Reducción de la vulnerabilidad como estrategia ante el cambio climático

El país más pequeño de Centroamérica se encuentra amenazado por el cambio climático, que constituye uno de los grandes retos del país, ya que condena a gran parte de la población salvadoreña a vivir en estado de inseguridad permanente. Una situación que, de no cambiar el contexto, ha llegado para quedarse.

Actualmente, el planeta enfrenta una realidad donde las problemáticas y sus efectos se diversifican, y donde los factores políticos, económicos, sociales y medioambientales se entremezclan, para dotar a los fenómenos de una complejidad sin parangón.

Pérdida de cultivos en La Comunidad El Ranchón, San Luis La Herradura, Departamento de La Paz, invierno 2015. Fotografía de FUNDESA.

Pérdida de cultivos en La Comunidad El Ranchón, San Luis La Herradura, Departamento de La Paz, invierno 2015. Fotografía de FUNDESA.

Posiblemente uno de los fenómenos medioambientales más discutidos y analizados sea el conocido como cambio climático, que provoca alteraciones en la temperatura y el clima del planeta. Si bien el cambio climático se presenta de forma diversa, el efecto diferenciador tiene que ver, en gran medida, con las estrategias de gestión y respuesta de la población que sufre tales manifestaciones.

Es decir, tiene que ver con la vulnerabilidad de las personas y de las sociedades. Una zona especialmente vulnerable y afectada por el cambio climático es El salvador, que aglutina grandes retos ambientales y sociales. Actualmente, el cambio climático tiene presencia en el país a través del fenómeno de El Niño, que altera los patrones climáticos generando periodos prolongados de calor y distorsiona las estaciones, provocando entre otros efectos, la disminución de la disponibilidad hídrica por sequía.

En un contexto históricamente conflictivo, marcado por décadas de políticas al margen de las grandes mayorías, se destaca esta problemática, no solo por la gravedad del fenómeno, sino especialmente porque sus efectos podrían perdurar en el tiempo, profundizando las condiciones de precariedad de las familias más vulnerables. La sequía se ha convertido en un problema de solución prioritaria.

Actual período de sequía

La sequía no es una situación nueva para El Salvador, ya que las estadísticas nacionales reflejan que su frecuencia está aumentando, registrándose hasta en 12 ocasiones en las dos décadas anteriores[1]. Con datos más recientes, por cuarto año consecutivo, El Salvador se ha visto afectado por esta problemática. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), solo durante el año 2015 se contabilizaron tres períodos secos en la época de lluvia. Concretamente, el mes de junio de 2015 ha sido considerado por el MARN como extremadamente seco, con una reducción del 41% de la lluvia mensual que se acumula históricamente[2].

Este escenario ha llevado a pérdidas de cultivos que se cuantifican en más de 84 mil manzanas a nivel nacional, y se habla de unos 40 mil a70 mil productores y productoras con afectación directa[3]. Situación que ha tenido un efecto devastador, ya que ha contribuido al aumento de los niveles de malnutrición de las poblaciones que residen en las zonas rurales, donde según un estudio del Equipo de Medios de Vida[4], el 95.6% de las familias dependen de los ingresos generados directamente por la agricultura. Según el MARN, se estima que de continuar esta tendencia, la producción agropecuaria sufrirá pérdidas que podrían ascender a 3,1 millones de dólares por año para el 2025.

Madre de familia sembrando nuevas semillas tras la pérdida de su cultivo, Departamento de San Miguel, invierno 2015. Fotografía de FUNDESA.

Madre de familia sembrando nuevas semillas tras la pérdida de su cultivo, Departamento de San Miguel, invierno 2015. Fotografía de FUNDESA.

Sin embargo, la sequía en El Salvador no es exclusivamente una problemática de falta de lluvia, ya que de hecho, la precipitación anual en el país supone una suficiente oferta hídrica. El hecho diferenciador está definido por las condiciones estructurales de vulnerabilidad, que contribuyen a acrecentar el problema. El grado de vulnerabilidad de una sociedad es el principal determinante para que una situación externa pueda activar un desastre. Las condiciones previas de una sociedad, las capacidades de resistencia y las estrategias colectivas, son las que, en gran medida, determinarán el desarrollo e impacto de una situación de sequía. En este sentido, El Salvador ocupó en el año 2009 el primer lugar en el índice de Riesgo Climático Global entre 177 países, y el cuarto lugar en el año 2011[5].

Estrategias de superación en períodos de sequía

Una de las debilidades del país frente al cambio climático es el sector agrícola, que durante años ha sido desatendido y debilitado. Basado en el monocultivo de granos básicos de subsistencia (maíz, frijol, maicillo y en algunos casos arroz y hortalizas), mantiene una gran dependencia en la regularidad de los tiempos lluviosos. Es por ello que las familias en zonas rurales han sido las principales víctimas de la actual sequía, que ya se encontraban en condiciones de inseguridad y vulnerabilidad. Según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA)[6] el 45% de las personas productoras de granos básicos no se recuperaron de la sequía de 2014, por lo que el 42% de las mismas no tenían reservas de alimentos en mayo de 2015.

Ante los impactos en los medios de vida, los colectivos más afectados han diversificado las formas de afrontarlos. En un reciente estudio realizado por el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN) junto al PMA, se han identificado diferentes estrategias de supervivencia que las familias se han visto obligadas a implementar[7].

Por un lado, se han identificado familias que han adoptado estrategias extremas, como la reducción tanto de porciones de alimentos como de tiempos alimenticios, agravándose los problemas estructurales de malnutrición. Así, según los datos recogidos, un 61% de las familias han pedido prestados alimentos y un 30% de los hogares ha pasado al menos un día sin comer en los 30 días anteriores al levantamiento del informe.

A su vez, el 17% de las personas productoras de granos básicos o contratadas como jornaleras han puesto en práctica estrategias de emergencia, como la venta de sus principales tierras o de los animales reproductores hembra, o incluso el abandono de la vivienda por parte de todo el grupo familiar. Igualmente, el 67% han implementado estrategias de crisis como la disminución de gastos para insumos agrícolas, el consumo de reserva de alimentos para la siguiente temporada, la venta de activos productivos, o la disminución de gastos de educación y salud.

En las zonas afectadas por la sequía, se han incrementado los casos de enfermedades como dengue y chikungunya[8], factor que responde directamente a las prácticas adoptadas por las familias. No en vano, las autoridades salvadoreñas han evidenciado que los departamentos en donde se ha reportado mayor impacto negativo por la sequía, son los departamentos donde se reportaron altos índices de casos por epidemias[9], debido a que en los lugares con dificultades para el acceso al agua las familias se han visto obligadas a la captación de agua en recipientes dentro de los hogares, siendo ésta la principal fuente de criadero de vectores como mosquitos y zancudos, transmisores de enfermedades.

Estas respuestas a menudo agravan la problemática e hipotecan la viabilidad futura de las familias, ya que no responden a estrategias a largo plazo, sino a resolver problemas inmediatos.

Estrategia nacional frente al cambio climático

Por su parte, El Salvador es consciente de su vulnerabilidad y ha iniciado el camino para revertir la situación, elaborando una estrategia nacional en pos de la lucha contra el cambio climático.

La evidencia del impacto de la variabilidad del clima en El Salvador fue un elemento fundamental para la modificación de la Ley de Medio Ambiente y la aprobación de la Política Nacional del Medio Ambiente 2012, que reconoce la necesidad de incidir en la severa degradación ambiental y la vulnerabilidad creciente del país frente al cambio climático, por lo que se centra en los siguientes objetivos: i) revertir la degradación ambiental y vulnerabilidad; ii) revertir la degradación de ecosistemas; iii) revertir la insalubridad ambiental; iv) gestión sostenible del recurso hídrico; v) ordenar ambientalmente el uso del territorio; i) fomentar una cultura de responsabilidad y cumplimiento ambiental; vii) reducir el riesgo climático[10].

Siguiendo este mandato, se han lanzado y aprobado diferentes programas como el Programa Nacional de Restauración de Ecosistemas y Paisajes (PREP)[11], la Estrategia Nacional del Medio Ambiente, que integra la Estrategia Nacional de Cambio Climático[12] o el Plan Nacional de Cambio Climático de El Salvador (PNCC)[13].

Estos programas, y otros, definen la posición de El salvador frente al cambio climático, y persiguen mejorar la capacidad de resiliencia, adaptación y respuesta de la población y del medio en el que viven, ante los fenómenos adversos, tomando en cuenta los ecosistemas, las infraestructuras y los diferentes actores, e incluyendo áreas vinculadas al desarrollo económico y social.

Sin embargo, a pesar de los avances, la estrategia nacional contra el cambio climático aún no se ejecuta de forma integral. Durante este período de sequía, las medidas que se han emprendido han sido coyunturales, dando soluciones específicas a la sequía, no al problema estructural, lo que genera que las personas afectadas de ahora serán las mismas de mañana.

Desde el gobierno, se han realizado esfuerzos, como la entrega de semillas y bonos, así como recomendaciones para retrasar las cosechas, entre otras, pero aún lejos de las soluciones integrales que se requieren. Cada vez con mayor urgencia, son necesarias grandes dosis de voluntad política y de coordinación interinstitucional, algo de lo que adolece históricamente El Salvador, para ejecutar las políticas diseñadas.

De la misma forma, es necesaria la participación de las organizaciones y del movimiento social organizado, ya que una verdadera política nacional frente a los efectos del cambio climático, requiere de democracia participativa y espacios de coordinación.

Por último, hay que destacar la necesidad de dos elementos imprescindibles: tiempo para que la política pueda surtir efectos y financiación para ejecutarla.


Jorge Alberto Arce Granados es facilitador del Equipo de Medios de Vida y técnico de la Fundación para el Desarrollo (FUNDESA).

Joseba Villa González es delegado de la Asociación Paz con Dignidad en El Salvador.

Artículo publicado en el nº68 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2016.


NOTAS:

  1. MARN (2013): “2ª Comunicación Nacional frente al Cambio Climático”.
  2. Ministerio de Salud, (2015): presentación “Acciones Sanitarias Intersectoriales Ante El Impacto de la Sequía en la Población Salvadoreña”.
  3. Ibídem.
  4. El Equipo de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida en Emergencia (EFSVL) es una red de organizaciones que trabajan a nivel nacional de la mano de OXFAM América, con el objetivo de reactivar los medios de vida de las zonas vulnerables o en emergencia.
  5. “Este índice se calcula con base en las pérdidas humanas por 100.000 habitantes y las pérdidas económicas con relación al Producto Interno Bruto debido a eventos climáticos externos”.  MARN (2013): “Estrategia Nacional de Cambio Climático”.
  6. CONASAN, PMA (2015): Impacto social de la sequía en las familias salvadoreñas y respuesta para su seguridad alimentaria.
  7. Ibídem.
  8. El dengue y la fiebre Chikungunya son infecciones víricas transmitidas por la picadura de mosquitos. Los síntomas comunes son fiebre (40Cº) acompañada dolores de cabeza, musculares y articulares, y/o vómitos. En ambos casos, las complicaciones pueden degenerar en muerte.
  9. Dirección de Vigilancia Sanitaria, MINSAL (2015): Boletín Epidemiológico: Modelos Predictivos Matemáticos por Análisis de Series Temporales en El Salvador.
  10. GOES (2012): “Política Nacional del Medio Ambiente 2012”.
  11. MARN (2012): “Programa Nacional de Restauración de Ecosistemas y Paisajes (PREP).
  12. MARN (2013): “Estrategia Nacional de Cambio Climático”.
  13. MARN(2015):“PlanNacionaldeCambioClimático(PNCC)”.

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