Siria: objetivos de una gran guerra ‘proxy’

Los cerca de cuatro millones de personas refugiadas y alrededor de 150.000 asesinadas, un país y su estado destruidos, son el resultado de un terrorismo compartido por los países implicados y los grupos armados convertidos en la carne de cañón de las potencias mundiales y regionales que, como EEUU, Francia, Turquía, Irán, Qatar y Arabia, les patrocinan en una de las guerras más abiertamente delegadas o 'proxy'.
Mohammad Sabaaneh.
Mohammad Sabaaneh.

Según WikiLeaks, el 13 de diciembre de 200 el vicecanciller de Estados Unidos William Burns detallaba en un cable secreto la estrategia de su país para derrocar a Bashar al-Asad: proponía explotar la inexperiencia del joven oftalmólogo, airear sus trapos sucios, incitar a los kurdos, utilizar el recurso de “la amenaza islamista” y aprovechar oportunidades como el asesinato del primer ministro libanés Rafic Hariri para acusarle del terrorismo. EEUU reactivaba así la conspiración de Eisenhower para asesinar a los líderes sirios en 1957.

La operación de castigo a Asad persigue dominar Eurasia. Con más o menos fortuna, EEUU ha intentado hacerse con el control de Oriente Próximo, Asia Central, Europa central y norte de África mediante las guerras contra Irak, Afganistán, Yugoslavia y Libia. Ahora, siguiendo los consejos del estratego británico Sir Mackinder sobre la importancia de esta región, a la que llamó Heartland, Corazón del Mundo, intenta contener el avance de China y Rusia. Siria une ambos continentes.

Pretende, también, impedir la construcción del megagaseoducto Irán-Irak-Siria, la llamada “tubería chiíta” que cuenta con inversión ruso-iraní para exportar gas a Europa. Este gran gaseoducto perjudicaría a Turquía, que dejaría de ser la principal ruta del tránsito de hidrocarburos, y a Arabia Saudí, quien ha invertido en el Arab Gas Pipeline, tubería que recorrería Egipcio, Jordania, Siria, Líbano e Israel. A los jeques les preocupa también el acercamiento de los “gigantes petroleros” Rusia, mayor productora y exportadora del petróleo del planeta, y Venezuela, primera reserva probada del crudo mundial. Está en peligro el poder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y no se puede despreciar a Arabia, pues las principales instituciones financieras dependen de sus petrodólares.

La Agencia Atómica de la ONU acaba de informar de la instalación de 1.000 nuevas centrifugadoras en las plantas nucleares de Irán, y China y Rusia creen que el objetivo del asalto a Siria es Irán. Teherán, muy prudente, sopesa los acontecimientos y desliga su suerte a la de su aliado. Le ayudará a través de Hizbolá y la Yihad islámica, con la línea roja en la ocupación.

EEUU busca también humillar a Rusia en su zona de influencia y mostrar al mundo su incapacidad de influir sobre los acontecimientos internacionales. Sergei Lavrov ya ha dicho que su país no va a pelear en Siria con EEUU, a pesar de que las empresas rusas han invertido unos 20 mil millones en este país y cerca de cien mil rusos viven allí. Y Vladimir Putin, apretando la mano de Petró Poroshenko, ha reconocido el resultado del golpe de estado fascista en Kiev, y con ello el equilibrio de fuerzas: no se enfrentará a la OTAN. Una cosa es acoger a Snowden y otra meterse en una guerra. Moscú intentará en otro lugar, como en Irán, recuperar la influencia tras perder Siria.

Si triunfa en el terreno bélico, EEUU compensa su fracaso en lo económico. A grandes crisis económicas, grandes guerras. El capitalismo venderá más armas, tendrá nuevos mercados y creará oportunidades para las empresas constructoras hábiles en levantar lo derruido. Es otro asalto a las conquistas de los trabajadores de medio mundo, que pagarán con su vida, o sus impuestos, la aventura de cuatro cowboys.

Además de anular aún más a la ONU, echando abajo lo que queda de los sistemas legales que hacían de freno en las pretensiones belicistas, EEUU daría así la imagen de seguir siendo la potencia hegemónica mundial. Decía Madeleine Albright que la existencia misma de la mayor maquinaria militar de la historia humana exige que se haga uso de ella.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que Francia, tras la exitosa experiencia de reconquistar Libia, sueña con restaurar su domino sobre otra de sus ex colonias; mientras que Israel debilita así al aliado de Irán, al de Hamas y Hezbolá, y a la vez se queda con los recursos hídricos sirios de los Altos del Golán e intenta hacerse con la parte correspondiente a Siria en el campo de gas descubierto en el Mediterráneo.

Balcanizar Oriente Próximo

El conflicto generado por las protestas democráticas de 2011, duramente reprimidas por Asad, fueron utilizadas por el Pentágono para llevar a cabo la operación “fin de Asad”: realizar operaciones terroristas encubiertas, difundir el terror a través de escuadrones de muerte y convertir Siria en una trampa para los rivales de Israel. A esto se suma el echar mano a atentados de bandera falsa para tener una causa belli (el episodio de los gases químicos del 2013, en el que Asad no estaba implicado, según doce ex agentes estadounidenses) e instalar en el poder a la oposición afín. Que esta oposición, fragmentada y a sueldo de diferentes países rivales, no fuera capaz de ser una alternativa viable y fracasaran las conferencias de Ginebra I y II forzaron a EEUU en 2014 pasar al Plan B (de Joe Biden): provocar un vasto y alargado conflicto en la región para desgastar a todos los países de la zona, salvando a Israel, y de paso militarizarla, cambiar los regímenes y balcanizar los estados grandes. Esto es quizás uno de los motivos de mantener a Asad en el poder y no acabar con su vida en uno de sus clásicos “asesinatos selectivos”.

El doble veto de Rusia y China a una intervención militar directa de la OTAN hizo que a EEUU se les ocurriera una macabra idea: trasladar a los terroristas yihadistas que habían reclutado (y hoy se presentan como el Estado Islámico) de Siria a Irak, dejar que ocuparan tranquilamente unos 90.000 kilómetros cuadrados de ambos países y emitir sus actos de barbarie por la televisión, para así tener la opinión pública a favor de una intervención militar directa en Siria sin pasar por el Consejo de Seguridad. Apartaron a Nuri al Maliki, el primer ministro iraquí, por estar en contra del uso del territorio iraquí para derrocar a Asad, a la vez que desempolvaban el acuerdo militar que tienen con Bagdad y que le permite “reocupar” el país cuando lo considere oportuno. Bajo el pretexto de luchar contra el Estado Islámico, EEUU, Turquía, Qatar e Israel están bombardeando el país desde entonces, sin denuncias de la ONU.

Hoy, Irak y Siria han sido borrados como estados del mapa, convertidos en “escenario de operaciones Ir-Sir”, como Af-Pak (Afganistán-Pakistán), otros dos estados convertidos en “áreas” en el capítulo anterior del montaje de la lucha contra el terror.

Guerras en fases y paz en los mercados

Puede sorprender que China y Rusia no hayan exigido una reunión urgente del Consejo de Seguridad para discutir la agresión de EEUU e Israel sobre Siria. A pesar de que ambos países fueron muy perjudicados con la pérdida de influencia en Irak, Afganistán, Sudán, Malí, Libia o Ucrania, no son capaces de contener el avance de la OTAN en guerras que han sido planeadas “en fases”, que no perjudican a los mercados y que no llaman la atención de la opinión pública, evitando la formación de movimientos por la paz.

Las élites de dichos países no están en una lucha “de clases” con los dirigentes de la Alianza Atlántica. Pertenecen al club de la burguesía global, unidos por los mismos intereses y fuertes lazos económicos. Teherán, que inteligentemente ha preferido paralizar su programa nuclear a cambio de no ser atacado, permitirá dentro de poco las inversiones de las grandes compañías occidentales, chinas, rusas y otras tantas, con total garantía de seguridad. Era lo que la capital financiera mundial le exigía. Es por ello que Obama ha paralizado por ahora el derrocamiento de al-Asad, a pesar de la gran campaña bélica de Israel y el Partido Republicano.

Que Turquía y Qatar hayan firmado recientemente un acuerdo de cooperación estratégica, así como el envío de tropas por parte de EEUU (¡y España!) a Irak, muestran, de todos modos, la volatilidad de este escenario.


Nazanin Armanian es analista política, escritora, periodista y profesora de cuestiones islámicas, autora de libros como Irán: la revolución constante, El Islam sin velo, Retrato de la mujer en los países musulmanes, Los kurdos, 40 respuestas al conflicto de Oriente Próximo y El cuentacuentos persa. www.nazanin.es.

Artículo publicado en el nº65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.


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