agricultura Familiar, estabelece que “se considera agricultor familiar y emprendedor familiar rural aquel que practica actividades en las zonas rurales, atendiendo, simultáneamente, los siguientes requisitos: 1) no disponga, de ninguna manera, una superficie superior a cuatro módulos fiscales; 2) utilice principalmente mano de obra de su propia familia en las actividades económicas de su establecimiento o negocio; 3) tenga un porcentaje mínimo de los ingresos familiares derivados de las actividades económicas de su establecimiento o negocio, tal como define el Poder Ejecutivo; 4) dirija su establecimiento o negocio con su familia”. Así, tanto el concepto de agricultura familiar como la Ley establecen un punto de vista económico, haciendo caso omiso de los aspectos culturales, entre otros. Por eso decimos que este concepto convierte lo que para nosotros y nosotras es una “forma de vida” en una profesión. Es decir, la forma de ser, vivir y producir del campesinado en la profesión del productor rural de la agricultura familiar.

Según Carvalho “este proceso de transformación del sujeto campesino en sujeto de agricultura familiar también sugiere un cambio ideológico. El campesino metamorfoseado en agricultor familiar pierde su historia de resistencia, fruto de su persistencia, y se convierte en un hombre conforme con el proceso de transformación que pasa a ser un proceso natural del capitalismo”[3]. De esta manera, “la familia campesina se convierte en mero comprador de insumos y proveedora de materias primas. La industria pasa a ganar por la aportación de los insumos y el procesamiento de la materia prima, agregando valor y colocándolas en el mercado. Todos los riesgos del proceso de producción se quedan por cuenta de la familia campesina y las principales oportunidades de ganancias quedan en manos de la industria”[4].

Por otra parte, la agricultura campesina es aquella que ha sido construida a partir de una base de recursos bajo control del campesinado, que Ploeg[5] llama “capital ecológico”, tiene una fuerte relación con la naturaleza y la “coproducción”. Vive un intenso proceso de lucha por la autonomía productiva a través de la búsqueda incesante de autonomía relativa a los insumos y el control tecnológico, centrándose en las necesidades de la familia, buscando mejoras en las condiciones de vida y trabajo.

El Programa Campesino

El Programa Campesino fue un logro de la lucha popular y tuvo su primera experiencia en Rio Grande do Sul. Es una plataforma de políticas públicas para la producción y el suministro popular, construido a través de una alianza de clase en el campo (La Vía Campesina) y en la ciudad, especialmente con la Federación de Trabajadores del Metal, Movimiento de Trabajadores por Derechos y Levante Popular de la Juventud. Esta alianza campesina y obrera, campo-ciudad, jugó un papel decisivo en la constitución de este programa basado en tres ejes fundamentales: 1) promoción de la producción de alimentos y transición agroecológica; 2) apoyo logístico para la transformación y comercialización de alimentos; 3) articulación directa entre producción y consumo mediado por las organizaciones sociales del campo y de la ciudad.

El Programa Campesino es parte del Plan Campesino en la medida en que es un paso adelante en la construcción de este proyecto estratégico, a pesar de apoyarse en las contradicciones del agronegocio, las brechas en el Estado y en la fuerza de la lucha de la clase obrera y campesina para avanzar de inmediato sobre las posibles políticas para el fortalecimiento del campesinado y del pueblo organizado en general. De esta manera el Programa Campesino (táctico, posible y viable en una coyuntura favorable) contribuye al Plan Campesino, que es el proyecto estratégico general.

La experiencia de la lucha en Río Grande del Sur para la conquista del Programa Campesino mostró que la lucha campesina gana fuerza cuando se convierte en una lucha común y también es asumida por los trabajadores y trabajadoras urbanas.

La “Alianza campesina y obrera por la soberanía alimentaria”

El sistema agroalimentario de la sociedad capitalista establece duras condiciones de producción para las familias campesinas. Por un lado, mediante una baja remuneración, la integración a la industria, el suministro de insumos y la compra de materias primas a precios bajos, retirando la renta de la tierra de las manos del campesinado; y por otro lado, fomentando la producción a través de un modelo tecnológico basado en los monocultivos, el uso de fertilizantes y plaguicidas químicos. Todo esto se traduce en un patrón alimentario pensado en función del beneficio de las empresas, basado en comida de baja calidad nutricional, contaminada con pesticidas y en muchos casos superprocesada, que deriva en obesidad o malnutrición de las personas consumidoras, especialmente trabajadores y trabajadoras urbanas.

Ante este situación en la cuestión de los alimentos, el MPA propone una “Alianza campesina y obrera por la soberanía alimentaria”, lema de su Congreso Nacional celebrado en octubre de 2015 en el marco de la semana de la alimentación en São Bernardo do Campo, escenario de la lucha obrera en el proceso de redemocratización. La alianza se creó a través de una simbología importante compuesta por tres elementos: la semana de la alimentación, el movimiento campesino y la cuna de la lucha obrera. Allí, en el Congreso del MPA se vivió un momento político de afirmación de un proceso que se ha ido construyendo en los últimos años de alianza entre las organizaciones campesinas con las urbanas, con el alimento como mediador.

El campesinado quiere producir alimentos sanos para alimentar al pueblo y la población trabajadora urbana quiere tener acceso a esta comida sana a precios justos. Y para ello era necesario construir una alianza de clase, capaz de recrear un sistema de suministro popular de alimentos, acercando a quien efectivamente produce para la alimentación de la clase que vive del trabajo pero no produce el alimento, eliminando el intermediario de esta relación. Siendo imprescindible desarrollar la organización campesina y urbana, pensar en la logística, etc.

Por lo tanto, el trabajador urbano tiene que salir de la cómoda condición de consumidor, para ser sujeto en el sistema agroalimentario. Esto lleva a la necesidad de organizarse como persona consumidora, en grupos informales, cooperativas, etc. Por su parte el campesinado necesita organizar la producción, la agro-industrialización y el transporte de alimentos, pero la distribución en las ciudades debe ser tarea de los trabajadores y trabajadoras urbanas organizadas. Esta organización urbana y campesina, articulada como clase trabajadora en torno a la cuestión de la alimentación, debe ser recubierta de mística y de concepción de lucha de clases, ya que este proceso sólo avanzará en un contexto de enfrentamiento al sistema agroalimentario controlado por grandes empresas multinacionales. Como muestra el MPA la producción de alimentos “además de haberse convertido en mercancía, está concentrada: el 80% de la distribución de cereales (sobretodo soja, maíz, trigo y arroz) está en manos de cuatro multinacionales (…). Esta concentración permite una fuerte interferencia en las políticas nacionales e internacionales, moldeando a su conveniencia regulaciones y modelos de producción, distribución y consumo que se aplican en los países”[6].

Teniendo en cuenta lo anterior, el acceso a una alimentación sana para la gran mayoría de la población, así como la implementación del Plan Campesino sólo será posible a través de la alianza entre campesinos y trabajadores y trabajadoras urbanas organizadas y en lucha. La alianza campesina y obrera es el pilar fundamental para soberanía alimentaria.


Valter Israel da Silva es militante del Movimento dos Pequenos Agricultores (MPA) de Brasil. Traducido por Janaina Strunzak.

Artículo publicado en el nº72 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2017.


NOTAS:

  1. Capacidad de extraer del espacio natural recursos (alimentos, leña, etc.) que complementan la producción agrícola.
  2. Carvalho, Horácio (2005): O Campesinato no Século XXI Possibilidades e Condicionantes para o seu desenvolvimento no Brasil. Editora Vozes.
  3. Carvalho, Horácio, op. cit., pág. 25.
  4. Silva, Valter Israel da (2014): Classe Camponesa, Modo de ser de viver e de produzir, Instituto Cultural Padre Josimo, pág. 44.
  5. Van Der Ploeg, Jan Douwe (2013): Ponencia “Contradições sociais do campo: O campesinato como classe social?” durante el seminario “Dinâmicas e Perspectivas do Campesinato no Brasil do Século XXI.
  6. MPA (2013): “Plano Camponês: construindo o novo caminho da roça IV,Plano Nacional de ações para a Soberania Alimentar desde uma perspectiva de gênero”, pág. 11.

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