Jabier Salutregi: “El cometido de un medio de comunicación es dar coherencia a un colectivo humano que imagina una nación”

En julio de 1997 el juez Baltasar Garzón ordenó el cierre del periódico Egin y de su radio. El juicio no se celebró casi nueve años después y las personas implicadas, algunas fallecidas en el ínterin, fueron procesadas dentro del macro sumario 18/98 bajo el lema “todo es ETA”. Aunque en 2009 el Tribunal Supremo admitió la legalidad de la actividad de Egin, los miembros imputados e imputadas han tenido que cumplir la condena en su totalidad y no se ha podido reabrir el periódico. En octubre de 2015 Jabier Salutregi salió en libertad tras siete años y medio de prisión más de diecisiete años después de ser procesado , habiendo sido el único periodista preso de Europa por dirigir un diario. Hemos tenido el placer de entrevistarlo en directo desde la radio Ttan Ttakun con la presencia de un público que también ha tenido oportunidad de hacerle preguntas.
Jabier Salutregi en la radio Ttan Ttakun Irratia. Fotografía realizada por Javier Gonzalez.

Jabier Salutregi en la radio Ttan Ttakun Irratia. Fotografía realizada por Javier Gonzalez.

Mertxe Aizpurua, la ex directora del periódico Gara, mencionó en una entrevista que si el caso de Egin hubiera sucedido en otro país la solidaridad de los y las periodistas hubiera sido instantánea. ¿Por qué aquí no ha sido así?

En Europa si se le dice a alguien que le cierran un periódico, me imagino que lo primero que haría sería preguntarse el porqué, pero aquí pasó desapercibido porque ya tenían un motivo que asusta enormemente y ante el que nadie se hace preguntas: dijeron que éramos una cuadrilla de terroristas sinvergüenzas y que íbamos en contra de todo sistema establecido. Fue una decisión pura y exclusivamente política, con el agravante de que se manipuló a la gente y se previno a los medios de comunicación del Estado de lo que iba a pasar, porque tenían que silenciar todo cuestionamiento público y apagar toda reacción ante el caso. En una democracia no debería ocurrir nunca que la dirección de un periódico vaya a la cárcel cuando su único delito sea el expresar y difundir ideas y opiniones.

¿Recibisteis algún apoyo fuera de Euskal Herria?

No hubo mucha solidaridad Aquellos tiempos fueron muy fríos para nosotros. El estamento periodístico, en general, no sólo no se solidarizó sino que de algún modo sostuvo esa decisión política con su silencio cómplice Hubo, sí, contadas excepciones como la de José María Ansón, entonces director de ABC, monárquico recalcitrante, que puso su palabra frente a la de los demás. Pero incluso, hoy en día, hay quienes en algunas tertulias siguen diciendo que éramos una panda de terroristas y yo todavía no he visto que pillaran ni un sólo gramo de pólvora en aquellos registros que hicieron en nuestras redacciones.

Respecto a los medios de comunicación de Euskal Herria, sí que tuvieron un poco más de vergüenza y en algún caso nos llamaron por teléfono, pero fue más bien a nivel personal, porque habíamos compartido profesión. Yo he sido periodista de base y he estado en ruedas de prensa, eventos informativos y demás, me conocía un montón de gente y sabían perfectamente lo que había detrás de mí. Aún así, nadie se atrevió a apostar por nosotros salvo en contadas excepciones, léase Egunkaria en aquél momento. Aquello fue una encerrona tremenda y nos dieron con toda su fuerza. Pero supimos responder de alguna manera y todavía hoy seguimos respondiendo.

¿Por qué aquellas personas mínimamente coherentes no criticaron la injusticia cometida con Egin? ¿Cómo entendemos estas incoherencias políticas?

Lo primero que cae en un país en guerra o en conflicto son los aeropuertos y los medios de comunicación, así se controla el pueblo. Al sistema político español le molestó (y todavía le molesta) muchísimo, desde el principio, que nosotros dijéramos nuestra verdad. Ya desde 1977 Egin nació bajo el odio del poder. Se decía que en los consejos de ministros se planteaba seriamente nuestro cierre; sin embargo, tuvieron más vergüenza de la que tuvieron después sus herederos y entonces optaron por no cerrarnos. En lugar de llegar al cerrojazo, nos bloquearon los grifos económicos negándonos las subvenciones al papel que concedían a toda la prensa escrita por ley y toda la publicidad institucional, de la que vivían y viven los periódicos. Más adelante, al ver que nosotros sobrevivíamos y resistíamos con grandes dosis de imaginación e inventiva, tuvieron que dar un paso más en su estrategia: la criminalización. Fue por aquel entonces cuando el señor Atucha llegó a decir que “emborronábamos la mente” y que por higiene democrática nos tenían que cerrar. Y así, todos los consejeros del Gobierno Vasco pusieron una alfombra roja para que doscientas personas enmascaradas entraran con sus botas, correajes y fusiles a cerrar Egin rompiendo efectivamente todas las normas y convenciones habidas y por haber.

Después vino una época en la que de alguna manera se reaccionó, se llevaron a cabo muchos sacrificios y se volvió a sacar otro periódico adelante, Euskadi Información, volviendo a hacer lo mismo por lo que les dimos una buena respuesta. Pero mientras tanto hubo silencio alrededor de Egin y no ha habido ninguna autocrítica por parte de nadie, sólo se han acordado de nosotras y nosotros en algún aniversario y cuando estábamos a punto de salir de la cárcel. Cuando salí hace un mes y pico de la prisión me encontré en sus puertas con ETB, Euskadi Irratia, Berria, Gara y demás, pero no apareció ningún medio de comunicación español (salvo una agencia). Ese día en el Estado Español y en Europa ocurría una cosa, y es que el único periodista que estaba preso por dirigir un diario salía a la calle después de siete años y medio, pero prefirieron informar de que Isabel Pantoja salía seis días de permiso. Creo que esto quiere decir bastante sobre cómo están los medios de comunicación: están a la sombra del poder.

¿Crees que el miedo, como el uso de la tortura en las cárceles, ha sido uno de los factores que ha impedido que la sociedad vasca fuera más crítica?

Por supuesto. Los cierres de Egin y Egunkaria y la impunidad que hubo después producen mucho miedo a la gente. De hecho, han seguido persiguiendo al periódico Gara: la directora Mertxe Aizpurua y otro periodista de ETB fueron llamados a declarar por el juez tras hacer una entrevista a interlocutores de ETA. Esto no pasa en ningún otro lado, (véase el caso del Chapo y Sean Penn), sólo aquí, en esta democracia de chicha y nabo, democracia que no admite opiniones diversas salvo el nacionalismo español imperialista y el despotismo ilustrado económico. Al final nos vamos a olvidar de cosas que son elementales como la libertad de información, que es la madre de todas las libertades. Y esto es lo que quieren controlar: la libertad de pensamiento y junto con ella la libertad de opinión, de informar y de ser informado.

¿Qué particularidad tenía Egin? ¿Qué información publicaban que no la publicaran los demás medios de comunicación?

Nosotros dábamos coherencia a toda la izquierda abertzale y a los sectores de izquierdas y progresistas. Algo peligrosísimo, al parecer. Ésa era nuestra particularidad: no teníamos miedo de decir las cosas a la cara, criticábamos al Gobierno con toda la dureza y crudeza que podíamos. Defendíamos lo que creíamos justo y digno, no podíamos ocultar las cosas que llegaban a nuestras manos. No podíamos decir que no había corrupción cuando sabíamos que sí la había. Recuerdo también que fuimos el primer periódico de todo el Estado que sacó el borrador de la Constitución y les dolió muchísimo. También publicamos el famoso “Libro rojo del cole”, de la editorial Nuestra Cultura, y nos suspendieron la tirada, aunque ya era tarde porque habíamos repartido muchos ejemplares.

Felipe González dijo que los medios de comunicación no eran el cuarto poder sino “el poder”. ¿Hasta qué punto tienen los medios de comunicación la capacidad para llegar a todos los ámbitos de la sociedad?

La comunicación no es una religión que depende de la fe, pues no es cuestión de creer o no creer. Yo pienso que la sociedad se divide entre los que sienten y practican el cooperativismo, el altruismo, la fraternidad, la generosidad y la humanidad, y aquellos otros que creen en la avaricia, en el individualismo a ultranza, o sea el capitalismo. Desde Egin apoyábamos lo primero y nos enfrentábamos al segundo. Ahí entra la ideología. Además reivindico el subjetivismo precisamente por eso, para que todos se reconozcan en el otro, para que yo pueda decir al mundo cómo pretendo hacer y configurar un estado o una nación. Desde ahí, puedo convencer o no a la gente, pero yo no estoy haciendo una religión, no estoy creando un dogma, ni mucho menos.

El cometido de un medio de comunicación, entre otras cuestiones, es dar coherencia a un colectivo humano que imagina una nación y también cual es la forma de vivr de una sociedad. Todos y todas nos imaginamos una Euskal Herria libre, algunos socialista, otros no tanto. Hay quien quiere una Euskal Herria libre en España, cosa contradictoria para mí, pero también quiero convencer a esa gente de que yo creo que este pueblo es una nación, que tiene un grueso poso, un sedimento antiguo de costumbres que se ha acumulado hasta nuestros días y que, además de esas costumbres, esa estructura, ese idioma, etcétera que configuran una nación imaginada (no ficticia), también hay una parte social que se adhiere como la piel a esa nación y que por lo tanto no se puede disociar. Una nación y un estado se forman y se generan para vivir en armonía y alcanzar el buen vivir.

Tú y otras tantas personas salís de la cárcel humana e ideológicamente reforzadas y abiertas a la convivencia.

Mis convicciones son ahora mucho más fuertes porque la introspección en la cárcel te lleva o bien a abandonarlo todo y quedarte despojado de ideas, o a convencerte de que lo que te ha traído hasta allí merecía la pena. Yo lo primero que dije al salir fue que quería recordar todo pero sin dolor. Esto no quiere decir ni que perdono ni que pido perdón, que esto es un concepto religioso. Las cosas no se perdonan o se dejan de perdonar, son como son y siempre hay que mirar hacia adelante. Parece ser que la gente se queda bloqueada en el campo del perdón y arrepentimiento, de la reinserción, etc. Yo creo que ahí no hay que entrar. La cuestión está en poder mirar de frente a la gente, al futuro, sin espejos retrovisores que, lo único que hacen es molestar cuando tienes que pasar por callejones muy estrechos. Es verdad que hay que convivir y a muchos nos va a costar mucho, pero te voy a decir una cosa: no se arrepiente nadie. Ni siquiera el atracador más blando o pusilánime se arrepiente de haber atracado, aunque ante el juez agache las orejas. Hay gente que utiliza como instrumento laboral el delito porque no tiene más narices que utilizar el robo para poder sobrevivir. Por otro lado, la reinserción es una palabra vacía, no existe ese concepto en las cárceles. Además te lo dicen los propios presos, funcionarios, sociólogos, psicólogos… ¡todo el mundo! Eso lo ves, de entrada, porque el ochenta por ciento de la población carcelaria está enferma, tocados de la cabeza y enfermos de adicción, y a esa gente hay que ayudarles, esa gente no se puede reinsertar ni tiene que reinsertarse. Además, ¿reinsertarse en qué sociedad? Lo que hay que cambiar es la sociedad. Porque es ésta la que les impulsa a hacer lo que hacen y la que los lleva a la cárcel.

Dado que ésta es una entrevista abierta, vamos a proceder con las preguntas que ha escrito el público. Teresa Toda, la ex subdirectora de Egin te pregunta lo siguiente: ¿Qué plantearías para renovar la profesión sabiendo que periodistas jóvenes trabajan en precario y por tanto no se atreven a ser “incómodos”?

No se atreven a levantar la voz porque saben que se van de patitas a la calle. Por lo tanto, lo único que nos queda es la información alternativa y utilizar las nuevas tecnologías. También tenemos que tener en cuenta que detrás de los medios de comunicación de masas están las grandes transnacionales y los grandes poderes económicos que son los que presionan y hacen y deciden nuestra realidad. Es decir, no vivimos la realidad “real” por decirlo de alguna manera. Vivimos la realidad que quieren ellos. Estamos condenados a vivir una existencia acomodada que ellos crean y eso es tremendo. Lo único que pueden hacer los y las periodistas jóvenes es rebelarse constante y continuamente. Y el otro método que conozco es el de Gara y Egin: reunir la mayor cantidad de voluntades posibles entorno a una idea común, que sea abierto, que sea plural, pero que sea de esa parte de la humanidad que todavía sigue considerándose cooperativista, altruista y humana, y que está en contra de la avaricia, del dinero, del poder de pocos sobre muchos y demás.

La siguiente pregunta que te hace el público dice: has mencionado que Egin criticaba al gobierno. ¿Qué les dirías a quienes piensan que no criticaba como merecía a ETA?

Que igual tienen razón, pero lo que pasa es que se practicó una cierta discriminación positiva en ese sentido. Es decir, las críticas a ETA eran a chorro, por todas las esquinas, y además unas críticas demoledoras y muchas veces falsas. Nosotros, efectivamente, silenciábamos a menudo la crítica a ETA, no ocultábamos su demonización y su rechazo y puntualmente también hicimos nuestras críticas. No machacábamos a ETA porque no creíamos que debíamos permitir que ello sirviera como otro instrumento político más contra todo un sector importante de Euskal Herria. No queríamos eso. Nuestra labor era empujar lo que fuera posible para lograr un ambiente político en el cual se lograra el diálogo. Siempre hemos abogado por la negociación y la paz. Y es por esto, también, por lo que cerraron el periódico. No quiero que se olvide eso. Nosotros nunca hemos pedido guerra y pólvora. Hemos estado en contra de la violencia. Aunque soy de los que opina que la violencia política es, en un momento dado, la expresión de un pueblo que quiere libertad para vivir en paz. Otros pueblos también han adoptado esos caminos de sufrimiento y cuando consiguen su libertad sus luchadores pasan de terroristas a héroes.

Otra participante pregunta lo siguiente: has dicho que todavía hoy de alguna manera estáis respondiendo a la persecución que sufrieron Egin y Egunkaria. ¿Cómo hacer para que esa respuesta tenga repercusión?

Es difícil porque de entrada hay una crisis terrible entre los medios de comunicación, por lo que hay que empezar a mirar otras metodologías completamente diferentes para lanzar los mensajes, tanto sociales como económicos, humanos, religiosos, etc. Yo apostaría por alternativas emergentes, como pueden ser las radios libres e internet, y ser muy rebeldes. Es difícil mirar al futuro desde lo que son los medios de comunicación porque todas las grandes empresas y el Ibex 35 están detrás de todos los medios y se van a apoderar de casi todas las ideas que se vayan aportando. Lo que hay que hacer es aportar ideas que ellos no puedan apropiar.

Has estado siete años y medio en la cárcel, que se dice pronto. ¿Qué es ser un preso político?

Es muy duro. Un preso político es una persona que está en la cárcel y que todo el mundo sabe que lo es, pero que lo niegan con total cinismo en público. Es decir, todo el mundo sabemos que somos presos políticos: los funcionarios, los presos, los que están fuera, el gobierno, la ONU, el Papa… pero nos lo niegan. Nos lo niegan precisamente por eso, porque somos presos políticos. Si no, ¿por qué hay toda una ley que se ha adecuado a tenernos como nos tienen? ¿Por qué se nos dispersa? En este sentido debo puntualizar que hay cárceles que son más duras que otras, pero para el preso estar lejos o estar cerca es estar, simplemente, en la cárcel. El problema está en nuestras familias que no han hecho nada y a ellos sí que les duele la dispersión. No va contra los presos, va contra las familias y eso también hay que decirlo alto y claro. No pueden sostener que la dispersión es para que nosotros no nos juntemos, es pura y exclusivamente venganza.


Maddi Goikoetxea es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate.


 

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