Los impactos del cambio climático en el agua. El caso del Estado español

Los ecosistemas acuáticos representan uno de los elementos ambientales que más puede verse alterado por la acción del cambio climático y sus consecuencias ejercen una gran influencia sobre el medio humano. Estos efectos pueden resultar especialmente significativos en el caso de España, donde las demandas de agua derivadas de las actividades económicas son muy importantes, a la vez que los recursos hídricos existentes no son especialmente abundantes en la mayor parte de su territorio.

Por esta razón, es importante conocer cuáles son los efectos que el cambio climático ya está teniendo sobre el agua y cuáles están siendo las respuestas de las diferentes administraciones públicas. A partir de ahí podemos valorar si se están tomando las medidas adecuadas para frenar el deterioro de los ríos y acuíferos que, finalmente, repercutirán en la disponibilidad de agua para la población.

El cambio climático y sus efectos sobre los ríos

En las últimas dos o tres décadas se ha constatado la reducción del agua que llega a los ríos y que está disponible para los usos humanos, principalmente por el aumento de las temperaturas. Según la Agencia Estatal de Meteorología, durante el periodo 1973-2005, tanto las temperaturas medias como las máximas y mínimas, han sufrido un incremento considerable. Así, si en 1989 la temperatura media era 15,65 ºC, en el año 2006 ascendió a 15,87 ºC y en 2014 fue de 15,96 ºC. La diferencia parece reducida pero no lo es; entre la última glaciación y el actual período, la temperatura media del planeta sólo se ha incrementado en 4,5 ºC.

Río Milagros completamente seco a su paso por el norte de la provincia de Ciudad Real.Fotografía de Raúl Urquiaga.

Río Milagros completamente seco a su paso por el norte de la provincia de Ciudad Real.Fotografía de Raúl Urquiaga.

Además, los mayores incrementos de temperatura se han producido durante los meses de primavera, época del año en la que se concentra una parte importante de las precipitaciones que recibe España anualmente, y además es el periodo del año en el que el consumo de agua por parte de la mayoría de las plantas es mayor. De esta manera, es previsible que el aumento de las pérdidas de agua por evaporación directa y por transpiración de la vegetación sea más importante que si se produjesen en otras épocas del año.

Lo que sí es seguro es que actualmente en la península ibérica hay menos aportaciones de agua a los cauces que hace 25 años, y por ello hay menos agua disponible para los diferentes usos. Para corroborar esta afirmación con datos, se puede tomar la información procedente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la autoridad competente en la gestión del agua. En este sentido, el territorio se divide en demarcaciones hidrográficas[1], y si se observan las aportaciones medias de agua a estas demarcaciones a lo largo del tiempo, se confirma que están siendo cada vez menores en todas ellas.

En el periodo 1940-1995 se registraron aportaciones de agua mayores que en el periodo extendido del año 1996 al 2005, concretamente hay una diferencia de un 14% menos para el conjunto del país. Estas se han producido de forma desigual, tanto por demarcaciones, como incluso dentro de la misma cuenca. La reducción ha sido especialmente importante en la demarcación del Segura, próxima al 40%, y también en las del Guadiana, especialmente en su cabecera, Ebro y cuencas internas de Cataluña, que perdieron en tan sólo diez años del orden de una quinta parte de sus aportaciones.

Es cierto que un periodo de diez años resulta relativamente corto, pero parece evidente que se está marcando una tendencia muy preocupante en lo que a las disponibilidades hídricas se refiere. Sin embargo, el Ministerio de Medio Ambiente no lo está considerando así y está planificando las demandas actuales y futuras contando con un agua que simplemente ya no existe.

Las demandas de agua no paran de crecer

En el escenario actual de reducción generalizada de agua disponible es esencial conocer como se prevé que evolucionen las demandas de este recurso para los próximos años. Actualmente n España, el consumo de aguase distribuye aproximadamente de la siguiente manera: alrededor del 82% va a parar al regadío, mientras que el 18% restante se reparte entre el abastecimiento a poblaciones y el consumo industrial. Además, mientras que el abastecimiento tiene un retorno a los ríos del 80% aproximadamente (el agua que se vierte por los desagües), en el regadío tan sólo es del 10%, (la mayor parte la consumen las plantas o se filtra a sustratos inferiores). De esta manera, si descontamos los retornos, nos encontramos con que el consumo del regadío supera ampliamente el 90% de consumo real total de agua. Si se tiene en cuenta la planificación que han realizado las administraciones públicas para las demandas de agua en los próximos años[2], la situación no cambia y es el regadío el sector que más agua va a continuar consumiendo.

Uso urbano

En el conjunto de los planes hidrológicos para el abastecimiento a poblaciones únicamente se prevé un incremento global del consumo, para el horizonte 2021, de aproximadamente 100 hm3 anuales, cifra que podemos calificar de moderada porque representa el 2% de lo que se consume actualmente. Además, el retorno a los ríos del agua procedente del abastecimiento urbano es del 80%, una cifra muy alta. Por lo tanto, se prevé que se mantenga más o menos estable en los próximos años.

Uso agrario

No ocurre así con el consumo de agua en el sector agrícola que, como ya indicamos anteriormente, es actualmente el principal consumidor con diferencia de agua en el Estado. En el conjunto de los planes hidrológicos de las demarcaciones hidrográficas se prevé un importante aumento de la superficie de regadío para las dos próximas décadas.

En concreto, está prevista la creación en los próximos años de cerca de 700.000 nuevas hectáreas (ha) de regadío para todo el país, lo que supone un incremento de un 16,9% con respecto a la superficie de regadío actualmente existente. La distribución de los nuevos regadíos es desigual, situándose la mayor parte de ellos en la demarcación del Ebro (445.000 ha), seguida de la del Duero (93.060 ha) y del Guadiana (69.972 ha).

De esta manera, estimamos que los nuevos regadíos supondrían un consumo adicional de agua con respecto a la situación actual de, al menos, 3.000hm3 anuales para el conjunto del país, lo que supondría un incremento neto de aproximadamente el 10% del consumo total actual de agua.

Uso industrial

La disparidad existente en las cifras que plantean los diferentes planes hidrológicos, incluso dentro de los propios planes, hace que sea difícil evaluar de forma adecuada cual va a ser la evolución de la demanda en los próximos años. Como media del conjunto de los planes, se prevé un incremento en el consumo industrial para el año 2021 de un 24% con respecto al actual. Sin embargo, todo apunta a que esos fuertes incrementos en el consumo industrial se han fijado de forma un tanto arbitraria y previsora, con el fin de garantizar el recurso en el futuro para el sector y aprovechando que el consumo total industrial es reducido (inferior al 3%) con respecto al conjunto de los usos consuntivos.

En definitiva, el regadío supone actualmente la mayor parte del consumo de agua en España y, a pesar de ello, en los planes hidrológicos de las demarcaciones hidrográficas, se prevé incrementar aún más la superficie regada, lo que supondría un incremento del consumo total de agua en un 10% con respecto al actual. Por el contrario, el uso urbano se prevé que permanezca estable y, aunque está previsto que crezca el industrial, resulta más que dudoso que ello ocurra, y en cualquier caso, cuantitativamente sería poco importante.

Escenario previsible para los próximos años

Según se ha visto a lo largo del artículo, todo apunta a un escenario para 2021 con aproximadamente un 20% menos de los recursos hídricos, en comparación con los que había disponibles a principios de los noventa, a causa del cambio climático. A su vez, se produce un incremento sobre las demandas actuales de alrededor del 10%. Además, tanto la reducción de los recursos disponibles como el crecimiento de las demandas, se va a producir de forma muy desigual a lo largo del territorio, siendo previsible que se den en los próximos años numerosas situaciones de estrés hídrico en amplias zonas del país.

De esta manera, mientras que en el año 2000 se afirmaba que el Segura era la única demarcación hidrográfica con déficit estructural[3], es previsible que, con la reducción de los recursos hídricos que se está produciendo y el incremento de las demandas previstas, la situación cambie. En las próximas dos décadas pueden pasar a esa situación de déficit estructural también las demarcaciones hidrográficas del Júcar, Guadiana, Guadalquivir, cuencas internas de Cataluña, Guadalete-Barbate y Cuencas Mediterráneas, y parte de las del Tajo y Ebro, aproximadamente la mitad de la superficie peninsular.

Todo ello conduce necesariamente a una situación de completa insostenibilidad y de auténtico colapso hídrico y medioambiental dentro de unos pocos años en una buena parte del país.

Propuestas desde el ecologismo

La solución al problema pasa no sólo por frenar el crecimiento de la demanda, sino que además hay que reducir la actual de manera importante. Es por esta razón que va a ser necesario actuar principalmente sobre el regadío, pues supone más del 80% del consumo actual, y es donde se pretende incrementar mayormente la demanda.

En consecuencia, no debería crearse ni una sola hectárea más de regadío en el Estado, a la vez que se sigue trabajando en incrementar la eficiencia en la utilización del agua allí donde se pueda (modernización de regadíos, reutilización de aguas residuales depuradas, etc.), y se fomenta la sustitución de cultivos por otros
menos consumidores de agua.

No obstante, la adopción de estas medidas va a resultar insuficiente para recuperar un cierto equilibrio hídrico, por lo que debería iniciarse una reducción progresiva de la superficie de regadío actual, de algo más de 4.000.000 de hectáreas, hasta alcanzar un máximo para el conjunto del país de cerca de 3.000.000 de hectáreas regadas. La cifra definitiva dependería de los recursos que hayan podido obtenerse de las actuaciones de mejora de la eficiencia realizadas, e incluso de la utilización puntual de fuentes no convencionales. Con esta reducción en la superficie de regadío, y con la adopción de las medidas antes mencionadas, se conseguiría disminuir el consumo en un volumen aproximadamente equivalente a la reducción de los recursos hídricos que se está produciendo a causa del cambio climático.

Además, con esa superficie regada cercana a las 3.000.000 hectáreas, se garantizarían plenamente las demandas actuales y futuras de productos alimenticios para la población española, quedando una parte significativa de la producción para la exportación.

También sería necesario establecer medidas restrictivas sobre el incremento del consumo en el sector urbanístico y turístico en la costa mediterránea, que aunque en los últimos años ha visto frenado su desarrollo por la crisis inmobiliaria, sigue siendo a escala local e incluso regional, un gran consumidor y destructor de los recursos naturales, entre los que se encuentra el agua (además, el retorno en el sector turístico es como media de tan sólo el 50%, frente al 80% de los núcleos urbanos convencionales, a causa de los jardines, piscinas, campos de golf, etc.).

En Ecologistas en Acción somos conscientes del gran impacto económico y social que conllevaría la reducción de la superficie actual de regadío hasta los niveles propuestos, por lo que consideramos debería llevarse a cabo una reconversión del sector agrícola de forma progresiva, con el apoyo de las administraciones públicas, de manera que la afección social sea la menor posible. Para ello, entendemos que hay que empezar lo antes posible esa reconversión, antes de que la propia reducción de los recursos hídricos la imponga dentro de unos años de una forma mucho más brusca y traumática.

Asimismo, y dado que la causa de esta reducción en los recursos hídricos disponibles tiene su origen en el cambio climático que la actividad humana está generando, entendemos que las administraciones públicas responsables deberían actuar sobre la raíz del problema, poniendo en práctica de inmediato todas las medidas que sean necesarias para frenar este cambio climático que se está generando, pues si la reducción en los recursos hídricos disponibles perdura e incluso se acentúa con el tiempo, va a producir necesariamente grandes daños ambientales, sociales y económicos para el conjunto del país.


Santiago Martín Barajas es coordinador del Área de Agua de Ecologistas en Acción.

Artículo publicado en el nº68 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2016.


NOTAS:

  1. Las demarcaciones hidrográficas están conformadas por el territorio (ya sea terrestre, marino, costero, etc.) drenado por corrientes y ríos que se dirigen al mar por una única desembocadura. Así la cuenca hidrográfica del Tajo tendría como eje el río Tajo y cubriría el territorio por donde transcurren los ríos que van a desembocar en él.
  2. Esta planificación viene definida en los planes hidrológicos de demarcación que han sido elaborados para el periodo que va de 2015 a 2021.
  3. Se define como déficit estructural cuando el conjunto de las demandas supera a las aportaciones naturales, los recursos renovables.

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