Nollywood y la exportación masiva de “cultura africana”

Entre la precariedad y la innovación, el celo y la envidia, el respeto y el desprecio, la industria cinematográfica de Nigeria (Nollywood) sigue en auge afianzándose como la segunda del mundo en número de producciones por detrás de Bollywood (India) y por delante de la mismísima Hollywood (Estados Unidos). Con este marco, la cuna del cine europeo, París, acogió por tercer año consecutivo a la Nollywood Week (4-7 de junio). Cuatro días donde el cine 'made in Nigeria' se mostró no sólo ante la diáspora africana, sino también ante las y los refinados espectadores franceses.
Mª José Comendeiro.

Mª José Comendeiro.

La segunda mayor industria cinematográfica del mundo, Nollywood, por delante de Hollywood en términos del número de producciones anuales (aproximadamente 40 películas por semana, con un costo promedio de 12.000 euros por proyecto), se ha moldeado en poco menos de dos décadas. Y parece que esta estructura tiene los pilares arraigados. “Nollywood ha afectado en gran medida a la economía, especialmente en lo que se refiere a los jóvenes”, nos explicaba la directora y productora nigeriana Mildred Okwo en la edición de 2014 envuelta en una tela tupida de un azul eléctrico. El impacto de una buena película puede resultar enorme, desde la pre hasta la post-producción. “Eso es dinero que va a la economía local, al vendedor de refrescos que espera que acabe un rodaje en la puerta de la casa. Si la industria del entretenimiento está bien cimentada, puede olvidarse de sus pesares”, ríe Okwo sabiendo que ha dado en el clavo.

Con una serie de nuevos cineastas talentosos dispuestos a subir la apuesta en términos de calidad, además de una revolución digital para reformar la distribución y posiblemente erradicar o al menos minimizar la “piratería”, y la promesa cumplida del ya expresidente Goodluck Jonathan de un fondo de intervención de entretenimiento (Proyecto de Promoción de la Creatividad y la Tecnología, PACT), el futuro es más brillante que nunca para el dorado africano que es Nollywood. Según las cifras barajadas por el Gobierno de la nación, representa alrededor del 1,4 por ciento del Producto Interior Bruto de Nigeria.

La historia del VHS nigeriano y la máquina de hacer dinero

Los directores del documental Esto es Nollywood (2007), Franco Sacchi y Robert Caputo, afirmaban: “Veíamos a los indios con sus musicales y a los chinos con sus peleas de kung-fu. Hoy tenemos nuestras propias imágenes y estoy orgulloso de eso”. Y el porqué de la expansión de Nollywood tiene su base precisamente en estos términos. Las imágenes que dominaban la pequeña pantalla en Nigeria (se podría decir que en una gran mayoría de los países al sur del Sahara) eran las telenovelas latinoamericanas (mexicanas, venezolanas y brasileñas), las coreografías procedentes de Bombay, los golpes de karate de Bruce Lee y los guiones de Far West tipo El bueno, el feo y el malo.

La audiencia estaba huérfana de sus propias historias, de sus propios personajes y de sus propios decorados. Y la humilde tecnología digital en la década de los 90 proporcionó la salida a estos sueños resultando ser el nacimiento de una industria cinematográfica y del VHS.

Todo comenzó en 1992. Living in Bondage, de Chris Obi Rapu, marcó el nacimiento oficial de Nollywood. Fue el primer vídeo grabado en lengua igbo (subtitulada al inglés) y que salió al mercado en VHS. Hasta la fecha se han vendido más de 500.000 ejemplares. La leyenda urbana dice que el escritor y productor Kenneth Nnebue, un comerciante con un gran número de cintas de vídeo adquiridas en algún lugar de Asia, decidió darles buen uso para rodar la película que luego pasó directamente a vídeo. Era el pistoletazo de salida de esta industria y de la era de los vídeos caseros de Nigeria.

Los actores podían ser aficionados, las líneas de guion débiles y los valores de producción escasos o inexistentes (elementos de crítica feroz contra Nollywood), pero lo cierto es que esta industria nigeriana en auge no sólo vio un aumento de la popularidad a través de la lengua vehicular inglesa, convirtiendo sus estrellas en nombres famosos desde Zambia a Liberia, o proporcionó un marco de referencia para sus contrapartes en Ghana, Costa de Marfil o Zimbabue, sino que también sirvió de ventana a la diáspora africana, proporcionándoles una pequeña porción de su recuerdos.

“Nollywood comenzó con historias sencillas escritas por personas que no eran siquiera conscientes de que estaban hablando de África. Simplemente escribieron acerca de las cosas que sucedían a su alrededor, incorporaron algunos mitos y cuentos antiguos y añadieron una buena dosis de espiritualidad para mantener a todos bajo control. Ahora se ha convertido en una exportación masiva de la cultura”.

Quien habla es el director Kunle Afolayan, quien presentó en la Nollywood Week 2015 su último trabajo, 1 de octubre. Una trama ambientada en 1960 donde un detective de la policía de Nigeria es enviado a investigar los asesinatos de varias mujeres en una pequeña comunidad.

Filmando, que es gerundio

Esta “exportación masiva de la cultura” sigue creciendo y tomando forma sofisticada a un ritmo sin precedentes. También está experimentando un cambio radical en el enfoque: de la cantidad a la calidad, de la cinta a la pantalla grande, desde lo local a lo global.

Los retos destacados de Nollywood no son dos, o tres, sino múltiples, y van desde la falta de financiación a la falta de profesionalismo, dando lugar a actitudes rentistas del estilo “nosotros, aquí, hacemos las cosas así”. Esto a su vez soporta un sistema en continua oposición a la innovación y una estructura de comercialización descentralizada que permiten que sea la propia “piratería” la que explote la industria.

Okwo, quién regresó a Nigeria desde Estados Unidos en 2006 y en 2012 fundó su productora de cine, The Audrey Silva, con la célebre actriz Rita Dominic, cree que el reducido presupuesto de las películas no debe ser automáticamente sinónimo de baja calidad, sino que también hace hincapié en la importancia de la financiación para que Nollywood pase al siguiente nivel.

Aunque la promesa de financiamiento siempre sobrevuela a los directores, Obi Emelonye, a caballo entre Londres y Lagos, y afamado por su trabajo Last fligt to Abuja (2012), matiza que siempre y cuando la mala distribución no sea abordada, los productores no podrán ganar dinero sin tener en cuenta los fondos disponibles. “En este momento contamos con entre doce y catorce salas de cine en todo el país para más de 150 millones de personas. Tenemos que resolver la estructura de distribución, lo que hasta ahora era el pilar de la industria, pero que se ha venido abajo por completo. Tenemos que encontrar los medios de hacer el dinero”, se queja Emelonye detrás de sus gafas de pasta y enfundado en una chaqueta de pana.

Okwo es en gran medida de la misma opinión: “El mayor reto es que Nollywood está creciendo en popularidad, no en ventas; no estamos moviendo unidades como la gente piensa. Hay un problema en las redes de distribución y los productores de Nollywood no están haciendo dinero”.

La revolución digital

La demanda de los africanos de la diáspora por el contenido de Nollywood ha provocado un efecto llamada. Por un lado, la distribución en internet sin permiso de los autores o sin ninguna licencia puede haber provocado un aumento de la “piratería” en línea. No obstante, por otro lado, ha dado lugar al nacimiento de portales como iRoko, Afrinolly, Pana TV y doBox que sirven a un doble propósito: a hacer Nollywood accesible a las masas y al mantenimiento de la industria a través de la firma de acuerdos de reparto de ingresos con los propietarios de contenido.

Cuando se le pregunta a Emelonye por los posibles beneficios de este nuevo medio, responde tajante. “La monetización de contenido de vídeo es una tarea muy difícil en cualquier parte del mundo. Hemos visto una afluencia de estaciones de televisión que muestran las películas y compran los derechos por unos míseros 350 euros y también hemos visto la proliferación de plataformas en internet de apoyo a las películas nigerianas. Siempre habrá una nueva tecnología para explotar nuestro trabajo. Pero el eje central es la monetización. Siempre y cuando el dinero esté llegando, no me importa cuál es el formato”.

El auge del digital en África tiene que ser tenido en cuenta. Inversiones en aumento para mejorar la banda ancha, un asombroso número de teléfonos móviles (estimado en 700 millones en un continente de 1.000 millones), con la exitosa historia de iRoko (con una biblioteca de 5.000 películas, más de 500.000 usuarios y usuarias registradas) y pese a que la creación de series se encuentra también en auge y tienen como destino final usuarios con acceso a canales de pago, el continente puede saltarse tecnología tradicional como la televisión y hacer que la revolución de Nollywood sea digitalizada, en vídeo e internet. Éste es el mejor ejemplo de la democratización digital, pues demuestra que es posible grabar con una cámara y contar su propia historia al resto del mundo que está mirando.

Críticas y esperanzas

Sin embargo, el poeta y periodista Odia Ofeimun, también nigeriano, es muy crítico con la industria de su país. “Nollywood, al igual que la religión impuesta por Occidente, es un buen ejemplo de cómo se les enseñó a los africanos a no utilizar sus cerebros. Las películas son como la propia sociedad nigeriana, subdesarrollada técnica y socialmente”.

El director y crítico Didi Cheeka no aprueba las palabras de Ofeium y advierte que Nollywood es una industria muy grande donde hay de todo: “Creo que el futuro es brillante porque ha establecido sinergias entre productores, jóvenes cineastas y miradas renovadas de historias que están por contarse”. Por esta razón, Serge Noukoue, el director ejecutivo del Nollywood Week Paris, de padres benineses aunque nacido en París y criado entre Francia, Camerún, Senegal y la República Centroafricana, apuesta por este festival: “Queríamos crear una ventana a Nigeria, un acceso al cine de Nollywood en Francia. Y lo hemos conseguido. Este festival permite la visibilidad de un cine que se está desprestigiando antes de ser visto”.

La animación y las imágenes generadas por ordenador son sin duda las próximas fronteras. Aunque criticada por algunos que la consideraron cualquier cosa menos “especial”, la experimentación de Emelonye con efectos especiales en Last fligt to Abuja es un esfuerzo loable. El realizador ha abierto el camino para preparar el terreno a las producciones más innovadoras de una manera similar. En el caso de Nigeria, la producción no debe limitarse a los temas habituales del amor y las telenovelas con intrigas poco sofisticadas. Y ya se habla de la primera película de superhéroes nigeriana, Boltara, creada por la actriz y productora de Nigeria Elvina Ibru.

La otra fuente de adición, barata y de rápida absorción, son las series que están desbancando a las tradicionales provenientes de Latinoamérica. Los patrones son meras copias de guiones hollywoodienses aunque adaptadas a los contextos locales. Prueba de ello y de su éxito son The Calabash (copia de Breaking Bad), Lekki Wives o African Desperate Housewives (Mujeres desesperadas), o Lagos Cougars.

De la fantasía a la realidad, a partir de los lodos descuidados de antaño a la realidad de hoy, Nollywood ha recorrido un largo camino para contar historias africanas a sus audiencias locales y mundiales. Con algunos retos por afrontar, no hay duda de que tendrá un futuro brillante, en la que los africanos cuentan sus propias historias, son dueños de sus propias imágenes y crean sus propias estrellas. Ofrecen al mundo, en las palabras finales del fallecido escritor nigeriano Chinua de Achebe, “un equilibrio de historias” directamente desde el corazón de Lagos, siempre escarpada, resistente e implacable.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº66 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2015.


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