La defensa de la tierra en el norte de Perú. ¿Se puede legitimar una propuesta de justicia comunal?

América Latina es la región que concentra mayor biodiversidad del planeta [1]. Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela encabezan la lista con el mayor porcentaje de diversidad biológica por sus bosques tropicales o sus mamíferos, pero sobretodo destaca por la cantidad de tierras productivas que ofrece. Brasil, por ejemplo, dispone de 106 millones de hectáreas para cultivar, mientras que Colombia posee 28 millones y el Perú no llega a los 8 millones. Sin embargo, no todos los países están dispuestos a promover el crecimiento social y económico vinculándolo con la protección de sus territorios.

150529_peru_rondas-campesinas_juan-fender_peqLa explotación de los recursos naturales en las zonas rurales del Perú son un claro ejemplo de cómo la sierra y la selva se ven afectadas por las políticas neoliberales desarrolladas por su gobierno, dando lugar a numerosos conflictos sociales derivados de la megaminería. En ese sentido, aparece Las Rondas Campesinas, una organización nacida como comités de autodefensa que ha conseguido liderar la lucha contra las actividades extractivas.

El campesinado en la República del Perú se ha caracterizado históricamente por su afán de resistir los golpes y el asedio infringido desde la llegada del conquistador español Francisco Pizarro en la Captura de Atahualpa, en la plaza mayor de Cajamarca, en 1532. En este proceso de resistencia histórica se han ido levantado en estas últimas décadas varios movimientos sociales, progresistas y revolucionarios, con la intención no sólo de resistir las agresiones y masacres contra los campesinos, sino de promover también un proyecto común de desarrollo sostenible que se estableciera permanentemente en el norte del país.

A finales de los años sesenta, con el golpe de Estado del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y el proceso de reforma agraria más radical de toda América del Sur, el campesino volvió a recuperar el terreno que había perdido de la mano de los grandes terratenientes respaldados por los gobiernos anteriores. No obstante, la agresión al campesinado se repitió en los años posteriores, con el segundo golpe de Estado consecutivo perpretado por Francisco Morales Bermúdez, que desencadenó una ola de inseguridad territorial en el campo, produciéndose un aumento notable de la delincuencia y la violencia en las pequeñas propiedades rurales.

En esa conyuntura apareció en la década de los setenta en Cuyumalca, en la provincia de Chota (Cajamarca), una nueva forma de lucha organizada llamada Las Rondas Campesinas y Urbanas [2], el primer colectivo de mujeres y hombres campesinos capaz de legitimar a nivel regional un proyecto de justicia comunal para hacer frente a los continuos robos y saqueos que sufrían en sus propiedades, a partir de un ejercicio de democracia directa que se llevaría a cabo mediante las asambleas ronderas, principio fundamental de la organización desde su fundación el 29 de diciembre de 1976.

Las Rondas Campesinas comenzaron siendo un movimiento campesino cuyo propósito era proteger y controlar su feudo ante los ladrones y bandidos que se dedicaban a robar su ganado y asaltar sus campos y viviendas. Como consecuencia, el campesinado se organizó en grupos de vigilancia para defender su patrimonio a través de las rondas nocturnas en vista de que el Estado no asumía el control de la zona. Su objetivo era brindar a la población rural la seguridad comunitaria mediante sanciones y castigos consensuados por todos los ronderos que formaban parte de la jurisdicción de una comunidad campesina encabezada por un presidente y sus respectivas secretarías. Aquellos delitos que sobrepasaban los límites de su autoridad legitima eran denunciados automáticamente ante la justicia departamental o estatal.

La práctica de la justícia por parte de los miembros de una comunidad se ha convertido en un referente para otros movimientos del país ya que ha conseguido implicar a una mayoría de la población civil que ha pasado a ser parte activa de los procesos de toma de decisión que definen el modelo de desarrollo que quieren, en una experiencia de construcción del poder popular. Hoy día son estas personas quienes abanderan las movilizaciones sociales como la defensa del agua o en contra de la megaminería.

Un nuevo cambio de rumbo

En poco tiempo Las Rondas Campesinas fueron creciendo y expandiéndose en otras regiones rurales del Perú. Pero el Estado, lejos de apoyar esta iniciativa de autodefensa, se convirtió en el principal perseguidor de los líderes ronderos acusándolos de robar los recursos comunitarios de la región y de terroristas. A partir de los congresos departamentales, las Rondas decidieron seguir cumpliendo con sus funciones, a pesar de las ofensivas gubernamentales, viendo también que una fuerte presencia de los partidos políticos de la izquierda peruana les respaldaba de forma unánime.

Con el apoyo político, algunos campesinos de origen rondero lograron ocupar cargos parlamentarios para consiguir que se aprobara en 1986 la ley 24571, donde se reconocía juridicamente su labor de control y vigilancia de sus territorios. Sin embargo, con la irrupción del neoliberalismo en los años noventa bajo la batuta del régimen de Alberto Fujimori (1990-2000), las Rondas Campesinas se vieron afectadas por una normativa que sometía su acción y trabajo a las imposiciones del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas. Una vez derrotado el fujimorismo y con algunos ronderos encarcelados durante la dictadura, se decidió, en sus encuentros nacionales, que el único proceso de cambio social para consolidar, mejorar y actualizar su propuesta era postularse en el Congreso de la República elaborando un proyecto de ley que legalizase a la organización.

Finalmente se aprobó la actual ley, que, sumada al artículo 149 de la Constitución de 1993, reconoce su jurisdiccionalidad otorgándoles plenas competencias en la región de Cajamarca. Según Santos Saavedra, presidente regional de Las Rondas Campesinas: “Los ronderos, en la actualidad, asumimos el compromiso de ejercitar la administración de la justicia comunal como autoridades legitimadas dentro de nuestro territorio.”

La decisión política

En 2006, Las Rondas Campesinas coinciden en la necesidad de luchar por el poder político y económico encumbrando algún líder rondero a presentarse como candidato a la presidencia regional de Cajamarca. “Lo que no funciona en el Perú es la distribución de la riqueza que viene dándose desde los años setenta hasta Fujimori, que remató todos los sectores estratégicos de la patria y se vendieron todas las propiedades de los campesinos para las actividades extractivas”, afirma Santos.

Bajo el Movimiento de Afirmación Socialista (MAS), un partido político de izquierdas de tendencia comunista, se lanza a las elecciones regionales a Gregorio Santos que, durante la oposición, empieza a construir una estrategia política que denuncia a las concesiones mineras que el Gobierno cede a las empresas extranjeras, y que triunfa en 2010 cuando gana las elecciones.

En 2011, con Ollanta Humala a la presidencia, se confirma el proyecto Conga, la más ambiciosa de todos las concesiones mineras llevadas a cabo por el Estado, a favor de la empresa norteamericana Yanacocha, y que afecta a cuatro lagunas de Cajamarca. Este proyecto provocó el rechazo del gobierno regional de Gregorio Santos mientras en las provincias se sucedían múltiples enfrentamientos que terminaron con cuatro muertos.

A raíz de los conflictos, el 25 de junio de 2014, Santos es apresado sin sentencia y acusado de presunta malversación de la gestión pública. Aun así logra inscribirse para presentarse en la reelección como presidente Regional de Cajamarca y vuelve a ganar con el apoyo del 44% de los ciudadanos, gracias a una campaña liderada por las propias Rondas Campesinas y otros movimientos sociales.

Como señala Segundo Montoya Vázquez, presidente provincial de Las Rondas Campesinas de Cajamarca: “El proyecto Conga ha hecho que nuestro pueblo ya no esté solo en la resistencia. Por eso, desde Las Rondas, trabajamos ahora para que la experiencia política de Cajamarca se traslade al gobierno central, es decir, que la lucha rondera tenga por fin representatividad en todo el Estado.”


Termitas y Elefantes, www.termitasyelefantes.org.


NOTAS: 

  1. Estado de la Biodiversidad en América Latina y el Caribe. Disponible en www.pnuma.org.
  2. Ver: http://rondascampesinasperu.es.tl/
  3. Ver: https://www.facebook.com/masperu2016

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