Marilyn Solaya: “Es una película para los otros, todas aquellas personas que se creen que tienen el derecho a vejar, maltratar, abusar y marginar al diferente”.

Del 15 al 22 de octubre se celebró en el Centro Azkuna de Bilbo el Festival Internacional Cine Invisible, organizado por KCD-ONGD. Desde la Revista Pueblos participamos en el Festival como jurado, una ocasión para ver muchas películas y documentales y conocer a algunas de sus directoras. Es el caso de Marilyn Solaya, directora de cine cubana, que presentó "Vestido de novia", un largometraje de ficción que cuenta la historia de la primera mujer transgenero operada en el país. Nos recibió en la habitación de su hotel…

 

Marilyn Solaya durante la presentación de su película Vestido de Novia. Fotografía cedida por el Festival.

Marilyn Solaya durante la presentación de su película Vestido de Novia. Fotografía cedida por el Festival.

Este es tu primer largometraje de ficción, ¿Qué se siente ante la buena aceptación que está teniendo la película en los festivales? ¿Y en Cuba?

Después de tanto trabajo y tantas investigaciones –porque lleva mucho trabajo hacer una película y más con temas comprometidos-, que la película funcione con todos los públicos, no sólo en los festivales de temática LGTBI, al contrario, en todos los festivales y con todos los públicos, yo creo que ese es el objetivo, que logré la película que quería hacer. Siempre dije que era la película de los otros, todas aquellas personas que se creen que tienen el derecho a vejar al diferente, a maltratar al diferente, a abusar al diferente y a marginar al diferente. La diversidad es algo tan rico y que hace tan rica las culturas de los pueblos que el día en el que las sociedades se den cuenta de esto y lo lleven y lo hagan conscientes, yo creo que ganamos todos.

La película se estrenó en La Habana a finales del 2014, en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, con ocho presentaciones y las salas llenas con más de 1.000 espectadores en cada presentación. Se creó un grupo de fans que cuidaba de que entrara toda la cola y aun así siempre se nos quedó un cine fuera. Era increíble la sensación de que la gente quisiera ver tu película. Y además en ese Festival estaba compitiendo con otras películas comerciales del corte comedia, pero nosotras estábamos ahí y nada más que salimos ninguna nos pudo superar en público, que siendo una película comprometida con temas tabúes y sociales, era todo un reto.

Lo que podría suponer la necesidad de romper o destapar esos tabúes.

Claro que sí, está la necesidad y el compromiso por el cine. Yo como directora sí pero como comunicadora también. Que la vea la mayor cantidad de público, que les llegue y que a pesar de los temas duros se queden sentados ahí.

Algo que has conseguido en la VII Edición del Festival Cine Invisible 2015, dónde presentaste la película y conseguiste no levantar a nadie de su asiento y ganar, además, el premio a la mejor película realizada por una mujer y el premio del público.

Para mí esto siempre es un misterio en cada lugar que voy. Acá me gusta porque yo sé que el público que va a ver este festival es un público, en su gran mayoría, que tiene conciencia de género y que la hayan calificado para bien será por algo, porque funciona. La película es como una cebolla, formada de varias capas; si quieres hacer una tesis sobre diversidad, ahí está; sobre igualdad y equidad, ahí está; sobre la violencia hacia la mujer o la violencia estructural, de hombres hacia otros hombres, de masculinidad, todo está ahí. Yo creo que está todo y hay que ver la película como lo que es, no como lo que no es.

Marilyn Solaya recibiendo el premio a la mejor película realizada por una mujer. Fotografía cedida por el Festival.

Marilyn Solaya recibiendo el premio a la mejor película realizada por una mujer. Fotografía cedida por el Festival.

10 años de trabajo para un largometraje de 104 minutos. Cuando comenzaste las investigaciones ¿Cuál fue la situación que te encontraste?

Desde que encontré el tema me parecía atractivo y necesario pero, yo no sabía nada del tema, así que tenía que alfabetizarme y profundizar. Cuando conté el proyecto en un programa televisión fue ella la que me buscó, la persona en la que me inspiré y que me abrió las puertas de su corazón y su casa, la primera transgénero operada en Cuba, eso fue en el 2000. Y ya desde ahí nos pusimos a trabajar. Ahí me di cuenta de que ella necesitaba mucho, nos necesitábamos mucho. Porque ella también tenía una mirada diferente de la feminidad, que no tenía nada que ver conmigo y al mismo tiempo es la que me conecta con esta historia. Ahí es donde Marilyn Solaya se conecta con Mavi Susel, esa mujer que se está construyendo. Y es que nacemos con esa marca que nos dice que tenemos que ir al rosado, ser la ama de casa, llevar la familia,… todos esos roles tradicionales que se nos asignan y eso ya no lo quiere nadie. Entonces ella construyó esa mujer porque era lo que ella creía que era una mujer. Y estaba bastante angustiada, como todas. Entonces es donde conecto yo con ella. Para mí ella es una mujer, la historia de una pareja heterosexual. Y a través de ella me llegaron otras mujeres que también intentaban desarrollarse, tener otro proyecto de vida, y que tampoco lo lograban porque socialmente es muy complicado, el contexto no las dejaba.

Y para acercarnos esas historias cuentas con los mejores actores y actrices del panorama cinematográfico de Cuba. ¿Tuvieron dudas a la hora de aceptar el reto sabiendo que son temas tabús?

Hicimos un trabajo importantísimo y tuve siempre a mi lado al asesor temático de mi película, al doctor Julio César González Pajes, que además lleva la Red Iberoamericana y Africana de las masculinidades y es doctor en Historia. Me apoyó todo el tiempo para cuando tuvieran alguna duda porque él también es feminista y se dedica especialmente a este trabajo. En el caso de las actrices tenía a las de verdad, ahí en vivo, que podían trabajar y de hecho les propicié esas sesiones con ella. Y también estaba el documental que escribí porque la película no caminaba, algo que tiene mucho que ver con ser mujer directora en Cuba.

Ahora, para hacer una ópera prima como ésta, con tantos temas sobre el tapete y tantas cosas que decir, temas comprometidos además, yo preferí usar caras reconocidas, caras que los espectadores quisieran ir a ver. Las películas también son eso. Cuando alguien de cualquier industria elige sus actores y actrices es porque tienen un peso, y los espectadores van a ver a sus actores y a sus actrices en roles diferentes. Y esa fue parte de la estrategia. Y afortunadamente, me siguieron en esta aventura desde el inicio. Son actores y actrices muy sensibles, que viven el día a día con todos los problemas que estamos tratando ahí, y muy cómplices. De hecho durante la película se nos hicieron miembros de la Red de artistas ÚNETE, por la no violencia contra las mujeres y las niñas. Parte de lo que hacemos es una acción para apoyar esto.

Tu película aborda un problema global, el de la homofobia y transfobia, pero está anclada a un contexto específico: La Habana, durante el Período Especial. ¿Qué te daba ese contexto, que no te daba otro, para contar justamente esta historia?

Todo el pueblo vivimos un momento complejo. El Periodo Especial para nosotros fue el principio de todo lo que estamos viviendo ahora. Una gran crisis de valores, que a lo mejor no la veíamos porque estábamos muy enfocados en construir nuestra Revolución. Y en 1994 le sacó a nuestra sociedad todo lo peor, porque las crisis económicas afloran todas las demás crisis.

En la presentación de la película en Festival de Cine Invisible, hablabas sobre los malos, hombres trajeados que duermen tranquilos. ¿Quedan muchos hombres malos en la sociedad cubana?

Yo creo que sí. Cuando hice el trabajo de campo fui a conocer muchas historias de vida que me abrieron sus puertas y corazón, y vi que muchos hombres tienen amantes como estos, que tienen una doble vida, una esposa, que tienen un estatus social, incluso cargos en altas esferas de la sociedad y sin embargo no salen del closet (armario). Y son los primeros que hacen de la vida de estas personas un suplicio por la doble moral, el fingimiento de aparentar lo que no son, de humillar al diferente públicamente. Eso me pareció vil.

Hombres malos obsesionados por un pene que no existe en la película.

Claro, y es eso. Cómo empiezo la película, con una pareja de recién casados, ella hacía rato se había resignado, de hecho todo el mundo la conocía y la veía. Era mujer, nadie cuestionaba eso y sin embargo cuando se sabe en un momento ese secreto de su pasado, entonces todos los conflictos van alrededor de un pene que no está en la película. Una cosa que no está ya en la vida de nadie, que quedó en un hospital hace un tiempo. Y entonces te das cuenta de lo morboso, de la ignorancia, y de que el sexo sigue siendo el juez universal del ser humano. Es decir, que todo lo que se desprenda del sexo es un problema.

¿Queda mucho camino por recorrer para conseguir la equidad de género y diversidad sexual en Cuba? ¿Qué iniciativas gubernamentales existen hoy en día?

Es verdad que cada vez existe más apoyo gubernamental. Desde la institución se impulsó el CENESEX, se realizaron las primeras marchas por la no homofobia, encabezadas por Mariela Castro y sus asesores; pero es insuficiente porque ese machismo es una tendencia cultural. El machismo es el culpable de todo, es la mancha de todas las sociedades. Una cosa tan linda que fue el proyecto de la Revolución pero que por el machismo cuántas cosas feas que nos han hecho.

Hay que recorrer todos los caminos todavía. Cosas que creíamos que habíamos logrado como la conciencia de raza, la liberación e igualdad de la mujer, etc. El machismo sigue sin estar resuelto, y es un problema que incide en todos los logros que habíamos alcanzado las mujeres. El hombre sigue siendo intocable.

Desde la Revolución en Cuba siempre se ha hecho un esfuerzo por la promoción de la cultura. ¿Cómo es la situación del cine cubano? ¿Hay suficiente protección y apoyo por parte del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC)?

Como decía antes, aquí está el hecho de ser mujer directora en Cuba. En 56 años que tiene la revolución, el ICAIC fue la primera institución que creó la mujer, con miles de graduadas en todas las cátedras, y sin embargo, sólo tres mujeres conmigo  han tenido acceso a largometrajes de ficción dentro de la industria. Yo decía que también quería, si estoy graduada en todas las cosas que se puede estar graduada allí, si tengo una obra que me respalda, si tengo un proyecto que además he revisado y vuelto a revisar y con una investigación importante. ¿Por qué yo no puedo acceder a esa posibilidad?

Nací en un país, en 1970, en una sociedad en la que se me decía que tenía derecho a todo. Justamente ese fue el regalo que nos hicieron. Y voy a por él hasta que un día no me digan lo contrario, lo quiero todo. Es un derecho que tengo en esa sociedad y en cualquiera para ir a por lo que quiero hacer y realizar mi proyecto. Eso me trae algunas dificultades, como por ejemplo que mis colegas ya vayan por la tercera película y yo acabe de terminar ésta.

Y para finalizar, ¿qué les dirías a las personas que comparten y apoyan los ideales de la revolución cubana y una vez vista la película se sientan incómodos?

El que se siente incómodo es porque se siente tupido y no quiere ver las cosas porque sencillamente no tiene la actitud de reflexionar. Cuba no es la misma de hace 20 años. Por lo tanto, cómo alguien puede pretender que estemos estancados en una serie de ideales. Todo evoluciona, y justamente por tener una actitud de estar escondiendo nuestros defectos como sociedad, después de tanto trabajo que nos costó, eso fue lo que ha hecho que muchas partes de ese proyecto se hayan ido al suelo. No se trata de ocultar las cosas, sino de trabajarlas. Como sociedad tiene muchas cosas buenas, yo soy producto de eso. Cuando yo veo mi vida, mis orígenes, el lugar donde nací y todo, me doy cuenta de que realmente ahí hay un regalo importante a una generación, que no hubiera sido así el cuento si no hubiéramos tenido esa Revolución. Porque hay cosas que no se alcanzan, como la pobreza.

Y por ello este Festival de Cine Invisible es un espacio importante.

Me doy cuenta de que cuando yo explico los problemas de las situaciones de la mujer cubana estos no tienen nada que ver con las de las mujeres egipcias. Es un espacio de intercambio con la mirada del otro, mirar a los que no tienen nada. Yo le tengo mucho que agradecer a Juan Carlos, el director de este proyecto, porque me lo encontré en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano en 2010 cuando estrené mi documental “En el cuerpo equivocado” y andaba viendo quien me podía colocar el documental. Y Juan Carlos seleccionó el documental lo que me permitió presentarle este otro proyecto y me apoyó en su desarrollo. Por eso agradezco al Festival y KCD, porque además me ayudaron a conseguir una coproducción vasca.

Lo bueno que tiene esta película es que lo mismo está en otro tipo de festivales, de alfombra roja, o también está aquí, en el Festival de Cine Invisible, que es su espacio.


Eneko Calle García es colaborador de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.


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