La plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak como experiencia de articulación de luchas y reivindicaciones

La situación de las personas refugiadas en las fronteras de la Europa Fortaleza sigue agravándose día a día, aunque en los últimos meses los medios de comunicación masivos hayan desviado la mirada hacia otras problemáticas. A un año de la primera manifestación convocada en toda Europa por parte de la sociedad civil organizada es muy difícil hacer un balance positivo sobre el desenlace de la mal llamada “crisis de los refugiados” (más bien es “Crisis de la Unión Económica Europea”) que no implique la necesidad de seguir recordando la importancia por seguir reivindicando en las calles e instituciones el pleno cumplimiento de los Derechos Humanos de toda persona y evidenciar la ineficacia de las políticas migratorias europeas.

Fotografía: Beatriz Plaza Escrivà.

 

Desde que empezamos a nombrar al declive del capitalismo como “crisis multidimensional” hasta la actualidad, hemos vivido las consecuencias de todo ello en forma de violencia, precarización y una acentuación del individualismo desde el miedo. Si analizamos todo ello en el marco de la geopolítica podemos resaltar que todas estas manifestaciones han tenido un impacto diferenciado pero un objetivo en común: la extensión y afianzamiento del sistema neoliberal capitalista. Territorios que históricamente no tenían relevancia en las noticias de los grandes medios de comunicación occidentales, en los últimos años se nos han presentado como la cuna del terrorismo internacional. Lo que determinados medios invisibilizan de estos países son las grandes riquezas de sus tierras y su localización estratégica, características que han pasado a ser una maldición para sus habitantes. Quienes han vivido en estos territorios han sufrido y están sufriendo en sus cuerpos y vidas la parte más cruel de un sistema que necesita de la violencia y la destrucción para su perpetuación. Lo siguiente ha sido la guerra, el desplazamiento forzado, la inseguridad y el rechazo.

En las costas y países de la periferia de la Europa meridional se visibilizan los mayores escenarios de la experiencia migratoria, entendidos por la Unión Europea (UE) como “espacios marginales” en los que aplicar medidas excepcionales. En los últimos tiempos estamos viendo cómo estas medidas excepcionales se han estado elaborando e imponiendo desde perspectivas políticas conservadoras y retrogradas que han supuesto un fortalecimiento de las fronteras y un cierre masivo de las puertas comunitarias, dando pie a la llamada Europa Fortaleza. El objetivo: contener y evitar la entrada a suelo europeo del mayor número de personas. La idea de la que parte se resume en la frase: “aquí no hay más sitio”; la ideología motriz, el neofascismo; su manifestación, la xenofobia.

Frente a todo ello se encuentra la sociedad civil, crítica con esta postura, intentando organizarse para confrontar las políticas represivas, tratando de evidenciar la necesidad de pasar a la práctica, desde la coherencia política y la solidaridad internacional, e impulsar acciones que impliquen el reconocimiento de la dignidad humana y aporten soluciones. En medio, en territorio de nadie, se encuentran las personas refugiadas, que viven con la incertidumbre de no saber cuál será su próximo destino.

Si nos permitimos pararnos y analizar el contexto político, social y económico que nos atraviesa en nuestra cotidianidad, nos va a ser fácil comprender que estamos viviendo un momento clave en el que la capacidad de revertir el sistema capitalista neoliberal pasa por la necesidad de poner en común y al servicio de la lucha colectiva los acopios que nos ha servido para nutrir nuestras particulares reivindicaciones. Desde el ecologismo, el anticapitalismo, el feminismo o la diversidad sexual y de género, hemos generado estrategias, instrumentos y herramientas que nos sirven para repensar otro modo de vida colectiva. Avanzar en el camino conjunto, generar sinergias y poner en práctica toda esa artillería de propuestas alternativas que nos permitan revertir el actual sistema desde una visión holística, es sin duda, el mayor reto al que nos enfrentamos.

Fotografía: Beatriz Plaza Escrivà.

 

Crisis del proyecto europeo
y decadencia en las políticas migratorias

En la actualidad la Europa Fortaleza mantiene su statu quo pasando por encima de las personas que mueren en las rutas y fronteras huyendo de diferentes tipos de violencia, algo que se debe en parte a la tecnologización y militarización que se ha ido adoptando en diferentes sitios clave de los itinerarios migratorios. Pero lo terrible de todo ello es que son muertes evitables pero necesarias para la perpetuación de un sistema que necesita alimentarse de terror y miedo, que necesita reforzar la idea de diferencia como amenaza. Como muestra, basta comprobar el auge y protagonismo que están teniendo los movimientos de extrema derecha en diferentes países de la Unión Europea.

Englobar todos estos movimientos poblacionales bajo el epígrafe “crisis de los refugiados” conlleva la traslación de la responsabilidad de los desplazamientos a aquellas personas que están sufriendo en sus propias vidas una violencia de la que huyen. Asimismo, esta denominación tiende a invisibilizar y a no reconocer la responsabilidad de la UE y los grandes organismos internacionales, como Naciones Unidas, en cuanto a la violación sistemática de los Derechos Humanos. Este no reconocimiento y la ausencia de una responsabilidad en materia humanitaria implican que las políticas que están marcando el devenir de las personas refugiadas sean ineficaces, no garanticen su propia supervivencia ni mejoren sus condiciones de vida.

En el intento de responder a la mal llamada “crisis de los refugiados”, dos de las palabras que más se han escuchado en los exaltados debates en el Parlamento Europeo han sido los conceptos “reubicación” y “reasentamiento”. Antes de seguir, es necesario recoger de forma breve la diferencia entre ambos conceptos.

El reasentamiento hace referencia al proceso mediante un tercer país, diferente al país donde la persona refugiada ha huido y diferente al primer país donde ha llegado. Por ejemplo, Canadá podría ofrecer a una refugiada de Siria que se encuentra en un campamento de Jordania la condición de refugiada. La reubicación, en cambio, consiste en un proceso intracomunitario mediante el cual se transfiere a las personas solicitantes de asilo de un Estado miembro de la UE a otro, siempre que se encuentren ya en suelo europeo. La reubicación, por tanto, implica que los Estados miembro acuerden asumir la gestión de algunos procesos de asilo iniciados en territorios diferentes a los suyos pero que forman parte del suelo comunitario. La reubicación haría referencia a las cuotas que se establecieron entre los diferentes países que forman parte de la UE, en el proceso de distribución de la población refugiada que estaba llegando a territorio griego. Y fue una de las medidas presentadas por la Comisión europea en septiembre de 2015 como una primera respuesta urgente a la que mal llamaron “crisis migratoria”.

Fotografías: Beatriz Plaza Escrivà.

Según el informe sobre reubicación y reasentamiento publicado por la Comisión Europea el 1 de septiembre de 2016, de los 160.000 personas solicitantes de asilo inicialmente previstas, menos de 5.000 personas han sido reubicadas (1.020 salidas desde Italia y otras 3.453 desde Grecia). Esto implica un porcentaje ínfimo frente al objetivo recogido en el informe y nos permite evidenciar la ineficacia del mecanismo de reparto. Esta “ineficacia” se debe a que no hay voluntad política por parte de los Estados, a que el sistema de reubicación comunitario está basado en la falacia de que los sistemas de asilo de los países europeos son iguales entre sí[1], y a que no existen mecanismos que permitan atender las necesidades lingüísticas, culturales, ni las circunstancias de las personas refugiadas (lo que ocasiona que las personas tiendan a reubicarse por sí solas en países donde piensan que pueden integrarse más fácilmente o donde poseen redes familiares o de amistad). Todas estas cuestiones dificultan los procedimientos y ralentizan la búsqueda y la puesta en marcha de soluciones comunitarias, evidenciando la falta de mecanismos para el cumplimiento de los Derechos Humanos y acentuando aún más la actual crisis humanitaria.

A todo esto se suman los mecanismos de reforzamiento y control de las fronteras, entre los que destacan los llamados hotspot. Los hotspot son puntos localizados en las fronteras exteriores de la UE que tienen la finalidad de identificar y seleccionar entre los flujos migratorios, clasificando a la población que llega entre personas “migrantes económicas” y solicitantes de asilo. Esta clasificación se realiza basándose, sobre todo, en la nacionalidad de la persona, lo que vulnera de forma directa el artículo 3 de la Convención de Ginebra, que hace referencia a que se deberá tratar a toda persona con humanidad sin distinción alguna de índole desfavorable basada en el nacimiento, entre otros criterios análogos. En los últimos meses los hotspot han proliferado principalmente en Italia y Grecia, convirtiendo el archipiélago griego en espacios de tránsito en donde se identifican, seleccionan y detienen a personas de forma impune.

Estos y otros mecanismos dejan en evidencia el mal diagnóstico y la nefasta adopción de políticas comunitarias en materia migratoria. Somos conscientes de que lo relatado hasta el momento es solamente la punta de un iceberg formado cínicamente y en el que queda patente la prevalencia de los intereses económicos sobre el reconocimiento y el cumplimiento de los Derechos Humanos.

La experiencia de
Ongi Etorri Errefuxiatuak – Bizkaia

En la otra orilla ideológica en cuanto al debate de qué hacer frente a la situación de las personas refugiadas que están llegando a territorio europeo se encuentran organizaciones, asociaciones y movimientos sociales que desde hace tiempo vienen reivindicando la necesidad de repensar el modelo europeo en materia de políticas migratorias para lograr soluciones íntegras y acordes con el reconocimiento de la dignidad de las personas migrantes y refugiadas.

El 27 de febrero de 2016 se realizaron manifestaciones y concentraciones en diferentes ciudades europeas para denunciar el maltrato y la indiferencia hacia las personas migrantes y refugiadas que desde hacía tiempo llegaban a territorio comunitario por diferentes vías. De esta forma surgió la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak/ Bienvenida a las personas refugiadas (OEE), en Bizkaia.

A un año de todas estas movilizaciones, desde OEE echamos la vista atrás y repensamos en términos de incidencia política nuestro activismo. Nos entristecemos al ver que la situación en los campos para personas refugiadas sigue siendo deplorable y atenta contra los Derechos Humanos; vemos que la aplicación de las políticas migratorias de la UE aún generan más desolación y agudizan la precarización de las fronteras; y comprendemos que hay que buscar las raíces y repensar políticamente el origen de todas estas vulnerabilidades.

En este tiempo nos hemos vuelto plenamente conscientes entre otras cosas de que nuestra capacidad de movilización e incidencia pasa inevitablemente por la articulación de lo local y lo global; así como de que es necesario trabajar conjuntamente para poner en valor el cuidado de un espacio de encuentro colectivo permeado totalmente por la pluralidad de perspectivas, enfoques y manifestaciones de activismo que tienen en común la reivindicación de un cambio de modelo hacia otro en el que se respeten los Derechos Humanos y que pretenda el reconocimiento de la dignidad humana y ponga garantías para su cumplimiento. En esta trayectoria, muchas pensamos que tal vez este sea uno de los espacios que nos permita caminar colectivamente hacia la construcción de otro modo de vida diferente al heteropatriarcado capitalista.

En lo referido a la articulación local-global, contamos con diferentes experiencias que nos han servido para reforzar y dotar de contenido el discurso sobre la importancia de unificar luchas y expandirnos hacia otras latitudes para reconocernos y generar alianzas que nos permitan trabajar conjuntamente. Destacamos dos de estas experiencias: la Caravana a Grecia (julio de 2016) y la IV Marcha por la Dignidad (Ceuta, febrero de 2017).

En el primer caso, viajamos a Grecia en cinco autobuses que partieron desde diferentes sitios de la península para denunciar la política migratoria y la atención que se estaba dando a la población refugiada por parte de la UE. Fuimos recorriendo diferentes ciudades de Francia, Italia y Grecia, en las que nos encontramos con otros movimientos feministas y en defensa de la población migrante y refugiada, con los que logramos establecer lazos de solidaridad.

La segunda experiencia que destacamos es la IV Marcha por la Dignidad. El 6 de febrero de 2014 quince personas murieron en la playa ceutí de Tarajal mientras intentaban llegar a territorio europeo, debido a la violencia con la que fueron recibidas por parte de la policía. En recuerdo de estos hechos se realiza anualmente una marcha que sale de la céntrica plaza de África hasta la playa Tarajal. Este año, un grupo de personas activistas en la plataforma OEE viajamos hasta el continente africano con el objetivo de sumarnos a la marcha, extender nuestra solidaridad y denunciar las violaciones sistemáticas que se dan en la frontera sur de España.

En la actualidad estamos trabajando en la planificación de dos actividades que guardan relación con el enfoque local-global: el Encuentro Internacional por el 80 aniversario del bombardeo de Gernika y la Caravana Frontera Sur.

En 2017 se cumplen 80 años del bombardeo que arrasó gran parte de la costa vasca, y en especial de Gernika. Desde la plataforma OEE queremos ir más allá de la ayuda humanitaria, en nuestra convicción de que la denuncia política es el motor de cambio hacia la justicia y la dignidad de todas las personas. No podemos consentir que las fronteras se conviertan en espacios de detención, deshumanización y muerte. Es por esto que, a la vez que conmemoramos el 80 aniversario del bombardeo, queremos invitar a todas las personas a que los días 29 y 30 de abril[2] asistan al encuentro en Gernika, reivindiquen de nuevo el “No a la guerra” y sigan expresando que las personas migrantes y refugiadas son bienvenidas.

Fotografía: Ecuador-Etxea.

A la vez, continuamos preparando una nueva caravana de solidaridad y denuncia. Si el año anterior se organizó la caravana a Grecia, en 2017 nuestra mirada está puesta en la frontera sur de España. En esta ocasión se prevé que en julio salgan autobuses de diferentes localidades de la península hacia Melilla. Será la Caravana Frontera Sur, que denunciará las violaciones de Derechos Humanos y manifestará que somos una gran parte de la sociedad civil las personas que estamos organizadas para demandar que se abran las puertas de esta Europa Fortaleza y se terminen las muertes en los mares y fronteras.

En todo este camino aún nos quedan muchos desafíos y debates que afrontar, sin duda, pero también es cierto que mientras sigamos caminando de forma acompasada cada vez sumamos más las personas que reivindicamos y seguimos trabajando desde nuestro activismo diario por un cambio de modelo. No tenemos una imagen completa de cómo será este nuevo modelo, tal vez sea temprano para ello, pero estamos seguras de que inevitablemente estará atravesado por el feminismo, el cuidado, el reconocimiento, el bienestar colectivo y la solidaridad internacional, pues estas son las piedras que iniciaron nuestro andar.


Beatriz Plaza Escrivà (@BeaPlazaE) es activista en la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak (OEE).

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.


NOTAS:

  1. No existe un régimen de asilo común, por lo que cada país mantiene sus propias condiciones de acogida, procedimientos y criterios para otorgar el estatuto de persona refugiada.
  2. Para más información: ongietorrierrefuxiatuak.info/gernika2017 / gernika2017@ongietorrierrefuxiatuak.info.

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *