Impactos del TTIP en la agricultura y ganadería del Estado español: de la seguridad y calidad alimentaria a la comida basura

El sector agroalimentario es una parte pequeña dentro del conjunto de las negociaciones de Tratado Trasatlántico de Libre Comercio entre EEUU y la UE (TTIP). Pero, desde nuestro punto de vista, esencial y estratégico para la ciudadanía, pues está en riesgo la calidad y seguridad de nuestra alimentación diaria, un modelo alimentario y agrario sostenible de carácter social, la preservación del medio ambiente y rural, nuestra propia capacidad de decisión y por lo tanto, la soberanía alimentaria.

El sector agrario y alimentario resulta también estratégico por ser la nueva burbuja especulativa y depredadora de los grandes fondos de inversión, las grandes cadenas de distribución alimentaria y las multinacionales agroexportadoras, que presionan a los Gobiernos en favor de políticas desregulatorias de los mercados mundiales, que les permitan operar a sus anchas, extendiendo su control y dominio absoluto sobre la producción y el comercio de los alimentos. Su presión es feroz a favor de TTIP.

Las filtraciones constatan que se están negociando en materia agroalimentaria incluso las “líneas” que responsables comunitarios consideran “rojas”. Es decir aquello que la ciudadanía, de manera ampliamente mayoritaria no aceptaría. Por ejemplo: los estándares de seguridad alimentaria europeos, muy superiores a los americanos y que deben constituir una línea de defensa que no se debe traspasar. Pues bien, si se negocian no es para imponérselos a los EEUU, sino para acordar mayor “flexibilidad”.

¿Están convencidos acaso la Comisión Europea, el Consejo y loseuroparlamentarios y europarlamentarias de que la ciudadanía de la UE está deseando que se abran nuestros mercados alimentarios a las carnes hormonadas con anabolizantes autorizadas en EEUU? ¿O a los productos lácteos elaborados con leche producida con la inyección a las vacas de la hormona rBST para multiplicar la producción, como se hace en América? ¿O los pollos y otras carnes cloradas para su higienización? ¿O a la sarta de antibióticos inoculados a los animales, aquí prohibidos y allí autorizados? ¿O a la entrada de un aluvión de productos transgénicos y la autorización masiva de su producción en Europa, tumbando el principio básico de precaución? ¿Y también al recorte en nuestra normativa higiénico-sanitaria, de bienestar animal y de trazabilidad de los alimentos?

¿También desea la ciudadanía europea que nuestras producciones de calidad diferenciada con denominaciones de origen, indicaciones geográficas protegidas, lábeles de calidad y otras figuras, no sean reconocidas por EEUU y no se respeten sus códigos de calidad?

Es decir, las y los responsables políticos e institucionales de la Unión Europea, ¿van a ser tan falsarios e hipócritas de establecer un doble rasero: exigir aquí producciones con los mayores estándares de seguridad y luego sálvese quien pueda en un mercado en el que todo vale?

Brutal impacto para el sector agrario del Estado español

El informe de Amigos de la Tierra sobre el impacto del TTIP en el sector agrario del Estado español, que ha contado con la colaboración de los servicios técnicos de COAG, dibuja con cifras un escenario muy negativo para nuestro sector agrario y la seguridad alimentaria de los 500 millones de ciudadanos y ciudadanas europeas. En este último aspecto, el citado informe apunta que los casos por intoxicaciones alimentarias por la bacteria E.coli son un 5.300 por ciento más frecuentes en EEUU que en la UE, en concreto una ratio de 82,5 casos por cada 100.000 habitantes en EEUU frente a testimonial 1,5 por cada 100.000 habitantes en Europa. La intoxicación por E.coli verotoxigenica suele darse a través del consumo de carne picada contaminada por la toxina que produce la bacteria. Ésta se aloja en el intestino de los animales y, si no se maneja de manera apropiada, la toxina pasa a la carne que después llega a la persona consumidora. Los síntomas de la intoxicación pueden ser más o menos peligrosos aunque, en el caso de niños, niñas y personas ancianas, pueden llegar a causar incluso la muerte. Es un ejemplo que ilustra en sí mismo los peligros de un posible acuerdo entre la UE y EEUU para el modelo agroalimentario de la UE y la apuesta estratégica de nuestro sector agrícola y ganadero por la calidad, la seguridad alimentaria, el bienestar animal y el respeto al medio ambiente.

En el informe se afirma que, en un escenario de eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias, las importacionesde EEUU podrían dispararse un 33,50 por ciento en carne de ave, un 3,98 en carne de porcino, un 966 en carne de vacuno, un 901 en leche en polvo y un 988 por ciento en quesos.

En el caso de España el análisis subraya un impacto especialmente negativo en los sectores de vacuno de carne, porcino, leche, frutas, hortalizas y cereales:

  • Cereales: el TTIP beneficiaría las exportaciones estadounidenses de trigo de calidad baja y media y de maíz, cuyo destino es la alimentación animal. El desmantelamiento arancelario podría impulsar las exportaciones de cereales de EEUU a la UE un 122 por ciento, provocando un descenso del valor agregado agrícola de los cereales en la UE, que en España podría llegar a un 6,4 por ciento, uno de los mayores.
  • Frutas y hortalizas: la principal cuestión en el sector son los aspectos no arancelarios. Se trata de regulaciones diferenciadas en ambas zonas en temas fitosanitarios o burocráticos. En la actualidad la exportación europea de frutas y hortalizas a EEUU se basa en una autorización por parte del APHIS (Servicio de Inspección de Sanidad Vegetal y Animal de EEUU) planta por planta, Estado miembro por Estado miembro y productor por productor de la UE. En cambio, para las importaciones estadounidenses a Europa, el sistema no requiere de una autorización individual, sino que la apertura sería para todos los países de la UE. Por tanto, de producirse un acuerdo de liberalización comercial, las producciones europeas se verían penalizadas y la entrada de productos estadounidenses en la UE sería mucho más sencilla que los envíos de la UE a EEUU. Por tanto, el argumento de que el TTIP es positivo para los intereses del sector de frutas y hortalizas no resulta veraz.
  • Vacuno de carne: según las previsiones el sector se vería gravementeafectado en caso de formalizarse el Tratado. A pesar de que EEUU es un destacado importador tanto de carnede vacuno como de bovinos vivos, sus principales proveedores a nivel internacionalde este tipo de productos son países que también permiten la utilización de métodos de producción prohibidos en la UE (Australia, Canadá, México yNueva Zelanda), como los promotores del crecimiento o las harinas cárnicas,por ejemplo. Esto hace que, como en EEUU, tengan costes de producciónmenores que los europeos y, por tanto, unos estándares de calidad muy bajos.
  • Leche: la imposibilidad de que los productos transformados europeospudieran competir en precio con los productos llegados de EEUU daría lugara un grave desequilibrio de mercado que se traduciría en excedentes deleche líquida que acabarían por venderse a países deficitarios de la Unión, como el nuestro, con el consiguiente riesgo de desplome de los precios en origen. Sería la puntilla para nuestros17.000 ganaderos y ganaderas tras la crisis que arrastran.

En síntesis, este informe demuestra una vez más la grave amenaza que supone el TTIP para la seguridad alimentaria, la agricultura y la ganadería europea. Es urgente avanzar hacia unas políticas económicas que garanticen el derecho a una alimentación sana y justa, que beneficie a las personas consumidoras y trabajadoras y proteja el medio ambiente. El TTIP supondría un retroceso sin precedentes en los derechos de las personas consumidoras, al tiempo que supondría una competencia desleal para nuestro sector agrícola en base a un modelo de producción como el de EEUU que permite la inyección de anabolizantes, antibióticos y hormonas de crecimiento en ganado o la utilización del cloro para desinfección de carnes (sustancias prohibidas desde hace años en la UE por sus perniciosos efectos).

Ante todo ello, rechazamos este Tratado y pedimos su paralización.En el supuesto de caso de que siguiera adelante, sería imprescindible que se votara y debatiera en el Parlamento Europeo y en cada uno de los 28 parlamentos de los países miembros de la UE. Así  podríamos ver si los y las parlamentarias responden con su voto a los deseos y necesidades de la ciudadanía o por el contrario se entregan a otros intereses más poderosos y mucho más beneficiosos… para algunos.


Miguel Blanco es secretario general de COAG.

Artículo publicado en el nº72 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2017.


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