10 años de boicot a Israel

No cabe duda de que cierto nerviosismo se está apoderando de las élites políticas y económicas de Israel. El motivo no es otro que la campaña de Boicot Desinversiones y Sanciones (BDS) lanzada en 2005 por la mayor coalición de la sociedad civil palestina y cuyos objetivos son el fin de la ocupación y colonización de las tierras árabes y desmantelamiento del muro, el fin de la discriminación racial institucionalizada (que se ajusta a la definición de apartheid de Naciones Unidas) y el reconocimiento de los derechos fundamentales de la población árabe en Israel en plena igualdad, así como la promoción y protección del derecho al retorno de las refugiadas y refugiados palestinos desarraigados y desposeídos en 1948.

La herramienta que 170 organizaciones de la sociedad civil palestina eligieron, hace ahora una década, para reclamar esos derechos y luchar contra la ocupación israelí se apoya enteramente en los derechos humanos y en la acción no violenta, en oposición a la violencia de la ocupación sionista israelí. La estrategia no es nueva. Ya resultó eficaz en la lucha contra el apartheid Sudafricano y, a juzgar por los recientes éxitos cosechados,  el BDS está teniendo éxito en revelar la “toxicidad de la marca Israel”. Es largo el camino que queda por recorrer, sin embargo, en estos 10 años se han dado pasos de gigante.

La preocupación se extiende por Israel a medida que destacadas personalidades de la cultura, la ciencia, el deporte, se adhieren a la campaña BDS y las adhesiones aumentan día a día  a pesar de las ingentes cantidades de dinero que el gobierno Israelí emplea en evitarlas. Pero eso no es todo. La campaña del BDS comienza a afectar seriamente a la economía de Israel, tal y como reseñó  el Financial Times  en un informe filtrado del gobierno israelí donde se estima que el BDS podría costarle a su economía unos 1.400 millones de dólares al año, principalmente por la caída de exportaciones de las colonias, si se concretara la normativa de etiquetado anunciada por la Unión Europea que obligará a declarar el origen de los productos a la venta. Sin embargo un estudio de la estadounidense Rand Corporation afirma que las pérdidas serían más de tres veces superiores, llegando a unos 47.000 millones de dólares en 10 años.

El BDS ha pasado a ser un asunto de Estado, y el nerviosismo se puede considerar histeria si atendemos a la reacción del Gobierno, cuya Corte Suprema ha ratificado recientemente una ley totalmente antidemocrática que criminaliza a quienes incitan al boicot. Aun así, la opinión pública israelí, fuertemente adoctrinada y alérgica a la autocrítica, continúa reaccionando de la única manera que sabe hacerlo: apoyándose en el victimismo y utilizando el antisemitismo como razón y arma contra cualquiera que cuestione el sionismo racista del gobierno de Israel. Su adoctrinamiento les impide ver lo que resulta obvio a la gran mayoría del planeta, esto es, el injusto sufrimiento al que están sometiendo a la población palestina. Porque, mientras hace un año ciudadanos israelís se congregaban para contemplar la carnicera lluvia de bombas sobre Gaza, como si de un espectáculo pirotécnico se tratara, en muchos hogares de Euskal Herria, y del mundo se derramaban lágrimas.

La rabia cuaja cuando nos enteramos de que Israel, uno de los principales exportadores de tecnología armamentística del planeta, aumenta exponencialmente sus contratos cada vez que comete una masacre contra la población palestina, debido a que el armamento que venden las empresas israelís está “testado” en combate. Es decir, con cada bombardeo, con cada ofensiva militar, la economía israelí crece. El saldo en víctimas mortales del último “test” en Gaza según la ONU fue de 3 civiles y 67 militares del lado ocupante israelí; y de 2,251 vidas palestinas, entre ellas 551 niñas y niños. Un año después de esa brutal masacre, la Franja de Gaza sigue devastada, abandonada, esperando que La “comunidad” internacional haga algo, esperando que se reconstruyan las casas que bombardearon, que se levante el bloqueo y se abran las fronteras impuestas por Israel…

Pero el pueblo palestino no puede esperar… no puede esperar que las instituciones, que los gobiernos hagan algo. Debemos actuar ya. A menudo nos preguntamos cómo podemos ayudar a Palestina desde aquí. La respuesta desde Palestina es clara, sumarse a la campaña BDS. Como dijo Martin Luther King Jr., el boicot en un nivel básico implica “retirar la cooperación a un sistema perverso”. Por eso debemos pedir a instituciones y organizaciones que retiren inversiones de compañías involucradas en los crímenes de Israel, no debemos permitir expresiones culturales y deportivas Israelíes utilizadas para limpiar la imagen de su gobierno debemos desenmascarar a un gobierno que exporta una imagen de sociedad tecnológicamente avanzada pero esconde un régimen racista que implementa la limpieza étnica y el genocidio en Palestina. No seamos cómplices de su barbarie.


Nodo BDS de Bilbao: Asociación Paz con Dignidad, Asociación Palestina Biladi, Mundubat, STEE-EILAS, ESK, Fundación Paz y Solidaridad (CCOO), Coordinadora de ONGDs de Euskadi, Komite Internazionalistak, Askapena y GITE-IPES.


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Un pensamiento en “10 años de boicot a Israel”

  1. Por que tengo que comprar productos de israel, por que no le puedo hacer Boicot.

    No me vengan con los premios Nobel la mayoria judios no sionistas… o con las naranjas riquisimas ( ni tan ricas) ni justifica eso para defender a un regimen criminal como el israeli creado a base de terrorismo de Hagana e Irgun.

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