Capitalismo y fronteras

Las políticas migratorias de la Unión Europea (UE) y de sus diferentes Estados miembros responden principalmente a motivos económicos y el Estado español no es una excepción. Actualmente y desde hace algunos años, debido a la crisis económica que planea sobre la UE, la consigna aparentemente ha sido cerrar a cal y canto las fronteras exteriores de la fortaleza europea para que el otro, la diferente, el extraño, la desconocida, la desechable y, últimamente, el bárbaro, no consiga entrar en nuestros países. Esto no siempre ha sido así, ya que cuando hemos necesitado mano de obra barata, como por ejemplo en el boom del ladrillo español, el control de las fronteras y de la estancia de las personas migrantes ha sido mucho más laxo y se han fomentado desde los Estados del “club Schengen” situaciones de ilegalidad y explotación para no frenar el crecimiento económico.

Ahora, en época de crisis económica, desde los Estados europeos no se agradece ni se cuida a las personas migrantes cuya mano de obra barata antes tanto necesitábamos sin importarnos lugares de origen, ni credos, ni etnias. Además en un ejercicio de “solidaridad a la europea”, las políticas migratorias de la UE se basan por un lado, en deportar a esas personas que hicieron crecer el capital y, por otro lado, con la militarización de las fronteras, impiden la entrada a nuestros países a las personas que, en un ejercicio de supervivencia, huyen de la guerra, la miseria y la persecución.

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Marian Puertas.

Los flujos migratorios se han dado en toda la historia humana y se continuarán dando por muchos muros que se construyan, por muchas concertinas que se instalen y por muchos migrantes ahogados por pelotazos de la Guardia Civil española como ocurrió en el Tarajal. Pero el hecho de que las migraciones sean consustanciales a la historia humana y a nuestro desarrollo como personas y pueblos, no debe servir de excusa para eximir de responsabilidades a los causantes de las actuales migraciones: en algún momento tendremos que analizar y asumir responsabilidades por la guerra y el consecuente éxodo de personas que se está produciendo actualmente en el Kurdistán, Siria e Iraq.

Mientras convertimos África en el basurero de la UE y condenamos a poblaciones y generaciones enteras a la explotación y la miseria (como muy bien constata el excelente documental La pesadilla de Darwin), no debe sorprendernos que jóvenes del continente africano decidan huir para sobrevivir y buscarse un futuro. Asimismo, mientras nuestra publicidad siga utilizando paraísos para vender productos en el tercer mundo, no debe extrañarnos que la gente quiera escapar de sus miserias cotidianas y buscarlos. Así pues, las políticas migratorias de la UE y sus aparatos de propaganda nos lanzan el discurso de poder según el cual todo lo que pasa fuera de las fronteras de la UE ya no es responsabilidad nuestra, y que lo único que hacemos, desde el asistencialismo, es contener flujos y, ahora, acoger personas refugiadas. Si rascamos un poco, vemos que esto no es así y que tanto la UE como el capital promovido por las multinacionales y oligarquías mundiales tienen mucho que ver con la génesis de los flujos migratorios.

El derecho a migrar

De manera sencilla, pero no por ello menos cierto, podríamos decir que las políticas migratorias están en manos del capital: como ya hemos señalado anteriormente, si los Estados necesitan mano de obra flexible y explotable o necesitan aumentar la población para sostener las pensiones y mantener el consumo, las políticas migratorias tenderán a facilitar la llegada de personas migrantes y su estancia en el país. Si al contrario, los Estados y su capital ya no necesitan a la población migrante, intentarán cerrar las puertas y vías de acceso y activarán sus políticas de acoso (negación de servicios como por ejemplo el acceso al sistema sanitario, fomento de redadas racistas, tolerancia de grupos de ultraderecha) y deportación. Esto podría dar a entender que el derecho a migrar depende de esas políticas migratorias y del capital que las comanda, pero no debemos caer en la lógica del sistema mediante la cual nuestros derechos existen en función de si nos los otorgan o si constan en el ordenamiento jurídico de turno. Es decir, el derecho a migrar es un derecho que nos corresponde como seres humanos y como tales debemos conquistar.

El derecho a migrar no debería someterse al libre albedrío de Estados y fuerzas sistémicas. Es cierto que, según las políticas migratorias, a veces se puede ejercer el derecho a migrar y a veces no, pero la imposibilidad legal de ejercer un derecho no suprime éste y debemos seguir luchando por hacerlo efectivo y obligar a que los Estados y ordenamientos jurídicos lo recojan y garanticen. Cada vez que una persona migrante o refugiada consigue abrazar nuestras costas, saltar nuestras vallas y atravesar nuestras fronteras militarizadas se está conquistando y haciendo efectivo el derecho a migrar desde la subversión contra unas leyes injustas que se deben desobedecer.

El negocio de las fronteras

Podría parecer que el fin último de las políticas migratorias sea el control del flujo migratorio y que las fronteras terrestres, aéreas y marítimas son sólo los medios para conseguir ese fin y están a su servicio. Pero la realidad es que las fronteras son un fin en sí mismo, un gran negocio del capital que, como suele hacer, invierte en la muy rentable economía de la guerra o, la ahora llamada, “economía de seguridad”.

Marian Puertas.

Marian Puertas.

Como bien explica Claire Rodier en su libro El negocio de la xenofobia[1], es constante la creación y aplicación de nuevos sistemas de seguridad y de control de las personas migrantes pobres en las fronteras, lo que supone grandes oportunidades de negocio para los fabricantes de armas, para empresas de tecnología punta en materia de vigilancia a distancia, para la industria aeronáutica y para empresas privadas que, en algunos países como Inglaterra, se dedican a la gestión de los centros de internamiento de población extranjera y a la deportación de personas migrantes. Según Claire Rodier, en 2009 el negocio de la seguridad global se estimó en 450.000 millones de euros y aumenta entre el 10 y el 12 por ciento cada año. Tendemos a pensar que las fronteras dependen de las políticas migratorias, pero no estaría mal darle la vuelta al argumento y preguntarse si no son las políticas migratorias las que dependen de las fronteras y del inmenso negocio económico que generan.

Todo muy legal y muy beneficioso económicamente hablando pero no por ello menos ignominioso el lucrarse gracias a la represión de las personas migrantes o refugiadas, todas ellas pobres, que lo único que buscan es salvar sus vidas y/o buscar un futuro mejor. Pero el capital no diferencia entre legal e ilegal: cuando la UE decide endurecer los controles, dificultar los accesos y poner trampas en los caminos, lo que está consiguiendo, aparte de generar miedo, es que la gente acuda a intermediarios y redes organizadas para cruzar las fronteras, lo que encarece cada día los viajes y genera pingües beneficios. Hemos hablado de intermediarios y redes organizadas, no de mafias ni de traficantes de personas, que sin duda las hay, pero debemos evitar caer en el lenguaje del poder: a lo mejor la mafia y el traficante de personas no es el pescador que ya no puede pescar porque han esquilmado la fauna marina mediante acuerdos pesqueros y contaminación,y que utiliza su barca para pasar gente y cobra por ello. A lo mejor la mafia son las empresas que, como hemos dicho anteriormente, se lucran con el control de las fronteras y la represión a las personas migrantes; a lo mejor la mafia son los Estados que crean la desigualdad, las guerras, obligan a la migración y se aprovechan de ella cuando lo necesitan; a lo mejor los traficantes de personas son las fuerzas de seguridad, y los ministros de quienes dependen, que deportan por la fuerza cada semana a decenas de migrantes; a lo mejor traficantes de personas son Air Europa, y a partir de ahora Barceló y Air Nostrum, que cobran del Estado por deportar migrantes en sus aviones.

Lo que está claro es que las políticas migratorias basadas en el control, la represión y la deportación, generan una fuerte economía sumergida que se basa en el traslado clandestino de personas -de manera especial la trata de mujeres mueve mucho dinero-, que se vería muy reducida si las fronteras no existieran y las personas pudieran elegir libremente donde quieren vivir.

Pero una frontera cerrada no sólo genera capital legal e ilegal, sino que además genera violencia, robo, frío, desamparo, hambre, sed, violaciones, explotación sexual, esclavitud y trabajos forzados. Pero todo esto, cuanto más lejos de nuestras fronteras, mejor: para el poder, y desgraciadamente para muchas de nosotras, lo que no se ve no existe. Por ello, otra rama no tan visible, de las políticas migratorias de la UE es ir más allá de las propias fronteras: políticas migratorias son Frontex, son visados y rechazo de peticiones de asilo, son cuotas de inmigrantes, redadas racistas y centros de
internamiento de extranjeros.

Externalización de fronteras

Pero también, y que no se nos pase por alto, las políticas migratorias son cooperación internacional al desarrollo y acuerdos bilaterales. Los Gobiernos de la UE pagan, en muchos casos a través de la cooperación internacional y los acuerdos bilaterales, a terceros países para que les hagan de policías y aparten la presión migratoria de las fronteras europeas sin preocuparse por los métodos o violaciones de derechos humanos cometidas por esos Estados gendarme. Este proceso se conoce como externalización de fronteras. Por poner un ejemplo, Marruecos es el gendarme particular del Estado español en materia de migración: en la ciudad marroquí de Oujda, en la frontera con Argelia, malviven cientos de migrantes subsaharianos a quienes la policía marroquí ha apresado cerca de Nador o Melilla y los ha deportado al desierto argelino. Muchas personas migrantes que logran salir del desierto y llegar a Oujda están heridas y denuncian agresiones por parte de la policía marroquí que cumple órdenes de alejar a las personas migrantes de las fronteras españolas.

Pero nada sale gratis: durante el periodo 2014-2016, el Reino de España aportará al Reino de Marruecos 150 millones de euros en concepto de cooperación para el desarrollo, según señala la propia Agencia Española de Cooperación al Desarrollo. Hay países mucho más pobres que Marruecos en África a los que el Estado español no aporta nada. Por lo tanto hay algo detrás de esa ayuda económica a Marruecos y es en gran parte, la política migratoria española y europea que utiliza a terceros países para reprimir a migrantes que tratan de alcanzar el territorio de la UE. El antropólogo catalán Gustau Nerín afirma que la Ayuda Oficial al Desarrollo “forma parte de contrapartidas que los Estados dan a los Gobiernos africanos. Gran parte de las ONG que trabajan en África, en realidad, lo hacen por cuenta de Gobiernos occidentales. Estas ONG no van a estas zonas porque son las más necesitadas de ayuda, van allí porque forma parte de la política exterior del Gobierno español”[2].

Como hemos visto, la dependencia entre el capital y las políticas migratorias es total en diferentes ámbitos y niveles. No negaremos que el panorama es desolador: miles de personas migrantes son deportadas cada año, miles pasan por las cárceles para extranjeros que hemos creado en Europa, miles de mujeres no consiguen escapar de las redes que las mantienen explotadas sexualmente, 16.250 personas migrantes son las que se estima que han muerto, en el periodo de enero de 1993 a marzo de 2012, intentando alcanzar el sueño europeo. Pero la desolación no nos debe paralizar, debemos seguir denunciando las connivencias entre el capital y las políticas migratorias, luchando contra los Centros de Internamiento de Extranjeros y los sistemas de deportación, luchando contra el racismo social e institucional, luchando contra las fuerzas de represión y luchando contra las fronteras y sus aliados estratégicos.


Sara Verdú es integrante de la Campaña por el Cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros.

Tito Mompó es miembro de Valencia-Acoge y de la Campaña por el Cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros.

Artículo publicado en el nº69 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2016.


NOTAS:

  1. Claire R. (2013): El negocio de la xenofobia, Clave intelectual, Madrid.
  2. Disponible en: www.20minutos.es/noticia/1037080/0/
    cooperacion/ong/africa/

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