La guerra (digital) por el control de la información en África

A finales de agosto aparecía corriendo por las calles de Lagos, la capital de Nigeria. Es tan accesible que no parece uno de ellos. Sí, uno de esos de puro tatuado en el labio inferior y que caminan detrás de sus barrigas felices, con sus tranquilos andares de hombres octogenarios. Él, no.

Se asoma al mundo con aires despistados. Metro setenta y uno, ojos azules, pelo castaño, corto y rizado. Camisetas grises o negras, vaqueros y zapatillas de deportes. Sonríe mucho. Habla chino mandarín de forma fluida. Y como ocurrió con otras guerras, conquistar los corazones es la mejor forma de ganar una batalla. Una población que libre se apresura a subir las últimas fotos y pensamientos en su invento. Mark Zukerberg, de 32 años, es el creador de la red social más grande del mundo. En el segundo trimestre de 2016, Facebook tenía 1.710 millones de usuarios y usuarias, lo que hace de esta plataforma una mina en la que sus clientes potenciales se inscriben de forma gratuita y se exponen con información que hasta el momento ninguna encuesta telefónica ni agencia de inteligencia había logrado. ¡Y al instante!

También parece preocuparse por la base de la estructura social como declaró a la cadena norteamericana CNN: “Hay tanta energía y potencial aquí que solo quiero caminar y conocer a la gente”. Más allá de la crónica social que editaron algunos diarios internacionales, noticas presentadas con una dosis de exotismo, en su viaje a Nigeria se reunió con desarrolladores web, personas emprendedoras y agencias de comunicación. Un modelo que después extendió a un segundo país en su gira africana: Kenia. Las repercusiones e implicaciones de que Zuck (como se le conoce en los círculos más cercanos) haya puesto el foco en el continente no es casual. Y mucho menos que haya sido en Nigeria, el país más poblado de África (más de 180 millones de personas) con 16 millones de personas usuarias al mes conectados a Facebook, y en Kenia, con 4,5 millones de usuarios y usuarias al mes. La narrativa dominante de empresas como Google o Facebook es que pretenden conectar a millones de personas, pero vamos a tratar de trazar otras vinculaciones que nos ayudarán a entender está dinámica que se insertaría en una guerra por el control de la información global. Un conflicto bélico que por uno de sus principales escenarios tiene al continente africano.

Paula Cabildo.
Paula Cabildo.

La carrera de armamentos digital ya ha llegado. En esta competición no importa quién tiene la razón, sino quién aguanta el ritmo. Y, en este apocalipsis digital inminente, el claro favorito es Facebook. Ha pasado más de un año desde que el gigante de las redes sociales se embarcara en una misión muy ambiciosa: conectar los dos tercios restantes del mundo a Internet.

El nuevo mercado de los gigantes tecnológicos

Google, Facebook, Microsoft, e IBM se encuentran instaladas desde hace años en África previendo ese aforismo exponencial y cacareado desde muchos sectores: “África crece. Y el futuro está allí”. Las razones de esta tendencia son en realidad bastante simples. África posee siete de las diez economías de más rápido crecimiento del mundo. En su conjunto, es una de las regiones de más rápido incremento económico en la tierra.

Estas empresas se encuentran frente a dos opciones que de forma especulativa les auguran beneficios desorbitados. En primer lugar, el crecimiento económico ha favorecido la aparición de una clase social con poder adquisitivo, una dinámica que las compañías tecnológicas, aunque no solo ellas, traducen meramente como cifras; como un nuevo mercado en el que los consumidores y consumidoras están hambrientos de sus productos. En segundo lugar, este nuevo paradigma presenta en África una infraestructura de acceso a Internet o a las redes móviles limitada y, además, la adopción de nuevas tecnologías se encuentra todavía en una etapa muy incipiente en enormes zonas del continente. Es por eso que las principales compañías están compitiendo por generar las condiciones propicias para alcanzar a las “masas”, y que estas circulen por las vías de una información controlada. Es decir, se pone de manifiesto que la dinámica de la comunicación de masas quedaría superpuesta siempre a las relaciones de poder.

  • Microsoft fue posiblemente la primera compañía global de tecnología en tomar un interés activo importante en África. Hace tres años, la empresa comenzó su iniciativa 4Afrika. El programa de 75 millones de dólares fue diseñado para capacitar a miles de africanos y africanas ya fuera para sus propios negocios o para alguna de las 22 oficinas que la compañía tiene repartidas por el continente. De forma paralela, el programa se centró en conseguir dispositivos inteligentes asequibles para millones de nuevos clientes.
  • Google ha implementado su proyecto Loon que, aunque no es exclusivo para África, sí que está pensado para conectar a las personas que habitan zonas remotas o rurales, para llegar a las zonas con falta de cobertura y para que una población determinada pueda volver a tener Internet después de una catástrofe. Además, Google tiene otras dos iniciativas notables en la región, Link y Digify. Link ha instalado cables de fibra óptica en Kampala, la capital de Uganda, y también en Accra, la capital de Ghana, con un mayor despliegue. Digify es un compromiso importante para capacitar digitalmente a un millón de africanos y africanas. La compañía además se ha asociado con proveedores chinos como Huawei o Transsion para producir teléfonos inteligentes de presupuesto reducido de menos de 100 dólares que ya se venden en Nigeria, Egipto, Ghana, Costa de Marfil, Kenia o Marruecos.
  • IBM ha abierto nuevos centros de investigación, invertido en empresas locales, financiado un programa de habilidades informáticas de 60 millones de dólares, y ha creado nuevas iniciativas diseñadas para impulsar el uso de grandes volúmenes de datos, análisis y computación en la nube.
  • Facebook ha aparecido más agresivo que sus competidores con el proyecto Internet.org. En el último año, la compañía ha trabajado en estrecha colaboración con más de una docena de operadores móviles de 17 países considerados emergentes en África y Asia. La iniciativa se ha implementado en Kenia, Sudáfrica, Tanzania, Senegal, Zambia, Ghana, Angola y Malawi. Uganda y Ruanda parecen ser los siguientes. Que comunidades aisladas y población empobrecida tengan acceso a la red de redes y a aplicaciones que mejoran la vida en diversos ámbitos como el de la salud, la energía o la agricultura no sería debatible. Pero sí, que esta iniciativa de Zukerberg haga una diferenciación entre sociedad de primera y segunda como veremos ahora.

Para muchos, Internet es una comunidad global, pero la realidad es que dos tercios de la población mundial todavía no tiene acceso. Así que la pregunta es, ¿para qué quieren conectar a tanta gente?

La filantropía del consumo

En abril de 2014, Google adquirió Titan Aeroespacial, un fabricante de aviones no tripulados con sede en México a la que Facebook había cortejado en un contrato de 60 millones de dólares. Al parecer, Google subió la apuesta y acabó con la compra quitándole la empresa a Facebook. Pero la determinación de Zukerberg no desvaneció. El gigante de las redes sociales compró Ascenta, una empresa con sede en Reino Unido por 20 millones de dólares (unos 14,5 millones de euros). El hecho de que no haya leyes reguladoras de drones en muchas partes de África (Sudáfrica es una excepción) hace que la aventura de Facebook sea aún más plausible. A pesar de que la colocación de  la infraestructura necesaria para la comunicación global va a ser extraordinariamente alta, la carretera parece que ya ha sido establecida: y se encuentra en el aire.

Tanto Facebook como Google, en su deseo de llegar a más personas online, explican su determinación en términos altruistas. Sin embargo, las empresas podrán ganar valiosos nuevos públicos para mostrar anuncios en un momento en el que, según los expertos de Internet, la competencia en los países occidentales es intensa. Google ha afirmado que sus globos Loon podrían ser rentables si las empresas de telecomunicaciones los alquilan para ampliar sus redes.

Paula Cabildo.
Paula Cabildo.

Esa mezcla de pensamiento y de caridad con visión empresarial ha supuesto un importante retroceso para una parte de la sociedad. El disfraz filantrópico del proyecto Internet.org de Zukerberg mantiene acuerdos con algunos operadores que ofrecen de forma gratuita acceso a Internet. Pero el acceso es a ciertos servicios, como el propio Facebook, el buscador de Google, Wikipedia, la BBC y otros servicios, entre ellos algunos locales con los que han llegado a acuerdos.

Es decir, no se ofrece acceso gratuito a Internet, sino a su Internet, el que ellos deciden, en una clara ruptura de la neutralidad de la red. En plena ola de protestas por esta discriminación, las empresas indias decidieron abandonar el proyecto en abril de 2015 y, en mayo del mismo año quejas similares estallaron en otros países, entre ellos Indonesia y Zimbabue. Internet.org ni ofrecía Internet a sus usuarios ni era un “.org”, lo que denotaría a una organización benéfica. Solo parecía ser un proxy encubierto para alcanzar a nuevos clientes de escasos recursos económicos. Frente a las críticas mencionadas, en septiembre de 2015 pasó a denominarse Free Basic.

La determinación de los gigantes es implacable. Los países productores de más energía están teniendo un crecimiento proporcional en sus economías. En el mismo sentido, las y los expertos pronostican una escasez mundial de alimentos y de agua dulce que debería ser más preocupante que la falta de conectividad a Internet. Pero se ha convertido en una guerra entre Facebook y Google, Google contra Microsoft y así sucesivamente. Los pueblos de zonas remotas no deberían ser propiedad de nadie solo porque “Zuck & Co” están buscando nuevos consumidores potenciales. Sin embargo, hay algunas ventajas que resultan de esta dura competencia, como las subvenciones en forma de planes de datos móviles a bajo costo o teléfonos inteligentes a precios reducidos.

El mercado de productos y servicios de las empresas de tecnología se encuentra saturado por lo que es comprensible que, enmarcado en la economía de mercado, los esfuerzos de publicidad se orienten a una población diferente a la del hemisferio norte. Por ejemplo, el mayor número de ventas de teléfonos inteligentes se están produciendo en la India o Filipinas. Nigeria, ese país en donde hace unas semanas se encontraba el creador de Facebook, es la segunda nación con la tasa más alta de suscripción al móvil; un margen relativamente pequeño y lejos del primer clasificado, la India. Pero ambos, considerados mercados emergentes.

Es difícil predecir qué calidad de acceso a Internet, y si aumentará todavía más la brecha digital, tendrán los próximos mil millones de usuarios y usuarias por los que estos gigantes de la tecnología están compitiendo. Lo cierto es que la información es poder y los datos son una especie de moneda. Los ganadores son los guardianes de esta valiosa información. Y Facebook está a punto de tomar ese papel.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Analista político sobre actualidad africana en la revista Mundo Negro. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº71 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2016.


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