Milagro Sala, presa política. El aparato estatal y los medios empequeñecen la justicia en Argentina

El 16 de enero de 2016, un mes después de la asunción del presidente Mauricio Macri, fue apresada la dirigente social Milagro Sala en la provincia de Jujuy, un hecho por el cual Naciones Unidas solicitó la liberación inmediata de esta líder de la organización Tupac Amaru. Tras su detención levantaron diversas causas y la condenaron a tres años de prisión por un episodio en el que no se comprobó su presencia: arrojarle huevos a Gerardo Morales, hoy gobernador de Jujuy. Su encierro y las condiciones en las que se encuentra prisionera violan derechos y principios elementales que buscan adoctrinar al campo social y popular ante medidas de ajuste crecientes y a la vez ensuciar, con la anuencia de los medios de comunicación hegemónicos, la imagen de su organización y la de los gobiernos kirchneristas.
Personalidades de la cultura marcharon para pedir la libertad de Milagro Sala. Fotografía: María José Minatel.

 

La Tupac y los humildes empoderados

A mediados de los noventa, en pleno auge del gobierno neoliberal de Carlos Saúl Menem, Milagro Sala, una mujer de origen indígena nacida en 1963 y abandonada por su familia de origen, empezó a participar del movimiento piquetero, integrado principalmente por organizaciones de personas desocupadas. Ellas hacían sus reclamos sociales en las rutas argentinas, cortándolas en piquetes, de lo que salió una denominación que luego, con el tiempo, adquirió usos diversos y se aplicó a otras situaciones.

Su militancia, que había empezado en la organización sindical Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), siempre se desarrolló en Jujuy, una de las provincias más pobres del país, en el extremo norte, lindante con Bolivia, habitada por diversos pueblos originarios y con 730 mil habitantes.

Milagro, entonces, encabezó su lucha con particular dedicación por los niños. Su primera iniciativa como dirigente fue organizar la copa de leche en el barrio Alto Comedero en la capital de Jujuy, San Salvador. De a poco esa acción se fue extendiendo a otras localidades y la actividad social se amplió con la recolección y distribución de ropa, alimentos, apertura de comedores y talleres de ayuda escolar.

En 1999 fundó la asociación barrial Tupac Amaru, que reivindica la figura del inca revolucionario, así como también la de Evita Perón y el Che Guevara. La organización, que llegó a tener setenta mil afiliados y afiliadas, obtuvo el apoyo estatal y, por consiguiente, recursos económicos para desarrollar programas sociales de mayor envergadura durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

Se construyeron 1.500 viviendas, escuelas a las que asistían 2.500 alumnos y alumnas, una fábrica textil, una de bloques de construcción, dos centros de atención sanitaria y un parque acuático para los niños humildes. Toda esta obra generó miles de empleos. Además del impacto social, adquirió gran peso simbólico como expresión de reivindicación de las franjas de la población originaria más desplazadas y discriminadas a lo largo de la historia de un país que osciló siempre entre dictaduras opresivas, gobiernos peronistas, cercanos por lo común a los intereses de los trabajadores sindicalizados, y gobiernos radicales, más identificados con los deseos e idearios de clase media.

¿Quién habla de violencia?

Los sectores ultraconservadores opuestos a las políticas económicas y sociales de los Kirchner pusieron énfasis especial en los ataques a Milagro Sala y la organización que dirige. Este accionar fue acompañado implacablemente por los medios de comunicación que tienen posición dominante en el país, y que pronto empezaron a imponer para la Tupac Amaru la imagen de una organización violenta, peligrosa para la democracia, proclive a la violencia y hasta dotada de armas. Se fueron sumando denuncias de despotismo y corrupción en su contra, que nunca fueron probadas. Por el contrario, sí son visibles y comprobables las obras realizadas (que se expandieron a las provincias de Salta, Santiago del Estero, Tucumán, Mendoza y la Capital argentina) para dignificar a aquellas personas que habían perdido todo en los períodos dictatoriales y democráticos.

En 2014 la Tupac editó un libro llamado Rendimos cuentas, en el que expresa: “No armamos pelotones de desocupados, sino que formamos conciencia. Por eso trabajamos para que el tiempo que pasa cada uno de los que se acerca a la Tupac sea una inversión y que hombres y mujeres de nuestra patria puedan hacer su aporte a la reconstrucción del país. Estamos convencidos que así como el estado tiene obligaciones con nosotros, nosotros las tenemos con él y cada uno tiene que aportar su grano de arena para seguir reconstruyendo la Argentina”.

El proceso contra Sala y otros militantes

Milagro Sala. Fotografía: Sebastián Miquel.

En 2013 Milagro fue elegida diputada provincial y en 2015 diputada del Parlasur, banca que no pudo asumir porque decidió quedarse en un campamento junto a su organización en la capital jujeña. Entonces fue detenida.

Su condición de indígena, morocha y humilde fue despreciada siempre por las castas criollas del norte, provincias en las que prima el rechazo de las clases sociales acomodadas y blancas a los pueblos originarios. Desde esa posición la combatió Gerardo Morales, primero como senador y, desde diciembre de 2015, como gobernador de Jujuy, cargo al que llegó como representante de la alianza derechista del presidente Mauricio Macri, con todo un aparato estatal, judicial, policial y penitenciario a su servicio, más el soporte de información y opinión casi totalmente favorable a la persecución.

La táctica de Morales, con un tribunal de justicia impuesto por él, fue inventar causas diferentes, sin pruebas, que luego fueron cayendo, e inmediatamente abrir nuevas, en las que se la acusa de corrupción y de asociación ilícita, entre otros delitos.

Pero el 27 de octubre de 2016, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de Naciones Unidas emitió una resolución en la que instó al gobierno de Macri a liberar inmediatamente a Milagro Sala[1]. “La detención de la señora Sala fue arbitraria ya que se dio como resultado del ejercicio de sus derechos humanos reconocidos por los artículos 19 y 21 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así como 19 y 20 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, expresa el documento de ONU.

Agrega que “a la señora Sala se le obstaculizó el derecho a la defensa jurídica por diferentes medios” y decide lo siguiente: “Conforme al derecho internacional aplicable, la víctima tiene derecho a buscar y obtener reparaciones del Estado, lo que incluye la restitución, compensación, rehabilitación y garantías de no repetición. En consecuencia el Grupo de Trabajo solicita al Gobierno de la República Argentina liberar de inmediato a la señora Milagro Sala y conceder una reparación adecuada, incluida una compensación”.

La resolución, que recibió el respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fue repudiada por el oficialismo, que la consideró no vinculante pese a los tratados internacionales firmados por el país. Sala lleva más de un año de detención ilegal y arbitraria.

Otros militantes de la organización, incluido su marido, han estado presos o lo siguen estando por causas que son jurídicamente insostenibles o que han sido armadas con la intención de destruir el trabajo de la Tupac Amaru. También son acosados sus hijos, judicial y políticamente, en medio de un clima de temor e intimidación, que en sí mismo niega que en Jujuy tenga vigencia real el Estado de Derecho.

Parte de las irregularidades en las que transcurre su detención quedaron patentes el día de su cumpleaños, cuando las autoridades del penal prohibieron que le fueran entregadas miles de postales afectuosas enviadas en el marco de la campaña “QueridaMilagro”. El artículo 158 de la ley 24660 establece que todos los presos tienen derecho a recibir y enviar cartas o encomiendas.

Sus abogados y ella misma, en una comparecencia ante la justicia, denunciaron hostigamiento. Por ejemplo, la decisión de no permitirle continuar con la psicóloga de oficio que la visitaba. “A la psicóloga le iniciaron un sumario porque hubo un informe que decía que ella la fortalecía a Milagro”, explicó la abogada Elizabeth Gómez Alcorta.

En los últimos días de febrero, mientras Macri se encontraba en Madrid y Podemos exponía ante los medios lo que sucedía en Jujuy[2], Sala intentó clavarse unas tijeras. “Al ser informada sobre las tres nuevas causas armadas en su contra por sus persecutores, Milagro tuvo una crisis en medio de la cual intentó clavarse una tijera en su abdomen. Esta situación fue desbaratada por las internas que estaban junto a ella”, informó la Tupac Amaru.

A su vez, Macri hizo en España una invitación a organizaciones de derechos humanos a que visiten Jujuy para “mirar con sus propios ojos lo que se está haciendo”.

El rol de los medios

Sin dudas, todo este proceso de ilegalidad en el que se ha incurrido no habría sido posible sin el apoyo de la estructura de medios hegemónicos que no logró desbaratar el gobierno de la presidenta Kirchner y que cobró mayor poder con la llegada de Macri al poder, en diciembre de 2015.

La detención de la dirigente social es aplaudida de mil maneras por los medios privados principales del país y sus columnistas. Algunos de ellos han llegado a escribir que “tal vez” hubo “desprolijidades” en los procesos judiciales, para afirmar que aún así debe continuar prisionera. Tocando extremos grotescos, también afirmaron que los pronunciamientos de la ONU y de la OEA para reclamar la liberación de Milagro Sala se deben a un “entramado” que el kirchnerismo dejó en los organismos internacionales. Acusaron al secretario general de la OEA, el uruguayo Nicolás Almagro, de haber pedido la liberación para “devolver el favor” del voto argentino para el cargo, expresado durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

“Esta campaña de mentiras, manipulaciones y afirmaciones absurdas posibilitó que una porción significativa la población haya sido convencida de que Milagro Sala es culpable de delitos que no están demostrados y permitió que un gobernador y las instituciones policiales y judiciales que están bajo su puño de hierro actuaran en la provincia de Jujuy pisoteando el Estado de Derecho”, sostuvo la organización Comunicadores de la Argentina (COMUNA).

“Libertad a Milagro Sala” se ha convertido en un grito permanente de las organizaciones de derechos humanos y de las y los ciudadanos que saben que en ella y en los otros presos y presas políticos de la Tupac se concentra un extremo de la injusticia. Los otros cinco presos políticos de la Tupac son Gladys Díaz, Mirta Aizama, Alberto Cardoso, Mirta Rosa Guerrero y Graciela López. Todos fueron encarcelados en el transcurso de 2016.

“Solaparon, desollaron un sentido elemental de lo injusto cuando encarcelaron a Milagro Sala sin argumentos válidos, que fueron a buscar después, apurados e inveraces. Justicia a posteriori, pero primero encarcelar, y con el criterio amigo-enemigo, que le criticaron a los otros”, escribió el sociólogo y ex director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, en el diario Página/12.


Irma Parentella es ex diputada nacional e integrante del Comité por la Libertad de Milagro Sala.

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.


NOTAS:

  1. Artículo “La ONU reclamó al Gobierno la ‘liberación inmediata’ de Milagro Sala”, publicado el 28/10/2016 en Página/ 12, www.pagina12.com.ar.
  2. Ver el artículo “¿Quién es Milagro Sala, el nombre con el que Unidos Podemos recibió al presidente Macri?”, de Natalia Chientaroli (22/02/2017), en www.eldiario.es.

Print Friendly

Un pensamiento en “Milagro Sala, presa política. El aparato estatal y los medios empequeñecen la justicia en Argentina”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *