Leer a… Hannah Arendt: pensar sin barandilla

Hannah Arendt es sobre todo conocida por el gran público a raíz de que en 2012 llegara a la gran pantalla la película de Margarette von Trotta en la que se cuenta el episodio más conocido y controvertido de la historia de las ideas de la filósofa.
Paula Cabildo.

Paula Cabildo.

La pensadora judío-alemana, exiliada a Estados Unidos, ya era conocida en los ámbitos filosóficos por sus tratados Los orígenes del totalitarismo (1951), en el que fragua su teoría política ampliando la estrecha visión que se tiene de los campos de concentración y de trabajo y, por ende, de los gobiernos totalitarios, y Sobre la revolución (1962), en el que compara las revoluciones francesa y americana, establece una relación entre guerra y revolución, una amplia reflexión sobre la violencia y un estudio sobre la búsqueda de la felicidad.

Cuando Hannah Arendt publicó Eichmann en Jesusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal (1963) fue elogiada por muchas personas, pero también incomprendida por otras tantas. En esta obra la autora hace un estudio detallado de las acciones humanas, desmenuzando el alma del nazi Eichmann para llegar a la discutida conclusión de que éste era una persona normal y corriente: su particularidad era su afán por realizar bien su “trabajo”, su eficacia a la hora de organizar el exterminio y la deportación de multitud de judíos. Se limitó a actuar conforme a la ley. Para Arendt, Eichmann habría cumplido cualquier ley. En realidad, la pensadora utiliza el juicio a Eichmann para plantear un estudio serio y profundo sobre la banalidad del mal: para que ésta se dé basta con negarse a ser persona.

En realidad, ¿cuál es la función del pensador? ¿De la filosofía? Plantear preguntas que hagan plantearnos otras preguntas, y presentar respuestas que quizás nos llevan a más preguntas. Así, leer a Hannah Arendt es plantear preguntas que seguro tienen difícil respuesta, pero que sin duda abren horizontes de pensamiento mucho más amplios que a los que estamos acostumbrados. Como afirma el profesor Manuel Cruz[1], a Hannah Arendt “le alimentaba el orgullo de pensar”. Para ésta, el ser humano cuando deja de pensar pierde la capacidad de discernir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo. El pensar da fuerza a las personas para poder evitar aquellos desastres que ella llama “tiempos oscuros”, como el nazismo.

En 1969 escribió La condición humana, en el que fragua su teoría de la acción y desarrolla una profunda reflexión sobre las categorías de trabajo y acción: la vida activa frente a la vida contemplativa; lo público frente a lo social… El libro está dividido en tres partes, Labor, Trabajo y Acción, que se corresponden con las actividades fundamentales de la vida del ser humano. El desarrollo de su teoría nos lleva a una concepción del individuo totalmente incompatible con los totalitarismos y con el concepto de hombre-masa; así como a la crítica de la reducción del ser humano a un animal laborans. En el prólogo a La condición humana propone una reconsideración de la misma:

“Evidentemente, es una materia digna de meditación, y la falta de meditación (la imprudencia o desesperada confusión o complaciente repetición de “verdades” que se han convertido en triviales y vacías) me parece una de las sobresalientes características de nuestro tiempo. Por lo tanto, lo que propongo es muy sencillo: nada más que pensar en lo que hacemos”[2].

De nuevo, pensar. Aprendió a pensar con Heidegger, después con Husserl, y más tarde se doctoró bajo la tutela de Karl Jaspers con la tesis La teoría del amor en San Agustín. Su teoría filosófica y política sólidamente constituida trasciende etiquetas y formalidades.

En una ocasión, en 1979, el politólogo alemán Hans Morganthau le preguntó: “¿Qué es usted? ¿Es conservadora? ¿Es liberal? ¿Dónde se sitúa usted entre las perspectivas contemporáneas?” Ella contestó: “No lo sé. Realmente no lo sé y no lo he sabido nunca. Supongo que nunca he tenido una posición de este tipo. Como saben, la izquierda piensa que soy conservadora y los conservadores algunas veces me consideran de izquierdas, disidente o dios sabe qué. Y debo añadir que no me preocupa lo más mínimo. No creo que este tipo de cosas arrojen luz alguna sobre las cuestiones realmente importantes de nuestro siglo”[3].

En Sobre la violencia (1969-70), Arendt profundiza en el estudio de la violencia sobre todo como una forma de ejercicio del poder. La posición de partida de la autora consiste en la tesis minuciosa de la violencia política en sus encarnaciones extremas dentro del mundo contemporáneo y en su cuidadosa separación entre violencia y poder político en el siglo XX, materializado por la destrucción que proporciona la tecnología. Sorprende la visión y protagonismo que da a los jóvenes de este momento como intérpretes del futuro incierto que se presenta ante ellos.

“Si uno formula a un miembro de esa generación dos sencillas preguntas: ‘¿Cómo quieres que sea el mundo dentro de cincuenta años?’, y ‘¿cómo quieres que sea tu vida dentro de cinco años?’; las respuestas vienen a menudo precedidas de un ‘con tal de que todavía haya mundo’ y de un ‘con tal de que yo siga vivo’. En palabras de George Wald, ‘Con lo que nos enfrentamos es con una generación que no está por ningún medio segura de poseer un futuro”[4].

Leer a Hannah Arendt para entender es lo mismo que ella se propuso cuando quería pensar para entender, para intentar comprender todo lo que pasaba a su alrededor y lo que había vivido por su condición de judía en Alemania en esa época “oscura y tenebrosa” de la historia.

También se ocupó de introducir la literatura europea contemporánea en los círculos culturales norteamericanos. Escribió artículos, reseñas y ponencias sobre cultura, arte y literatura, en los que quedó plasmada su sensibilidad y su particular visión del arte como “aproximación a la vida y a los hechos históricos”[5]. En sus silhouettes rescata imágenes de Rilke, Robert Gilbert, Bertold Brecht y Dostoyevski, entre otros, con una particular interpretación del arte en la modernidad.

Como ha quedado constatado en multitud de artículos y reseñas sobre Hannah Arendt, ella fue una mujer valiente. Se atrevió a pensar para dar una explicación más ambiciosa de las que otros pensadores y filósofos se atrevieron a dar. Llamó la atención sobre aspectos que muchos consideraron fuera de lugar o incluso afán de notoriedad y que posteriormente han sido considerados fundamentales a la hora de establecer una teoría política válida y sólida, a la vez que apasionada y lúcida. Ella definió esta intrepidez:

“Yo lo llamo ‘pensar sin barandilla’. En alemán, Denken ohne Gelánder. Mientras usted sube y baja las escaleras siempre se apoya en la barandilla para no caer. Pero hemos perdido esta barandilla”[6].

Es lo que hicieron asimismo otras pensadoras como Simone Weil, Edith Stein o María Zambrano[7], que con su pensamiento hacen una contribución esencial al conocimiento y la comprensión del ser humano. Son mujeres inspiradoras y fundamentales. Según el pensamiento de Hannah Arendt, hay que reflexionar para poder conciliar la terrible mediocridad del ser humano con los horrores de la humanidad, y así no justificarlos, pero sí poder comprenderlos.


Clara Alonso (claracinta@gmail.com) es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.


NOTAS:

  1. Arendt, Hannah (2003): La condición humana, “Hannah Arendt, pensadora del siglo” Introducción de Cruz Manuel, Paidós.
  2. Ibíd., p. 18. (o ver nota 1)
  3. Ver “Arendt sobre Arendt” en De la historia a la acción, Paidós, Barcelona, 1995.
  4. Arandt, Hannah (2005): Sobre la violencia, Alianza Editorial, Madrid.
  5. Birulés, Fina; Fuster, Ángela Lorena (2014): Hannah Arendt. Más allá de la filosofía, Trotta, Madrid.
  6. Ver nota 3.
  7. Boella, Laura (2010): Pensar con el corazón. Hannah Arendt, Simone Weil, Edith Stein, María Zambrano, Ed. Narcea, Madrid.

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