América Latina celebra el Decenio Afrodescendiente contra la exclusión

La declaración del Decenio Internacional Afrodescendiente por Naciones Unidas supone una oportunidad para visibilizar el racismo y las formas conexas de discriminación que sufren millones de personas en el mundo. En el caso de América Latina y el Caribe, alrededor de doscientos millones de afrodescendientes forman parte de una población que registra las mayores tasas de pobreza y desigualdad en el acceso a oportunidades, como un producto de la jerarquización de razas y la colonialidad del poder.

Los procesos coloniales en América Latina dejaron tras de sí escenarios sociodemográficos de gran complejidad, atravesados por relaciones de poder basadas en la jerarquía racial con la blanquitud como paradigma del desarrollo y la modernidad. Si bien la mayor parte de los países de América Latina pugnan por la definitiva independencia política y económica, la colonialidad del poder ha pervivido a los procesos de descolonización y sigue anclada en sociedades en las que se evidencian serias dificultades para superar la discriminación que sufren las poblaciones racializadas.

afrodescendientes

La Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en 2001 en la ciudad sudafricana de Durban, fue el evento en el que las comunidades y los movimientos sociales afrolatinoamericanos impulsaron la declaración del Decenio Afrodescendiente que, hasta el 31 de diciembre de 2024, persigue la erradicación de las formas de racismo y exclusión hacia la población negra. A través del tema “Reconocimiento, Justicia y Desarrollo”, el decenio se propone “promover el respeto, la protección y la realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de los afrodescendientes”, además de fomentar el conocimiento y respeto a la herencia de su cultura y la aprobación de marcos jurídicos nacionales, regionales e internacionales para poner fin a todas las formas de discriminación racial.

Uno de los objetivos marcados para este decenio es la visibilización demográfica de las poblaciones descendientes de las víctimas de la trata transatlántica que, en la actualidad, representan a un 30 por ciento de los habitantes de América Latina y el Caribe, con una presencia que oscila entre el 45 por ciento de la población total de Brasil y el 1 por ciento de Honduras. En los últimos años, algunos países han incluido en sus censos el criterio de autoidentificación y preguntas que permiten la obtención de datos relativos a la etnia. A través de ellos se conoce la información con la que se puede concluir que Brasil y Ecuador son los países que presentan mayores desigualdades raciales o que, de forma general, la población afrodescendiente se sitúa en los estratos sociales más bajos[1], con más del 92 por ciento viviendo por debajo de la pobreza. Sin embargo, no se trata de una situación tan homogénea si se atiende a la realidad por países. En las naciones anglófonas de la región con altas tasas de población negra se identifica un mayor equilibrio en el acceso a oportunidades y, fundamentalmente, una participación política que no se registra en otras partes del continente.

La deuda histórica respecto a la contribución de los pueblos afrodescendientes como mano de obra esclava al desarrollo de las sociedades está presente en los ejes definidos en el decenio. La desigualdad en el acceso a oportunidades es clave para comprender que la población afro en América Latina y el Caribe continúa ligada eminentemente a sectores con escasa productividad y bajos salarios, vinculados a la economía informal o donde es necesario un alto desgaste físico, como son los casos de la recolección de cocos y cacao, o la extracción de conchas en los litorales, un oficio con ocupación fundamentalmente femenina. Además, las formas de discriminación pueden multiplicarse con la intersección de opresiones, como pueden ser el sexo o la clase, o por otras causas conexas, como la religión, la edad o el idioma, que en muchos casos es motivo de estigmatización por la identificación de sus hablantes con los antiguos esclavos a través de la lengua.

Reconocimiento por países

Ecuador ha sido uno de los primeros países en sumarse al llamado de Naciones Unidas con la publicación del Decreto Ejecutivo del Decenio Internacional para los Afrodescendientes, firmado el pasado febrero en Guayaquil, la ciudad en la que hace más de ciento cincuenta años se declaró la abolición de la esclavitud en Ecuador. En el último censo oficial, un 7,2 por ciento de la población se autodefinió como afroecuatoriana o afrodescendiente, convirtiéndose en la segunda minoría del país después de los montubios.

A igual que para la población indígena, la tasa de estudiantes afroecuatorianos y afroecuatorianas que accede a las universidades públicas se ha duplicado en los últimos años, lo que supone un impulso para la lograr la inclusión social de las generaciones más jóvenes. Pero estos avances no impiden la estereotipificación de los grupos afrodescendientes en los medios de comunicación, a pesar de la existencia de un marco regulatorio sobre contenidos discriminatorios. Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Comunicación, hace casi tres años, diversos medios de comunicación han sido sancionados por la Superintendencia de Comunicación e Información (Supercom) a causa de la emisión de contenidos discriminatorios o denigrantes de la población afrodescendiente, dando así la razón a las organizaciones demandantes.

Desde el movimiento afrovenezolano se insta a celebrar este decenio con la integración de los pueblos afrodescendientes desde una perspectiva progresista y democrática participativa[2], en coherencia con los procesos que se aspiran construir en el continente. En Colombia, las amenazas en los territorios históricos de los afrodescendientes, como la región del Pacífico Sur y del Valle del Cauca, incrementa la vulnerabilidad de esta población que ve amenazados sus derechos por diversos factores, como el conflicto armado y la violencia sexual que en él se reproduce, la militarización de los territorios, la minería ilegal, el desarrollo extractivista y el desplazamiento interno, entre otros.

Las comunidades garífunas, originadas por la mezcla de esclavos africanos con indígenas caribes, también se suman a la celebración del Decenio Afrodescendiente con el reto de visibilizar y reconocer la historia de esta población con presencia en Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua y de superar la discriminación racial y las dificultades en el acceso a derechos como la salud o la educación.

Pedagogía del cimarronaje

Los esclavos y esclavas procedentes de los territorios que hoy reconocemos como el continente africano llevaron consigo prácticas culturales que lograron dispersarse en las colonias americanas. El intento de aniquilar la identidad de los millones de personas que protagonizaron esta diáspora transatlántica no fue posible gracias a una resistencia que ha permitido que las expresiones culturales de origen africano formen parte de la diversidad que caracteriza a los países que conforman la región latinoamericana y caribeña.

La mezcla gastronómica presente en la comida criolla; las expresiones musicales como el calipso o la marimba; la espiritualidad y los símbolos religiosos que sobrevivieron a la imposición colonial; la creación de lenguas originadas en la mezcla o la presencia de multitud de palabras de origen africano en el español latinoamericano son buena muestra de cómo los descendientes de los esclavizados lograron transmitir y preservar el legado africano.

Estas estrategias de resistencia, en medio de las más brutales formas de represión y castigo, se han dado a llamar Pedagogía del Cimarronaje por autores venezolanos como Jesús Chucho García o por el pedagogo recientemente fallecido Luis Antonio Bigott. Se trata de formas de resistencia que han logrado la pervivencia de un saber ancestral de origen africano que desde el movimiento afrovenezolano se propone incluir en el sistema educativo como forma de reconocimiento de las diferentes formas de saber y como elemento estratégico para la superación, también en el ámbito epistemológico, de las formas de colonialidad que aún perviven.


Mari Cruz Tornay Márquez forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.


NOTAS:

  1. CEPAL (2006). Pueblos indígenas y afrodescendientes de América Latina y el Caribe: información sociodemográfica para políticas y programas. Naciones Unidas: Santiago de Chile.
  2. Díaz, D. (2015). El decenio de la integración de los pueblos. ALAIC, febrero 2015, año 39, 2ª época.

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