Del socialismo tanzano a la opresión del partido único

Las pasadas elecciones tanzanas han sido indiscutiblemente las más controvertidas desde que el país abrazara la democracia multipartidista en 1995. Ha vuelto a ganar el CCM pero los indicios de fraude electoral y una corriente mediática validando los resultados subrayan una estabilidad apuntalada por la propia historia de paz de Tanzania. Sin embargo, la crispación marcará un punto de inflexión en esta región del África del Este y el archipiélago de Zanzíbar será la pieza clave.
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Votantes de Arusha (Tanzania) a las puertas de un colegio electoral. Fotografía: Sebastián Ruiz.

Las quintas elecciones multipartidistas de Tanzania del pasado 25 de octubre han marcado un punto de inflexión en la política nacional. El nuevo presidente elegido es John Magufuli, del Chama cha Mapinduzi (CCM), partido que ha vuelto a ganar revalidando sus 54 años en el poder bajo la sospecha de fraude electoral. El jueves se conocieron los resultados después de 4 días de un lento recuento televisado en las principales cadenas de televisión.

Y esto ha tenido 2 lecturas: por un lado, la oposición ha subrayado que de esta forma se preparaba al pueblo con antelación y se evitaban variaciones y protestas de lo que ha sido hasta ahora el partido del gobierno. Por otro lado, el partido del gobierno, que controlaba todo el proceso de recuento, insistía en que este sistema pausado validaba aún más la transparencia democrática.

Como reza un proverbio suajili, la lengua oficial de Tanzania e idioma vehicular para toda la comunidad de África del Este, “si un recolector de vino de palma es alabado, se diluirá con el agua”. Este proverbio capta lo que ha estado sucediendo en los días posteriores a las votaciones a la presidencia del país. Tan pronto como los observadores locales e internacionales elogiaron a la Comisión Electoral Nacional (NEC), los partidos políticos iniciaron denuncias sobre irregularidades.

Pero las pruebas de fraude permanecen vigentes. La votación se retrasó en algunos distritos, incluyendo en algunos barrios de Dar es Salaam, donde miles de papeletas de la oposición desaparecieron. Además, en la región suroeste de Sumbawanga, varias personas armadas atacaron un vehículo que al parecer había robado varios votos de la oposición y se disponía a quemarlos. Las votaciones fueron pacíficas en términos generales en el país, sin embargo, durante el mismo día de las elecciones, el propio Mwesiga Baregu, un alto funcionario del Chadema, explicaba a los periodistas que ya estaban preocupados por los informes sobre un número de intercepciones de cajas electorales. Estas reivindicaciones no pudieron ser verificadas de forma independiente.

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Colegio electoral en Arusha (Tanzania). Fotografía: Sebastián Ruiz.

Zanzíbar: la isla rebelde

La pieza clave en los próximos meses será el archipiélago de Zanzíbar. Las votaciones en el archipiélago se han invalidado por no ser transparentes, según las fuentes del gobierno o porque el partido que ha ganado (y lo lleva haciendo desde el 1995) ha sido el Frente Cívico Unido (CUF) que se había comprometido a garantizar la autodeterminación de Zanzíbar sin importar el origen de los electores, sus ideologías o sus creencias religiosas.

A pesar de su pequeño tamaño, Zanzíbar representa una parte muy importante del paisaje del este de África y una puerta de entrada al continente. Tierra cosmopolita de indios, persas y africanos, las islas han vivido la ocupación portuguesa, el colonialismo bajo el Sultanato de Omán, una revolución sangrienta que acabó con el exilio del sultán a Gran Bretaña y, finalmente, un tratado con la parte continental conocida como Tanganica en abril de 1964, estableciendo lo que hoy es la República Unida de Tanzania.

Esta unión se suponía que debía permitir a Zanzíbar y sus gentes ser una región semiautónoma con su propio gobierno y presidente. Pero más de 50 años después, hay un creciente descontento por la forma en que esta relación ha sido administrada por el poder centralizado en la capital continental de Dodoma a costa de Zanzíbar y la voluntad de su pueblo. Lo que fue considerado como una asociación entre dos estados (el continental y el insular) se ha convertido en una nueva forma de colonización controlada eficazmente desde lejos.

El archipiélago formado principalmente por las islas de Zanzíbar, Unguja y Pemba, tiene una larga historia de violencia relacionada con las elecciones y la polarización política entre el partido en el poder (CCM) y el CUF, el principal partido de la oposición en las islas. Desde el paso a la democracia multipartidista, las de 1995, 2000, y las elecciones de 2005, todas sufrieron de la violencia y las denuncias de fraude por la oposición. Después de varios intentos fallidos de compartir el poder, los líderes de CCM y CUF en el período previo a las elecciones de 2010 acordaron formar un gobierno de unidad nacional (GNU) que desembocó en unas elecciones de 2010 más o menos tranquilas.

Y los hechos se han desencadenado según lo previsto. En mayo de 2015, el CUF concedió una rueda de prensa alegando que el CCM tenía la intención de manipular las elecciones. En junio, el CUF organizó un huelga de la Cámara de Representantes de Zanzíbar debido a presuntos errores en el proceso de registro de votantes, incluyendo la intimidación por parte fuerzas de seguridad. En julio, en medio de crecientes incidentes violentos, los partidos de la oposición se negaron a firmar un código de elección ética elaborados por la Comisión Electoral de Zanzíbar gobernada por el CCM. Y en octubre… Zanzíbar sigue en un limbo.

La era de los desafíos persiste y aumenta para el CCM

En el desván de la historia africana y tanzana quedará la figura del que fuera el primer presidente de la nación, Julius Nyerere. “El capitalismo significa que las masas van a trabajar y algunas personas se beneficiarán de esa obra. Unos pocos se sentarán en el banquete mientras que las masas comerán lo que sobra”. Como presidente, Nyerere tuvo que seguir un camino difícil. A finales de 1960 Tanzania era uno de los países más pobres del mundo. Como muchos otros, sufría de una severa carga de la deuda externa, una disminución de la ayuda extranjera y una caída en el precio de los productos básicos. Su solución fue el Ujamaa o socialismo africano: la colectivización de la agricultura y, entre otras medidas, la nacionalización a gran escala en una mezcla única de socialismo y de vida comunitaria. Esta visión quedó establecida en la Declaración de Arusha de 1967: “El objetivo del socialismo en la República Unida de Tanzania es construir una sociedad en la que todos los miembros tengan igualdad de derechos e igualdad de oportunidades; en el que todos puedan vivir en paz con sus vecinos sin sufrimiento, la imposición de la injusticia o la explotación; y en la que todos tengan un nivel básico gradual de bienestar material”.

Sin embargo, la campaña resultó cara y, mientras su líder dedicaba recursos, tiempo y energías a los asuntos exteriores, sus críticos en Tanzania argumentaron que pasó por alto los problemas internos y no aplicó el mismo respeto a los abusos contra los derechos humanos que le permitió encerrar a sus oponentes políticos.

Después de 23 años en el gobierno se retiró de la presidencia dejando al país en estado de choque y admitiendo que las medidas que había tomado no habían tenido el éxito esperado, entre otros asuntos por la ruina económica que supuso la guerra contra Uganda para derrocar al dictador Idi Amín y por la aceptación de los planes de ajuste estructural del FMI y el BM. Estas mismas organizaciones son las que hoy aplauden el crecimiento sostenido anual del producto interno bruto (PIB) a un 7%, el doble de la tasa media de la década de 1990. Pero el país continúa con grandes disparidades entre los distintos sectores de la población.

La mayoría de las personas que viven en las zonas rurales siguen siendo extremadamente pobres. El sector agrícola es el principal contribuyente económico de Tanzania representando alrededor del 25% del PIB, con unas cifras de empleo en el campo de alrededor del 80%, es decir, unos 40 millones de personas. Pero el potencial de la agricultura no ha terminado de beneficiar a la población por la falta de inversión del gobierno y un clima cambiante.

El Índice de Desarrollo Humano clasificaba a Tanzania en el puesto 163 de 170 países en el año 2000 y, en el 2013, ocupaba el 152 de 187 países. Los críticos dicen que el plan de reducción de la pobreza del partido en el poder (CCM) ha sido lento y desigual compartido, con altos niveles de corrupción, entre otros, en el sector público. No es de extrañar que la oposición denuncie que el objetivo de reducir a la mitad los niveles de pobreza de 1990 todavía no se han cumplido en 2015.

Otro de los desafíos es el de la educación*. Al igual que muchos otros países africanos, Tanzania ha hecho grandes progresos en la ampliación de los servicios básicos como salud y educación. La tasa de matriculación en la escuela primaria, por ejemplo, se encuentra oficialmente en el 94%. Pero las estadísticas “oficiales” sugieren que la calidad de esos servicios es a menudo bastante pobre. Sólo alrededor de un tercio de los niños y niñas de 10 años de edad puede leer un párrafo en inglés en los estudios de segundo grado. Y mientras que Tanzania se enorgullece de ser en África del Este el hogar del kisuajili, la infancia de Tanzania tienen una puntuación más baja que la vecina Kenia en alfabetización del kisuajili.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. Actualmente reside en Nairobi (Kenia).


NOTAS:

*Los datos sobre educación han sido extraídos de la web http://www.twaweza.org/. Twaweza es una organización de la sociedad civil tanzana que ha hecho una recopilación combinada e independiente de datos y análisis rigurosos en torno a temas como la mala calidad de la educación, el acceso al agua, y otros servicios básicos.

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