Movimientos ecologistas y mapuche en el Chile post-dictadura

En el contexto de un continente históricamente expoliado para el beneficio económico de distintas élites, los efectos sobre las sociedades originarias y sobre el medio ambiente son desastrosos. En ese sentido, cobran una especial importancia los movimientos sociales que abogan por el cuidado y los derechos del medio ambiente, así como las organizaciones y grupos indígenas que reivindican los suyos. Esto hace muy interesante y relevante el análisis en torno a las confluencias y a las estrategias y acciones compartidas que puedan darse entre indígenas y ecologistas. En este caso, el análisis lo situamos en el marco específico de Chile.

En el contexto latinoamericano hay dos movimientos sociales que han cobrado especial relevancia en los últimos años, como sostiene Maristella Svampa[1]: el movimiento de defensa del medio ambiente y el movimiento indígenacampesino. Otro de los movimientos fundamentales es el feminista, que no abordaremos en este artículo, pese a sus indispensables aportaciones, por motivos de espacio. Los diagnósticos de autores como Aníbal Quijano[2], Mª Alejandra Ciuffolini, Candela de la Vega[3], José Bengoa[4] y Eduardo Gudynas[5], entre otros, destacan precisamente que es en las sociedades de América Latina donde desde las décadas de los años ochenta y noventa estos movimientos han adquirido un rol determinante. A pesar de ello, sería imprudente pensar en movimientos homogéneos y estáticos. Desde el conservacionismo hasta el ecologismo político, y desde el indigenismo hasta las posturas más combativas y autonomistas, existe una variedad que hace imposible un único análisis.

El pueblo indígena mayoritario en Chile es el mapuche, localizado sobre todo en la capital y sus alrededores (a raíz de las migraciones desde el ámbito rural a las ciudades) y en regiones del sur como la IX, la X y la XI. Es también un pueblo indígena importante en Argentina. Estas regiones sureñas de Chile también son unas de las zonas en las que más interés muestran las organizaciones de defensa medioambiental nacionales e internacionales[6]: tan solo el Mapa de conflictos socio-ambientales del Instituto Nacional de Derechos Humanos chileno[7] registra 22 grandes conflictos socio-ambientales en las cinco regiones más australes del país, todos ellos posteriores a 1990.

Conflictos ambientales y políticos

Esto nos lleva a otro plano, el del contexto político de Chile. Tras la dictadura de Pinochet (1973-1989) se da una apertura considerable en el ámbito socio-político, ya que hasta entonces uno de los únicos sitios libres de la persecución política eran las organizaciones no gubernamentales. Entre estas ONG se encontraban las defensoras de un conservacionismo que ya venía organizándose desde la década de los 50 y que abogaba por el cuidado de la naturaleza pero sin establecer ningún tipo de relación entre los problemas ambientales y los socioeconómicos. Así, durante la época dictatorial muchas de las ONG conservacionistas cobraron relevancia, algo que hoy todavía resulta patente.

Más tarde, durante la última década del siglo XX, se observa una triple escisión entre los actores defensores del medio ambiente[8]. Aparecen las organizaciones ambientalistas, actores que sí aceptan la idea de una relación entre esos dos campos pero no cuestionan el modelo de desarrollo vigente y priman las iniciativas de sensibilización y planificación. Por último, estarían las ecologistas, que además de relacionar las crisis ambiental y socioeconómicas critican el modelo de desarrollo y fomentan la movilización popular.

Aún así, no todos los movimientos se parapetaron tras el refugio de las ONG, como muchos grupos mapuche. Este pueblo ya reivindicaba su autonomía antes de la llegada de las tropas españolas[9]. Tras la experiencia de los parlamentos en los que la Corona reconocía la autonomía mapuche al sur del río Biobío, con la llegada de la independencia y a través de las campañas militares de la Guerra del Pacífico y la Pacificación de la Araucanía, esos parlamentos quedaron inutilizados. Comenzaron procesos de usurpación de tierras indígenas y de minifundización y pauperización del pueblo mapuche. Ya a principios del siglo XX se observan las primeras organizaciones indigenistas, creadas por actores no indígenas pero dirigidas a proteger sus derechos. El movimiento mapuche tuvo desde estos inicios una particular perspectiva desde la cual entendían las alianzas de forma pragmática, sin vincularse a largo plazo con ninguna facción política, e incluso con iniciativas de creación de partidos políticos propios. Aún así, tras la victoria electoral de Allende el movimiento indígena vivió un des plazamiento hacia la izquierda, que según Bonet i Martí sigue la lógica del aprovechamiento de una ventana de oportunidad. Esto cambió con el golpe de Estado de 1973, tras lo que la situación de los mapuche empeoró ostensiblemente por la represión, paralizándose también los procesos institucionales y con iniciativas como la contrarreforma agraria, la división de tierras indígenas o la plantación de árboles exóticos.

De hecho, es el movimiento mapuche uno de los que, a pesar de la recuperación de la institucionalidad democrática, más fuertemente han denunciado que se hayan mantenido enclaves autoritarios como la Ley Antiterrorista o la propia Constitución. Los escasos avances por parte de la clase política y las instituciones (la Ley Indígena de 1993 y Corporación Nacional de Desarrollo Indígena o CONADI) han generado dos tipos de reacción dentro del movimiento mapuche: por una parte, encontramos a organizaciones que realizan prácticas no-convencionales, más allá de las instituciones democráticas liberales, víctimas de la represión y que salvo excepciones se han organizado fuera de las estructuras y de forma autónoma; en segundo lugar, las que actúan como instituciones convencionales, como partidos políticos o grupos de presión. Aylwin habla de una evolución en la década de los 90 en la que las comunidades mapuche fueron adquiriendo conciencia de sus derechos, a raíz de lo cual sus discursos han evolucionado a una reivindicación de territorialidad y de “derecho a un desarrollo político y cultural autónomo”[10].

Puntos de encuentro

Teniendo en cuenta la gran diversidad de estos y otros movimientos, y a pesar de que muchas veces existen entre los ecologistas y los indígenas “intereses parcialmente contradictorios”[11], también encontramos puntos de encuentro y confluencias que a veces han dado lugar a estrategias y acciones compartidas. Para profundizar en esta cuestión hemos analizado la visión de cuatro actores que quizás nos acerquen más a la realidad chilena.

El Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA) se dedica desde 1991 al asesoramiento de comunidades y seguimiento de conflictos ambientales. Además de vincular los problemas ambientales con los sociales, se centran en el empoderamiento de las comunidades para otro tipo de desarrollo, entre ellas las mapuche. Patagonia Sin Represas (PSR), por su parte, es un movimiento creado por el empresario ecologista Douglas Tompkins (famoso por sus donaciones en Chile) y activo desde 2007, centrado en los problemas medioambientales relacionados con centrales hidroeléctricas y situado en la Patagonia, tierra en la que habitan gran parte de las comunidades indígenas mapuche (destaca el reciente caso del proyecto HidroAysén). PSR también aborda la necesidad de un desarrollo alternativo que tenga en cuenta los factores culturales.

También hemos tomado como recurso las dos mayores fuentes de documentación en línea que hemos encontrado dentro del movimiento mapuche: el Enlace Mapuche Internacional (EMI) y el Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu (Ñuke Mapu). El EMI es una plataforma que recoge intervenciones y presentaciones realizadas en instancias internacionales denunciando la violación de Derechos Humanos y la discriminación de los mapuche. Tiene sede en Bristol (Reino Unido) y fue fundado en 1996. El Centro Ñuke Mapu es un programa de la Universidad de Uppsala (Suecia) que se dedica al estudio e investigación del pueblo mapuche desde 1996.

La primera conclusión que podemos extraer del contexto y de la situación general entre 1990 y la actualidad es que tanto la explotación de los recursos naturales y la degradación ambiental como la represión ejercida contra el pueblo mapuche son dos fenómenos con una estrecha relación entre sí. La expropiación de tierras mapuche y la anulación de sus demandas ha sido uno de los caminos utilizados para la apropiación y explotación de recursos como el agua o los bosques, algo en lo que se profundizó durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Se podría considerar que esto supone el detonante para que los dos movimientos que estamos analizando hayan tomado, a finales del siglo pasado, ciertos derroteros estratégicos como la actividad principalmente mediante ONG o a través de asociaciones supuestamente apolíticas. En el caso de los grupos mapuche, a pesar de que ha habido grandes excepciones ligadas a partidos políticos y teniendo en cuenta el impacto mediático y las consecuencias de las diferentes acciones, las vertientes más importantes se han dado en movimientos más bien autónomos como el Consejo de Todas las Tierras. Esto no sería trasladable al ámbito del medio ambiente, ya que a pesar de que con la llegada de actores como el OLCA se da un reforzamiento de la vertiente ecologista, es menor en comparación con el caso mapuche: la discusión ambiental acaba siendo acaparada por instituciones públicas u organizaciones muy vinculadas a las mismas (como la Corporación Chile Ambiente).

Con el paso del tiempo no se aprecia un cambio significativo en lo que a los actores ecologistas se refiere. Las instituciones han mantenido su postura de inacción y el movimiento ecologista ha sido prácticamente absorbido o repelido por las estructuras políticas y ha visto su acción reducida a la modos, la posición institucional ha podido favorecer un reforzamiento de las posturas más opuestas al modelo de desarrollo vigente y en la creación de Patagonia Sin Represas se puede adivinar una deriva hacia el ámbito de las redes de alianzas internacionales

El movimiento mapuche, por el contrario, sí que parece haber sufrido un cambio discursivo y organizativo. La creciente desconfianza hacia la institucionalidad ha aumentado y consolidado iniciativas de un movimiento mapuche autónomo con estrategias de acción al margen de la misma

A pesar de estas diferencias, desde el inicio de la década de 1990 observamos que existen dos grandes temas en los que tanto unos como otros centran gran parte de su atención y que van cobrando cada vez más importancia: las explotaciones forestales y las centrales hidroeléctricas. En los documentos dedicados a estos casos se plasma la mala gestión institucional, varias irregularidades y una clara falta de imparcialidad en las políticas públicas, en la que caen también instituciones indígenas como la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI)

En los documentos consultados destacan las referencias mutuas entre los movimientos. El caso más relevante es el de las protestas contra el proyecto hidroeléctrico Ralco, realizadas conjuntamente entre el Grupo de Acción por el Biobío o GABB y las comunidades mapuche. Estas protestas supusieron un hito en cuanto a alianzas se refiere, ya que implicó una reactivación del movimiento mapuche. Aún así, este acontecimiento estuvo también marcado por las tensiones y divergencias entre mapuches y ecologistas: según uno de sus integrantes, por ejemplo, la falta de visión del GABB produjo una reacción de oposición por parte de algunas comunidades y organizaciones indígenas. Esto último a su vez da cuenta de una fragmentación dentro del movimiento mapuche que también aparece en el caso de la explotación forestal de Lumaco

No podemos, por tanto, hablar de alianzas permanentes y estables entre el movimiento ecologista chileno y el movimiento mapuche. Por un lado, existen factores externos que dificultan la acción de los movimientos. En primer lugar, la represión y criminalización contra el movimiento mapuche y su memoria histórica han generado una fragmentación y una desconfianza que dificultan las alianzas con otros tipos de organizaciones. Además, las mismas empresas energéticas o forestales han provocado también fragmentaciones importantes mediante promesas de desarrollo incumplidas, amenazas o argucias. En segundo lugar, las mismas instituciones han promovido también políticas agrícolas, energéticas y extractivistas que han incluido la acción de empresas y que han absorbido o perseguido las iniciativas ecologistas más críticas con el modelo de desarrollo.

Los esfuerzos por introducir la perspectiva ecologista en la nueva institucionalidad democrática fracasaron; la doctrina del crecimiento económico y de un modelo de desarrollo unidireccional se ha impuesto[12]. Por si fuera poco, hay ciertos factores internos que también podrían dañar las oportunidades de alianzas duraderas. Es el caso de la estrategia pragmática del movimiento mapuche y del refuerzo, en los últimos años, de sus iniciativas por un movimiento autónomo. Así mismo, muchas de las organizaciones ecologistas han sido absorbidas por redes internacionales o convertidas en microempresas[13], por lo que el movimiento ecologista sufre un debilitamiento importante que sin duda repercute en sus estrategias.


Eneko Gastaka es politólogo y colaborador de Aiaraldea y Paz con Dignidad.

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.


NOTAS:

  1. Svampa, Maristella (2011): “Extractivismo neodesarrollista y movimientos sociales: ¿Un giro ecoterritorial hacia nuevas alternativas?”, en M. Lang y D. Mokrani (eds.): Más allá del desarrollo, Quito, Fundación Rosa Luxemburgo y AbyaYala.
  2. Quijano, Aníbal (2005): “El movimiento indígena, la democracia y las cuestiones pendientes en América Latina”, en Polis, Santiago de Chile, Centro de Investigación Sociedad y Políticas Públicas, 10. Ver: polis.revues.org.
  3. Ciuffolini, Mª Alejandra; de la Vega, Candela (2011): “Conflictos ambientales en América Latina: una nueva oportunidad para pensar el Estado”, en Claroscuro, Rosario, Argentina, Centro de Estudios sobre Diversidad Cultural.
  4. Bengoa, José (2000): La Emergencia Indígena en América Latina, Santiago de Chile, Fondo de Cultura Económica.
  5. Gudynas, Eduardo (1992): “Los múltiples verdes del ambientalismo latinoamericano”, en Nueva Sociedad, Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert. Ver: ecologiasocial.com.
  6. Estenssoro, Fernando; Ulianova, Olga (2012): “El ambientalismo chileno: la emergencia y la inserción internacional”, en Si Somos Americanos. Revista de Estudios Transfronterizos, Santiago de Chile, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat.
  7. Ver: http://mapaconflictos.indh.cl.
  8. Gentes, Ingo (2003): “Derecho de propiedad ambiental y contribuciones al mejoramiento del manejo de los conflictos sobre recursos naturales en Chile”, en Problemas del Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía, México D. F., Universidad Nacional Autónoma de México).
  9. Bonet I Martí, Jordi (2014): “El movimiento mapuche en Chile: de la reivindicación por la tierra al reconocimiento como pueblo”, en Anuario de Movimientos Sociales 2013, Abadiño, Fundación Betiko. Ver fundacionbetiko.org.
  10. Aylwin, José (2000): “Los conflictos en el territorio mapuche: antecedentes y perspectivas”, en Revista Perspectivas, Santiago de Chile, Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile). Ver en: www.dii.uchile.cl.
  11. Rodríguez, Javier (2008): “Los movimientos indígenas en América Latina. Resistencias y alteridades en un mundo globalizado”, en Gazeta de Antropología, Universidad de Jaén). Ver en: www.gazeta-antropologia.es.
  12. Aldunate, Carlos (2004-2005): “Medio ambiente: demasiado lejos del public”, en Revista Ambiente y Desarrollo, Santiago de Chile, CIPMA. Ver en: www.cipma.cl. Baud, Michiel; Martínez-Alier, Joan; Sejenovich, Héctor (2015): “El ambientalismo y ecologismo latinoamericano”, en Baud, Michiel; de Castro, Fabio; Hogenboom, Barbara (coord.): Gobernanza ambiental en América Latina, Buenos Aires, CLACSO.
  13. Aldunate, Carlos (2001): El factor ecológico: las mil caras del pensamiento verde, Santiago de Chile, Libros Arces Lom. Estenssoro, Fernando; Ulianova, Olga (enero-junio, 2012), op cit. (ver nota 6).

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