¡Conga no va! Resistencias populares contra el extractivismo minero en Perú

En el marco de la división internacional de la economía que fija el capitalismo, América Latina es un territorio estratégico en la extracción minera, ya que recibe el 25 por ciento de la inversión total mundial. Perú, además de ser el segundo país receptor de la región, tras Chile, es el principal exportador latinoamericano de oro, estaño, plomo y cinc.
Fotogafía: Luismi Uharte.
Fotogafía: Luismi Uharte.

Desde la década de los noventa, en la que el modelo neoliberal fue impuesto por la dictadura de Fujimori, la megaminería se ha convertido en el sector económico fundamental y, por tanto, en la palanca estratégica de acumulación y concentración de riqueza. En apenas veinte años, las concesiones mineras se han multiplicado y hoy día ocupan el 20 por ciento del territorio total del país (26 millones de hectáreas), llegando en algunos departamentos a colonizar la mitad de su superficie, según datos del Observatorio de Conflictos Mineros de Perú[1]. En el año 2013, según el Ministerio de Energía y Minas, la inversión superó los 9.700 millones de dólares.

El Banco Mundial sitúa a Perú en el puesto 35 de 189 países en el ranking para hacer negocios. Sin embargo, se le olvida mencionar que ocupa el puesto 110 en el ranking de desempeño ambiental. No es extraño, ya que en 2014 la Defensoría del Pueblo registró 135 conflictos ambientales en todo el país, correspondiendo el 75 por ciento a disputas mineras. En los últimos doce años han sido asesinados al menos 57 activistas ambientales, situando al país como el cuarto más peligroso del mundo en esta cuestión, después de Brasil, Honduras y Filipinas. Por esta razón, tanto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como la ONU han señalado al país en informes recientes. Mientras tanto, el presidente, Ollanta Humala, fue condecorado en septiembre del pasado año por la Americas Society, conglomerado empresarial al que pertenecen transnacionales mineras que operan en Perú.

Yanachoca vs. Cajamarca

Cajamarca es un departamento del norte peruano que históricamente se ha destacado por ser una región agropecuaria. Sin embargo, a partir de las políticas neoliberales del noventa se ha convertido en un territorio privilegiado para la minería a gran escala y actualmente el 40 por ciento de la región está concesionada a empresas mineras. Una de las compañías más destacadas es Yanacocha, con proyectos a cielo abierto desde 1993.

Desde su llegada, Yanacocha ha generado conflictos de manera continuada, indica Marco Arana, ex sacerdote y uno de los líderes de la resistencia. En 1998 miles de truchas aparecieron muertas en los ríos próximos a la minera, y en el año 2000 se produjo un desastre ecológico en el distrito de Choropampa tras el derrame de cientos de kilos de mercurio, lo que provocó la intoxicación de miles de personas. Cuatro años más tarde, el agua que desde el cerro Quilish abastece a la capital, Cajamarca, fue contaminada. La protesta popular logró que se aprobara una ordenanza municipal que establecía como zona intangible el acuífero del cerro. Más allá de estos sucesos concretos, la presencia de Yanacocha ha traído impactos de mayor alcance en todo el departamento, destacando, entre otros, una masiva migración (expulsión campesina) a la capital, con un crecimiento acelerado y desordenado, acompañado de un aumento de alcoholismo, drogas, prostitución y madres solteras. A esto hay que sumar los cortes y restricciones de agua (muchas zonas de Cajamarca apenas tienen agua dos horas al día), la destrucción masiva de suelos agrarios y el aumento de la corrupción y apropiación de manera ilícita de tierras campesinas. A pesar de que en los últimos quince años el departamento ha generado grandes ganancias por la exportación de oro y cobre, paradojicamente Cajamarca se ha empobrecido más y se ha convertido en la segunda región mas pobre del pais,  denuncia Nilton Vasquez, dirigente de la Federación Universitaria.

Fotogafías: Luismi Uharte.
Fotogafías: Luismi Uharte.

p65_luismi-peru_06Proyecto Conga

En este contexto Yanacocha presentó su proyecto estrella, Conga, una inversión multimillonaria para explotar oro, plata y cobre durante las próximas dos décadas. La extracción implicaba secar y destruir cinco lagunas naturales, de las que actualmente se abastecen de agua directamente más de 200 comunidades e indirectamente decenas de miles de habitantes de las zonas urbanas. Esto provocó que las comunidades comenzaran a organizarse para oponerse al proyecto bajo el lema: ¡Conga no va! ¡Agua sí, oro no!

Durante la campaña para las presidenciales de abril de 2011, el candidato opositor Ollanta Humala prometió paralizar el proyecto si ganaba las elecciones. Sin embargo, poco después de llegar a la presidencia, Humala giró 180 grados y pasó a defender los intereses de Yanacocha con la amenaza: “¡Conga va, sí o sí!” A pesar de la traición presidencial, la resistencia popular se intensificó y para fines de año convocó un paro indefinido, mientras el gobierno declaró el estado de emergencia y militarizó varias provincias. Esto provocó la salida del Ejecutivo de dos de sus figuras más progresistas: el primer ministro, Salomón Lerner, y el ministro de Ambiente.

En febrero de 2012 se realizó la Gran Marcha Nacional por el Agua, en la que más de veinte mil personas de diferentes zonas del país recorrieron 1.500 kilómetros desde Cajamarca hasta Lima en defensa del agua y de la vida. En mayo se dio un nuevo ciclo de lucha, con movilizaciones cada vez más fuertes y contundentes que trajeron como consecuencia el asesinato, por parte de las fuerzas represivas, de cinco personas y el establecimiento de un nuevo estado de emergencia. La resistencia popular consiguió paralizar el proyecto durante esos meses, pero en 2013 el gobierno decidió comenzar a construir los reservorios (depósitos)artificiales junto a las lagunas.

Para garantizar la paralización del proyecto, la resistencia pasó a una nueva fase: la vigilancia de las lagunas. A fines de 2013 nacen los guardianes y guardianas de las lagunas, que de manera rotatoria, un día sí y otro también, protegen este bien común de los intentos de la multinacional de colonizar el territorio. La solidaridad internacionalista tampoco ha estado ausente, ya que en agosto de 2014 se realizó el Primer Encuentro Internacional de los Pueblos Guardianes del Agua y la Madre Tierra en la población de El Tambo (Cajamarca), con el objetivo de visibilizar la resistencia de Conga y tejer alianzas. El encuentro sirvió también para internacionalizar el caso de Máxima Acuña, militante de la resistencia a quien la minera arrebató la parcela que tiene su familia junto a la laguna y que además ha sido condenada a prisión por “usurpación” de propiedad privada.

La impunidad con la que la compañía Yanacocha está operando es posible por la subordinación gubernamental y por su gran poderío económico. Este poder es más evidente cuando identificamos a sus tres principales accionistas. En un lado está la multinacional estadounidense Newmont, uno de los gigantes mundiales del negocio de la explotación de oro, con un 51 por ciento de las acciones. Esta empresa es mundialmente conocida por haber provocado severos impactos ambientales en Indonesia y por haber recibido en 2009 el “premio” Public Eye Global Award, que conceden varias organizaciones no gubernamentales a la multinacional que “haya destacado por su comportamiento irresponsable”. En otro lado se encuentra la Compañía de Minas Buenaventura (43 por ciento de las acciones), principal minera del Perú y propiedad de la oligárquica familia Benavides, la tercera fortuna del país. Finalmente, aparece la International Financial Corporation (cinco por ciento), institución perteneciente al Banco Mundial.

Agentes clave de la resistencia

Para entender cómo se ha podido doblegar a la multinacional y al gobierno es necesario conocer a los principales actores de la resistencia. Por una parte, destacan el movimiento político Tierra y Libertad y su líder, el ex sacerdote de la Teología de la Liberación Marco Arana. Desde los años 90, Arana se involucró en la lucha contra la minería, impulsó la creación de grupos ecologistas y en 2009 fundó la organización Tierra y Libertad. Su implicación directa contra Conga y su capacidad para movilizar a diversos sectores provocaron su expulsión de la Iglesia Católica. Hoy día, es uno de los principales líderes del movimiento popular y posible candidato a la presidencia.

Por otra parte, tenemos a las famosas Rondas campesinas, organización popular con más de cuatro décadas de historia. Las Rondas, como nos revela Idelso Hernández, presidente de la Central Única Nacional de Rondas Campesinas, surgieron después de la reforma agraria del mítico general Velasco Alvarado, a mediados de los años setenta, y en un primer momento funcionaron como mecanismo de protección colectiva del ganado por parte de las comunidades. Posteriormente, desde la década de los ochenta, las Rondas empezaron a administrar justicia comunitaria en sus territorios, y a partir del 2000 dieron un salto cualitativo, apostando por entrar en el terreno político, creando sus propias organizaciones y finalmente presentándose a las elecciones regionales y municipales. Segundo Mendoza, dirigente comunista en Cajamarca, la izquierda se dio cuenta que las Rondas Campesinas eran expresión del poder popular. Asegura que “nos han enseñado mucho” políticamente y señala incluso que “sin las rondas campesinas el proceso de lucha y resistencia contra Conga se habría caído”.

La victoria en las elecciones a la presidencia regional de Cajamarca en 2010 de Gregorio Santos, líder de las Rondas, supuso un punto de inflexión porque posibilitó la toma de poder institucional por parte del movimiento campesino, según nos indica Cesar Aliaga, vicepresidente regional. Esto posibilitó que la lucha contra Conga tuviera otro aliado estratégico y de gran influencia social: el nuevo presidente regional y su Ejecutivo. La alianza, por tanto, entre el nuevo poder político local, el movimiento campesino, y el resto de grupos sociales (ambientalistas, etc.) contrarios a Conga fue clave para paralizar el proyecto minero transnacional.

El fuerte liderazgo popular de Gregorio Santos y su clara implicación contra Conga lo convirtieron en un personaje incómodo para los poderes fácticos, por lo que decidieron activar una campaña para derribarlo. Como las empresas no pudieron comprarlo, el gobierno central de Ollanta Humala intentó en un primer momento ahogar económicamente al Ejecutivo regional. Posteriormente, lograron cooptar a funcionarios locales e inventaron una trama de corrupción que sirvió para encarcelar a Gregorio Santos. Su detención en junio de 2014 sirvió para aumentar aún más su popularidad.

Conclusiones

Cesar Aliaga, vicepresidente de Cajamarca, nos confesaba en entrevista personal en agosto de 2014 que el gobierno de Humala y Yanacocha esperaban a las elecciones regionales de octubre, en las que pensaban que un candidato pro-minero podía ganar, para así facilitar la reactivación del proyecto. El tiro les salió por la culata, ya que Gregorio Santos, candidato de la resistencia actualmente en prisión, volvió a ganar con más de un 44 por ciento, duplicando los votos del segundo contendiente, el fujimorista Osias Ramírez.

Pero más allá de la disputa electoral, la lucha sigue y las guardianas y guardianes de las lagunas mantienen su vigilancia diaria. Lourdes Chuan, presidenta de la Asociación de Mujeres en defensa de la Vida de Cajamarca, nos lo dejó bien claro: “Si tenemos que morir defendiendo las lagunas, lo haremos”


Luismi Uharte es profesor de Antropología en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), doctor en Estudios Latinoamericanos e investigador sobre temas de política y economía latinoamericana.

Itziar Gandarias es doctoranda del Departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona y profesora colaboradora en la Facultad de Psicología y Educación (FICE) de la Universidad de Deusto. Sus áreas de estudio son feminismos, migraciones, activismo y metodologías feministas.

Este artículo actualiza el texto “Meatzaritzako erauzketaren aurkako herri erresistentziak. Congari ez!”, publicado en el suplemento Gaur 8 de Gara en diciembre de 2014.

Artículo publicado en el nº65 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2015.


NOTA:

  1. Ver: www.cooperaccion.org.pe/observatorio-de-conflictos-mineros-del-peru26

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