¿Cómo suena el mundo hoy?

Dicen que la música es un lenguaje universal, pero cada día parece que tenemos peores músicos porque ni la música nos ayuda a entendernos. O quizá es que nos ha fallado la dirección que debía guiar a cada músico para conseguir la armonía de toda la orquesta. La realidad es que hoy el mundo suena mal. Está lleno de malas vibraciones, de disonancias, de cadencias imperfectas, de tonos menores, de inversiones,… y de ruido. Las personas estamos ensordecidas con tanto ruido y tan poca música.

Suena la Sinfonía París en la república que hizo de la “libertad, igualdad y fraternidad” su consigna política; un país que hoy enfrenta uno de sus momentos políticos y sociales más convulsos tras la aprobación de la ley laboral, con manifestaciones multitudinarias que rechazan un nuevo embate del neoliberalismo.

Obama trata de tocar la Sinfonía “Heroica” antes de que finalice su mandato. En un intento de ocultar sus derrotas militares y geoestratégicas en Oriente Medio, Ucrania y Asia, quiere acelerar su Marcha Triunfal con un acercamiento estratégico a Cuba (esperemos que no suene a El amor de brujo), el acuerdo nuclear con Irán y el intervencionismo político-cultural en el patio trasero de EEUU, América Latina, un subcontinente que estos dos últimos años viene preparándose para la Sinfonía “Trágica”, con una arremetida por parte de la ultraderecha más recalcitrante apoyados por EEUU y que tratan a través de golpes parlamentarios y políticos derrotar los gobiernos populares y revolucionarios. Unos gobiernos que hicieron sonar La Promesa, reduciendo los índices de pobreza en sus respectivos países, así como apostando por la escolarización y alfabetización plena, entre otros logros.

En Colombia cada día estamos más cerca de que deje de sonar la Sinfonía Militar. Hemos asistido a la firma de un acuerdo entre el Gobierno y las FARC, que supone un paso más para tratar de consolidar el fin de la guerra y el conflicto social y armado en el país. Así mismo, también suena el fin de los tambores de guerra con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que anunciaron el inicio de las negociaciones el pasado mes de marzo; un proceso que pretende impulsar la participación de la sociedad civil en la construcción de la paz e imprescindible para la consecución de una paz justa y duradera en Colombia.

Pero, al otro lado del mundo, en Oriente Medio, continúa sonando la Marcha fúnebre. Ningún gobierno ha sido capaz de parar los tambores de guerra que suenan en Siria. Ni la mal llamada dirección de la orquesta, Naciones Unidas, ha sido capaz de armonizar el sonido de cada músico en el conflicto que dura ya más de 5 años y que en su composición están intereses económicos y geoestratégicos de la UE y EEUU. Unos intereses que, además, han contribuido a consolidar al DAES (Estado Islámico).

Entre tanto la UE sigue disfrutando de sus mil y una noches con Scheherazade, abocando a cientos de miles de personas refugiadas (sirias, kurdas, palestinas, etíopes,..) a escuchar la Marcha Turca tras el vergonzoso acuerdo aprobado en marzo de 2016 entre la UE y Turquía, con el objetivo de proteger nuestros oídos de la música de trovadores y juglares, sí, esa música medieval, salvaje, improvisada,… que tan poco nos gusta a la población europea, la música “antidesarrollista” (así los creemos a las gentes de Oriente Medio).

Y al fin, suena la Sinfonía de los adioses en Europa, una sinfonía temida por aquellos que patrocinan la orquesta (bancos y multinacionales). Una orquesta que peligra de perder todos sus miembros, en una unión que ha primado el comercio y el euro por encima de los derechos de las personas que formamos parte ella. Una Europa, que como afirma la moción de censura contra la Unión Europea aprobada por la asamblea parisina Nuit Debout, ha dictado políticas violadoras del derecho y de la libertad sindical, ha utilizado el euro y el dumping fiscal para empobrecer a los Estados y privatizar el sector público, y ha apoyado intervenciones militares que ponen en peligro la paz mundial y fomentan el militarismo.

Esta UE es la que ha hecho sonar las Sinfonías Londres en Reino Unido, que tras su apuesta por la celebración del referéndum en Escocia, ha orquestado otro referéndum, esta vez para la salida o no de la Europea, y que esta vez ha sonado a Sinfonía Sorpresa con la victoria del “Brexit”. Una pena y una constatación al mismo tiempo: cada día menos personas quieren bailar el Vals del Emperador, el que entona Angela Merkel a todas las europeas.

¿Y en el Estado español? Ningún cambio. España suena y baila al ritmo del merengue, un merengue machista, conservador y corrupto, que continúa deleitando los oídos de aquellos que siguen anclados al pasado más franquista de este país.

Pero no nos resignemos, y no dejemos que nos sigan tocando los bemoles. Tenemos que seguir capacitándonos para hacer música y entre todas tocar la “Sinfonía del Nuevo Mundo”. Un mundo que tenga a las personas en el centro de sus políticas, sin fronteras, diverso, inclusivo y equitativo.

Entre tanto, pónganle música y ritmo a la vida: “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa” (Emma Goldman, 1869 – 1940, anarquista y feminista lituana).


Editorial del nº70 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2016.


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