En Argentina, crece la producción de biodiesel a partir de soja transgénica

Un fallo de la OMC reabre el mercado europeo para el biocombustible argentino. Pero lejos de ser una alternativa sustentable, se trata de un negocio que contamina y beneficia a un grupo de compañías multinacionales instaladas en ese país.

El biodiesel argentino podría volver al mercado europeo en los próximos meses gracias a un fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC). El organismo declaró ilegales los aranceles impuestos por la Unión Europea (UE) al biocombustible de ese país desde 2013.

Cerca del 85 por ciento del biodiesel argentino se produce en la provincia de Santa Fe; el total se elabora a partir de aceite de soja. Antes de la imposición de los aranceles, las multinacionales localizadas a orillas del río Paraná llegaron a exportar hasta 1.500 millones de dólares anuales a la UE, según la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio).

Uno de los puertos del Gran Rosario (Santa Fe), donde están instaladas las mutinacionales aceiteras y se exporta el biodiesel. Fotografía de

Uno de los puertos del Gran Rosario (Santa Fe), donde están instaladas las mutinacionales aceiteras y se exporta el biodiesel. Fotografía de Antares Servicios Marítimos.

 

Entre 2012 y 2013, Europa determinó que Argentina competía de manera desleal con el biocombustible europeo y estableció los aranceles. Esto motivó el reclamo argentino ante la OMC, que el pasado 6 de octubre falló de manera definitiva a favor de ese país.

“El cierre de ese mercado implicó que el año pasado Argentina trabajara a un 40 por ciento de su capacidad de producción”, explicó Víctor Castro, director Ejecutivo de Carbio, que está integrada por las diez principales multinacionales del sector. “Esto quiere decir que se primarizaron las exportaciones. En lugar de enviarlas como biodiesel se enviaron como aceite. Esto satura el mercado internacional de aceite de soja y por lo tanto deprime los precios del aceite argentino y de toda la cadena sojera en sus exportaciones. Con lo que se provoca menores ingresos de divisas de uno de los principales pilares económicos de la Argentina, que es el complejo sojero”, analizó.

Pero hay otra lectura posible. Y es que la producción de este tipo de biodiesel no es una actividad sustentable ni generadora de riqueza para los argentinos. Por el contrario, vigoriza el negocio de la soja transgénica, que se expande a costos ambientales y de salud humana cada vez más altos, sin reducir de manera significativa las emisiones de gases de efecto invernadero y beneficiando a un puñado de empresas multinacionales.

Hace 20 años, ingresó a Argentina el paquete biotecnológico de Monsanto, que combina el sistema de siembra directa de cultivos transgénicos con la aplicación de plaguicidas tóxicos, como el glifosato. Con el tiempo, comenzaron a revelarse las consecuencias: aumento de enfermedades en las poblaciones expuestas a las fumigaciones con agroquímicos, deforestación y contaminación del suelo y el agua.

El mayor crecimiento de la industria del biodiesel argentino se dio en Santa Fe, en los últimos diez años, impulsado por las ventajas competitivas (la cercanía de los campos de soja a las aceiteras instaladas en los puertos del Gran Rosario), la promoción estatal (creación de demanda interna y beneficios impositivos), y la apertura de mercados en Europa y Estados Unidos como resultado de políticas de sustitución de combustibles fósiles por biocombustibles.

En numerosas ciudades y pueblos afectados por agrotóxicos, los ciudadanos se organizan en asambleas denominadas Paren de Fumigarnos. Fotografía: Ecos Córdoba.

En numerosas ciudades y pueblos afectados por agrotóxicos, los ciudadanos se organizan en asambleas denominadas Paren de Fumigarnos. Fotografía: Ecos Córdoba Colectivo de Comunicación.

En ese escenario, los gigantes aceiteros, en su mayoría instalados en las costas santafesinas del río Paraná, desarrollaron sus plantas de biodiesel y se concentraron en el mercado externo: Louis Dreyfus, Cargill, T6 industrial (AGD y Bunge), Renova (Vicentin, Glencore, Molinos Río de la Plata) y la china Cofco (que compró Noble este año) son las principales. A ellas se suman las grandes empresas que no provienen del agronegocio, como Unitec-Bio (Corporación América), Explora y Patagonia Bioenergía.

La producción de biodiésel creció de manera sostenida entre 2008 y 2012: de 700 mil toneladas se llegó a producir dos millones y medio, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Los primeros dos años se exportó prácticamente el 100 por ciento. A partir de 2010, en coincidencia con la apertura de la demanda interna, esa proporción se redujo al 69 por ciento.

La noche para el negocio llegó primero en 2013, con el conflicto con Europa, y luego en 2015, con la caída del precio del petróleo a nivel mundial, que desalentó el consumo de biocombustibles. La producción comenzó a repuntar el primer semestre de 2016, con la elaboración de poco más de un millón de toneladas, de las cuales se exportó el 53 por ciento, según el último informe sobre el sector publicado por el INDEC, en agosto pasado.

Pese al fallo favorable de la OMC, se estima que el biodiesel argentino continuará teniendo obstáculos en Europa, de acuerdo a un análisis del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), publicado en septiembre del año pasado. Allí se advierte sobre la competencia de nuevos productores europeos, el bajo precio del petróleo y la reducción del corte de biodiesel producido a partir de cultivos alimenticios.

Una industria promovida por el Estado

Por decisión política, a partir de 2006, Argentina generó una demanda de biocombustibles que no existía en el país. Fue con la promulgación de la Ley nacional Nº 26.093: Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles. La norma estableció un corte mínimo obligatorio de un cinco por ciento de bioetanol y biodiesel en las naftas y gasoil, respectivamente, y estableció precios diferenciados para las pequeñas y medianas empresas (Pymes) y para las grandes empresas. En la práctica, las mezclas de combustible comenzaron en 2010, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Y desde ese año, los porcentajes de corte se incrementaron. El último aumento fue anunciado en abril pasado, cuando el actual Gobierno de Mauricio Macri dispuso un 10 por ciento para el biodiesel y un 12 por ciento para el bioetanol (que se produce a partir de caña de azúcar o maíz).

La política de precios para el mercado interno hizo que sean las pequeñas y medianas industrias, de menos de 50 mil toneladas anuales, las que se volcaran a este segmento. Estas empresas se ubican sobre todo en la provincia de Buenos Aires. En cambio, las grandes fábricas radicadas en Santa Fe se concentraron en el mercado externo.

En cuanto a las exenciones de impuestos, a nivel nacional se garantizó la devolución anticipada del Impuesto al Valor Agregado (IVA) o amortización acelerada del Impuesto a las Ganancias. A su vez, se dispuso que los bienes afectados a la producción no integren la base imponible y se estableció la exención de la tasa de infraestructura hídrica, del Impuesto sobre Combustibles Líquidos y Gas Natural e del impuesto sobre transferencia o importación de gasoil. Al mismo tiempo, se determinó un arancel menor de exportación para el biodiésel del que se aplica a la exportación de granos o aceite de soja.

La provincia de Santa Fe (gobernada desde 2007 por un frente liderado por el Partido Socialista y la Unión Cívica Radical) adhirió al régimen de promoción nacional en 2006 y a través de la ley N° 12.692 concedió a las industrias, por los siguientes 15 años, la posibilidad de eximirse del 100 por ciento de los siguientes impuestos: Ingresos Brutos, Aporte Patronal Ley 5110, Impuesto Inmobiliario, Impuesto de Sellos y Patente Única sobre Vehículos.

Según informó la Dirección de Industrias de la Provincia, son cinco las empresas que hasta ahora se acogieron al beneficio y cuatro las que lo están tramitando. Sin embargo, no accedieron a decir cuáles son las firmas beneficiadas.


Lucía Guadagno (@luciguadagno) es periodista de Argentina, especializada en medio ambiente y derechos humanos. Escribe para medios argentinos y latinoamericanos, entre ellos, Periódico Pausa, Nodal y Ecos Córdoba.

Una versión de este artículo fue publicada en Periódico Pausa, el 27 de octubre de 2016.


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